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19/04/2022 :: Mundo, Pensamiento

"Las entrañas de la bestia"

x Alfredo Apilánez
Presentación del libro «Las entrañas de la bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado», Dado Ediciones 2021

*El presente texto sirvió de base a las presentaciones del libro «Las entrañas de la bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado», Dado Ediciones 2021, desarrolladas los días 11 y 12 de abril en el local de la librería Cambalache y en La Buena Letra de Oviedo y Gijón respectivamente.

“La sociedad capitalista es una sociedad que corre hacia el abismo, desde todos los puntos de vista, porque no es capaz de autolimitarse”

Cornelius Castoriadis

Más allá del motivo de la convocatoria, mi principal intención es tratar de arrojar un poco de luz sobre algunas cuestiones, tan relevantes como ocultas, acerca del «poderoso caballero», que nos afectan agudamente en estos tiempos aciagos.

La presentación se divide en tres partes: un preámbulo acerca del punto de partida del libro, una síntesis, en forma de silogismo, de sus tesis esenciales y, por último, un breve desarrollo de las mismas para llegar a una conclusión “lógica” acerca de las arduas tareas que tenemos por delante los que creemos y deseamos que otro mundo es posible.

Preámbulo

El punto de partida político-moral del texto sería la intención de dotar de contenido “racional”, desde una perspectiva materialista, a una idea básica, sintetizada en esta cita de John Berger: “La precondición para pensar políticamente a escala global es reconocer la unidad del enorme sufrimiento innecesario que se vive actualmente en el mundo. Este es el punto de partida”.

Lo anterior fundamenta el objetivo principal del que parte el texto, que no es otro que construir una explicación de la paradoja que encierra el “sufrimiento innecesario”:

Nunca antes en la historia humana ha sido mayor la brecha entre, por un lado, la capacidad potencial de producir bienes y servicios para proporcionar un nivel de vida digno a todos los seres humanos, con tecnologías y recursos sostenibles ecológicamente y, por otro, las deplorables condiciones de vida de una gran parte de la población mundial en un contexto de destrucción acelerada del medio natural.

Antonio Turiel elabora con una claridad meridiana la factibilidad de esta sociedad de la “abundancia” y del tiempo libre:

“Es técnicamente factible garantizar un estándar de vida similar al que actualmente se disfruta en Europa con un consumo energético y material diez veces inferior al actual, a través de cambios en el estilo de vida y la implementación de tecnologías apropiadas. Si no se adoptan estos cambios es porque el cambio del sistema social se considera imposible por cuanto comporta el abandono del capitalismo”.

Ni que decir tiene que el responsable principal de este abismo entre la capacidad cierta de transitar hacia una sociedad racional y la realidad de miseria, devastación bélica y ecocidio que presenciamos en la actualidad es la progresiva degeneración de un sistema social que organiza la vida en torno a lo económico, al valor de cambio de los frutos del trabajo generado a través de la explotación de la mano de obra y representado en el objeto por excelencia: el dinero.

Santiago Alba Rico expresa de forma rotunda la misma conclusión: «Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona sin duda perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo»

A partir de este enfoque general, la pregunta a la que trata de responder el libro sería: ¿Qué papel ha tenido la fábrica de dinero -las entrañas de la bestia- en la degradación del capitalismo y qué consecuencias se derivan de su creciente relevancia en la gobernanza del capital?

Tesis del libro en forma de silogismo.

Premisa A: La naturaleza del dinero y la deuda creados del puro aire y el ascenso de la fábrica de dinero a la cúspide de la gobernanza del capital global son las respuestas -los anticuerpos- a la degradación del sistema de la mercancía. El capitalismo cada vez es menos capaz de reproducirse según sus propias categorías y adquiere un carácter crecientemente depredador a medida que el poder de las instituciones monetarias aumenta para paliar ese declive mediante la respiración asistida de la deuda y el casino financiero.

Andrés Piqueras explica el motivo principal de esta degradación del capital:

«La automatización de los procesos productivos no sólo ha ido desechando seres humanos de los mismos, condenándolos a un desempleo crónico o a un empleo cada vez más precario sino que va reduciendo el plusvalor (“la sangre” del sistema). En consecuencia, el sistema se va gangrenando. Pero lejos de intentar alguna cura, hoy asistimos a su loca huida hacia adelante (algo así como si a quien le diagnostican un mal grave decidiese irse de copas y comilonas todos los días)»

Premisa B: El “daño colateral” más importante es la destrucción del papel regulador-redistribuidor del Estado y la consiguiente extinción del papel del reformismo socialdemócrata a manos del fascismo financiero: el sistema es irreformable.

-Conclusión:

De lo anterior se deriva la necesidad ineludible de la ruptura con la lógica del capital y con la ilusión estatista de la izquierda institucional: política de lo extraordinario y extinción monetaria.

Desarrollo de las tesis en tres partes: teórica, histórica y política.a) Teórica

¿Qué es el dinero, cuál es su función esencial en el capitalismo y cuáles son los pilares de la fábrica de dinero, es decir, quiénes lo fabrican y cómo se inyecta en el circuito económico?

Para comprender cabalmente la naturaleza del dinero y la deuda -su hijastra- en el capitalismo desquiciado la mejor manera es comenzar por desvelar las falacias que propala la música celestial de la ortodoxia económica, con mando en plaza en todos los tabloides y cenáculos académicos.

El discurso de los espadachines a sueldo del capital se basa en considerar el dinero como un velo, como algo insignificante, recluido en la circulación, un mero lubricante de los intercambios creado por el banco central, alejándolo de la sala de máquinas de la acumulación y de la deuda del puro aire.

En cuanto a la deuda, toda la construcción neoclásica se basa en ocultar el papel real del sistema bancario como generador de deuda “del puro aire”: para la ortodoxia, los bancos son meros intermediarios financieros que canalizan el ahorro hacia la inversión. Jordi Llanos resume la inaudita distorsión de la realidad que perpetra la doctrina dominante:

“Aunque pueda resultar asombroso para un profano, el dinero y el sistema financiero carecen de importancia para el paradigma dominante, que sólo se preocupa por describir de forma trivial sus funciones en la circulación”.

En realidad el dinero y la deuda, lejos de ser elementos insignificantes o meros lubricantes de la circulación son aspectos neurálgicos de la acumulación de capital. Como reveló Marx, el dinero representa la encarnación del poder social en manos privadas, es decir, el poder de los que lo crean -la fábrica de dinero- del puro aire e inyectan en el circuito económico sobre los que sólo tienen su fuerza de trabajo para conseguirlo: el dinero en su nueva determinación como capital, creado como deuda para obtener más dinero mediante la explotación, tal es la esencia del capitalismo explicada por Marx. ¿Qué mayor poder puede haber que crear el dinero -nada menos que la base del tejido social-del puro aire?

Y esta es precisamente su condena, la condena del capital al agostamiento de sus fuentes nutricias: el trabajo muerto, sedimentado en la maquinaria, crece en relación con el trabajo vivo, la única fuente de plusvalor. De ahí la creciente atonía del capital, su degradación. En palabras de Marx:

«Recordemos que el capital es dinero que se valoriza a sí mismo a través del trabajo humano –precisamente el trabajo humano que no es pagado–»

La contraprueba infalible de lo anterior es su absoluta ocultación en el discurso de la ortodoxia, que es el símbolo paradigmático de la absoluta alienación de la población acerca de los procesos reales que determinan su subsistencia cotidiana: no entendemos el mundo en el que vivimos. Ann Pettifor resume el pasmo que esa incomprensión provoca: “Una de las constataciones más impactantes de la última fase del capitalismo es la total incomprensión de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades”.

¿Quiénes crean el dinero y la deuda, pilares sobre los que se sustenta la fábrica de dinero, y cómo se ha ido adaptando su estructura a la evolución declinante de la acumulación?

Los ejemplos de la colosal burbuja inmobiliaria que reventó en 2008, impulsada por la desaforada creación de deuda por parte de la banca privada y, a continuación, el papel de salvador del casino financiero global que adoptó la Reserva Federal con la taumatúrgica política de “relajamiento cuantitativo” ilustran vívidamente la función capital de los dos pilares de la fábrica de dinero: la banca central es la “mamporrera” del poder financiero global. En resumen, la banca es el motor de la actividad económica, a través de la creación ilimitada de deuda, y el banco central pone la infraestructura pública para sostener el entramado y rescatarlo cuando colapsa.

Si hubiera que elegir un símbolo de la entronización de la fábrica de dinero sería la independencia de la banca central -una privatización encubierta-, que prohibe la financiación directa a los estados y les obliga a depender de los mercados para su financiación (un golpe de Estado limpio e incruento que amputa la soberanía nacional) a la vez que asegura el vasallaje de la banca central ante la banca privada en su papel de prestamista de última instancia, que no es otra cosa que salvamento permanente.

John Bellamy Foster sintetiza el devastador efecto de tal configuración del entramado del poder financiero sobre la soberanía nacional:

«Ahora la política fiscal y la monetaria están fuera del alcance de cualquier gobierno que se atreva a hacer algún cambio que afecte a los grandes intereses creados. Los Bancos Centrales se han transformado en entidades controladas por los Bancos Privados. Los Ministerios de Hacienda están atrapados por los límites de la deuda y las agencias reguladoras están en manos de los monopolios financieros y actúan en interés directo de las corporaciones».

Así pues, la clave de bóveda de la reacción de la gobernanza del capital global ante los sombríos augurios que anunciaban el ocaso fue la progresiva entronización de la fábrica de dinero -y del nivel de endeudamiento global y del casino de las finanzas, que son su correlato inseparable- a la cúspide de la gestión de la acumulación. Nunca antes en la historia del capitalismo la banca central se había convertido en el eje neurálgico de la gobernanza del capital y en el salvador del sistema de sus propias e insolubles contradicciones: un trasunto del Doctor Frankenstein.

El mediático Thomas Piketty explica esa aparente omnipotencia:

«La fuerza de los bancos centrales radica en que pueden redistribuir la riqueza muy rápidamente, en principio en proporciones infinitas. Si fuera necesario, un banco central puede, en el lapso de un segundo, crear tantos miles de millones como desee y depositarlos en la cuenta de una institución o de un gobierno. En caso de urgencia absoluta (pánico financiero, guerra, catástrofe natural), esta inmediatez y carencia de límites para la creación de dinero son dos de sus ventajas irreemplazables».

¿Se trata realmente de omnipotencia o es en realidad una expresión de impotencia para restablecer el curso saludable de la acumulación a partir exclusivamente de las palancas monetarias? En realidad, la función de la fábrica de dinero es inflar el casino global pero es incapaz de impulsar la rentabilidad del capital. Mientras tanto, la desigualdad, la polarización social, el endeudamiento astronómico y la impotencia de las políticas públicas campan por sus respetos. Andrés Piqueras describe esta respiración asistida que va aumentando la toxicidad del capital:

«De hecho, lo único que ha permitido la continuidad del consumo desde los años 70 del siglo XX en los países ricos ha sido el crédito bancario, o, visto desde el otro lado, el endeudamiento masivo y creciente (tanto de particulares como de empresas y Estados)»

¿Cúal ha sido el proceso de construcción de la arquitectura actual de la fábrica de dinero moderna?

b) Evolución histórica

A partir de la tesis neurálgica (la evolución de la fábrica de dinero y la masiva inyección circulatoria en forma de deuda privada creada del puro aire son los “marcadores” de la degradación del capital) se entiende la evolución histórica de la fábrica de dinero.

Se trata de iluminar la evolución de la fábrica de dinero como una progresiva liberación de las ataduras monetarias -patrón oro- y de las restricciones institucionales hacia la completa apertura de compuertas que culminan en la privatización de la banca central, su papel de prestamista-salvador de última instancia, la prohibición de financiar al estado y la desmaterialización completa de la generación de deuda bancaria tras el Nixon Shock. Estos son los motores que propulsan la hipertrofia del casino financiero global y de la formación de gigantescas burbujas de activos como la que estalló en 2008. Podríamos afirmar por tanto que los dos propulsores financieros de la acumulación culminaron su metamorfosis coincidiendo con el inicio de la contrarrevolución neoliberal tras el agotamiento del milagro económico de los treinta gloriosos de la posguerra.

Como dice Alejandro Nadal: “el neoliberalismo es la respuesta a un fracaso de proporciones históricas: la incapacidad del capital de mantener tasas de ganancia adecuadas. La explosión de la deuda y del casino global son los amortiguadores de ese fracaso”.

Por lo tanto, a diferencia de la tesis favorita de todos los reformistas keynesianos, no es la especulación desaforada el tumor que corroe al sistema sino la propia degradación intrínseca del capital, de la que la especulación es su salvador.

Los dos principales hitos de este recorrido histórico de construcción de la fábrica de dinero moderna son la fundación de la Reserva Federal -primer banco central moderno- en 1913, inicio de la hegemonía yanqui y del turbo capitalismo de la segunda revolución industrial, que propulsa la primera gran burbuja financiero-hipotecaria de la historia que estalla en la gran crisis de 1929, y, en segundo lugar, el Nixon Shock de 1971-la desmaterialización completa del dinero al desvincular el dólar y el oro definitivamente-, que da el pistoletazo de salida de la hegemonía neoliberal-monetarista y culminando en la gigantesca burbuja que estalla en 2008. De este somero recorrido se deduce la confluencia de la pérdida de dinamismo de la acumulación y la decadencia del hegemon, frenada únicamente por el privilegio exorbitante que financia la máquina de guerra del Pentágono.

Mencionar por último de pasada otro hito de este proceso: la creación del BCE, el lacayo europeo fundado como una copia depurada de la FED y aquilatado modelo de los sacrosantos principios neoliberales de la independencia y la obsesión inflacionaria -su único mandato-.

¿Cuáles son las implicaciones más relevantes de la nueva configuración del capitalismo desquiciado propulsado por la fábrica de dinero?

-Crisis recurrentes y cada vez más explosivas tras la aparatosa explosión de las burbujas de activos -”fragilidad financiera” de Hyman Minsky-. El cambio de paradigma en la matriz de rentabilidad del sistema hacia la explosión del casino global que llevó a la hecatombe de 2008. La titulización y las recompras de acciones, como resume Costas Lapavitsas, son dos ejemplos paradigmáticos de la irracionalidad del capitalismo desquiciado

“La deriva de las finanzas se basó efectivamente en una primera ilusión, bastante estúpida si lo pensamos, según la cual bastaba traspasar el riesgo para que fuera posible olvidarlo”.

-Rentismo y decadencia productiva: una gran parte de la riqueza social se dilapida en la expropiación financiera y en engrosar las arcas de los que se enriquecen mientras duermen, los principales beneficiarios del nuevo paradigma rentista e improductivo. Lo anterior genera una acusada escisión social entre la clase rentista y los asalariados no propietarios, que se superpone a la clásica entre explotadores y explotados.

-Degradación moral y sociopolítica: Marx describe la diferencia esencial entre préstamo productivo y el personal, entre el préstamo entre capitalistas y la expropiación financiera masiva que sufren los obreros que caen en la “cadena de oro” de la deuda:

«La caja de ahorros es la cadena de oro con la que el gobierno sujeta a una gran parte de los obreros. Éstos no sólo están así interesados en el mantenimiento de las condiciones existentes. Los obreros ponen así en manos de sus propios enemigos armas para conservar la organización existente de la sociedad que los oprime»

-Consumación del golpe a las finanzas públicas, al cercenar la capacidad financiera del estado y ponerla en manos de los tiburones financieros que lo financian. El ejemplo paradigmático de esta amputación de la soberanía es la reforma del artículo 135 de la Constitución Española -bajo un gobierno socialista-.

-Externalización productiva y expolio del tercer mundo mediante el ajuste duro fondomonetarista y la “trampa mortal” de la deuda externa.

-Agudización de los conflictos interimperialistas. debido a la decadencia del hegemon como queda de manifiesto en la actual “voladura controlada” de la geopolítica global en curso a partir de la guerra de Ucrania.

-Ecocidio: choque violento de la sociedad humana con los límites biofísicos (lucha por los recursos y financiarización creciente de la naturaleza).

La situación actual que emerge de este panorama es lo que podríamos calificar como de emergencia permanente: cualquier posibilidad de retorno a una política monetaria acomodaticia es una entelequia. La pandemia y la guerra en curso no son por tanto más que hitos en esta espiral degenerativa provocada por la degradación del capital y agravada por el ecocidio y las luchas interimperialistas.

Michael Roberts describe la estación termini de este desquiciamiento progresivo del sistema de la mercancía: «Las principales economías capitalistas se encuentran ahora en un mundo de fantasía en el que para los mercados de acciones y bonos (el “capital ficticio”) el capitalismo mundial nunca ha funcionado mejor, mientras que en la “economía real” se estanca la producción, el comercio, los beneficios y la inversión».

Superestructura política: el fascismo financiero y la bancarrota del reformismo

El principal daño colateral de esa hegemonía creciente de la fábrica de dinero en las entrañas de la bestia es el absoluto vaciamiento de las posibilidades de siquiera atenuar su embate a través de las instituciones estatales y de las reformas de aspectos parciales del engranaje del funcionamiento del sistema: el sistema es irreformable. De ello se encargan los mamporreros.

Mamporreros ideológicos: ¿Cuál es la ideología que sustenta el capitalismo neoliberal?

El monetarismo de Milton Friedman -”un conjuro de espíritus malvados”, según Nicholas Kaldor-, es el ariete político del capital financiero, y la lucha contra la inflación la coartada pseudoteórica para aplicar manu militari las políticas impopulares necesarias para restablecer la tasa de ganancia tras la crisis de los 70: golpe contra las finanzas públicas y legitimación de la austeridad a través de la banca central “independiente” -dejando a los estados a los pies de los caballos de los “mercados” financieros-; ajustes fondomonetaristas para aplicar el torniquete de la deuda externa y la apertura de capitales -Consenso de Washington- contra los infortunados pueblos del Tercer Mundo, y, last but not least, destrucción de los sindicatos y de las organizaciones sociales antagonistas en aras de exacerbar la sobreexplotación laboral, imperiosamente necesaria para el abaratamiento de la fuerza de trabajo. La rabiosa cruzada inflacionaria emprendida por los apóstoles neoliberales era, en definitiva, únicamente la respuesta del capital para restablecer la tasa de beneficio, igual en la pospandemia que en la estanflación de los años 70.

En realidad, como dice Michel Husson: “La inflación resulta de la voluntad de las empresas de enderezar su tasa de beneficio si ella es inferior al nivel que desean». Eso es lo que ha ocurrido de nuevo precisamente tras el brutal impacto de la pandemia y la consiguiente paralización de la actividad y la parálisis económica provocadas por la completa dislocación de los flujos globales de mercancías. La disparada inflación actual es pues principalmente la respuesta del capital, tratando de repercutir al máximo sobre el sufrido consumidor el sobrecoste provocado por la crisis pandémica, tras el caos de los flujos globales causado por la tormenta perfecta de la guerra en Ucrania, el atasco pospandémico y la sempiterna destrucción ambiental con el agotamiento de recursos que conlleva.

La prueba definitiva del carácter de clase de la cruzada inflacionaria es que la inflación de activos -inmobiliarios y bursátiles-, que favorece a las élites rentistas y a la clase media patrimonial, resulta totalmente inocua -al igual que la deuda privada, el gran negocio de la banca- para los implacables guardianes de la estabilidad de precios, mientras que la inflación de precios se atribuye a irresponsables alzas salariales, a inesperados shocks de oferta o al desmesurado gasto público.

De lo anterior se deduce que la inflación no es un expediente técnico sino una consecuencia más del poder de clase ejercido por el gran capital. El miedo a la inflación ha sido, en definitiva, la trampa del modelo económico vigente y el sacrosanto mandamiento de las políticas de austeridad. El control de la inflación ha sido la trampa del modelo económico vigente y la excusa tecnocrática para destruir la soberanía nacional.

-Y para completar la completa laminación de la soberanía popular: Mamporreros institucionales.

La consecuencia política de esta ideología neoliberal-monetarista es el fascismo financiero.

La arquitectura institucional del gran capital global -FMI, BM, OMC, grandes auditoras, tribunales privados de inversiones, tratados de libre comercio, etc.- es la reforzada infraestructura política del capital financiero para acabar de cercenar la soberanía nacional. El sociólogo De Sousa Santos acuñó el término fascismo financiero para referirse a esa amputación de la democracia a cargo del poder financiero global:

«En vez de sacrificar la democracia a las exigencias del capitalismo, el fascismo social promueve una versión empobrecida de la democracia que vuelve innecesario, e incluso inconveniente, el sacrificio»

Las calificadoras de riesgos son el paradigma del fascismo financiero y el ariete perfecto del imperialismo usamericano contra los enemigos del mundo libre:

“El mundo posterior a la Guerra Fría tiene dos superpotencias: los Estados Unidos y la agencia Moody’s si bien es verdad que los Estados Unidos pueden aniquilar a un enemigo utilizando su arsenal militar, Moody’s tiene el poder de estrangular financieramente a un país, atribuyéndole una mala calificación».

Los ejemplos prácticos de la aplicación fulminante de este fascismo financiero abundan. Se trata de los denominados golpes “blandos”, que provocaron la completa bancarrota y el canto del cisne del reformismo socialdemócrata: la Francia de Mitterrand, durante el primer embate neoliberal de los 80; la España del “progresista” Zapatero, durante la quiebra completa de las arcas públicas que provocó la resaca de la crisis subprime y, por último, la humillante claudicación de la “Primavera griega” de Syriza ante la artillería conjunta del BCE, la Comisión Europea y el omnipresente FMI en el año 2015.

-Consecuencias del fascismo financiero: Farsa reformista y curanderismo económico.

La farsa reformista oculta la irreformabilidad del sistema, como lo prueba fehacientemente el incumplimiento de las dos premisas clásicas de la herejía socialdemócrata de Eduard Bernstein: capitalismo redistributivo y parlamentarismo, para elevar el nivel de vida de la clase obrera y profundizar la democracia. Por tanto, el reformismo -retornar el “genio malo” neoliberal a la botella poniendo a dieta al capital- se ha convertido en una farsa que sólo genera falsas expectativas y desaliento ante el reiterado fracaso y ha perdido su legitimidad histórica como prueban los ejemplos recientes mencionados.

La prueba son las recetas agónicas y mágicas de los curanderos económicos, como corolario de la farsa reformista.

Esencia del curanderismo: el dinero puede usarse para cosas buenas -”lo único que necesitamos más dinero”- sin ir a la raíz de la acumulación, mediante trucos circulatorios e ilusión estatista -como si el poder político fuera neutral y se pudiera usar para mejorar las condiciones de vida de las mayorías-. Detrás está siempre el discurso de que “el culpable es el neoliberalismo, la especulación desaforada y la conquista de las instituciones por parte de las élites”.

Podríamos diferenciar dos tipos de curanderos. Los curanderos fiscales: Impuesto sobre el capital de Piketty o la ilusoria demanda de una renta básica incondicional de los iguales. Y los curanderos monetarios: excéntricos del dinero soberano libre de deuda creado únicamente por el estado -quitándole esa facultad a la banca privada-, los excéntricos libertarianos de las criptomonedas -deseosos de cerrar el banco central y devotos del patrón oro- y los pseudokeynesianos de la Teoría Monetaria Moderna, creyentes en la mágica receta de usar al banco central público para garantizar el pleno empleo y compensar los desequilibrios del mercado.

Propuesta política de lo «extraordinario» y extinción monetaria.

Ahora viene lo más arduo, el ¿qué hacer?, más complejo y desalentador que nunca, dado el marasmo actual, fruto de la extinción del asaltar los cielos por parte del Príncipe del proletariado.

La inferencia lógica de la irreformabilidad del sistema como consecuencia del capitalismo desquiciado sería la necesidad de la ruptura con la lógica del capital y con el estatismo socialdemócrata -política de lo ordinario-. El filósofo marxista John Holloway define la política de lo extraordinario:

«Para mí lo central de una política de lo extraordinario es la ruptura: ruptura con la lógica del capital. La ruptura siempre va a ser contradictoria (blanco y negro, no gris). Nuestro problema es por consiguiente cómo salir de lo ordinario. Cómo pensar en lo extraordinario».

La gran pregunta política actual, en palabras de Holloway, sería: ¿Cómo convertir la rabia contra el sufrimiento innecesario en esperanza?:

«Cómo convertir la rabia en esperanza: esto es lo que debemos pensar. La rabia está por todos lados, crece y crece: rabia contra la obscenidad del capitalismo, rabia contra la desigualdad, contra el poder del dinero, contra la destrucción de la naturaleza, de las comunidades, de las vidas, rabia que emana de la frustración, la frustración del desempleo y la frustración del empleo. Rabia justa, ira justificada; pero la rabia es peligrosa cuando se enfrenta a un objeto inamovible, a esa pared de ladrillos que reza que así son las cosas. Si uno no consigue avanzar, la esperanza se desmorona y la rabia se pone agria: ¿cómo, si no, explicar el fortalecimiento de la extrema derecha en Europa y en los Estados Unidos?»

Dada la ímproba dificultad de encontrar respuestas en el marasmo actual sólo podemos proponer atisbos de posibles estrategias para canalizar la rabia hacia cauces emancipadores. Me remito a lo que han expresado personas más sabias como Mario Domínguez, sociólogo y editor del libro:

«Apostaré por esto mismo, la política está en otro sitio, el que construimos a través de mecanismos colectivos y autogestionados, aquellos que crean otra cosa, otro pensamiento, otra práctica, organizada y perdurable, que controla sus propios tiempos y su débil proceso instituyente, suene o no ridículo a la contabilidad electoral; porque lo que en realidad ha movido la historia es la multiplicación del conflicto social a pesar de sus techos tanto materiales como simbólicos, y no hay mayor conflicto que el que se dirime en los escenarios no previstos de la acción colectiva»

La clave para que tales atisbos den un salto cualitativo es superar el aislamiento y el ensimismamiento en pos de lo que Miquel Amorós denomina “trascender las lindes del enclave”:

“La capacidad de vivir afuera tendría la virtud por un lado de dificultar la reproducción de las relaciones sociales dominantes fomentando la sociabilidad y frenando el individualismo; por el otro, el proporcionar una buena logística a la defensa del territorio. Sin embargo, para trascender las lindes del enclave, o sea, para generalizarse, haría falta pasar a la ofensiva, invadir a gran escala el espacio dominado por el capital. Sería necesaria una verdadera revolución. Ese es el dilema del que tratan de escapar quienes recurren a ‘asaltar los suelos’ legalmente en pro de una rectificación política y ambientalmente ‘sostenible’ del capitalismo global”

-¿Cómo se organizaría la economía de esa sociedad racional y qué papel tendría el dinero?

En una sociedad racional, el dinero deja de ser la métrica del valor cuando la productividad del trabajo humano ha superado el umbral que permite instaurar la sociedad de la abundancia, proporcionando una vida austera aunque sin privaciones para todos y eliminando de raíz el sufrimiento innecesario a la vez que se preserva el metabolismo natural. Si no hay necesidad de medir el valor con el trabajo, el dinero deviene superfluo. Como expresa el utópico Marx de los Manuscritos de 1844:

«Tan pronto como el trabajo, en su forma inmediata, ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida y por tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso»

Se trata en definitiva de la superación del reino de la mercancía, que reduce la riqueza humana a lo económico.

El filósofo Istvan Meszaros da una somera descripción de esta sociedad de la abundancia:

«La realización verdadera de la sociedad de la abundancia requiere la reorientación del proceso reproductivo social de tal modo que los bienes y servicios comunalmente producidos puedan ser plenamente compartidos – y no desperdiciados de modo individualista – por todos aquellos que participan de la producción y el consumo directamente sociales (…) No obstante, aunque la plena realización de esa visión –que postula la necesidad de una transformación global– tardará un tiempo muy largo para ocurrir, los pasos prácticos necesarios para avanzar pueden ser dados (en el “aquí” y “ahora”) por cualquier sociedad, incluso en una situación relativamente limitada, sin esperar a la reversión radical de las relaciones de poder existentes entre el capital y el trabajo a escala global».

Un mundo sin dinero no es por tanto un proyecto utópico sino la única alternativa realista a la carrera hacia el abismo a la que nos aboca el reino del capital. He aquí la sustancia de una sociedad racional: las capacidades y las necesidades, parafraseando la luminosa sentencia marxiana, al servicio de la consecución de la riqueza real, la no enajenada por la sujeción a la «cárcel de cosas» que constituye el reino de la mercancía.

El filósofo anarquista García Calvo lo expresa con una luminosa anécdota ocurrida en el ágora quincemayista:

«A ver, imaginemos: ¿es posible, se puede vivir sin dinero? A lo cual, entre otras cosas, recuerdos y testimonios que surgían, uno que andaba por allí, no tan joven, se adelantaba a preguntar con un tris de sorna: ¿No sería mejor que nos preguntáramos antes si se puede vivir con dinero?».

Paradójicamente, el capitalismo desquiciado involuciona en pos de la extinción monetaria: el dinero desaparece bajo una montaña de deuda y de productos de ingeniería financiera creativa en la nebulosa del casino global: el capital -invirtiendo la relación clásica que instauró un nuevo modo de producción- se desubstancia en dinero:

«Pero paradójicamente, la enorme masa de dinero crediticio que circula sin una base real de valor es la demostración de que no sólo es posible: ya está ocurriendo. Es la complejidad social la que no soporta ya la mercancía y el dinero. La incapacidad del capitalismo para reproducirse con sus propias categorías le arroja a una huida hacia adelante que no hace más que confesar esto: sólo una forma de relacionarse sin mercancía, sin dinero, como comunidad en un sentido mundial, puede enderezar al hombre y volver a poner en primer plano la materia, la biología, la naturaleza humana y no humana como un solo cuerpo»

El dilema comunismo o barbarie nunca ha sido más candente, pero por ahora, qué duda cabe, la cosa no pinta nada bien. La degradación acelerada de la sociedad humana bajo el capitalismo desquiciado abre el espectro de oportunidades, pero la historia puede también proseguir por su lado malo. Anselm Jappe lo expresa vívidamente:

«Lo que se vislumbra tiene más bien el aspecto de una barbarie a fuego lento, un sálvese quien pueda. Antes que el gran crack, podemos esperar una espiral que descienda hasta el infinito, una demora perpetua que nos dé tiempo para acostumbrarnos a ella, como en la fábula de la rana y el agua caliente. Seguramente asistiremos a una espectacular difusión del arte de sobrevivir de mil maneras y de adaptarse a todo, antes que a un vasto movimiento de reflexión y de solidaridad, en el que todos dejen a un lado sus intereses personales, olviden los aspectos negativos de su socialización y construyan juntos una sociedad más humana». Ojalá se equivoque.

https://drive.google.com/file/d/19KbQ5HRr8g3J6vZYv__1rKOym9EhWmOn/view?usp=sharing

Vídeo casero de la charla en Cambalache, Oviedo, 11-4-2022

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2022/04/17/las-entranas-de-la-bestia/

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