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20/10/2018 :: Mundo, Argentina, Nacionales PP.Catalans

"La unidad que posee más valor es la unidad interior de las y los de abajo"

x Contrahegemoníaweb / Miguel Mazzeo
Para desplegar una auténtica política nacional-popular y democrática es una condición necesaria ir más allá de las instituciones del Estado liberal

Presentamos una entrega del dossier “Alternativas populares en debate” donde luchadores sociales e intelectuales críticos comparten su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad. Compartimos las opiniones de Miguel Mazzeo *

1) ¿Ve una posibilidad de eventual “vuelta” de gobiernos progresistas en Latinoamérica? ¿Qué implicancias o viabilidad tienen estos “modelos” hoy? ¿Se agotó el denominado ciclo progresista?

Consideramos muy probables los intentos de reedición de las experiencias progresistas, en Argentina y en la región. El asunto a dilucidar es si podrán ser lo que fueron, si se podrá replicar el “pacto progresista”. También son posibles los experimentos noveles que asuman ese horizonte. Habría que ver, por ejemplo, que rumbos toma el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México.

Frente a la ofensiva de la derecha, las experiencias progresistas pretéritas no hacen más que incrementar su “cotización”. Sus limitaciones pasan a segundo plano y el contraste realza sus realizaciones, sus avances. La derecha impiadosa, desquiciada, ha bajado el piso en todos los órdenes, incluyendo el de las anomalías. Frente a la valorización financiera, se exaltan los modelos “productivos” neo-desarrollistas. Frente a un Estado colonizado por CEOs y el Fondo Monetario Internacional (FMI), se reivindica al Estado burgués convencional, “capitalista colectivo” y reproductor de la preeminencia de la clase dominante pero a través de mediaciones y transacciones. Frente al derroche de la renta, recuperan algún prestigio las viejas vías que intentaron transformar la renta en acumulación (aunque no lo lograron).

A pesar de esta “ventaja”, consideramos que, en el actual contexto histórico regional y mundial, los proyectos políticos que asumen el horizonte de la conciliación de clases antagónicas tienen alas de plomo. No existen condiciones materiales y geopolíticas para conformar alianzas pluriclasistas (por lo menos no de una heterogeneidad tan extrema) capaces de garantizar nuevas gestiones progresistas del nuevo ciclo.

¿Existen condiciones para la implementación de una política capaz de dar cuenta, al mismo tiempo, de los intereses de las fracciones del capital local y trasnacional más poderosas y de algunos intereses básicos de las clases subalternas? ¿Es posible un nuevo ciclo que combine la valorización del capital (el aumento de la riqueza y de los ricos) con la redistribución del ingreso (la disminución de la pobreza y la “inclusión” de la clase trabajadora y las clases populares en general al mercado? ¿Podrá reeditarse el pacto progresista en las actuales condiciones, sin auge de commodities, sin superavit comercial, sin nuevas fuentes de renta extraordinaria, sin que medie un ciclo expansivo de la economía capitalista y un periodo relativamente largo de valorización exportadora?

Los nuevos escenarios parecen adversos para las vías que promueven las concesiones “a dos puntas” características del primer ciclo progresista: la “internacionalización, centralización y concentración del capital con redistribución” o los “beneficios extraordinarios para el capital monopólico con inclusión social”.

Todo indica, además, que, en el tiempo que se avecina, tendrá menos sustento la idea de un Estado que, en los marcos del sistema, asuma la función de reemplazo de la burguesía industrial e impulse el desarrollo económico y social. También se hará más difícil la articulación de las retóricas nacional-populares con los proyectos que no asuman abiertamente el compromiso de recortar el poder económico, social, político y cultural del capital.

 2) ¿Qué caracterización hace del avance de gobiernos de derechas en los países de Nuestramérica? ¿Se puede hablar de una crisis de esos proyectos en la región y/o del macrismo en la Argentina?

Debemos reconocer aquellos costados de las experiencias progresistas que generaron condiciones para el avance de la derecha. Es un ejercicio –crítico o autocrítico según corresponda– indispensable para subir la apuesta. La fórmula del pacto progresista: “distribución sin politización de masas” (o politización vertical y acotada), fue absolutamente funcional a la derecha. Luego, el pacto progresista no promovió espacios de participación popular directa, de auto-gobierno popular; por el contrario, se fortalecieron los pilares del viejo Estado y los aspectos ficcionales y emotivos de la democracia. Se limitaron las posiciones de los espacios populares alternativos. Los ejes del progresismo fueron el realismo y el acompañamiento al sentido común de las clases subalternas y oprimidas en el marco del capitalismo democrático. Se apostó a una recomposición desde arriba del vínculo entre el Estado y las clases populares.

El proyecto de la derecha, el horizonte de la totalización del mercado, dirigido por el macrismo (y el FMI), se muestra inviable. La crisis económica que se expresa en recesión, inflación, devaluación, endeudamiento externo (con riesgo de default), tarifazo, desempleo (la tasa mas alta en 12 años), deterioro de los salarios, etc., intenta ser conjurada con políticas que no hacen más que profundizarla. Además, se nota cada vez más el vacío de poder político y axiológico, lo que augura una opción por las respuestas represivas, por las iniciativas autoritarias con persecución a los opositores y proscripciones.

Sin ninguna destreza hegemónica, a la derecha representada en la colación Cambiemos sólo le queda intentar construirla a partir de disvalores, a partir de las violencias estructurales arraigadas en ciertos sectores de la sociedad, a partir de lo siniestro. Las vías de avance de la derecha exigen grados de disciplinamiento social (y de ruptura de solidaridades sociales básicas) muy altos. Así lo demuestran los países de la región donde el proyecto de la derecha parece más consolidado y luce más sólido. Luego, esas vías reclaman otros aparatos y otras mediaciones, que sin dudas existen en la Argentina, pero pertenecen a un universo político diferente al macrismo.

3) ¿Qué actores sociales y diferentes proyectos políticos aparecen como alternativas al macrismo?

En cuanto a los proyectos políticos, aparecen en primer lugar quienes reconocen abiertamente la condición de “ajustadores heterodoxos”: sectores de la derecha peronista (Peronismo Federal, menemismo y duhaldismo residual, y especies similares) y otros vinculados a Sergio Massa que asumen lo “nacional” como el “centro” político y que, más allá de algunos matices, comparten los aspectos centrales del programa de la derecha. Se trata de una propuesta conservadora y reaccionaria. El recambio “peronista” previsto por el establishment. Se trata de un panmacrismo que ahora no tiene otra alternativa que diferenciarse del oficialismo. Sea quien sea su candidato o candidata, contará con el soporte de los medios de desinformación, el poder judicial, y otros factores de poder.

Luego el kirchnerismo, con sus nuevos aliados (kirchneristas tardíos), más un sector flexible del Partido Justicialista que promueven el retorno a una especie de proyecto nacional popular “productivo” y democrático en el marco de una alianza social y política muy amplia y heterogénea pero que está en condiciones de incluir a franjas extensas de la clase trabajadora y el pueblo, en especial a los sectores más perjudicados por el ajuste, prácticamente su vértice: las distintas categorías de asalariados del sector formal y los sectores de la economía popular. Es el proyecto de la reedición del pacto progresista.

Finalmente, existen diversos sectores de la izquierda anticapitalista que han señalado las limitaciones del pacto progresista, su función reproductora del sistema más allá de los avances que promovió en diversas áreas. Se trata de sectores que están jugando un rol importante en la resistencia a las políticas de ajuste y a los proyectos reaccionarios del gobierno, pero que no logran conformar un proyecto propio con capacidad de masificarse y ser reconocido como opción de poder. En su interior existe un corte (con un espacio difuso en el medio) entre aquellas organizaciones que asumen una configuración alternativa y radical (socialista) de lo nacional-popular y que están atentas y dispuestas al acompañamiento de las experiencias concretas de las clase trabajadora y el pueblo, a sus mecanismos de resistencia y rebeldía; y otras organizaciones que rechazan esa configuración y que desestiman las experiencias populares junto a los mecanismos de resistencia y rebeldía que se desarrollan por fuera de sus marcos organizativos e ideológicos puristas y estrechos. Asimismo, forma parte de la izquierda anticapitalista un conjunto extenso de colectivos sociales/populares que desestiman las escalas macro-políticas y priorizan entornos comunitarios limitados.

Un interrogante crucial es sí la heterogeneidad del espacio que promueve la reedición del pacto progresista permitirá el desarrollo de bloques consistentes desde el punto de vista ideológico y orgánico, bloques que hagan posible el desarrollo de políticas populares en el actual contexto. En caso de que no lo permita, en el caso de que sea imposible para una nueva gestión con ímpetus progresistas la reproducción de sus anteriores funciones estabilizadoras del sistema, no quedan muchas alternativas: o el intento de reedición del pacto progresista da lugar a versiones raquíticas, situadas a la derecha de la primera versión, o se abrirán las posibilidades de una radicalización del proceso que implicará una politización de las luchas sociales, una socialización de las luchas políticas y la asunción de horizontes anticapitalistas. En cualquier caso se romperá el pacto progresista y la alianza pluriclasista.

Pase lo que pase resultará clave el rol de las organizaciones que promueven políticas antiimperialistas, anticapitalistas y antipatriarcales, dado que se puede abrir un espacio de confluencia entre los sectores que asumen lo nacional-popular en clave radical y socialista y los que descubran que esa clave es la única posible para el ejercicio efectivo de lo nacional-popular, desestimando los roles subordinados en frentes políticos compartidos con fracciones de las clases dominantes, rompiendo definitivamente con las formas más perversas e infamantes de la reciprocidad política.

4) ¿Con qué ejes políticos y con quienes debería articularse el movimiento popular para enfrentar a la derecha y poner en pie una alternativa anticapitalista? ¿Podría mencionar medidas y/o propuestas concretas?

En primer lugar habría que realizar un balance de las experiencias progresistas. Si no se reconocen las limitaciones congénitas del pacto progresista, peor aún, si esas limitaciones se erigen en horizonte político, se corre el riesgo de asumir posiciones fatalistas y conformistas. Un primer eje sería romper con los sueños estandarizados y las fantasías políticas enlatadas.

Más allá de las articulaciones defensivas más amplias, de la acción unitaria contra las políticas de ajuste, entrega y represión, será fundamental construir la unidad política popular en torno a un proyecto y unas prácticas que impulsen cambios de fondo. Construirla en torno a la lucha, la imaginación, la democracia de base y la autonomía popular. Si la unidad gira en torno a la construcción colectiva de un proyecto antiimperialista, anticapitalista y antipatriarcal, seguramente se podrá enfrentar a la derecha en las mejores condiciones posibles y, sobre todo, se podrá construir una base más sólida (un sentido, una visión histórica) para encarar el ciclo subsiguiente.

La unidad que posee más valor es la unidad interior de los y las de abajo. La unidad que coloca al conflicto en un piso más alto y no la que busca conjurarlo. Ese es un momento disruptivo y estimulante de la unidad que promueve las relaciones más genuinas y productivas. La unidad que se presenta como superior al conflicto es un a unidad abstracta y está hecha a la imagen y semejanza del poder.

En cuanto a las propuestas concretas, mencionamos sólo algunas en un sentido muy general:

1) Salirse de la serie que hilvana falsas opciones: modelo neoclásico o modelo keynesiano, modelo neoliberal o modelo neo-desarrollista, capitalismo off-shore o capitalismo pos-neoliberal, gestión directa de los asuntos de las clases dominantes o gestión mediada y negociada de los mismos.

2) Reconocer el carácter sistémico de la crisis del capital, asumir que lidiamos con un sistema que incrementará sus rasgos depredadores.

3) Superar los condicionamientos estructurales y frenar el círculo vicioso reproductor de la dependencia. El Estado deberá asumir un rol clave en el desarrollo y el control de áreas estratégicas: servicios básicos, infraestructura, comercio exterior e interior, etc., al tiempo que deberá impulsar la consolidación de una amplia red de economía popular y espacios reproductores de la vida, restauradores de los bienes comunes y de una cultura material no capitalista y ecosocialista. Aunque se minimice el predominio en la industria de sectores concentrados a manos del capital extranjero, aunque se pase por alto su marginalidad en las cadenas globales de valor, aunque invada la amnesia respecto de los compromisos extractivistas de los modelos neo-desarrollistas, las políticas económicas del pacto progresista estuvieron muy lejos del antiimperialismo y el nacionalismo que, en algunos casos, declamó. El peso adquirido en las últimas décadas por el gran capital transnacional muestra que estos gobiernos también se apartaron del “nacionalismo empresarial”, o que en todo caso, este resultó impotente frente a las tendencias macro-económicas globales.

4) Realizar profundas reformas en los planos agrario, tributario, financiero y comunicacional; reformas que modifiquen las relaciones de propiedad y las viejas lógicas. Se trata de reformas que, seguramente, exigirán algo muy parecido a una revolución.

5) Priorizar la distribución primaria del ingreso por sobre la redistribución secundaria, el acceso masivo a los bienes sociales (tierra, vivienda, alimentación, salud, educación) más que el acceso a los bienes de consumo individual.

6) Avanzar en una revolución cultural, en la educación-emancipación política del pueblo, con el fin de liberar a las conciencias de la colonización que les impone la mercantilización, el consumismo, el utilitarismo y la individuación egocéntrica. Recuperar las energías cognitivas del pueblo y la “plusvalía política” succionadas por el capital. Vale tener presente que el capitalismo es un molde epistémico, es decir: también es una forma de pensar el mundo, de aprehender la realidad y de concebir la acción.

7) Auspiciar las culturas materiales y los vínculos solidarios y cooperativos que se erigen en disidencias prácticas frente a la economía capitalista y sus lógicas productivas, favoreciendo las formas del protagonismo social directo y de la autonomía popular.

8) Asumir los ítems de la agenda propuesta por el movimiento de mujeres: aborto legal, seguro y gratuito; separación de la iglesia del Estado, etc.; con el fin de conquistar derechos civiles plenos y para recortar los espacios materiales y simbólicos del heteropatriarcado. Las reivindicaciones del movimiento de mujeres poseen carácter político estratégico dado que nos convocan a desprivatizar y desenajenar.

9) Deslastrarse de las elites políticas que se constituyen en intermediarias de un sistema al consideran definitivo e incuestionable y para quienes la política se reduce a un debate en torno al grado de agresividad de un mismo patrón de acumulación. Esto es, debemos superar las lógicas verticales y las direcciones componedoras de los y las comisionistas del poder que buscan administrar la lucha de clases para perpetuar sus beneficios de casta, de los gestores y las gestoras de lo dado. Para esto se requiere organizaciones y políticas que estén a la altura del desafío del proyecto civilizatorio propio y alternativo (que asuman la cuestión del poder). Sólo así las experiencias de los y las de abajo será auténtica praxis popular y no mero activismo plebeyo. Con la mediación de punteros, fiolos, narcos y especies similares será imposible avanzar en un proyecto popular. No son, precisamente, instancias creadoras de comunidad ni favorecen los procesos de “empoderamiento” de los y las de abajo.

10) Promover cambios sustanciales en las relaciones de fuerza, para que las posiciones conquistadas por la clase trabajadora y el pueblo adquieran solidez y sirvan de tarima para otras conquistas, para que sean impermeables a las lógicas clientelares y prebendales desde arriba y para que no queden atadas a los buenos oficios de una gestión sensible y piadosa.

5) ¿Qué rol juega la institucionalidad democrática actual en la construcción de alternativas populares?

Cada vez son más claros los signos que presentan a la institucionalidad vigente como una trinchera de la reacción. Por eso es cada vez más absurdo profesar el institucionalismo abstracto. Ciertas instituciones se tornan monolíticas, se van delineando como espacios donde se reproduce el verticalismo, el clientelismo, y los formatos mercantiles, de este modo, disminuye su porosidad en relación a los intereses populares. Se puede identificar una contradicción cada vez mayor entre las instituciones y la democracia, entre la democracia como forma de gobierno y la democracia como Política. Las instituciones típicas de la democracia liberal son cada vez menos democráticas. Los parlamentos, el poder judicial, los medios de comunicación, las estructuras sindicales, etc., se han consolidado como trincheras de los grupos de poder, de la derecha, que puede darse el lujo de ser profundamente antidemocrática invocando los procedimientos de la democracia. Por eso es fundamental plantearse una transformación radical de las instituciones para hacer posible la lucha por la democracia y el desarrollo de una institucionalidad paralela para hacer posible la democracia. Hablamos de una democracia radical, sustantiva, que modifique la racionalidad del sistema de dominación.

El desarrollo de una democracia participativa y protagónica, la conformación de un movimiento popular que ejerza el autogobierno desde abajo, será uno de los pilares de la resistencia popular y el punto de apoyo de otras iniciativas vinculadas a la democratización de la economía, el control popular de los medios de producción, la construcción de sistemas económicos comunales, etc..

Para desplegar una auténtica política nacional-popular y democrática es una condición necesaria ir más allá de las instituciones del Estado liberal. Los “golpes blandos” o las injusticias perpetradas por el poder judicial, las operaciones destituyentes de los grandes monopolios que se escudan en la “prensa libre”, demuestran que esas instituciones se vuelven en contra de cualquier proceso popular, aunque sea tibio y moderado.

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* Miguel Mazzeo es profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Perú. Participa en espacios de formación de movimientos sociales y organizaciones populares de Argentina y Nuestra América. Colaborador de los portales La Haine, Contrahegemoníaweb y Resumen Latinoamericano, entre otros.
www.contrahegemoniaweb.com.ar

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