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Medio Oriente :: 14/06/2014

La demolición de hogares en Jerusalén Este

Martín A. Martinelli
"Aquí no hay lugar para ustedes". La política del régimen sionista está motivada políticamente, orientada a conservar una mayoría judía en la ciudad
Desde el punto de vista de la Municipalidad de Jerusalén, la construcción ilegal es una decisión política con consecuencias de enorme alcance que pone en peligro la propia virtud del gobierno israelí en Jerusalén Este. La paradójica denominación israelí de “Edificio político” (eufemismo para denominar construcciones palestinas) evidencia que el miedo ha superado la racionalidad. El régimen israelí adquiere así el sentimiento que la soberanía judía sobre Jerusalén está en peligro. El gobierno israelí tiene una visión distorsionada del mundo por lo cual toma decisiones en estos casos desastrosas, lo que socava la coexistencia de los dos pueblos, y enmaraña aún más el conflicto palestino-israelí. Las resoluciones que la Municipalidad de Jerusalén emana son puramente agresivas. Por lo tanto, una casa judía sin un permiso es un problema urbano, pero un hogar palestino sin un permiso es una amenaza estratégica. Asimismo, cuando un problema se percibe en términos de una amenaza nacional, no puede haber compromiso, la gama de soluciones es limitada y el pensamiento se mueve en una pista de agresión. La comprensión está limitada por el nacionalismo. Donde los parámetros son de carácter político, las soluciones serán asiduamente agresivas y erróneas. Uno de los peligros principales de la vida en los territorios ocupados es la demolición de la casa por las autoridades militares israelíes. Las demoliciones de viviendas son uno de los métodos más efectivos y controvertidos utilizados por las autoridades israelíes para despoblar partes de los Territorios Ocupados Palestinos. Según Amnistía Internacional, a partir de 1967, cuando Israel ocupó militarmente y se apropió de Cisjordania, incluida Jerusalén oriental, y la Franja de Gaza, se han demolido miles de casas palestinas. Esto socava la vida de poblaciones palestinas, que también viven penurias económicas, por lo que el esfuerzo y el valor que le dan a la casa significa años de sacrificios. Es así que, el significado de que destruyan el hogar de una familia palestina es un sufrimiento imposible de cuantificar. El hogar es mucho más que una mera estructura física. Es un centro simbólico y la expresión de su condición. Para los palestinos, una casa tiene un significado adicional. Los hijos cuando se casan a construyen sus casas cerca de la casa de sus padres, y así preservan no sólo la proximidad física, sino también la continuidad de la explotación de las tierras ancestrales. Este último aspecto es significativo para los refugiados arrancados de sus hogares en 1948 o 1967. La demolición de casas, similar a su expropiación, es un aspecto más de la embestida a la identidad propio ser y del hombre. La política de Israel en Jerusalén Este está motivada políticamente y es orientada a conservar una mayoría judía en la ciudad, por lo que resulta intrincado para los palestinos obtener permisos de construcción. Según cifras del Ministerio del Interior de Israel y el Municipio de Jerusalén occidental alrededor de 15.000-20.000 edificios en Jerusalén Este han sido construidas sin permisos, es decir, alrededor del 40% del número total de edificios. Lo injusto es entonces la forma en la que se otorgan esos permisos de construcción. Desde el comienzo de la ocupación en 1967, los sucesivos gobiernos israelíes persiguieron como objetivo la “judaización” de Jerusalén Este, una “desarabización”. Una realpolitik cuyo propósito es y ha sido garantizar el control territorial, demográfico y religioso sobre toda la ciudad. De un total de aproximadamente 470.000 colonos en los Territorios Palestinos Territorios, el 40% 190.000 viven en la actualidad en Jerusalén Este, con otros 96.000 en los asentamientos alrededor de Jerusalén. Los datos, cifras, medios y políticas empleadas por Israel le sirven para reforzar su control sobre la ciudad. Esto evidencia cómo Israel está tratando de excluir a Jerusalén de cualquier negociación futura asegurándose de que la ciudad no puede ser nunca “dividida” a lo largo de todas las líneas, obstaculizando así los planes palestinos para desarrollar el este de Jerusalén y declararla la capital de un futuro Estado palestino. Indudablemente la demolición de hogares es una práctica de una violencia material y simbólica inusitada, con un mensaje notorio: “Aquí no hay lugar para ustedes”. Martín A. Martinelli, docente-investigador, autor del blog http://mediorienteactual.blogspot.com.ar/ Extractado por La Haine
 

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