Imperialismo sanguinario y sin máscara
El nuevo imperialismo es aún más radical y feroz en su centralización del poder económico, político y militar que, como el imperialismo que le precedió, conducirá inevitablemente a la guerra
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EEUU, en virtud de su crisis estructural y de hegemonía, se ha quitado la máscara que ha usado durante el siglo XX en que se presentaba a sí mismo como un país benefactor y amigo de la humanidad. Además, de ser un imperialismo sin antifaz, es brutalmente sanguinario, y al emplear este vocablo se está incurriendo en una tautología, porque todo imperialismo ha sido violento y ha producido dolor, sufrimiento y muerte a través de su historia. Pero es una tautología indispensable, porque, por un lado, EEUU no es la excepción a esa regla histórica, puesto que la confirma de manera fehaciente a lo largo de su violenta trayectoria, siendo de lejos, el imperialismo más sangriento y asesino que ha existido en toda la historia de la humanidad. Pero, por otro lado, la mayor parte de la “opinión pública” de nuestro tiempo, embrutecida con propaganda emitida por los mismos EEUU y sus lacayos ideológicos, mediáticos y académicos en las últimas décadas, no percibe ese carácter sangriento de los EEUU. Al punto de que, después de 1991, con la desaparición de la Unión Soviética, se habló de “imperialismo humanitario” en la época de Bill Clinton para justificar el bombardeo de Yugoslavia y su disolución o de “imperialismo benévolo”, en los gobiernos de Obama y Biden para encubrir su política criminal en Libia, Afganistán, Ucrania, Siria, el asedio contra Venezuela y un interminable etcétera.







