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31/03/2005 :: Brasil

La izquierda brasileña en el callejón sin salida

x Osvaldo Coggiola
A poco más de dos años del ascenso del gobierno Lula, el propagandeado crecimiento económico de 2004 (después de una caída absoluta del PIB en 2003, aún mayor medida como producto per capita) mal consigue ocultar las condiciones de retroceso, y hasta destrucción nacional, a que conduce la política capitalista del gobierno de centroizquierda.

Las inversiones productivas han caído a su nivel más bajo en tres décadas, lo que, sumado a la obsolescencia de las existentes, impondrá un límite absoluto (infraestructura) al crecimiento basado en el saldo comercial de las exportaciones primarias. Más del 60% del presupuesto estatal está consagrado al pago de la deuda estatizada, lo que liquida toda posibilidad de demagogia reformista "social". Los lucros del sector financiero, crecientemente extranjero, han batido todos los records. Se configura un panorama de retroceso absoluto de las fuerzas productivas nacionales.

El sistema tributario interno, y hasta el sistema cambiario de remesas de beneficios al exterior, han sido modificados por decretos, incluso inconstitucionales, de modo a beneficiar al capital financiero, los grandes exportadores, y sobre todo los grandes acreedores externos. El fiscal general de Río de Janeiro ha planteado (Jornal do Brasil, 16/3) que la política lulista, de saqueo de los estados, cuestiona el "pacto federativo" en que se asienta la existencia de la nación brasileña desde su independencia formal.

La composición del gobierno y de la administración estatal, en todos sus escalones, capitalista desde el inicio, se ha ido modificando, para permitir una verdadera "colonización" por los agentes del capital financiero internacional y el gran capital local. Hasta en los institutos dedicados a la cuestión agraria y a la investigación científica y tecnológica, se han producido golpes para disciplinarlos a los agentes capitalistas, que llevan adelante una política destructiva (hasta Embrapa, órgano estatal de investigación de la innovación agraria, otrora orgullo brasileño, ha sido capturado por agentes de los banqueros y del agrobusiness). La reforma educacional y universitaria va por el mismo camino.

El ataque al movimiento obrero y campesino es el corolario necesario. De la represión a la huelga de estatales contra la reforma previsional privatizante, se pasó a la tolerancia con los con los asesinatos de trabajadores sin tierra, y a la creación de una brigada especial del Ejército destinada a intervenir en los "disturbios internos" (Correio da Cidadania, 12/3), léase represión. Los asentamientos agrarios (¡en un país donde la reforma agraria es ley constitucional!) han sido inferiores a los del gobierno neoliberal precedene, mientras han crecido los asesinatos y ataques a los campesinos. Todo encubierto por un "trotskista" del SU de la IV Internacional, ministro de Desarrollo Agrario.

El del PT es un gobierno totalmente adaptado a las tendencias destructivas del capital, nacional e internacional. Por haber sido elegido con el apoyo de prácticamente toda la izquierda, su política ha tenido un impacto dispersivo sin precedentes sobre ella y la militancia popular. La CUT (central obrera) se ha transformado en una correa de transmisión directa de la política gubernamental. El MST (campesinos) se ha limitado a algunas iniciativas parlamentarias (cuestión transgénicos) manteniéndose en una línea general de "apoyo crítico".

En la izquierda políticamente organizada, la crisis es mayúscula. La izquierda del PT, que en su momento llegó a tener la mayoría del partido, ha reculado de modo espectacular, conformándose con un papel cada vez más decorativo y secundario (pero aferrándose a sus pequeños cargos...), emitiendo algunas críticas parciales e insubstanciales -nivel del superávit primario, por ejemplo- sin adoptar ninguna iniciativa política, limitándose a realizar algunos despoblados y desolados seminarios casi académicos. El cálculo oportunista de que la derechización del lulismo en el poder llevaría automáticamente a las masas hacia la izquierda se ha revelado un desastre.

La creación del PSOL (Socialismo y Libertad) a partir de la expulsión de cuatro parlamentarios petistas, apareció como un elemento de ruptura de ese cuadro inmovilista. Una parte de la izquierda del PT, especialmente del sector intelectual, adhirió al "nuevo partido", cuya base militante está compuesta por corrientes morenistas, y una corriente (Libertad Roja, de la senadora Heloísa Helena) escindida de la Democracia Socialista, sección del SU de la IV Internacional, totalmente integrada al gobierno.

El programa del PSOL consiste en una renuncia al programa. Su texto apila sin orden, sistema o jerarquía un conjunto de reivindicaciones agrarias, urbanas, políticas, nacionales, etc., que ya ha sido (mucho mejor) expuesto por los llamados "movimientos sociales". Plantea la auditoría de la deuda externa, y un "frente de países deudores", no el repudio de la misma (expulsión del imperialismo). Frente a la cuestión crucial del desempleo, no enarbola la escala móvil de horas de trabajo, ni la distribución de las horas de trabajo, ni el control obrero de la producción, sino la reducción (legal) de la jornada y la "defensa de las cooperativas de trabajadores" (desempleados), recurso del Estado para bloquear la organización de los desocupados. El PSOL responsabiliza de la corrupción política a la "no aprobación del financiamiento público de las campañas electorales", que lleva a partidos y políticos de carrera a buscar financiamiento privado. O sea, que propone más dinero público para los partidos y parlamentarios. En Brasil, donde se ha hecho una muletilla afirmar que han sido las prebendas derivadas de cargos estatales las responsables por la degeneración del PT, el PSOL propone aumentar la dosis.

Excepción hecha de algún éxito organizativo, como la obtención de las firmas para legalizarse, el PSOL ha fracasado en la tarea de abrir un reagrupamiento clasista, siquiera elemental, en el movimiento obrero y juvenil. En las manifestaciones realizadas en Brasilia contra la reforma universitaria y la reforma sindical, lo decisivo fue la militancia de los sindicatos controlados por el PSTU (LIT), con el PSOL adhiriendo en orden dispersa. Careciendo de base programática independiente, se empeñó ahora, junto al propio PSTU, en una iniciativa aparatesca de ruptura de los sindicatos clasistas con la CUT, diametralmente opuesta a la lucha por la recuperación clasista de las organizaciones obreras.

La iniciativa, por ahora, sólo ha reagrupado, y de modo burocrático-cupulista, a los sectores sindicales que ya se encontraban bajo dirección del PSTU y las corrientes del PSOL (inclusive no a todos), en alianza con algunos sindicatos "pelegos" (derechistas) marginados por las trenzas dirigentes de la CUT y las otras centrales. El sindicato adherente más importante, Andes (profesores universitarios), lo hizo a través de una votación muy dividida en su congreso nacional. En la movilización contra la reforma universitaria, el bloque PSOL-morenista se ha concentrado más en el planteo de ruptura de la UNE (Unión Nacional de Estudiantes), que en la organización del frente único de la juventud estudiantil en lucha contra la política de privatización del gobierno Lula.

El reagrupamiento sindical surgido de la iniciativa, Conlutas (Coordinación Nacional de Luchas) se ha estructurado como una mini-central sindical, careciendo sin embargo de organicidad y de apoyo político de las bases, de las que es desconocido. El reverso de la historia es que el gobierno ha enviado una propuesta de nueva ley sindical que, para hacer pasar un mayor intervencionismo gubernamental y la perspectiva de destrucción de las principales conquistas obreras (aguinaldo, licencia-maternidad, pago de horas extras, etc.), ofrece la zanahoria de un mayor poder e ingresos a las cúpulas de las centrales sindicales (en Brasil hay cuatro), a través de la administración de los fondos sociales estatales, y de nuevas contribuciones obligatorias de los asalariados.

Conlutas se ha declarado contrario a la "reforma sindical", como también lo han hecho, al menos parcialmente, las otras centrales, o sus corrientes internas (hasta derechistas). Se anuncia una batalla de presiones parlamentarias en torno a los artículos de la ley, o sea, en torno a la tajada que cada uno obtendrá del "negocio sindical". El planteo de una batalla exclusiva por la ley sindical, al margen de un programa de lucha de conjunto por la unificación del movimiento obrero y campesino, está condenado al fracaso, y denuncia un horizonte político limitado a las componendas burocráticas entre aparatos y el propio Estado, en su versión "centroizquierdista".

En su primer prueba política, las elecciones municipales de 2004, el PSOL se dividió en el apoyo a diversos candidatos burgueses (incluyendo el del PPS, en el estado de la propia senadora Heloísa Helena, Alagoas). Sin norte programático, el PSOL surge valorizando la figura de sus parlamentarios, y lanzando una candidatura a la presidencia del país, reproduciendo una caricatura de la trayectoria más reciente del PT y la candidatura Lula. Se configura como un "PT clon", sin la irrupción de masas que rodeó a la creación del original (programáticamente está a la derecha del PT de la década del "80), del que está condenado a ser la "sombra inconformista".

El planteo de diversos intelectuales "nternacionales" y viudas de la IV Internacional, que han elevado al PSOL a la categoría de modelo universal, es descabellado y carente de pede perspectivas. Se define como un "partido de tendencias", que actúa "por consenso", o sea por acuerdos burocráticos de caciques, sin ningún debate ni delimitación, ni decisiones democráticas, o sea, sin el voto de la militancia (socialismo y libertad). El "nuevo programa", no pasa de un montón de clichés, que todos los días son superados por los movimientos prácticos de las masas en el mundo entero, con sus ocupaciones (despóticas) de tierras y empresas; con sus despóticas insurrecciones; con sus (despóticas) guerrillas y con sus no menos despóticos piquetes.

El PSOL es la expresión negativa de una crisis. La izquierda brasileña, que ha acompañado la experiencia política del PT, la CUT y el MST, se encuentra ahora en un impasse político completo. El balance político-programático es más necesario que nunca, y es una tarea internacional. Un nuevo ascenso obrero y popular planteará un desbloqueo político, que debe encontrar, so pena de dispersión mayor, una vanguardia armada con conclusiones políticas claras, en cuyo seno actúe la organización combatiente por la refundación de la IV Internacional.

e-mail: coggiola@usp.br

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