La crisis política brasileña y el resurgir de los partidos conservadores

El supuesto escándalo de corrupción en que se ha involucrado la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT), dio pie a que la oposición conservadora, con un discurso de la honradez, dificulte a corto plazo la gobernabilidad del país. Faltando un año para terminar el gobierno de Lula, el Presidente de la República apenas cuida de mantenerse a duras penas en el cargo gracias al apoyo de una amalgama de partidos que va desde el ámbito conservador (centro derecha) hasta los comunistas y socialistas. Para Lula queda sólo esperar el inicio de la campaña electoral de este año, que no será nada fácil para los partidos de izquierda. Parece que ni los "buenos" resultado de la política económica1 - las cuales no se han visto acompañadas de la implementación de las reformas sociales estructurales prometidas - de que hace gala el gobierno, minimiza el peso de la oposición política tradicional que cobra cada vez más fuerza en el escenario político nacional. Personajes públicos viejos y nuevos, representantes de la más arcaica política caudillesca aliados a los socialdemócratas (integrantes del antiguo ejecutivo) reaparecen engrandecidos en gran medida por causa de los errores cometidos recientemente por el PT. La derecha brasileña se halla fortalecida a 3 años de la victoria del gobierno popular, que parecía ser la "esperanza" de la izquierda democrática suramericana.
Las cabezas petistas más visibles en el ejecutivo ya han caído del Planalto, resultado de las embestidas de la oposición en contra de los dudosos métodos de financiación partidaria y acuerdos parlamentarios engendrados por los miembros del gobierno y su partido. Para atajar este problema Lula busca un frágil equilibrio con las filas de la derecha centrista comprometida únicamente con aumentar su influencia en el gobierno a través de los apetitosos cargos en el primer escalafón de la administración pública.
No es de extrañar que después del abandono de las políticas públicas (reforma agraria, combate a la desigualdad, sanidad pública, etc.) el tradicional electorado de izquierdas brasileña se sienta defraudado por el actual gobierno. La ortodoxia impuesta en la política económica ha bloqueado cualquier atisbo de reforma social que no sea los programas asistenciales (beca escuela, beca familia, hambre cero, etc). La política desarrollada por el ministro de Economía Antonio Palocci, acompañado por Enrique Meireles en el Banco Central, prácticamente inviabilizaron otras áreas del gobierno. Fue penoso ver como los demás ministerios quedaban sin recursos. Algunos de ellos iban a la prensa a implorar un aumento en el presupuesto y eran dimitidos a través de una simple llamada telefónica, mientras otros, aunque puestos en evidencia han quedado en el gobierno pese las exiguas recursos disponibles para desarrollar políticas públicas. En el Congreso Nacional los díscolos del PT2 fueron expulsados sin contemplaciones del partido que ayudaron a fundar, puesto que era urgente realizar las reformas que Cardoso no había logrado poner en marcha por la oposición del PT. Este giro hacia el "pragmatismo" que venía siendo fraguado por la cúpula del PT desde hacia algunos años respondía más a un proyecto de conservación del poder a largo plazo − que, al contar con las encuestas más recientes, estará en riesgo3 − que al proyecto transformador para el cual había sido elegido.
Con esta política parece haberse generado una crisis que va más allá de las dimensiones de un partido, afectando un a sector importante de la sociedad. Quizás por ello los movimientos sociales que en otros tiempos saldrían a la calle en defensa del modelo petista, hoy son incapaces de prestar su apoyo a la izquierda en el gobierno. Por el contrario, la sociedad civil está perpleja ante la proporción de los acontecimientos y una franja importante del electorado de izquierdas critica la acción de gobierno de la actual administración. Ya que, entre otras cosas, el cambio de la fuerza política en el poder no ha logrado alzarse como mecanismo para disminuir el elevado nivel de desigualdad que caracteriza la sociedad brasileña.
El año pasado se multiplicaron las Comisiones Parlamentares de Investigación (CPIs) con el fin de investigar las actividades irregulares del gobierno (CPI de los bingos, CPI de los correos, CPI de la compra de votos). En este escenario político, la oposición despliega toda su retórica contra las supuestas irregularidades de los miembros del PT y de sus aliados. El objetivo principal sin duda es criminalizar la izquierda y crear un ambiente de caos político, cuya responsabilidad debería ser atribuida a la izquierda petista. La estrategia es mostrar que el partido del gobierno sufre de los mismos males que los demás, que carece de ética en la gestión del patrimonio público, que comete los mismos deslices que los otros partidos que antes ocuparon el poder. En efecto, uno de los principales patrimonios del PT - su gestión transparente del dinero público -, logrado tras casi dos décadas de buena administración en el ámbito local se ha visto puesto en duda, tras la irresponsable actuación de algunos de sus dirigentes nacionales. Mientras todo esto sale a la luz, muchos políticos tradicionales encuentran la oportunidad de borrar de su biografía la mala gestión del dinero público que llevado a cabo en el pasado. En efecto, éstos reivindican para sí un patrimonio ético que nunca demostraron cuando han gobernado.
Llegado al último año de mandato del presidente Lula apenas se ha notado el aspecto transformador que tanto se esperaba. Por el contrario, la impresión que existe es que la continuidad de los logros económicos de la era Cardoso es el mayor valor que este gobierno intenta preservar. El área económica está obsesionada por mantener la política heredada de la etapa anterior, cuyos fundamentos sustentan la política del ejecutivo, sin la cual quizás el gobierno ya habría sido derrumbado. Esta política de corte neoliberal, unida a la profunda crisis política mantenida a cualquier coste por una oposición que ve en ella la oportunidad de debilitar al mayor partido de izquierdas de Latinoamérica, ha provocado un daño considerable al apoyo social que antes tenía el presidente Lula4. Sólo por citar un hecho que ratifica el descrédito del ejecutivo, el pasado 23 de octubre los brasileños - por referendo- se han negado a prohibir el comercio de armas de fuego y de munición5, una iniciativa que había sido ampliamente apoyada por el gabinete de Lula, pero que tras el vuelco en la opinión del electorado, se ha saldado con un una significativa victoria del lobby de la industria de las armas6. Una vez más el gobierno da pruebas de su tremenda fragilidad, mientras que los sectores más conservadores de la política nacional, que estuvieron a favor de la venta de armas, han puesto en evidencia el estrago que la crisis política había provocado en la credibilidad del ejecutivo7. Este cuadro desalentador permite constatar un despegue del conservadorismo político a nivel nacional. Los errores cometidos por la dirección del PT y por algunos sectores del gobierno han dado alas al fortalecimiento de la propaganda política tradicional. Otro síntoma preocupante de ello, esta vez en el Parlamento de la República, ha sido la aprobación del informe final de la CPI de la Tierra que consideran los grupos sociales que defienden la reforma agraria como grupos criminales, asemejados a los terroristas8.
Ya se notan las dificultades que las fuerzas de izquierdas van a tener este año para convencer a su electorado de que acudir a votar en sus candidatos. En los pequeños y grandes estados de la federación no son pocos los candidatos del PT que admiten que la crisis política dificultará su victoria. Un ejemplo claro será São Paulo donde tanto en nivel de municipio como estatal el control administrativo está en manos de los partidos centro y de derecha, mientras que los posibles candidatos de izquierda traba una lucha interna para ganar las primarias de su partido.
Sin duda que el objetivo de la oposición política fue dirigido directamente contra el PT, puesto que debilitarlo puede haber sido la mayor victoria que la derecha brasileña ha logrado desde de que empezó la crisis9. La propia dirección del PT con su política equivocada ha dado la oportunidad para que se ponga en evidencia una organización política que posee miles de afiliados en todo país y que ha sido construido sobre los pilares de la ética y de la lucha en defensa del cambio de modelo político, social y económico para Brasil. Pese a ello muchos militantes todavía no han dado la batalla por perdida y siguen buscando una alternativa al modelo económico seguido por el gobierno10. Talvez este año en que se decide la continuidad de Lula en el poder sea la última oportunidad para que el programa político del gobierno empiecen a realmente a dar signos de cambio11.
Notas
1 Exista un reciente descontento en el gobierno porque el PIB brasileño se contrajo un 1,2 % en el tercer trimestre frente al segundo del año pasado, cortando un ciclo de crecimiento de ocho trimestres consecutivos. El mercado financiero esperaba una contracción de un 0,33 % para el período.
2 Fueron expulsados del partido los diputados Babá, Luciana Genro y la senadora Heloisa Helena, que posteriormente fundan el PSOL. Actualmente el PSOL está creciendo de manera importante y ya cuenta con más parlamentarios provenientes de las filas del PT.
3 Una encuesta realizada en diciembre para la Confederación de la Industria por el instituto de opinión IBOPE indica que la intención de voto en las elecciones presidenciales del 2006, el sucesor de Cardoso, José Serra, aparece con el 37% seguido por Lula con el 31%. El ex gobernador de Rio de Janeiro, Anthony Garotinho, obtiene el 11% y la senadora del PSOL, Heloisa Helena, el 4%.
4 Según el instituto de pesquisa Datafolha la evaluación del gobierno Lula va a la baja. Una encuesta realizada el día 10 de agosto de 2005, el presidente llegó a su peor momento, pero desde entonces la evaluación del presidente sufre una pequeña bajada. El índice de los que consideran el gobierno bueno es el mismo de los que creen que es malo: en ambos los casos es del 28%. En relación al anterior dato, el índice de los que aprueban al presidente, que era del 31%, bajo 3 puntos porcentuales; mientras que los que suspendían el gobierno, que era del 26%, subió dos puntos. Y los que consideran Lula regular subió del 41% al 42%.
5 El 63,94 % de los brasileños votaron en contra la prohibición de la venta de armas de fuego y solamente 33,06 % votaron a favor.
6 Se estima que Brasil es el país que tiene el mayor número de muertos por arma de fuego en el mundo, uno a cada 15 minutos. Al año las armas de fuego cobran la vida de una media de 38.000 personas.
7 La campaña del "sí" ha triunfado en el último momento. Sus organizadores transmitieron el mensaje de que el "no" vulneraba el derecho de cada persona posee su arma de fuego para la autodefensa. Además de la intensa campaña en los medios de comunicación hecha en las ultimas semanas, parece que también fue decisivo el argumento de que el gobierno no puede garantizar la seguridad de los ciudadanos.
8 Ver informe del MST (105, ano IV). MST informa (www.mst.org.br)
9 Se puede afirmar que dentro del gobierno la influencia del PT se ha visto bastante mermada en el último año. Parte importante del gabinete de Lula fue sustituida por miembros de partidos aliados que garantizan su sustentación parlamentaria. Además aunque el presidente sea reelecto difícilmente los petistas tendrán la misma influencia sobre el ejecutivo que han tenido en el inicio de este mandato.
10 En una resolución nacional del día 10 de diciembre de 2005 el PT pide cambios en la dirección económica. Recomienda reducir las metas del superávit presupuestario, pide ampliar las inversiones en infraestructuras, en políticas sociales y acelerar la reforma agraria.
11 Ya existe un núcleo duro de ministros que reivindican cambios en la política económica del gobierno sin el cual sería difícil viabilizar la reelección del presidente.







