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25/04/2019 :: Venezuela

La revolucion bolivariana y las disputas de orden geopolitico

x Guillermo Cieza
Quienes no se reconocen chavistas (alrededor del 40% de la población) están desarmados políticamente por carecer de opciones que no sean avalar una intervención extranjera

Cuando se trata de interpretar lo que hoy esté sucediendo en Venezuela se suele caer en dos tentaciones. La primera es hacer diagnósticos a partir de claves exclusivamente geopolíticas. La segunda es suponer que se puede hacer caracterizaciones prescindiendo absolutamente de esas claves. Alineado entre los que piensan que las revoluciones y los grandes cambios siguen desarrollándose en contextos nacionales, me parece necesario advertir que esos procesos juegan su destino en un mundo cruzado por múltiples intereses y tensiones, no en un tubo de vacío.

La vinculación entre las contradicciones y procesos internos y externos es permanente y se da de un modo diferente en distintos momentos históricos. En el caso venezolano, la revolución bolivariana que surge del encuentro entre un alzamiento de másas (el Caracazo) y la irrupción de una vanguardia militar y política liderada por Chávez, expresó, aún antes de ganar las elecciones, una fuerte contradicción interna entre los las mayorías marginadas y las clases beneficiarias del modelo productivo rentista exportador.

Esta lucha de clases estuvo en el centro de la disputa surgida en el golpe militar de 2002, más allá de los apoyos internacionales con que contaba la derecha, que aportaron a la conspiración. El hecho de que el enfrentamiento entre chavistas y antichavistas en los primeros años del gobierno haya tenido un fuerte componente de clase, con un ingrediente racial (es también la lucha de los negros, los mulatos, zambos y los originarios, contra los blancos ) no invalida que por un lado el gobierno de Chávez haya desarrollado una fuerte iniciativa diplomática promoviendo la multipolaridad y buscando alianzas en Latinoamérica y las potencias emergentes. Por otro lado las minorías oligárquicas venezolanas contaron con el respaldo de EEUU.

La profundización del proceso revolucionario en los últimos años de Chávez, con leyes paradigmáticas como la LOTTT [Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras], colocó a Venezuela en una situación parecida a la que sufrieron otros procesos transformadores que empezaron a percibirse como "malos ejemplos" por todas las fuerzas capitalistas en el mundo y fueron castigadas por su osadía. En el caso venezolano se registró una caída de de inversiones, con grados diferentes entre quienes las paralizaron (Rusia, China) y entre quienes se retiraron vaciando sus empresas y encriptando sus maquinas, como EEUU y todas las potencias Occidentales. EEUU fue un paso más adelante cuando Barack Obama demonizó a Venezuela como "una amenaza inusual y extraordinaria" antes de dejar su cargo de presidente.

El retiro de las inversiones destinados a la producción y comercialización de bienes de consumo se combinó en Venezuela con una brusca caída de los precios del petroleo, colocando a la economía nacional a partir de 2015 en una situación difícil, porque no habiendo podido modificar su matriz productiva, pese a los múltiples esfuerzos realizados desde la economía comunal y el Estado, se encontraba con mercados desabastecidos por empresas capitalistas en fuga o con actitudes de saboteo abierto y sin los dolares suficientes para importar. En esa encrucijada empieza a perfilarse en el alto gobierno una tendencia que suele caracterizarse como reformista que propone resolver la cuestión del autoabastecimiento de productos de consumo popular recreando una alianza con sectores de la burguesía local (Grupo Polar, El Tunal, etc.) y tratando de atraer capitales de países y mercados marginales, o modificando la legislación extranjera y creando "zonas especiales" para atraer nuevas inversiones.

Esa orientación política que incluye devolver algunas empresas y tierras a sus antiguos dueños ha sido resistida por los trabajadores y los campesinos incrementando el enfrentamiento de clase. Cada vez con más frecuencia se producen invasiones del capital sobre empresas nacionalizadas y tierras de campesinos y, en sentido contrario, invasiones de trabajadores y campesinos sobre empresas y tierras del capital. El conflicto desarrollada en los últimos tiempos en el Estado de Portuguesa, donde la propiedad estatal Arrocera del Alba fue entregada a particulares y recuperada por comuneros, con el saldo de detenciones de los ocupantes populares es muy ilustrativo. También lo es el hecho de que alrededor de este episodio se haya levantado una fuerte polémica publica, donde fijan posición importantes referentes del chavismo con posiciones enfrentadas.

El enigma de Trump

Seguramente el ascenso a la Presidencia de Donald Trump provocó enormes expectativas de cambios en la política mundial. Frente a la evidencia de que de ganar Hilary Clinton se continuaría la política guerrerista de Obama, los pueblos de países que estaban en la lista para ser agredidos sintieron cierto alivio ante la asunción de este personaje poco conocido, estrafalario y de lenguaje misógino. Trump criticaba las " guerras inútiles", y proponía replegarse en la tarea de recomponer su propio capitalismo domestico.

EEUU había salido de la Segunda Guerra Mundial como el gran vencedor en un mundo en que el resto de las potencias precedentes y emergentes quedaron muy maltrechas. Pero la rápida reconstrucción económica y militar de la Union Soviética impidió que pudiera imponer su sueño de construir un mundo unipolar. Después de la caída del Muro de Berlín el viejo sueño de que los yanquis reinarían solos en el mundo pareció renacer. Pero el rápido crecimiento de China que en pocos años pasó de ser la tercera parte del PBI de EEUU a superarlo, y la reconstrucción del poder militar de Rusia, parecen haber vuelto a enturbiar sus planes. Frente a esta nueva situación el discurso de Trump afirmando que sostener la globalización, incluido pagar gastos militares, le estaba saliendo a su país demasiado demasiado caro, parecía tener cierta lógica.

Sin embargo después de ganar la presidencia este discurso original sufre algunos cambios. La primera modificación fue la advertencia de que replegarse incluía, por supuesto, asegurar el patio trasero (es decir Latinoamérica), por lo que Venezuela volvía a quedar en el ojo del huracán. Soy de los que piensan que en el tablero de la disputa geopolítica entre las viejas potencias y las emergentes Venezuela hubiera quedado reducida a una ficha de cambio, si no se hubieran producido sucesos extraordinarios que incentivaron el involucramiento de China y Rusia en la ofensiva desatada por EEUU contra el gobierno de Nicolas Maduro. Esos motivos que, como comenté, no son ideológicos, parecen más bien de autodefensa ante algunas decisiones como las tomadas por el gobierno de EEUU, que parecen adelantar movimientos de llevar al plano militar las disputas por la hegemonía mundial.

Por ejemplo, la decisión de designar al belicista John Bolton como asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, o la decisión de retirarse del acuerdo de no proliferación de misiles de alcance medio, que parece funcional a la tentación de los asesores de Trump de promover una guerra nuclear táctica "limitada y localizada" contra Rusia, cuyo escenario sería Europa. Planteada esta hipótesis, a EEUU le bastaría que el petroleo y todas las riquezas mineras de Venezuela no estuvieran disponibles para las potencias que puedan confrontarlo, por lo que sus planes pueden reducirse a destruir su Estado Nacional y convertirlo en un país no-estable por sus confrontaciones internas. Como afirma el analista Thierry Meissan, la estrategia que EEUU ha aplicado en las guerras de Afganistán, Irak, Libia, Libano, Siria, Yemen es "destruir previamente las estructuras de los Estados en los países considerados "tanques" de recursos, de manera que no pudiesen oponerse a la voluntad de la primera potencia mundial, ni prescindir de esta".

En este proyecto de destrucción de Estados Nacionales juegan un papel importante las políticas de promoción de desintegración de las identidades nacionales, donde el caso paradigmático es Yugoslavia. Allí, agitando diferencias internas étnicas y religiosas, llegaron a despedazar un país que representaba uno de los experimentos sociales más novedosos y progresistas del mundo para convertirlo en seis republiquetas subordinadas a las potencias occidentales (Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia). Esta receta también ha intentado ser aplicada en Venezuela promoviendo la desintegración de Tachira y de Zulia entre la zona occidental y promoviendo el separatismo de la etnia de Los Pemones en el Estado de Amazonas.

Es evidente que algo sucedió en el tablero internacional para que se produjera un giro en los posicionamientos políticos de China y Rusia con la consecuencia de su decisión de arropar a Venezuela. El viaje de Nicolas Maduro a Pekín en setiembre de 2018 representa un punto de inflexión en la relación entre esos países, superando lo que en palabras del presidente de Venezuela habían sido "dificultades en la relación" en los últimos años.

La agresión imperialista contra Venezuela en un nuevo tablero mundial y latinoamericano

Los hechos de agresión imperialista contra Venezuela son bastante conocidos, menciono solo algunos de ellos:

- Campaña mediática y diplomática mundial de demonización del proceso y el gobierno bolivariano.

- Sanciones contra las empresas estatales y principales funcionarios de gobierno y jefes de las FANB.

- Bloqueo de embarques de medicinas y alimentos importados para agravar la crisis del pueblo venezolano.

- Robo de la refinería CITGO en EEUU y de fondos públicos en bancos extranjeros.

- Intento de magnicidio del Presidente Maduro utilizando drones con explosivos.

- Desconocimiento del Presidente electo democráticamente y apoyo a un presidente autoelegido.

- Ataques cibernéticos a la represa de El Guri, afectando el suministro nacional de electricidad y de agua potable.

- Promoción del paramilitarismo y de la entrada al país de mercenarios, armas y drogas con fines desestabilizadores.

- Amenaza permanente de intervención directa tratando de involucrar en la aventura militar a otros gobiernos de América Latina.

Las razones por as que el pueblo y el gobierno venezolano han resistido esas agresiones merece algunas explicaciones. En primer lugar el crecimiento de la agresión imperialista ha evaporado a la oposición como sujeto político. El dilema para el pueblo venezolano desde hace algunos años ya no es si gobierna Maduro o una coalición de derecha (la ya inexistente MUD), sino: "si gobierna Maduro o los EEUU" . Y en esa alternativa las críticas que puedan surgir en el seno del chavismo con respecto a las orientaciones impulsadas por Maduro, quedan en un lugar secundario frente al reconocimiento de que no se ha rendido frente a las presiones extranjeras. Para quienes no se reconocen chavistas (alrededor del 40% de la población) esta alternativa los desarma políticamente por carecer de opciones que no sean avalar una intervención extranjera. El hecho que el gobierno de EEUU no este detrás, sino que se haya colocado al frente de los intentos por derrocar a Maduro ha convertido la disputa en una cuestión de soberanía nacional.

Esa es la mejor explicación de porque millones de venezolanos, que no se identifican con el chavismo, y sometidos a condiciones de escasez y colapso de los servicios públicos no hayan estallado en protestas másivas, ni hayan impuesto en la calle la autoridad del títere Guaidó. Como ocurrió en Cuba frente a la agresión en Playa Giron y en los duros momentos del Período Especial, la defensa de la Patria es la última trinchera de los procesos revolucionarios.

La circunstancia de porqué EEUU no ha apelado todavía a una intervención directa también merece algunas puntualizaciones. En primer lugar está fuera de discusión que EEUU es la primera potencia mundial en lo que hace a su superioridad militar. Tiene 800 bases militares en 70 países y ejércitos desplegados en casi todo el mundo, con un gasto militar tres veces superior al de China. Si la confrontación tuviera carácter global como fueron las dos primeras guerras mundiales, seguramente EEUU sería invencible. Pero ocurre que el desarrollo tecnológico alcanzado pone en duda que se repitan este tipo de confrontaciones porque se pone en riesgo la supervivencia del planeta. Pensando en confrontaciones localizadas, entran en juego otras variantes como es la inserción militar en los lugares de disputa y el desarrollo tecnológico, y allí nos llevamos la sorpresa que en tecnología militar de avanzada Rusia supera a EEUU. Lo demostró cuando intervino en Siria.

Si pensamos en una guerra regional que involucrara por ejemplo exclusivamente a Colombia y Venezuela, se advierte que si hace 15 años el ejercito colombiano pertrechado por EEUU tenia posibilidades de aniquilar a Venezuela en pocas horas, hoy esa situación se ha revertido gracias al poder antiaéreo y de aviación de la FANB con tecnología rusa.

El segundo aspecto a considerar es que posicionándose China en defensa de Venezuela, EEUU tiene dificultades para construir una amplia alianza que involucre directamente en una intervención militar a los países de la región, por razones económicas. China es el principal socio comercial de los países de Sudamérica y ha crecido su influencia en Centroamérica. La influencia de EEUU es fuerte en lo político. lo que se expresa en la decisiones de presidentes pronorteamericanos de abandonar UNASUR y sumarse a PROSUR, pero sus burguesías locales le ponen límites como ya ha quedado expuesto con el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro que ha tenido que dar marcha atrás con algunas decisiones.

Un vistazo a las cifras de esta nueva realidad económica dan cuenta de que para los años 2017-2018, el comercio latinoamericano registraba que las exportaciones e importaciones a EEUU crecieron un 7,5% y un 6,5 % , mientras que en ese mismo período, las importaciones y exportaciones con China aumentaron en un 30% y 23%, respectivamente. Los intereses del capital más proclive a buscar políticas de complementariedad y mayor ganancia interviene en la disputa entre gobiernos que siguen aferrados a un mundo unipolar y una economía que promueve la multipolaridad, poniendo limites a las aventuras militares.

El futuro de Venezuela se sigue jugando en Venezuela

En una mirada de mediano plazo me atrevería a caracterizar que las reservas políticas acumuladas por un país donde Chávez promovió una revolución y consiguió que ese proyecto se encarnara en las mayorías populares, en particular en las organizaciones de base protagonizadas por las mujeres de los barrios populares, han sido suficientes para poder resistir la ola neoliberal que en la segunda década de los 2000 arrasó con los gobiernos progresistas de la región (Argentina, Brasil, Paraguay, Honduras y Ecuador) y las presiones y amenazas internacionales en una situación de casi absoluto aislamiento internacional (las excepciones fueron Bolivia y Cuba), para ingresar en una nueva etapa mucho más favorable.

En esa nueva etapa, por razones pragmáticas y geopolíticas, las potencias emergentes (China y Rusia) han acudido en auxilio, alejando las posibilidades de una intervención militar directa y brindando puentes que pueden aliviar el ahogamiente financiero. Pero ademas el futuro se inserta en un mundo donde empieza a aflojarse la trama neoliberal y crece la convicción entre las burguesías locales de que subirse al tren de Trump les trae más dificultades que beneficios. Esto se expresa en posicionamientos de la Union Europea que expresa versiones agresivas contra Irán y Venezuela, en la supervivencia de la nación Siria, pero también en Latinoamérica con la con la elección de López Obrador en México y la casi segura no continuidad del gobierno de Macri.

En un escenario en que el plan A de EEUU fue promover un golpe de Estado por parte de un sector de la FANB, el reciente anuncio hecho por autoridades colombianas de que harían perder el estatus de refugiados y expulsarían en las próximas horas a los militares venezolanos desertores del 23 de febrero, es ilustrativo de lo mal que están las cosas para todos los que se embarcaron en planes para derrocar a Maduro.

Esa evidencia de que el golpe fracasó y que la intervención militar está trancada, no significa desconocer las condiciones de deterioro económico, social, y político. con que el pueblo y gobierno vencedores emergen después de haber transitado años tan duros. A la hora de hacer un balance de las fuerzas disponibles para salir adelante debe reconocerse que la mejor noticia económica parece ser que la economía ha tocado fondo, con precios de las divisas del Dicom muy parecidos a los dolar-today, con sueldos que no pueden bajar más y un incipiente crecimiento de producciones de subsistencia, que tienen la posibilidad de expandirse ante la evidencia de que por el lado de la asistencia oficial y las importaciones ya no pueden esperarse milagros.

El reconocimiento a la decisión del Presidente Nicolas Maduro de no rendirse, de soportar atentados, amenazas, presiones y agravios, apelando a limites de resistencia extraordinarios, y el reconocimiento de sus aciertos, no deberían invalidar las criticas a algunas de sus decisiones que no contribuyeron a aliviar la situación del pueblo. No resulta difícil coincidir que acertó con la convocatoria a la Asamblea Constituyente, la creación de los CLAPS, en su relación con las FANB que contribuyó a que no se prestaran a maniobras golpistas, y en el manejo de los tiempos para enfrentar encrucijadas difíciles como fueron la autoproclamacion de Guaidó o la maniobra intervencionista disfrazada de Misión Humanitaria.

Tampoco resultara difícil coincidir en que se equivocó con su apoyo a recetas monetaristas para contener la hiperinflación, habiendo mantenido durante demasiado tiempo a ministros, como el de Energía, que no demostraron estar a la altura de las circunstancias, o a algunos otros, que continúan en su cargo, que prometieron encarrilar a la burguesía local o atraer inversiones extranjeras que nunca llegaron.

Finalmente debe reconocerse que, obligado a ponerse los zapatos de Chávez, donde se advierte mayor la diferencia de liderazgo es en el ejercicio del dialogo directo con el pueblo, en no compartir la ilimitada confianza que tenía el Comandante en el pueblo. Lo que queda para salir adelante es un gobierno machucado y un pueblo exhausto, pero con algunas victorias atesoradas, como no haber perdido nunca en la movilización callejera y el convencimiento de haber ganado la batalla frente a quienes hoy deambulan por laberintos mucho más oscuros y desesperanzadores. Hacia adelante se avizoran mejores tiempos. Al cumplirse dos décadas del nuevo siglo, quienes en distintos países latinoamericanos no hemos renunciado a la Revolución nos veremos motivados a hacer un balance.

En 1999 asumía Chávez el gobierno de Venezuela, en 2001 en la Argentina echábamos a De la Rua al grito de: "Que se se vayan todos!!! ". ¿Qué quedaron de esos fuegos, veinte años después?-

23 de abril de 2019
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