La construcción de poder popular y su relación con el Estado

A lo largo de la última semana, masivas movilizaciones de campesinos y trabajadores afines al gobierno de Evo Morales tomaron las calles de Cochabamba exigiendo, mediante bloqueos a rutas y manifestaciones, la renuncia de uno los gobernadores que se alinea a las intentonas separatistas de las regiones ricas.
En tanto, Venezuela profundiza la vía socialista a partir de la nacionalización de sus recursos estratégicos y la ampliación de la participación popular en el gobierno de Hugo Chávez. En Argentina, por el contrario, ni el presidente Kirchner ni el arco de organizaciones que lo rodea, dan señales de concebir la movilización popular como un factor determinante, ni siquiera cuando se trata de cuestiones relacionadas a los derechos humanos, siendo este eje, junto con el crecimiento económico, emblema de esta gestión.
Al escuchar las proyecciones de la llamada izquierda kirchnerista y ante el alarde retórico de un potencial favorable para la construcción de una opción popular a partir del Estado o afirmando que es "la sociedad la que banca ese proceso político y la necesidad de renovación", surgen una buena cantidad de interrogantes. El letargo, la tolerancia explícita o el apoyo a figuras retrogradas y la ausencia de definiciones sobre cuestiones determinantes para definir lo que se considera por poder popular se está tornando una constante.
Esto salta a la luz, por ejemplo, cuando se intenta justificar de mil maneras la aceptación de candidaturas de personajes que no sólo no representan una alternativa al modelo actual, sino que vienen a garantizar la recomposición de la dominación puesta en jaque a partir del 2001. Un muestra de esto, son los dichos de estos ùltimos dìas de Humberto Tumini quien asegura que van "a apoyar a Telerman hasta el final (...) no es el momento en la ciudad para hacer apuestas a expresiones ideológicamente más puras, pero testimoniales" .
Declaraciones en las que se afirma que "el poder popular tiene que expresarse en una vinculación con el Estado", abren la brecha para preguntarse sobre el por qué y el para qué de la construcción militante de estos espacios. Los movimientos sociales, ¿son sólo la acumulación de una masa crítica funcional a diferentes concepciones según el momento, o son, al contrario, la materialización de una voluntad popular que desborda, las ambiciones institucionales de un proyecto seudo industrial?
En este sentido, ¿qué pasa cuando una concepción de poder popular, que señala como horizonte el cambio social, convive con reivindicaciones abiertamente capitalistas, materializadas constantemente en boca de los principales funcionarios? Un ejemplo figurativo de esto, fueron los dichos del actual Ministro del Interior el pasado 10 de enero que, poco después de reunirse con el embajador norteamericano, afirmó que "el Estado tiene que tener el convencimiento del respeto por un Estado capitalista" y a su vez "la responsabilidad’ de ofrecer a sus ciudadanos "garantías respecto de determinadas conductas".
Poco a poco, los movimientos sociales kirchneristas han ido priorizando la participación en el Estado bajo diversas circunstancia, mimetizándose así con las estructuras políticas que hasta hace muy poco criticaban.
Amparados discursivamente en un giro político regional, y en la supuesta posibilidad histórica de acumular poder institucional, dejan de lado la construcción de un bloque contra hegemónico que pueda ser capaz de disputar el destino político del país y que encarne un proyecto representativo de los sectores populares a partir de un cambio social profundo, tal y como viene sucediendo en algunas experiencias actuales de nuestro continente.







