La realidad de los trabajadores ocupados: La recuperación del protagonismo y la búsqueda de formas de construcción

Como no podía ser de otra manera, esa recuperación se expresa a través de una fuerte dispersión del marco político y de los modos de organización de los trabajadores, sus cuadros y sus activistas, reflejo del estado de debilidad que la clase obrera y los sectores populares arrastran desde la derrota de 1976 y la fragilidad y la heterogeneidad que tiene todavía el nivel de construcción de un proyecto de poder autónomo de la clase en la actual etapa de reconfiguración del capitalismo en el país.
Un dato central que condiciona el desarrollo del proyecto y los modos de organización de los trabajadores ocupados es el de la brutal precarización de las relaciones de trabajo que se produjo en el país durante los últimos 30 años, precarización incorporada como una herramienta estructural en el modelo neodesarrollista.
El correlato es la reducción brutal de los índices de sindicalización de la fuerza laboral ocupada, hasta el punto de que los métodos institucionales tradicionales en los que se discute la participación de los asalariados en la distribución de la riqueza en el país, las paritarias y las convenciones colectivas, sólo involucran al 15 por ciento de esa fuerza.
Otro, es el del renacimiento de la importancia de las burocracias sindicales como instrumentos de disciplinamiento y neutralización de las luchas de los trabajadores por sus reivindicaciones, y de la articulación de esas reivindicaciones con el desarrollo de un proyecto de poder autónomo.
De manera incipiente, focalizada y fragmentada, sectores de trabajadores ocupados vinieron disputando con mayor decisión el esquema de crecimiento con superexplotación del modelo neodesarrollista y el papel de la burocracia.
Desde una visión de un combativismo más tradicional, con dificultades y contradicciones internas para romper los moldes de la "política sindical", a partir de esas luchas nació el Movimiento Intersindical Clasista con la pretensión de representar un proyecto de conducción de sectores sindicalizados alternativo a las cúpulas burocráticas, las más clásicas de la CGT y las que se terminaron conformando en la CTA.
A veces con algún nivel de relación con el MIC y otras sin él, en los últimos tiempos también empezaron a conformarse experiencias de organización de ocupados que tratan de romper los moldes del sindicalismo, con el eje de la autoconvocatoria por fuera de los límites del encuadramiento gremial institucionalizado o el de la condición de trabajadores precarizados (ver notas).
Tanto el MIC como estas otras experiencias sirven de marco para algunas de las principales luchas puntuales que se desarrollan en estos tiempos, con incidencia mayor en los sectores estatales -sobre todos los docentes- y los de servicios -subtes, trenes, telefónicos-.
Todas estas propuestas muestran dificultades para encontrar zonas de articulación con los otros escenarios en los que se juega la lucha cotidiana, la búsqueda de alternativas de organización y la construcción del proyecto autónomo de la clase. Es muy incipiente y formal, todavía, la relación con los movimientos de desocupados y, en general, con las experiencias de organización territorial en las que se expresan de manera más natural las necesidades comunes de trabajadores ocupados formalizados, subocupados, trabajadores en negro o precarizados y desocupados.
También están casi inexploradas las posibilidades de relacionar realidades particulares de organización de los trabajadores en sus lugares de trabajo por encima o por el costado de los encuadramientos sindicales formales, por rama o por industria, para recuperar críticamente, y darle actualidad, a algunas experiencias históricas de crecimiento de construcción de poder popular como fueron en su época las coordinadoras fabriles.







