La verdad sobre el "embargo" de EE.UU. contra Cuba

"Provocar el hambre,la desesperación y el derrocamiento del Gobierno cubano" (Departamento de Estado de EEUU, 6 de abril de 1960)
Dentro de unas semanas, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobará, prácticamente por unanimidad, una nueva resolución, la número 15, que condena el bloqueo contra Cuba, el cual Washington intenta describir como un simple "embargo". Una vez más, el gobierno de los Estados Unidos intentará justificar sin éxito su política. Llevan casi medio siglo haciendo lo mismo, ocultando la verdad detrás de sus patrañas y mentiras.
Sin embargo, la verdad está recogida en documentos que Washington mantuvo en secretos hasta 1991. Más que un embargo o bloqueo, es en realidad, un acto de "guerra económica", como dijera el ex Secretario de Estado, Christian Herter, en 1959. Una guerra económica que comenzó con el triunfo de la Revolución en enero de 1959 y que aun continúa en práctica en la actualidad, una guerra que ha tenido siempre el mismo propósito genocida: ocasionar hambre, miseria y desesperación entre los cubanos.
El dictador Fulgencio Batista y sus principales compinches saquearon el tesoro de la República y después de huir de Cuba en enero de ese mismo año se llevaron con ellos más de 424 millones de dólares que fueron a parar a los Estados Unidos y que constituyeron la base económica de una mafia a menudo catalogada por la prensa estadounidense como "los empresarios exitosos" de Miami. La situación era muy difícil para Cuba y Washington lo sabía. El Departamento de Estado la describía de esa manera, al afirmar en febrero de 1959: "la seria amenaza para la estabilidad del peso cubano que se deriva del hecho de que después de la salida del gobierno de Batista, se llegó a la conclusión de que las reservas en divisas del país estaban agotada", algo que, "pondría a prueba la capacidad de dirigir de cualquiera de sus mejores líderes".
El Banco Central de Cuba envió a un equipo de especialistas a Washington en busca de un pequeño préstamo que aliviaría la crisis. El Consejo de Seguridad Nacional analizó el tema el 12 de febrero de 1959. La decisión fue muy clara: escucharían a los cubanos pero no le ofrecerían nada en lo absoluto. No concedieron ningún préstamo, ni siquiera prometieron analizar el asunto. Está de más decir, que no se devolvió ni un solo centavo del dinero robado al pueblo cubano.
El despojo de las reservas de los bancos cubanos, que constituye un acto flagrante de agresión económica, ocurrió mucho antes de que la isla adoptara cualquier medida revolucionaria (la primera en tomarse fue la Ley de Reforma Agraria, aprobada el 17 de mayo de ese mismo año).
El 26 de marzo de 1959, el Consejo de Seguridad Nacional analizó también la situación cubana. En esta reunión, el director de la CIA, Allen Dulles, afirmó que: "es muy probable que el Congreso estadounidense haga algo que podría afectar la venta de azúcar cubana en los Estados Unidos". Privar a Cuba de su principal fuente de ingresos, las exportaciones de azúcar hacia el mercado estadounidense, se convertiría en tema recurrente de las reuniones secretas en Washington, mucho pero mucho tiempo antes de que se restablecieran las relaciones con la Unión Soviética y antes de que se proclamara el carácter socialista de la Revolución. Ellos hicieron eso cuando todavía se cultivaba el azúcar en grandes terrenos y se procesaba en centrales - muchos de los cuales eran propiedad de los Estados Unidos - que no habían sido expropiados y que todavía se encontraban en manos de la oligarquía y de empresas extranjeras en la isla.
Los funcionarios estadounidenses estaban conscientes de las consecuencias de tales medidas. En un informe del Departamento de Estado se reconocía que: "Si Cuba fuera privada del privilegio que significa la cuota, la industria azucarera sufriría una caída abrupta de manera acelerada, causando que el desempleo se generalice aun más. Por ende, las grandes masas de trabajadores se verían forzadas a abandonar el trabajo y comenzarían a pasar hambre". Pero no sólo se referían al azúcar: "si tuviésemos que cortarle a los cubanos el suministro de combustible, el efecto sería devastador para ellos en un mes o seis semanas".
En Washington nadie reclamó que lo habían engañado. Sabían que las medidas tomadas contra la Revolución provocarían dolor y sufrimiento a todo el pueblo de Cuba. Lo hicieron con premeditación y con pleno conocimiento de las consecuencias, convirtiendo el acto de genocidio en un instrumento político intencional destinado a causar dolor. En un análisis de este mismo Departamento, fechado el 6 de abril de 1960 y aprobado con la firma del Secretario de Estado Asistente, Roy Rubottom, se nos ofrece prueba explícita de esta política.
En este análisis se aseguraba rotundamente que:
"La mayoría de los cubanos apoyan a Castro. El único medio posible de alienar el apoyo interno es a través del descontento y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas". Y proseguía diciendo que deben poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba. Esto deberá ser el resultado de una decisión positiva que dé lugar a una línea de acción, al tiempo que de la manera más hábil y discreta posible, se avance al máximo al negar dinero y suministros a Cuba, para disminuir el salario en dinero y el salario real, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y derrocar al Gobierno".
Obsérvese que ellos reconocían que deberían actuar de una manera "tan ágil y discreta como fuera posible", algo que se ajusta a una conducta criminal, y no sólo a cualquier delito, sino más bien a un delito que ha sido condenado específicamente por la humanidad: el crimen de genocidio claramente definido en la Convención de Ginebra de 1948 como cualquier intento de causar daño total o parcial a cualquier grupo humano. ¿Qué es esto si no precisamente eso: un intento de provocar hambre y desesperación entre los cubanos?
Probablemente este sea el más prolongado acto de genocidio en la historia. Comenzó antes que la mayoría de los cubanos que hoy viven nacieran, lo que significa que ellos han pasado toda su vida bajo el bloqueo.
Pronto la humanidad lo condenará una vez más por unanimidad. Una vez más el gobierno estadounidense demostrará su arrogancia e ignorará la exigencia que se hace en todo el mundo.
¿Cuando terminará?
* Ricardo Alarcón es presidente del Parlamento cubano.
Nota bibliográfica: Todas las citas fueron tomadas de los documentos oficiales reunidos en el libro publicado por el Departamento de Estado: Relaciones Exteriores de los estados Unidos, 1958-1960. Tomo VI Cuba, Gobierno de los Estados Unidos
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