Libre circulación, propiedad e incitación a la represión

Los variopintos impulsores de la represión 'antipiquetera' habían terminado con un regusto amargo el año 2003: La artera bomba de Plaza de Mayo fue una dolorosa demostración práctica de hacia dónde conduce atizar el fuego, intentando presentar como inadaptados sociales y hasta delincuentes a quiénes protestan contra la mayor agudización de la desigualdad y la injusticia social de la historia argentina, intentando convertir a las víctimas en culpables. Y el gobierno había quedado enredado en lugar protagónico, ya que muchos de sus funcionarios hablaron de los piqueteros en tono amenazante, contribuyendo a crear el clima que culminó en el bombazo. El otro problema fue que la movilización que sufrió el atentado había sido multitudinaria, pese a todas las divisiones y la propaganda en contrario. Los 'piqueteros' habían demostrado el poder de movilizar a decenas de miles de personas, justo en el segundo aniversario del 20 de diciembre, la fecha que la 'dirigencia' argentina en su conjunto quisiera sepultar en el desván de los malos recuerdos.
Será recién una bastante fallida huelga de hambre y corte frente al Ministerio de Trabajo, y trascartón unos extraños incidentes el viernes 13 de febrero, los que permitirán retomar a pleno la escalada contra los cortes de calles y rutas. El gobierno jugó con éxito la carta del desgaste de las luchas de los piqueteros 'duros' y de la 'reacción ciudadana espontánea' enojada por los perjuicios de los cortes, en un escenario facilitado por una movilización bastante mal preparada, impulsada por sólo dos agrupaciones piqueteras, y que parecía apuntada más a la televisión que a la movilización efectiva de la militancia. La medida debió levantarse sin pena ni gloria después de unos pocos días. En cuánto a los hechos del 13, todas las informaciones coinciden: apenas medio centenar de personas cortando una avenida céntrica, ningún movimiento piquetero importante (o no tanto) participando en los hechos, todo en una secuencia muy extraña, sospechosa... Algunos de los partícipes de los actos de violencia bajaron de un patrullero (como muestran otras imágenes televisivas, éstas poco difundidas) antes de los incidentes. El factor de manipulación policial no podría ser más claro, pero tiende a quedar sepultado en medio de la fuerza simbólica de los palazos. Lo que manda es la imagen, y allí estaba la televisión mostrando el automovilista con los anteojos astillados, la mujer que quiere pasar y le golpean el auto, y sobre todo un taxista atacado a traición, recibiendo un palazo en la cabeza mientras estaba de espaldas. Y la interpretación subsiguiente: "Se ha llegado a un límite, hay que hacer algo...." desde la prensa, no sólo la de derecha (también se pronunció en el mismo sentido más de un periodista cuyo carnet de alguna agrupación de izquierda no ha tenido tiempo de ponerse amarillento), y el gobierno anunciando que no está dispuesto a tolerar esto, que esta acción constituye un hecho 'casi armado...', etc. Mientras tanto, el día lunes 16 de febrero, un título de tapa apareció en el diario sensacionalista Crónica de Buenos Aires: "Pararían los taxistas en protesta por agresión piquetera". ¡Bingo¡ habrá exclamado más de uno de los impulsores del desprestigio y el desgaste de los movimientos de trabajadores desocupados. Tras la imagen televisiva, repetida hasta el hartazgo, de un joven de barba pegándole a un taxista, se insinuaba un escenario de conflicto 'soñado': Un sindicato de trabajadores sumándose a la escalada antipiquetera. Ya no serían los empresarios, o los propietarios de autos los principales airados contra los cortes de calles, sino los humildes 'trabajadores del volante' (muchísimos de ellos empujados al taxi como ocupación de 'refugio' luego de perder trabajos de mayor calificación y mejor ingreso). La propia conducción del sindicato se encargó luego de desalentar toda medida de fuerza y dar el incidente por terminado, pero el escenario de choque entre trabajadores y desocupados quedó 'instalado' para su explotación propagandística futura.
Todos especulan a cuenta de los peores impulsos de parte de la sociedad argentina, dispuesta a visualizar los miserables ciento cincuenta pesos (cincuenta dólares) de asignación a los desocupados como un 'privilegio' que debería llevarlos a callarse la boca y no molestar, y a reclamar que se despeje la calle a como dé lugar con tal de no llegar siquiera unos minutos tarde a su destino... Y el gobierno juega otra baza más ancha en cuánto a construir su legitimidad: presentarse como un poder reflexivo, capaz de resistir presiones encontradas, que no cede a los reclamos piqueteros pero tampoco al impulso represor. Un gobierno de 'estadistas' que saben preservar la paz social y perseguir el bien común aún frente a conflictos difíciles de resolver y a reclamos múltiples y encontrados, que sabe conjugar los valores de la 'firmeza' y de la 'moderación', como por ejemplo en el tema de la deuda externa... Los 'estadistas' bien saben que el manual básico de la 'gobernabilidad' indica que la presencia de población movilizada en las calles es peligrosa, salvo que esté muy sólidamente impulsada y controlada por el propio estado, por dirigencias sindicales burocratizadas o por partidos 'sistémicos' bien conocedores de los límites no sobrepasables. Y este no es el caso de los piqueteros bautizados como 'duros', ligados a propuestas radicalizadas, a construcciones comunitarias claramente autónomas de estado, patrones e Iglesia, a partidos de izquierda marxista... No es la 'libre circulación' lo que preocupa a los dueños del poder, sino la 'gobernabilidad', conjurar la posibilidad de que el clima de rebelión generalizada de 2002 regrese...
Y a mediano plazo, ir 'asimilando' o desarticulando a las organizaciones que impulsaron el clima de rebelión social o se desarrollaron al calor de aquél. Para ello necesitan que piqueteros, asambleas, fábricas recuperadas, movimientos culturales contestatarios, medios de comunicación alternativos, todos tengan menos militancia y visibilidad social. Que lo que quede se dedique a sus problemas locales y específicos: Asambleas empeñadas sólo en comedores y huertas, empresas recuperadas preocupadas exclusivamente por la preservación de la fuente de trabajo, trabajadores desocupados circunscriptos al trabajo barrial y a la negociación con los poderes locales. Y con los que no se desmovilicen ni se 'civilicen' en sus prácticas e ideología, todo el poder de los medios y el estado para derrotarlos en sus luchas, desprestigiarlos frente al conjunto social mientras se desmoraliza a sus propias bases, dividirlos hasta el límite de la dispersión...y de última los cuerpos antidisturbios y el código penal harán el resto.
Para el jueves 19 un vasto conjunto de organizaciones plantearon cortes simultáneos de puentes, rutas y calles. Un juez federal, y luego un fiscal, ambos de La Plata, solicitan al P.E. que haga algo para evitar cortes en la autopista Buenos Aires-La Plata, de cara a las movilizaciones previstas en estos días. El gobierno cultiva el consenso y la paciencia, pero si la justicia ordena actuar...se verá. Por cierto, la intervención judicial ocurre a instancias de una de las principales empresas concesionarias de rutas por peaje, demostrando que en la defensa del 'derecho a circular' subyace la poca tolerancia del gran capital protagonista de privatizaciones escandalosas, a la hora de resignar la más pequeña parte de sus ganancias. A la promoción de la 'gobernabilidad' se une presta la defensa de la rentabilidad...
El movimiento de rebeldía que supo salir airoso de la escalada de fines de 2003 podrá hacerlo nuevamente, creemos, si mantiene la línea de no entrar en provocaciones, si procura dirigirse a sectores más amplios de la sociedad y no sólo a los previamente convencidos, si toma conciencia de que se ha constituido, por gravitación propia y por algunas defecciones ajenas, en la oposición más clara y convocante a la actual gestión de gobierno...y que el éxito en ese rol exige no pecar de comprensible impaciencia, sino esperar (y actuar para) que la retórica más o menos nacionalista y popular muestre su radical deficiencia a la hora de introducir cambios de fondo al 'modelo' que llevó al país a la ruina, que no hay 'nuevos paradigmas' posibles sino se está dispuesto a romper lanzas con ningún poder, ni existe vocación de cuestionar las relaciones sociales fundamentales...
En suma, que se está en el trance de luchar con decisión por acercarse a condiciones de vida tolerables para la mayoría, o de resignarse a una sociedad dónde los salarios bajísimos, la precariedad, el desempleo, el deterioro de las condiciones de salud y educación sean la realidad para más de la mitad del país... Los piqueteros y el resto de los movimientos contestatarios tienen una elevada potencialidad (y responsabilidad) para expandir entre el conjunto de las clases populares argentinas la convicción de que la resignación es el peor de los caminos, y que las esperanzas más reales deben impulsarse desde abajo...







