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Argentina :: 04/08/2006

Las razones del éxito del paro de los ganaderos

Guillermo Cieza
El viernes 21 de julio no hubo vacas para carnear. Para quienes se desvelan por la esquizofrenia política que parece vivir Argentina, conviene recordar que más allá de las confusiones ideológicas, que a veces son coyunturales y de que muchas premisas supuestamente científicas han sido demolidas por la realidad, lo único que parece seguro es aquello de que la historia es la historia de la lucha entre clases, o entre los más ricos y los más pobres

En un artículo reciente titulado "La política agropecuaria de Kirchner", Cieza desarrolló cuáles fueron los cambios en el sector ganadero en los últimos años, en el que sostuvo que la ganadería dejaba de ser una prioridad para este sector y planteaba la relación de los sectores oligárquicos con el gobierno nacional. A continuación, un nuevo artículo en el que presenta una radiografía sobre quiénes fueron los principales actores del paro.


En el último artículo sostuve:

- Que la tradicional oligarquía ganadera que apoyó los golpes militares del 55, 66 y 76, se ha reconvertido y hoy es esencialmente agrícola y sojera.

- Que ese sector es uno de los grandes ganadores del modelo exportador implementado por Duhalde-Lavagna y continuado por Kirchner, y por lo tanto apoya al gobierno.

- Que hoy la producción de ganado es una actividad marginal en las grandes empresas agropecuarias o único refugio posible de quienes son propietarios o poseedores de tierras de inferior calidad, o para quienes que por una desarrollada conciencia ecológica (nos son muchos) se oponen al monocultivo de soja.

- Que la mejor forma de resolver el problema de la carne y que la producción agropecuaria se centrara en la producción de alimentos y no de forrajes era aumentar las retenciones a la soja, con la ventaja adicional de detener el desastre ecológico que está produciendo el monocultivo de esta oleaginosa.

- Que la cercanía o distancia de la política agropecuaria del actual gobierno era directamente proporcional a la concentración de capital. Los que más tienen, las asociaciones que expresan a los productores más ricos y las dirigencias tienen mayor afinidad con el gobierno que los productores más pobres, las asociaciones de pequeños productores y las bases de las organizaciones agropecuarias.

Sobre los cuatro primeros puntos me remito al trabajo de Basualdo y Arceo, dos investigadores de la FLACSO, que no he leído pero conozco sus conclusiones centrales gracias a la furia desatada en los escritos de Héctor Huergo, ex presidente de Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en tiempos de Menem, principal columnista de Clarín Rural y un obsceno defensor de los intereses de los grupos monopólicos ligados a los agro-negocios y del complejo sojero. Basualdo no es un improvisado en el tema, desde hace años viene estudiando los grupos económicos locales y la cuestión de la propiedad agropecuaria. El quinto punto quedó plenamente confirmado en todo el proceso que culminó en el último para agropecuario.

Sobre los números de quienes hoy son los productores ganaderos, me remito a los datos que dio la ministra Miceli. En la Argentina existen 190.000 productores agropecuarios, de los cuales el 80% tiene menos de 250 vacas. La cantidad de 250 vacas parece mucho para quienes desconocen los números de este tipo de actividad, pero en realidad supone ingresos similares a los de un asalariado "en blanco", entre 800 y 1500 pesos mensuales, siempre y cuando se viva en el campo. Apenas por encima del límite de la pobreza. La mayoría de estos productores quedaron fuertemente endeudados después de diez años de convertibilidad y recién en los últimos años con el dólar alto empezaron a recomoponer sus finanzas, cuando fueron sorprendidos por el cierre de exportaciones vacunas que hizo caer los precios un 30%.

El paro agropecuario nació contra la voluntad del conjunto de la dirigencia agropecuaria. Se hizo escuchar en asambleas en pueblos del interior que presionaron a los dirigentes locales, y esa presión empezó a tomar cuerpo en CRA que reúne a pequeños y medianos productores. El máximo dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Lambías, que se reunió secretamente hace 15 días con Kirchner, se opuso tenazmente a la medida hasta que vio en peligro su cabeza. Lo mismo ocurrió en Federación Agraria donde su presidente Bussi había sido cooptado por el gobierno, pero tuvo que dar un giro a su política asediado por la furia de sus bases y el apoyo de ex-presidentes de la FAA, Bonetto y Volando. No apoyó expresamente el paro, pero al menos tuvo el gesto de no concurrir al anuncio del Plan Ganadero donde solo estuvo presente, como era esperar, el presidente de la Sociedad Rural y autoridades de Coninagro.

La dirigencia de la Sociedad Rural tampoco se plegó al paro, y solo llamo a "respetar" la decisión impulsada por CRA, ante la evidencia de que el paro venía muy fuerte. La posición de la Sociedad Rural es coherente con la del diario La Nación, que tradicionalmente expresó intereses ganaderos y ahora, en línea con los cambios en la oligarquía, expresa más a los sojeros. El matutino La Nación no se pronunció abiertamente contra el paro, pero dio mucha prensa a la opinión de (grandes) productores que en Rural opinaban que "los paros no sirven para nada". El inefable Huergo, en su columna del martes 25 de julio en Clarín, hace de bombero oficial, reconociendo que "el campo no está tan mal". Por supuesto cuando habla del campo habla de los sojeros.

Lo ocurrido el viernes 21 de julio de 2006 en el Mercado de Liniers proporciona una buena foto de quien es quien, y como funciona realmente la cadena de la carne. La demanda está mucho más concentrada que la oferta y representada, esencialmente, por grandes grupos económicos, son los dueños de los Frigoríficos y los hipermercados. La demanda presionada por el gobierno, se negó a comprar y con una entrada de 12000 cabezas quedo un remanente de 10500 para el lunes. Con esa maniobra los grupos más concentrados de la cadena de la carne arreglan con el gobierno para sabotear la protesta de una oferta que es dispersa y responde a numerosos productores. La maniobra le salió mal al gobierno porque enardeció aun más a los ganaderos y el lunes entraron solo 174 cabezas, y el martes el mercado directamente no operó. Los que carnerearon el paro son el grupo Werthein (que reúne capitales de Telecom y La Caja) y Madera Dura del Norte (que reúne capitales de Hidrovia, Ferrovias y Emepa), una buena muestra de quienes son los productores amigos del gobierno.

Pero ocurrieron otros hechos que contribuyen al malhumor de los productores. Por un lado esta la sequía que esta afectando a la zona sur y oeste de la Provincia de Buenos Aires. Lo del sur es particularmente grave porque el clima no da para hacer soja y sólo se hace trigo y carne, dos productos afectados por las últimas disposiciones oficiales. Por otro lado se realizó la Cumbre de Presidentes en Córdoba, donde se consagró el ingreso de la Venezuela de Chavez al Mercosur y una de las grandes estrellas fue Fidel Castro. Esto no le gusta nada a la mayoría de los productores ganaderos que se informan mayoritariamente por Radio 10 y el Diario La Nación.

Aquí aparece una contradicción que es una clave en una coyuntura política argentina realmente muy compleja. Un gobierno que expresa a los sectores más concentrados de capital, ligados a la exportación, y desfavorece a los desocupados, trabajadores y pequeños productores, aparece ideológicamente como "de izquierda", frente a productores que tendrían ser, por lo menos de centroizquierda, y suspiran por Lavagna o López Murphy. La posición social parece no corresponderse con la ideológica.

Hay una explicación por el lado de la posición del gobierno y de los sectores mas lúcidos de la burguesía local. Como consecuencia de políticas asumidas por esa misma burguesía, hoy el país esta al borde del colapso energético. Como bien lo dice Lavagna, el ALCA con un presidente como Bush, no ofrece ventajas reales. El Mercosur con Venezuela ofrece resolver el problema energético por 30 años, con la explotación de una cuenca en el Orinoco. Con costos adicionales como bancarse los discursos de Chavez y la presencia de Fidel, que el presidente trató de atemperar con los reclamos por la médica cubana Hilda Molina.

Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural, tiene claro que más allá de sus gustos ideológicos, para hacer siembra directa y cosechar soja necesita gas oil. Está de acuerdo de hacer negocios con Venezuela, de la misma forma que la oligarquía y la dictadura de Videla siguieron exportando a La Unión Soviética en tiempos del boicot promovido por Estados Unidos en plena guerra fría. Los ganaderos menos lúcidos suponen que en realidad el deterioro de sus ingresos no se corresponde con un proyecto político que favorece la concentración del capital, sino con un presidente que "era montonero y tiene trato con los comunistas".

Por último, quisiera hacer un comentario sobre el plan ganadero. Los créditos ofrecidos no van a llegar a los pequeños productores, que siempre quedan por debajo de las exigencias de los bancos. La suposición oficial de que en el 2010 recién habría saldos suficientes para abrir totalmente las exportaciones, fundamenta la convicción de que ningún capitalista sensato va a tomar créditos para invertir en un negocio de baja rentabilidad como será la ganadería en los próximos años. Lo más probable que muchos lo tomen los créditos para sembrar soja y después dibujen los números para que queden presentables. Si no hay un cambio en las retenciones a la soja y encima persiste la restricción de exportaciones de carnes, lo más probable es que la producción de carne descienda y en un tiempo no muy lejano no alcance siquiera para abastecer el mercado interno. La pérdida del asado y el bife de costilla como integrante de la dieta popular se inscribe en un proyecto de país donde la mano de obra no se la ve en el doble carácter de costo y consumidor, sino solamente como un costo laboral.

Para quienes se desvelan por la esquizofrenia política que parece vivir nuestro país, conviene recordar que más allá de las confusiones ideológicas, que a veces son coyunturales y de que muchas premisas supuestamente científicas han sido demolidas por la realidad, lo único que parece seguro es aquello de que la historia es la historia de la lucha entre clases, o entre los más ricos y los más pobres.

Prensa de Frente

 

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