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México :: 10/10/2007

¿Diáspora o bloque guerrillero?

Jorge Lofredo
La decisión e inicio de las acciones militares del EPR no fueron producto de una posición homogénea en el interior del grupo.

El EPR hizo notar sus contradicciones internas a través de sendos comunicados, donde pueden observarse que tanto la demanda por sus desaparecidos como el inicio de las acciones militares no han sido acordados unánimemente sino que puede observarse un desacuerdo pronunciado entre el comité central (CC) y comandancia general (CG) y el comité estatal y comandancia militar de zona de Oaxaca, cuyo último escrito conocido data del 6 de agosto. Señalamientos de “saboteadores” y “traidores” a esa causa y la desautorización expresa para emitir opinión a nombre de la organización por parte de cualquier instancia estatal –la cual será considerada “apócrifa” por el CC y la CG– se reflejan en sus escritos del 19 de julio y 30 de agosto (día internacional del detenido-desaparecido) y trazan una línea recta en estos aspectos.

La particularidad de la coyuntura que parece enfrentar el grupo no resulta únicamente de la existencia de posiciones encontradas o disidencias en su interior –habituales en cualquier organización política– sino que las corrientes centrífugas acaben volviéndose nuevamente secesionistas y reproduzcan la misma lógica que primó en el lapso 1998-2003. A pesar de ello, en reiteradas ocasiones y por distintos medios, las comandancias zonales del EPR ratificaron su negativa ante los argumentos que señalan la desaparición de sus miembros como producto de “purgas intestinas” o a un “ajuste de cuentas entre organizaciones revolucionarias”.

Podría entreverse que tras la causa de los desaparecidos fuese factible una posible “unidad en acción” del EPR y los otros grupos armados desprendidos de esta expresión. Las opiniones de Felipe Martínez Soriano, quien indicó que “un solo grupo no tiene esa logística” (El Universal, 16 de julio), y de Felipe Canseco Ruiz, quien destacó que “puede ser el inicio de una gran estrategia no sólo del EPR sino de los demás grupos políticos-militares” (La Jornada, 21 de julio) van en ese mismo sentido. El silencio que mantuvieron la mayoría de esas organizaciones, exceptuando al EPR, fue altamente significativo en este aspecto, ya que una sola (ERPI) emitió sólo un comunicado en el presente septiembre; dos (FARP y CPI) a lo largo de agosto; y otros dos (FARP y MRLCB) en el mes de julio. De TDR-EP y sus comandos, la más activa hasta las explosiones de julio, se conocía su último escrito hacia fines de junio de este año.

Además, cabe señalar que el ERPI lo hizo desmintiendo la captura de uno de sus miembros en Guerrero; las FARP, por su parte, refirió en sus textos a La Parota y Oaxaca; el CPI lo hizo también acerca de Oaxaca; y el MRLCB aborda en su comunicado un análisis de los operativos contra la delincuencia. Todo ello hasta el 23 de septiembre (aniversario del asalto del Cuartel Madera), cuando TDR-EP, el MRLCB y otras organizaciones –que asumieron la autoría de las explosiones del 6 de noviembre pasado en el DF– afirmaron mediante un comunicado que recurrirán “a la acción política revolucionaria” y lo cierran con un llamado a las demás organizaciones a fijar su posición al respecto.

En un contexto político polarizado entre la caracterización de “terrorista” y la propuesta de creación de una comisión semejante a la COCOPA, el EPR parece con ello alcanzar un espacio donde la causa de sus desaparecidos adquiere una dimensión de mayor relevancia y junto al reconocimiento del MRLCB, TDR-EP y otros debe sumársele, además, el del EZLN. El zapatismo remarcó en su comunicación, y en forma muy clara, la distancia de origen, concepción y método que guarda con el eperrismo. Sin embargo, no ha sido de igual manera por parte de las demás agrupaciones, y donde vuelve posible la ejecución de acciones político-militares enmarcadas en la concepción de “solidaridad revolucionaria” con el EPR, lugar en el cual las organizaciones pueden encontrar en esta causa un punto convergente. Y aunque existieron anteriores llamados a la unidad, éste se produce durante el desarrollo de una campaña militar.

Existe una experiencia de debilidad asumida por distintos grupos a lo largo de la diáspora eperrista, recogido en el más reciente texto de TDR-EP, MRLCB y otros, que acaba marcando una pauta de posibilidad cierta de actuación conjunta. Es preciso agregar que desde el 2004 al presente, ambos espacios hasta hoy diferenciados (TDR-EP y MRLCB por un lado y el EPR por otro) monopolizaron el accionar militar clandestino por razones políticas que alcanzaron a ocho diferentes estados. En tanto que el EPR y los otros grupos amenazan con la continuidad de las acciones, también procurarían imprimirle un salto cualitativo a éstas: un carácter de “escalada militar” y no de “radicalización”, lo que agregaría una mayor capacidad de movilidad a la ya demostrada y una mayor expansión geográfica de sus actividades.

jorge.lofredo@gmail.com
Cedema

 

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