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Mundo :: 10/09/2006

Jamaica: Pobreza e invisibilidad

John Maxwell
El proceso de desarrollo y las devastadoras consecuencias de la negación de la capacidad del Tercer Mundo. Texto premiado en la III Edición del concurso "Pensar a contracorriente"

Hemos recorrido un largo camino.

He recorrido un largo camino.

Hace cuarenta años, cuando era el joven director de un semanario socialista llamado Public Opinion, recuerdo haber publicado el discurso pronunciado por Nelson Mandela en su defensa, en el juicio por traición que se le siguió, y haberme preguntado cuántos de mis lectores entenderían el porqué lo había publicado. No había necesidad de preocuparse, porque en Jamaica siempre nos hemos considerado una parte transplantada de África.

El edificio ocupado por Public Opinion había sido, mucho tiempo atrás, la oficina del "Blackman" de Marcus Garvey. Algunos años antes de convertirme en director, un cartero me entregó una carta dirigida "Al Director de The Blackman". Abrí la carta, venía de la entonces llamada Bechuanalandia, ahora Botswana. El autor de la carta quería saber cómo podía recibir ejemplares con carácter regular de The Blackman. En alguna parte, había encontrado un ejemplar del periódico de 20 años atrás y quería saber más. La carta en sí se había tardado unos cinco años en llegar a Jamaica.

Cuando publiqué el discurso de Mandela, la lucha en África apenas provocaba alguna reacción fuera del Caribe. Para la prensa estadounidense, lo que pasaba en Sudáfrica era un problema de delincuencia, una pequeña dificultad local sin ninguna importancia. En Jamaica, nosotros pensábamos que no éramos tan tontos, pero también nos dábamos cuenta de que a la causa que apoyábamos le faltaba bastante camino por recorrer.

No sabíamos si mucho o poco.

No sabíamos cuánto porque el enemigo parecía ser tan poderoso, estar tan bien armado, tener amigos tan influyentes, ser tan despiadado. No sabíamos si era mucho o poco, porque era difícil creer que en el lapso de nuestras vidas se derrumbarían las murallas del Apartheid y que Nelson sobreviviría a la cárcel para convertirse en el primer Presidente del país más importante de África.

Pero sí sabíamos que nunca nos podríamos llamar libres hasta que África no lo fuera.

En Jamaica, cuando iba a la escuela, nos enseñaban que Marcus Garvey era un granuja. Mi padre me enseñó una historia distinta. Pero cuando veíamos "Lo que el viento se llevó", "Las minas del rey Salomón" y las aventuras de Tarzán, era difícil imaginarse a los negros como otra cosa que comediantes o extras, color local para dar autenticidad a los verdaderos héroes del drama, los valientes cazadores, hacendados o bucaneros blancos que habían sufrido durante tanto tiempo.

Nos formulamos las preguntas que Marcus Garvey hizo: ¿Dónde están nuestros reyes y presidentes, dónde están nuestros hombres de negocio?

Algunos de nosotros todavía hoy hacemos esa pregunta.

En parte, por muchos dirigentes nuestros que están muertos y por los que pudieron ser dirigentes que se han escabullido al otro lado.

Esta semana, en los Estados Unidos, el Senado aprobó el ascenso de una jueza del Tribunal Supremo de California a la Corte de Apelaciones del circuito de Washington DC, tal vez el más influyente e importante de los Estados Unidos, fuera del propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Esta persona, una negra de nombre Janice Brown, con reputación de ser una intelectual muy inteligente, opina que el New Deal de Roosevelt fue un triunfo del socialismo, que el socialismo es esclavitud y que la mayor parte de las regulaciones públicas o estatales equivalen a "confiscaciones" estatales predadoras de bienes. "Si no podemos invocar límites últimos para el poder de un gobierno, una democracia se transforma inevitablemente en una cleptocracia: una licencia para robar, una justificación para la opresión."

La jueza Brown no se ha percatado de que está describiendo al gobierno del que ella es entusiasta partidaria, gobierno que, como ella, piensa que la acción afirmativa es injusta, que los ricos no le deben nada a las sociedades en las que engordan, que el imperio de la ley es la palabra del Presidente Bush y que los Estados Unidos no son, tal vez, ni siquiera primus Inter pares, sino el derecho en sí, que pueden decidir por cualquier otra nación cómo gobernarse y con quien asociarse.

Esta actitud se ha ido fortaleciendo a lo largo de más de doscientos años y está íntimamente ligada a la práctica de la esclavitud. Los estadounidenses, a diferencia de la mayoría de las otras potencias esclavistas, sí vivían entre sus esclavos y Thomas Jefferson, uno de los padres de la nación, fue también el padre de varios hijos mestizos que tuvo con su concubina, una de sus esclavas negras, de hecho, una adolescente llamada Sally Hemmings.

Jefferson fue el precursor directo de William Jennings Bryan, de Colin Powell y de Condoleezza Rice, ninguno de los cuales, como secretarios de Estado, vio nada por qué alarmarse en la supresión de los derechos de Haití y su pueblo. Jefferson luchó para mantener a los Estados Unidos alejados del contagio de la libertad de los negros, como todos los presidentes estadounidenses desde Eisenhower han luchado para mantener un cordón sanitario entre Cuba libre y los Estados Unidos.

Jefferson fue uno de los Padres Fundadores estadounidenses que decidieron que los negros eran tres quintas partes humanos. Fue Jefferson quien decretó el embargo contra Haití, destinado, igual que el actual embargo contra Cuba, a hacer entrar en vereda a una colonia que se había liberado. En el siglo XIX, en el caso de Haití, la estrategia estadounidense fue inhumanamente efectiva, ya que empobreció a Haití, imposibilitándolo de vender su principal producto: el azúcar, a un precio justo. Y no por coincidencia el azúcar de Cuba fue el primer objetivo del embargo estadounidense. Haití fue chantajeado por los franceses para que pagaran lo que, según ha calculado Jean Bertrand Aristide, es el equivalente de 25.000 millones de dólares actuales. Los haitianos fueron chantajeados para que compraran, por segunda vez, una libertad ya pagada con sangre, fueron chantajeados para que pagaran compensaciones por el delito de la Libertad.

Si, en el siglo XIX, Haití no pudo ser conquistada por la fuerza de las armas, cuando menos se pudo hacer inofensiva, incapaz de exportar revoluciones o financiar otros Bolívares. Haití se convirtió en el primer estado deudor del Tercer Mundo, derrotado, no por la fuerza de las armas, sino por el interés compuesto. Cuando los haitianos no pudieron pagar los impuestos, los estadounidenses amablemente se comprometieron a financiarlos por ellos, y cuando los haitianos no pudieron pagar las abusivas exigencias de los banqueros, los estadounidenses invadieron Haití, tomaron el control del Banco Nacional, el Tesoro de Haití y el gobierno de ese país.

En efecto, Haití se hizo menos visible todavía.

El logro de Haití de ser la primera nación que abolió la esclavitud ha quedado sepultado bajo historias sobre vudú y zombis, rituales tenebrosos y sangrientos y depravaciones sexuales satánicas. No importa que Haití produjera académicos, historiadores, novelistas y hombres instruidos de toda clase. William Jennings Bryan, tres veces candidato a la presidencia de los Estados Unidos y, en 1919, secretario de Estado de Woodrow Wilson, se impresionó al descubrir que los haitianos no eran simples salvajes que vivían en los árboles.

Dijo "¡Pueden imaginarse, negros hablando francés!" El Sr. Bush, sin duda, está igualmente escandalizado por lo que él llama "este comportamiento continental", hablar francés es tener pretensiones de superioridad.

Los estadounidenses retiraron sus marines de Haití en 1935, pero dejaron tras ellos un estado controlado por el nuevo Ejército de Haití, creado según el modelo de los marines e incluso más brutal y despiadado.

El ganador del premio Nóbel de la Paz y ex Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, ha hecho vehementes exhortaciones contra la rehabilitación del ejército de Haití por el nuevo régimen, respaldado por los Estados Unidos:

"Igual que tantos países del Tercer Mundo, Haití ha sufrido no sólo por la falta de seguridad nacional desde el punto de vista de las fronteras y la integridad territorial, sino también por una continua crisis de seguridad humana, el derecho de cada persona a vivir en paz y con la garantía de derechos básicos como, por ejemplo, alimentos, asistencia de la salud, educación y ciudadanía. El ejército, instrumento durante largo tiempo de regímenes autoritarios supresores, ha privado históricamente a los haitianos de esos derechos fundamentales."

Aislados y en la miseria, a los haitianos los han tenido atemorizados, no sólo por la violencia militar, sino también por la herencia de pobreza que ésta engendra. A fines del decenio de 1980, el ejército consumió aproximadamente el 40% del presupuesto nacional [casi tan malo como el FMI -jm] incluso cuando el hambre y el SIDA diezmaban a la población. Haití podía contar con un soldado por cada 1.000 ciudadanos y 1,5 médicos por cada 10.000."

Haití ha sido tratado como el "Hombre Invisible" de Ralph Ellison, tratado como si no estuviera presente, como si no pudiera causar ninguna impresión en un mundo que, en general, devalúa a los negros y, en particular, a los haitianos. Como Ellison escribió:

"Soy un hombre invisible. No, no soy un fantasma como los que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de sus ectoplasmas, como en las películas de Hollywood. Soy un hombre con sustancia, de carne y hueso, fibra y líquidos, e incluso se podría decir que tengo una mente.

"Entiendo que soy invisible simplemente porque la gente se niega a verme... con frecuencia uno duda de su existencia real. Uno se pregunta si no se es simplemente un fantasma en las mentes de otras personas ... un fantasma en una pesadilla que quien duerme trata con toda su fuerza de destruir." (Tomado del Prólogo del Hombre Invisible, de Ralph Ellison, Derechos de autor © de Ralph Ellison)

Para cualquiera que acepte la tradicional interpretación del significado del imperio de la ley, lo que le ha pasado a Haití es un escenario creado por Kafka. Tras la reinstauración de Aristide, en 1994, los estadounidenses y otros, incluidas las instituciones financieras internacionales, prometieron prestar ayuda financiera y técnica para reconstruir una economía destruida por conflictos civiles y el saqueo de los Duvalier y los tiranos que los sucedieron. Esas promesas no se cumplieron. Haití había sido reducido a una situación económica tan desesperada por una sucesión de dictadores y sus pandilleros que se necesitaba una enorme asistencia que nunca llegó. Las instituciones financieras internacionales -las IFI--, la Unión Europea, los Estados Unidos y Canadá, no habiendo cumplido sus promesas, acusaron entonces al presidente Aristide de incompetencia y hasta se hicieron acusaciones de enriquecimiento ilícito, aunque es difícil pensar en cómo alguien pueda enriquecerse con las arcas vacías del gobierno de Haití.

Después, en 2004, vino la llamada rebelión, en la que ex convictos terroristas, presos fugados y otros bandoleros armados, e incluso uniformados, por desconocidos, pero que eran obviamente fuerzas poderosas, trataron de amedrentar e intimidar al gobierno. Cuando esto fracasó, el embajador estadounidense vino con los marines y un avión de la CIA para secuestrar al presidente democráticamente electo de Haití y enviarlo por avión al exilio, al otro lado del Atlántico. Cuando el avión de la CIA se detuvo para reabastecerse de combustible en Antigua en esta "rendición" presidencial, a los ciudadanos de Antigua se les dijo que el avión llevaba solo "carga", tergiversación brutalmente irónica de este Middle Passage al revés del presidente del pueblo que abolió la esclavitud e hizo quebrar el Comercio Tripartito.

Los detalles son bien conocidos. Pero en toda esta actividad delictiva, las autoridades y el pueblo que debían intervenir no hicieron nada. El Consejo de Seguridad se negó a responder a las súplicas de Haití y de vecinos caribeños de ese país; el secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, hizo comentarios que sugerían un previo conocimiento de la conspiración ilícita, la Organización de Estados Americanos se vio comprometida por la confraternización de sus representantes con los rebeldes. Nada funcionó como se había anunciado para proteger los intereses de un estado pequeño, pobre e indefenso contra las maquinaciones de su poderoso y genocida enemigo.

Las Naciones Unidas, cuyo deber es garantizar la integridad de los pequeños estados, han iniciado ahora un proceso para convocar a elecciones, cuál autoridad las convocará nadie lo sabe, para elegir un presidente, mientras continúa habiendo un presidente legalmente electo y un gobierno legalmente constituido cuyo primer ministro está en la cárcel. Las tropas de las Naciones Unidas que no estuvieron disponibles para ayudar al gobierno legítimo ahora están sobre el terreno, se nos dice que manteniendo la paz, mientras se ponen de acuerdo con los usurpadores. Ocasionalmente, hacen incursiones armadas y violentas en las ciudades de los pobres, dicen que en busca de bandidos, pero dejan tras sí decenas de hombres, mujeres y niños muertos y mutilados, atrapados en su mortífera guerra de opresión.

Ni Evelyn Waugh ni Feydeau habrían tratado de llevar a cabo impunemente un complot tan absurdo, y, sin embargo, se espera que lo aceptemos. En realidad, simplemente nos estamos imaginando cosas, pues Haití no existe.

Hace unos años, un alto funcionario del Banco Mundial, el Sr. Alex van Trotsenberg definió la actitud de las IFI para con los países pobres al referirse a Somalia como "a duras penas es un país". Está claro que Haití está todavía más cerca que Somalia de no ser un país y su pueblo de ser combatientes ilegales de una guerra clandestina. Cuando escapan a Jamaica en busca de refugio y asilo ahora se les está devolviendo alegando que son "refugiados por razones económicas". La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados no puede encontrar más dinero para apoyar a los que procuran asilo en Jamaica. Racismo y Mercado

Unos años después de la huída de "Baby Doc" Duvalier, un contratista estadounidense pensó que sería bueno conseguir un contrato para eliminar los desechos tóxicos de los incineradores de los hospitales estadounidenses. Trató de endosar el material como fertilizante a varios países del tercer mundo sin que nadie mordiera el anzuelo. Entonces pensó en Haití, gobernado en aquel entonces por uno de los recurrentes generales que han causado a Haití tanto dolor. A cambio de un jugoso soborno, desde luego, él estuvo de acuerdo en recibir el material, así es como unas 3.000 toneladas de desechos de hospitales de Filadelfia fueron a parar a una playa de Haití.

Desde luego, no son solo sinvergüenzas por cuenta propia los que nos ven de esta manera.

El Sr. Lawrence Summers, ahora rector de Harvard y famoso por ser uno de los hombres más brillantes del mundo, es el autor de un infame memorando que escribió cuando era vicepresidente del Banco Mundial:

"FECHA: 12 de diciembre de 1991

PARA: Distribuir

De: Lawrence H. Summers

Tema: GEP

Industrias "contaminantes": Solo entre usted y yo, ¿no debería el Banco Mundial estimular MÁS migración de las industrias contaminantes hacia los PMA [Países Menos Adelantados]? Se me ocurren tres razones:

1) Las estimaciones de los costos de la contaminación que afecta la salud dependen de los ingresos dejados de percibir por el aumento de la morbilidad y la mortalidad. Desde este punto de vista, en el país donde los costos sean más bajos, que será el país con los salarios más bajos, debería hacerse una cantidad dada de contaminación que afecte la salud. Yo pienso que la lógica económica que lleva a verter una carga de desechos tóxicos en el país de más bajos salarios es impecable y debemos aceptarla.

2) Es probable que los costos de la contaminación no sean lineales ya que los incrementos iniciales de la contaminación probablemente tengan costos muy bajos. Siempre he pensado que los países subpoblados de África están muy SUBcontaminados, es probable que la calidad del aire de estos países sea insuficientemente baja comparada con Los Ángeles o México, DF. Solo los lamentables hechos de que tanta contaminación sea generada por industrias no comercializables (transporte, generación eléctrica) y que los costos unitarios del transporte de desechos sólidos sean tan elevados impiden el comercio en contaminación del aire y desechos que aumenta el bienestar mundial.

3) Es probable que la demanda de un medio ambiente limpio por razones estéticas y de salud tenga muy alta elasticidad-ingreso. La preocupación por un agente que causa un cambio de uno en un millón en las probabilidades de cáncer de próstata sin duda será mucho mayor en un país donde la población sobrevive para contraer cáncer de próstata que en un país donde la mortalidad por debajo de 5 es de 200 por mil. Asimismo, gran parte de la preocupación por las emisiones industriales hacia la atmósfera es por las partículas que afectan la visibilidad. Estas emisiones pueden tener muy pocos efectos directos en la salud. Está claro que el comercio de bienes que despiertan preocupaciones estéticas en relación con la contaminación pudiera aumentar el bienestar. Mientras que la producción es móvil el consumo de aire limpio no es comerciable.

El problema con los argumentos que objetan todas estas propuestas de más contaminación en los PMA (derechos intrínsecos a ciertos bienes, razones morales, preocupaciones sociales, falta de mercados adecuados, etc.) es que se les puede dar una vuelta y se les puede utilizar con mayor o menor eficacia contra todas las propuestas de liberalización del Banco."

La eficacia del mercado como la solución del problema nunca ha sido mejor demostrada que en un proyecto iniciado en 2001 por el Almirante John Poindexter quien había sido Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Reagan y fue, tres años atrás, asesor de categoría superior del Sr. Donald Rumsfeld, secretario de Defensa. El nombre del Sr. Poindexter, Almirante retirado de la Armada de los Estados Unidos, quedó algo manchado por el papel que desempeñó en el caso Irán-Contras, cuando se libró de ir a prisión por escaso margen.

Esta vez, su supercerebro se centró en el establecimiento de una junta de corredores de apuestas en línea dentro del Pentágono que recibiría apuestas sobre la probabilidad de ataques terroristas, principalmente en el Oriente Medio. El Mercado de Análisis de Políticas (PAM) "recompensaría a los inversores que previeran ataques terroristas, asesinatos y golpes de estado". Se esgrimía como argumento que las instituciones de seguridad de los Estados Unidos contarían con una buena guía, basada en el mercado, sobre el probable peligro de ataques terroristas. Como diría Dave Barry, del Miami Herald: les aseguro que no estoy inventando nada.

Es obvio que se trata del producto, la natural consecuencia si se quiere, de la fe, trascendente y fundamentalista, en la eficacia del mercado.

Al inicio, el Pentágono defendió el programa, según el New York Times, alegando, en una declaración oficial, que las investigaciones indicaban que los mercados eran concentradores sumamente eficientes, efectivos y oportunos de información dispersa e incluso oculta, que los mercados de futuros habían demostrado que eran buenos para predecir cosas como los resultados de las elecciones.

Desde luego, nunca se ha dado a los mercados la oportunidad de predecir cosas como la ubicación de armas de destrucción en masa (ADM). Sin duda, puede incluso que estén todavía en Irak, esperando ser descubiertas por la correcta colocación de capitalistas.

En este escenario, el único defecto es que, como reconoció el nuevo Presidente del Banco Mundial, mientras era subsecretario de Defensa de los Estados Unidos, el terror a las ADM se había escogido por razones superficiales, más que todo, probablemente, para asustar al Congreso y al público de los Estados Unidos y que aprobaran la guerra. Al no aparecer las ADM, el Presidente Bush anunció que la nueva misión de los Estados Unidos en Irak era establecer allí la democracia.

Lamentablemente, como las mujeres de Irak están descubriendo, en virtud de la constitución basada en la Sharia fundamentalista, ellas han perdido los derechos democráticos que disfrutaron bajo Saddam Hussein, cuando, en el parlamento de Irak había, en proporción, más mujeres que en el Congreso de los Estados Unidos.

Ahora que Wolfowitz ha sucedido a Wolfenson como Presidente del Banco Mundial, nos esperan tiempos apasionantes. El ex presidente, Wolfenson, dejó bien claro que el principal factor que afectaba a las perspectivas del alivio de la deuda para los países pobres era la "corrupción". Y África, igual que Haití, simplemente rebosa corrupción.

"Nada hay más importante que la corrupción, dijo el Sr. Wolfenson ... la corrupción ahora afecta a las fuentes de financiación y al equilibrio internacional de la asistencia para el desarrollo ... [los países industrializados] no quieren dar dinero para la asistencia para el desarrollo que acabe en cuentas de bancos extraterritoriales ... la corrupción está socavando los esfuerzos del Banco Mundial por reducir la pobreza en el mundo."

Estamos hablando de impresionantes antecedentes de corrupción.

Wolfenson había mentido para salvarse cuando, en un salón lleno de Obispos en la Lambeth Conference, en 2000, se le preguntó qué estaba haciendo para ayudar a los pobres. Sin inmutarse, Wolfenson proclamó que, por ejemplo, había dado a Jamaica 200 millones en fondos para luchar contra la pobreza. Cuando fue cuestionado afirmó, contra evidencia grabada, que sus palabras habían sido tergiversadas.

La corrupción es frecuente, solo que mayormente en el sistema capitalista. El derrumbe de Enron y su cultura financiera de bandidos costó a miles de personas sus empleos, sus pensiones y miles de millones en inversiones. Y Enron tuvo ayuda en su corrupción. En mayo de 2005, el Citibank aceptó pagar 2.000.000.000 de dólares de los Estados Unidos a airados inversores que acusaban al banco más grande del mundo de ayudar y secundar a Enron en sus fraudulentos engaños. Antiguos inversores de Enron, guiados por la Universidad de California, habían acusado a Citigroup de ayudar a la firma a esconder miles de millones de dólares en deudas en el exterior, inflar las ganancias con negocios simulados y reunir dinero aunque los negocios estuvieran en bancarrota.

Enron, otrora la séptima compañía más grande y admirada de los Estados Unidos, se convirtió en sinónimo de corrupción corporativa después que las deudas y otros chanchullos financieros quedaron al descubierto.

En el caso Enron otros bancos han sido acusados también y la mayoría ya ha saldado sus deudas o tiene planes de saldarlas pronto. Entre estos pilares de la integridad están Lehman Brothers y el Bank of America, quienes ya han liquidado, y algunos de los nombres más importantes de la banca; JP Morgan Chase, Barclays, Credit Suisse First Boston, Merrill Lynch, Canadian Imperial Bank of Commerce, Toronto Dominion Bank, Royal Bank of Canada, Deutsche Bank y el Royal Bank of Scotland. Citigroup ha sido el centro de algunos de los mayores escándalos financieros de los últimos años, que han asestado un duro golpe a la confianza en las grandes compañías estadounidenses y en Wall Street.

Uno tiene la impresión de que el Sr. Wolfenson como jefe del Banco Mundial puede haberse dedicado al complicado juego de sombras que caracteriza a las relaciones entre el mundo rico y el pobre. Comparada con la de Enron, Worldcom, Tyco y la de las demás, la corrupción del Tercer Mundo es de poca monta. Internacional de alborotadores

Durante casi medio siglo, ha sido un escándalo que las metrópolis obtuvieran de su ayuda más que lo que daban, pero ahora parece estar claro que el rendimiento se ha multiplicado debido a las oportunidades que ofrecen los "derivados" y otros "productos" especulativos del casino en que se han convertido los mercados mundiales. Y los bancos extraterritoriales, que esconden trillones de fondos saqueados, pueden incluso ser más importantes que los sistemas oficiales. Por eso tal vez parezca crítica señalar que hace muy poco, dos personas que primero apostaron por la pornografía en línea han establecido una compañía de juegos de azar en línea que las ha convertido al instante en multimillonarios y que está valorada en aproximadamente la misma cantidad que los países africanos transferirán a los acreedores de las metrópolis en calidad de cancelaciones de la deuda este año.

La última treta en la campaña por la democracia y el buen gobierno es la aparición de organizaciones no gubernamentales internacionales del sector privado, así se llaman, interesadas en hacer funcionar la democracia liberal en su provecho, desde luego. Tuvieron considerable efecto en Haití, dando la apariencia de una oposición que no tenía verdaderas bases sobre el terreno. Pero tenían excelentes nombres, como, por ejemplo, el Proyecto para la Democracia en Haití.

No debe sorprender que ahora existan ONG dedicadas a oponerse al alivio de la deuda del Tercer Mundo, la más importante es el equipo que se autodenomina Transparency International (TI). TI está en contra de la corrupción, tal vez de la misma manera que el Sr. Gingrich y su sucesor como portavoz de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, estaban en contra del adulterio, cuando lo practica otro.

Transparency International fue creada hace algunos años, principalmente por antiguos empleados del Banco Mundial. El presidente de TI, el Sr. Peter Eigen, es un abogado que dedicó 25 años a los viñedos del Banco Mundial, fundamentalmente como administrador de programas en África y América Latina. Por si sirve de algo, el Sr. Eigen es alemán, igual que varios de los otros mandamases jefes de Transparency International.

Otro caballero con nombre alemán -un tal Karl Ziegler- encabeza un grupo llamado Centre for Accountability and Debt Relief -CADRE- (Centro para la rendición de cuentas y el alivio de la deuda) aunque probablemente sea mejor llamarlo The Centre Against Debt Relief (Centro contra el alivio de la deuda). El Sr. Ziegler opina que:

"La mayoría de las naciones con endeudamiento excesivo están dominadas por una elite gobernante, familiar, tribal o militar, cuya primera prioridad es alimentar sus cuentas en bancos extraterritoriales y dar sostén y apoyo a las fuerzas militares o de la policía que los mantienen en el poder."

El Sr. Zeigler quiere colocar auditores europeos en las cancillerías de los pobres, que se pagarán con cargo al alivio de la deuda, para hacer que los pobres se porten bien.

Pero las ONG, hasta una ONG financiada por el gobierno de los Estados Unidos por conducto del Partido Republicano, obviamente no son tan poderosas en otros países como lo fueron en Haití. Allí, grupos financiados por la USAID y por el Fondo Nacional pro Democracia y el Partido Republicano, fueron los principales protagonistas del desarrollo de la "sociedad civil" que la Prensa Estadounidense presentó como fuerzas abrumadoras en contra de Aristide.

Esta posibilidad puede o no explicar la reciente iniciativa estadounidense de instalar una especie de censor o "niñera" oficial en los procesos de la Organización de Estados Americanos.

La propuesta estadounidense, que provocó el airado rechazo, en mayo último, de la mayoría de los principales países americanos como Argentina, Brasil y Venezuela, fue que debería existir un organismo de control de la OEA, una especie de chaperona, que vigilara a los indisciplinados latinos. Por ejemplo, no deben intimar demasiado con Fidel Castro ni Hugo Chávez. Lo que Condoleezza Rice nunca explicó fue cómo, exactamente, la OEA castigaría a los transgresores. ¿Les retiraría su licencia para gobernar? Como la mayoría de la gente cree que esa licencia viene del pueblo la propuesta no solo parece muy antidemocrática, sino también inútil. ¿Ahora mismo, qué puede hacer la OEA con la situación en Bolivia?

Los bolivianos, como los franceses y los holandeses hicieron más discretamente en mayo de 2005, le dicen a sus gobiernos que no desean entrar en la batalla campal no sujeta a regulación del sueño neoliberal. Quieren que se les devuelva su petróleo. Hace unos años, el Banco Mundial y el FMI sobornaron a Bolivia para que vendiera sus recursos naturales, principalmente a compañías estadounidenses. Hasta las empresas de abastecimiento de agua se vendieron. Pero el pueblo boliviano no tendría ninguno de estos recursos. ¿Qué hay que hacer? ¿Va alguien a mandar a los marines?

Los bolivianos creen que deben tener el control de sus propios recursos y hacer lo que quieran con ellos. También creen que los indígenas, la llamada mayoría "india", debe tener un peso importante en el gobierno del país, el mismo argumento que esgrime el pueblo de Haití. Bolivia tiene más suerte que Haití porque está mucho más lejos de los Estados Unidos y rodeada por pueblos que están empezando a tomar en serio su independencia.

En Naciones Unidas y otros foros de opinión mundial oficiales, la inacción del Tercer Mundo parece haber dado licencia a los que son más ricos que nosotros, y dejado no solo que nos exploten a cambio de beneficios económicos, sino que implantaran el concepto de fungibilidad en los derechos humanos, según el cual una persona puede determinar por el resto de la humanidad quien debe ser tratado como humano y quien no.

Para algunos de nosotros que hace años nos comprometimos con la lucha por la libertad nacional y la lucha contra el apartheid -no importa cuán lejos estuviésemos- esto es un grave e intolerable insulto. El darse cuenta de que el mundo no está dispuesto a defender los principios, que muchos de nosotros están dispuestos a pactar con el diablo, aprobar la maldad y hacer concesiones a delincuentes, le llega a uno como una corriente violenta y dolorosa.

En la esfera del desarrollo económico, hemos permitido que otros escriban el guión, que determinen por nosotros lo que necesitamos, que nos racionen los derechos, que decidan cuántos de nuestros hijos morirán de VIH-SIDA o gastroenteritis o malaria, decidan la tasa de desempleo, la tasa de delincuencia y la adecuada tasa de crecimiento de nuestras economías. Y pueden decidir por nosotros con quienes podemos asociarnos.

Lo que más me sorprende es que al régimen de Bush, que comenzó su vida sin autoridad moral ni legitimidad electoral, las naciones del mundo, grandes y pequeñas, débiles y poderosas, ricas y pobres, le hayan permitido decidir quien vivirá y quien morirá, fijar el destino del mundo y determinar lo que es correcto e incorrecto.

Esto es lo que más molesta de todo; que personas con conciencias subdesarrolladas e ideas infantiles de moralidad imaginen que tienen algún derecho para dirigir o dar lecciones a alguien, en cualquier parte, sobre cualquier cosa, yo, personalmente, no he luchado toda mi vida contra la intimidación y la tiranía y la impunidad, para que se me diga ahora que debo comportarme y mantener la boca cerrada cuando un enano intelectual y moral llamado George Bush trata de decidir sobre cuestiones de "medular" importancia.

Los países de África y América se han comportado, en general, muy cortésmente con aquellos que, en las metrópolis, controlan la economía de estos países y, por medio de ella, su política. Algunos podrían tildar de vergonzoso nuestro comportamiento y hasta decir que estamos deshonrando nuestra historia.

Después de todo, Haití fue el primer país en la historia que abolió la esclavitud.

Es el único país en la historia donde los esclavos abolieron la esclavitud.

Si estos dos hechos hubieran existido por sí solos serían de trascendental importancia. Si estos sucesos hubieran tenido lugar en Europa serían sucesos celebrados por toda la humanidad y reconocidos por todos los estudiantes de las escuelas de todo el mundo, como lo fueron las revoluciones de los Estados Unidos, Francia, Rusia, China y Cuba y la derrota del apartheid.

Lo que es imperdonable es el contexto en que los logros de los haitianos fueron denigrados y denunciados.

Al inicio del doscientos aniversario de la Independencia de Haití, la elite de ese país, ayudada y financiada abiertamente por los Estados Unidos, comenzó una campaña que por su simbolismo fue un guante arrojado en relación con la idea de la libertad de los negros, la dignidad de África y la independencia de los haitianos.

La profesora Sibylle Fischer sostiene en su obra recién publicada "Modernity Denied’ (UWI Press 2004) - que Haití ha sido penalizado por su política radical antiesclavista: su importancia suprimida y no tenida en cuenta en registros históricos y culturales a lo largo de los últimos doscientos años. La historia de Haití se ha contado como una "política marginal y distanciada del lenguaje humano, como un cuento de barbarie y violencia incalificables."

Incapaz de asimilar las connotaciones más transcendentes de Haití, una civilización racista simplemente ha borrado a Haití de la historia.

La Fischer señala que gran parte de los prejuicios contra Haití se originaron 200 años atrás, en el Caribe mismo. Entre 1791 y 1805, el periódico más importante de La Habana, "El Papel Periódico" no mencionaba los sucesos revolucionarios de Santo Domingo: ni la abolición de la esclavitud, la derrota de Napoleón a manos de antiguos esclavos, ni el establecimiento en 1804 de un estado negro independiente".

Nada. Ni una palabra. Invisibilidad total.

La Fisher escribe:

Pudiera ser que no baste simplemente con insistir en que se incluya a Haití en nuestros relatos de la Era de la Revolución y en que se llenen las lagunas que existen en los anales históricos y culturales. Lo que se necesitaría es revisar el concepto de modernidad en sí, para que se hagan visibles de nuevo las antiguas luchas sobre lo que significa ser moderno, quien puede avalarlo y con qué fundamentos.

La supresión y negación del antiesclavismo revolucionario y las culturas que conlleva en el Caribe fue, entre otras cosas, una lucha en relación sobre qué se consideraba como "progreso", qué significaba "libertad’ y cómo se deberían relacionar las dos cosas.

Sibylle Fischer afirma que su libro es "un intento por pensar sobre literatura, cultura y política en forma transnacional, como formas de expresión que reflejen el alcance hemisférico del comercio esclavo, pensar qué pudiera haberse perdido cuando la cultura y la política emancipadora a la larga se hayan metido en el molde del Estado-nación; y un intento por pensar qué pudiera haber sucedido si la lucha contra la subordinación racial hubiera traído consigo el mismo prestigio y recibido la misma atención de la posteridad que las luchas contra el colonialismo y otras formas de subordinación política." Volver a escribir la historia

Hace casi 200 años, cuando el secretario de Relaciones Exteriores británico George Canning aplaudió la Doctrina Monroe porque "daba vida al Nuevo Mundo para restablecer el equilibrio del Viejo" nunca pudo ocurrírsele que podría haber, lejos en el futuro, ejemplos más importantes todavía de restablecimiento del equilibrio. En 1824, Cuba aún era una colonia, y, después de su Guerra de Independencia, se vio sometida a la usurpación hostil del poder por los Estados Unidos hace un siglo, y siguió siendo una colonia hasta hace menos de cincuenta años. No obstante, fueron las fuerzas armadas cubanas las que asestaron el golpe decisivo, quebraron la columna vertebral de las fuerzas del apartheid en Angola y precipitaron la caída del último bastión de la esclavitud en el Viejo Mundo.

Estamos volviendo a escribir la historia, poco a poco y con dolor, pero estamos iniciando el proceso de recuperación de nuestra integridad y nuestra humanidad.

No hemos dicho casi nada cuando nuestra ascendencia, nuestro carácter y nuestro comportamiento han sido denigrados y ridiculizados a lo largo de los años. Lo verdaderamente sorprendente es que algunos de los países más devastados por la guerra e inestables de África y de América sean algunos de los que cuentan con recursos más abundantes. Por ejemplo, Sudán pareció estar dormido durante mucho tiempo. Hasta el anuncio de importantes hallazgos de petróleo, hubo conflicto, pero nada parecido al genocidio que ahora vemos. Nigeria, potencialmente uno de los países más ricos del mundo, ha estado sometido a los tormentos de la lucha sectaria que comenzó antes de la independencia, casi enseguida después que se descubrió petróleo. Y, desde luego, el Congo, con su vasta y diversa riqueza mineral, ha estado en guerra desde que los belgas se fueron. Venezuela, Brasil, Bolivia y Colombia presentan situaciones semejantes en el Nuevo Mundo.

Es claro que las potencias imperiales no asumen ninguna responsabilidad por el desastre que dejaron tras sí. Los belgas dejaron menos de media docena de médicos cuando huyeron del Congo, hace aproximadamente medio siglo, con increíbles relatos de rapiña y barbarismo por parte de los congoleses. El Sr. Naipaul hasta inmortalizó en su libro, Middle Passage, la idea de la "conducta congolesa".

Nos hemos sentado y soportado todo este abuso y esta denigración como caballeros. Pareciera que nunca nos hayamos dado cuenta de que aparte del racismo a primera vista de este comportamiento, se vislumbra un objetivo más amplio.

El Sr. Bush ha explicitado ese objetivo. Los "extranjeros" están en la primera fila. Para que el mundo civilizado sobreviva, se nos debe dar raciones de campaña y obligar a comportarnos. Al parecer, muchos de nosotros tampoco han comprendido que este racismo no se limita a las personas de piel oscura. Simplemente somos los primeros en la cola. Para sobrevivir y prosperar necesitamos un enfoque diferente.

Mientras que los países del G8 siguen prometiendo ayuda, comercio y alivio de la deuda, África se está despoblando por el hambre, las enfermedades prevenibles y el SIDA. Nosotros, aquí y en la diáspora, pensamos que somos demasiado pobres para retener a nuestros médicos, cuya educación es costosa, así que subvencionamos al Primer Mundo, exportándoselos, dejando a los pueblos para cuya atención se formaron tan miserables como estaban antes, tal vez más miserables, porque son más pobres por hacer lo que pensaron que los ayudaría a salir de su miseria.

En Jamaica, un estudiante de medicina cuesta el equivalente de 100.000 dólares de formación básica, aunque está subvencionada por el estado. El costo real es mucho más alto, porque los que migran son personas con habilidades, empuje y ganas de hacer las cosas bien. Colin Powell se vanagloriaba de que sus padres eran inmigrantes jamaicanos. Él llegó a ser el único segundo hombre en la historia que ha tenido el mando supremo de las fuerzas armadas de los Estados Unidos y que ha llegado a ser secretario de Estado.

La motivación de los inmigrantes por ser superior es parte del secreto del éxito de los Estados Unidos. Otro importante factor es que los Estados Unidos han prosperado comprando barato y vendiendo caro, han crecido, protegiendo con ferocidad sus industrias y agricultores contra toda probabilidad y toda lógica. Ahora la propuesta es que el resto del mundo se debería abrir, como una ostra, para los glotones del norte.

Y nosotros nos hemos tragado esa tontería, con la ayuda, desde luego, de halagos y promesas de los ricos. El jefe de relaciones públicas de la OCDE me envió un correo-e hace unos años, en el que me preguntaba dónde en el sitio web de la OCDE yo había encontrado una cita que reveló la elemental perfidia de algunos de nuestros dechados de virtudes. Le dije dónde, y la cita desapareció casi inmediatamente del sitio web. La cita reza como sigue:

Globalización - ¿Qué repercusiones tiene en la adopción de decisiones democrática?

"Aunque la globalización y sus muchas manifestaciones tal vez hayan aumentado la participación en el proceso político y de políticas internacional, quizás esté teniendo algunos efectos contrarios en otros aspectos del proceso democrático.

Los gobiernos pueden trasladar los procesos de las políticas al plano internacional como una estrategia para escapar de la oposición interna y limitar el número de participantes en una política. El carácter de las negociaciones comerciales internacionales "a puertas cerradas", por ejemplo, se ha observado que es útil para vencer las presiones proteccionistas en el frente interno.(25) El alegar que se tienen las "manos atadas" como resultado de acuerdos internacionales puede ser una táctica para que los gobiernos presenten políticas internamente que son -a pesar de ser en interés del país (como quiera que las definan)- inaceptables para ciertos grupos, y, por ende, políticamente difíciles de ejecutar. En la práctica, tal vez haya una transacción implícita entre eficiencia y democracia."

En verdad, una transacción implícita, como la padecida por los italianos cuando Mussolini hizo que los trenes funcionaran puntualmente.

Ya antes hemos pasado por esto. Los estados africanos existían y funcionaban de manera eficiente antes de que los británicos y los portugueses llegaran al África. Los africanos usaban ropas que los ingleses no consideraron decentes. Los africanos adoraban a Dioses extraños y practicaban peculiares rituales, calculo que los británicos -en particular- decidieron poner fin a estas travesuras como conviene a Dios y al buen gobierno, en especial porque los nativos parecían estar pasándola muy bien. ¿Qué es la vida sin plaza de armas y vestirse para la cena? Nuevos ejemplos

Pero ahora tenemos nuevos ejemplos de lo que puede funcionar.

Cuba está demostrando que un país pobre puede dar ayuda extranjera más efectiva a otros países pobres que la ayuda dada o prometida por los países ricos del Norte. La contribución que los médicos y maestros cubanos hacen a los pueblos del mundo nunca ha sido cuantificada, pero es inmensa. Y ahora en Venezuela, con la llegada de Hugo Chávez, el ejemplo de asistencia efectiva sin condiciones está ayudando a aumentar rápidamente la capacidad y la libre determinación de algunos de los pueblos más pobres del mundo.

Y los cubanos han demostrado que se necesita voluntad y compromiso, y no dinero, para desarrollar servicios médicos, educacionales y otros servicios sociales que son la envidia de países incluso del llamado mundo desarrollado. El Sr. Wolfenson, por lo pronto, ha admitido que el sistema educacional de Cuba es insuperable en el mundo.

En el marco de la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Financiamiento para el Desarrollo (FID), celebrada en Monterrey, México, en una declaración del Grupo sobre raza, pobreza y globalización (RPGC), se plantea de manera elocuente:

"Un marco de derechos humanos es el único enfoque que asegurará un desarrollo humano equitativo y sostenible para todos, sea cual sea la raza, etnia, identidad nacional, religión, género y otros criterios discriminatorios. El financiamiento para el desarrollo solo no basta para reducir al mínimo las enormes desigualdades entre países y grupos de personas. Los países en desarrollo y los grupos marginados tienen el derecho de exigir reparación y justa compensación para emparejar un campo de juego mundial desnivelado por la explotación sistemática pasada y actual. Mientras no se modifique la dinámica de poder, para que las naciones y los grupos marginados en las naciones tengan igualdad de acceso a los recursos, tecnología, información y facultades para adoptar decisiones, la pobreza y las desigualdades económicas persistirán. Las instituciones monetarias, financieras y comerciales internacionales han despojado a los pueblos de sus derechos sociales, económicos, políticos y culturales, en particular de grupos marginados por razones de raza y etnia. Se deben hacer reformas sistemáticas que promuevan políticas que sean plenamente representativas y democráticas. Las instituciones deben estudiar cómo sus condiciones y políticas lesionan los derechos humanos de grupos marginados por razones de raza y etnia. Exigimos democracia, transparencia, rendición de cuentas y la eliminación del poder de veto de gobiernos individuales en el seno de esas instituciones.

La movilización de recursos financieros nacionales no es el problema, sino la salida de recursos ya movilizados a través de fugas de capital, servicio de la deuda, repatriación de utilidades, relaciones de intercambio desiguales, gastos militares e impuestos potenciales no cobrados. Exigimos se respete, al nivel mundial, el derecho de los gobiernos a aplicar políticas que controlen las salidas de capital como parte de su derecho al desarrollo.

Es responsabilidad de los acreedores asegurar que la deuda se contraiga para un desarrollo equitativo y sostenible. El servicio de la deuda externa agota fondos que se pudieran utilizar para desarrollar capacidad humana. Es el pueblo, en general, en particular los pobres y los marginados, los que sufren las consecuencias cuando dirigentes corruptos administran mal los préstamos."

El logro de Cuba, un país pobre, al proteger a su pueblo contra daños es lo verdaderamente importante, cuando se le compara con el desastre ocurrido al pueblo de Nueva Orleans. En Cuba, azotada por muchos huracanes más y más destructores, pocas personas resultaron muertas o quedaron sin hogar después de un año de violentos fenómenos atmosféricos. En Nueva Orleans, centro de la cultura negra estadounidense que está muriendo y desapareciendo, la población todavía está sin hogar y dispersa a los cuatro vientos, muchos meses después de un huracán. La población de Nueva Orleans no llegaba a un tercio de la población de La Habana. El GATS, la OMC y el "buen gobierno"

Yo creo que ahora ya todos somos conscientes de que la finalidad de la globalización y las reglas de la Organización Mundial del Comercio es quitar a los gobiernos un considerable grado de autonomía y, por tanto, de capacidad para satisfacer las necesidades de sus pueblos. Por trato nacional se entiende, como lo exige la OMC, que todo inversor extranjero reciba un trato idéntico al concedido a un inversor local. Está prohibido proteger la iniciativa local contra la abrumadora competencia extranjera; también prohibido estaría restringir los incentivos particulares a los empresarios o empresas locales. Dar incentivos a una cooperativa jamaicana de tejedoras, al parecer, abriría las puertas a una transnacional estadounidense que produjera las mismas clases de productos.

En virtud del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios -GATS- en el campo de la enseñanza esto significa que si la Universidad de las Indias Occidentales ofrece becas financiadas por el gobierno, una Escuela de Cientología de propiedad estadounidense se pudiera establecer en Jamaica y podría solicitar, y lo conseguiría, que se le tratara de la misma manera.

Hasta hace unos años, los mormones sostuvieron que los negros estaban malditos. Según ellos, desde entonces han cambiado su manera de pensar y ahora los negros podrán entrar a su versión del paraíso, pero nadie sabe a qué parte del paraíso se les restringirá. Esas doctrinas y todas las demás exportadas por los Estados Unidos tendrán derecho a igual trato con arreglo a las leyes de Jamaica, Nigeria, India y cualquier otro signatario del GATS.

Ahí veo la probabilidad de algunos grandes conflictos que conducirán inevitablemente al castigo de estados que se rehúsen a obedecer los dictados del GATS.

Esas sanciones incluyen multas elevadas, y pronto, algunos estados deberán tanto a los inversores privados a los que ellos "han tratado injustamente" que, de hecho, tendrán que ser puestos bajo alguna forma de custodia financiera.

Si la jueza Janice Brown (mencionada al principio de este artículo) se sale con la suya, las sociedades tendrán el derecho humano a la libre expresión. Si la OMC se sale con la suya, los gobiernos perderán sus derechos a expresar la voluntad de sus pueblos. Si los países no obedecen los dictados del GATS, muy bien se pudieran encontrar en la posición de subsidiarios regionales de las McDonald o Walmart.

Con frecuencia he pensado que un embargo al estilo cubano probablemente nos haría la mar de bien, porque nos obligaría a pensar en la explotación de nuestros propios recursos para nuestros propios fines. Desde luego, nada es tan sencillo así. Pero si Jamaica renunciara a todos los préstamos extranjeros y pudiera usar los 60 centavos de cada dólar que ahora envía al exterior a bancos extranjeros, inmediatamente duplicaríamos con creces los recursos financieros disponibles para nuestro gobierno.

Argentina hizo algo como eso, hace unos años, y se negó a pagar, aduciendo que no podía hacerlo. La deuda externa es, de hecho, impagable, como Fidel Castro dijo hace más de 25 años. Lo que hemos estado haciendo es devolviendo una y otra vez dinero que se usó hace mucho tiempo, principalmente para impedir el derrumbe de la divisa.

En nuestra parte del mundo, antes de la privatización y la liberalización, muchos de nuestros países eran efectivamente rehenes de nuestra propia elite interna. En el caso de Jamaica, nuestra elite simplemente exportó su divisa, apostando contra su propia moneda, una de las escasas profecías que se cumplen y son buenas para el profeta. Para detener la hemorragia de divisa, el gobierno fue obligado a solicitar un préstamo en el exterior y al nivel local, a tasas avaras. En 2004, el ministro de finanzas de Jamaica se declaró satisfecho de haber podido obtener un préstamo en divisas a una tasa de interés que casi duplicaba la que un prestatario de un empréstito calificado del sector privado tendría que pagar por la hipoteca de una casa en los Estados Unidos.

Esto es una locura y escandalosamente injusto.

Nadie tiene las respuestas para estas preguntas en este momento. Pero creo que muchos de nosotros tal vez tengamos algunas ideas bastante buenas. Propugnar la idea de una especie de huelga de inquilinos tal vez parezca descabellada, pero las huelgas de inquilinos han funcionado. ¿Y qué exactamente pudieran hacer nuestros acreedores?

No pueden confiscar nuestros países ni hacernos quebrar. Se corren riesgos, pero se pueden evitar. Y nosotros, por nuestra parte, desde luego, tenemos necesidad. El actual sistema depende, en gran medida, de que estemos dispuestos a que nos exploten. Si desarrolláramos estrategias y la voluntad simplemente de reducir el nivel de explotación llevaríamos la delantera en el juego.

Desgraciadamente, desde el decenio de 1970 muchos de nosotros se han desmoralizado porque nuestros vecinos más fuertes nos han eliminado uno a uno. Pero ¿y si creáramos un frente unido? Qué pasaría si, mientras creamos un parlamento del Tercer Mundo -con todos los problemas legales que ello supone-creáramos también una Mancomunidad del Tercer Mundo que pudiera adoptar decisiones de obligatorio cumplimiento para todos nosotros. Desde luego, algunos podrían ser eliminados y separados de nosotros mediante amenazas o sobornos, pero si suficientes de nosotros nos mantenemos unidos, podríamos encontrar aliados hasta en el otro lado. Las metrópolis no son un bloque homogéneo. Francia y los Países Bajos demostraron el año pasado en sus elecciones que hay muchos que no fueron seducidos por el aparente brillo de la globalización, que hay muchos que desean mantener sus civilizaciones, continuar viviendo en sociedades en que el hombre no sea solo para sí.

Por último, me parece que necesitamos hacer nuestra propia historia. Tenemos que alejarnos de las posiciones de víctima que nos han asignado y hacer comprender al mundo nuestro genio y nuestras aspiraciones.

En la narrativa occidental estamos simbolizados por fotografías de niños esqueléticos y mujeres de ojos hundidos, que esperan la muerte misericordiosa.

Muy pronto a todos nosotros se nos conocerá de esa manera.

Tenemos muchas cosas positivas que dar al mundo. Nuestro arte, nuestra música, ya están en los primeros lugares. Pero en Jamaica no escuchamos música africana ni latinoamericana. ¿Por qué no? ¿Por qué no podemos comprar las cosas que producimos?

Para adquirir conciencia de nuestro interés común, tenemos que saber quienes somos.

Creo que lo podemos hacer sin demasiado dinero, simplemente reorientando nuestros esfuerzos. Tenemos que apartarnos de los intermediarios que monopolizan nuestros mercados y ampliar el ámbito de nuestros intereses.

Considero que debemos desarrollar una nueva visión panafricana y panamericana que no dependa del color de la piel, sino de nuestra condición común. Para mí, África comprende al Caribe y a una gran parte de América Latina. La mitad de la población de Brasil es africana y, desde luego, Cuba nunca se ha avergonzado de sus lazos con África.

Hay un sinnúmero de maneras de lograr la identificación y el apoyo. La música, la danza y las artes ofrecen un enorme abanico de posibilidades, los deportes es otra de las formas. En buena medida ignoramos las posibilidades de las producciones de televisión que se hacen para mercados más amplios, y preferimos subsistir fundamentalmente con basura barata que no guarda ninguna relación con nuestras culturas y nuestras condiciones de vida. Ahora, mediante Telesur, Venezuela está empezando a proporcionar una plataforma mundial para nuestra narrativa. Necesitamos construir primero una mancomunidad intelectual en la que podamos descubrir nuestros puntos fuertes individuales y transformarlos en combinaciones invencibles de poder cultural y libre determinación.

No sé si Norman Manley inventó la frase "construcción de una nación". Sí sé que fue él la primera persona a quien se la escuché. Me hace gracia y me indigna un poco oír a algunos de los portavoces del Primer Mundo usarla, porque ellos no comprenden lo que realmente significa. En África comienzan con naciones creadas artificialmente, compuestas por naciones, pueblos y comunidades que no necesariamente se llevan bien entre sí porque se les ha alentado a luchar unas contra otras para mantener el dominio de los caciques. Hoy día, oímos a caciques hablar de la construcción de naciones, y esperan repetir los mismos desastres imperialistas de los siglos XIX y XX. Necesitamos construir nuestras naciones y nuestra propia mancomunidad internacional. Necesitamos estudiar nuestras tradiciones y costumbres, desarrolladas a lo largo de muchos miles de años, para encontrar soluciones que convengan a nuestras necesidades. En nuestro caso, la construcción de una nación no significa la construcción de burocracias que sean todavía más eficientes, crueles y que no sean responsables. Significa la reunión de todas las causas ignoradas sobre la superficie de la tierra, las lágrimas y el sudor de los pobres, la ambición y el empuje de todos, las frustraciones y las amarguras de los niños y adolescentes abandonados, la secular aspiración a la tierra y al trabajo productivo, y la voluntad, las virtudes, artes y capacidades para transformar todo eso en sociedades humanas que funcionen y se ocupen de todos.

Tenemos destacados ejemplos de esas posibilidades. Nelson Mandela y Fidel Castro vienen inmediatamente a la mente. Ya ha llegado el momento de que nuestra imagen se forme según sus modelos y no el de estrellas pop, niños hambrientos y delincuentes famosos.

La Jiribilla


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