Libre Comercio: La OMC en su laberinto
La OMC está prisionera de un laberinto sin salida. Para los países que dominan los intercambios comerciales mundiales no se muestra ya como la herramienta pensada para imponer sus intereses y los de las corporaciones
A fines de junio se reunió en Postdam, Alemania, el llamado G4 (EEUU, UE, Brasil e India), el objetivo destrabar las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC), duramente golpeadas por el resultado de la última reunión de la Ronda de Doha. Los resultados han sido aún peores, Brasil e India se retiraron dando un portazo.
¿Que es lo que se discute? La eliminación gradual de subvenciones y derechos aduaneros que trabarían el comercio internacional. Puesto en números: la UE, Brasil e India exigen que EEUU rebaje sus subvenciones a la agricultura entre 2.000 y 5.000 millones de dólares anuales. En tanto que el país del norte quiere que la UE rebaje hasta un 60% sus aranceles agrícolas, cuando esta ofrece solo una reducción del 39%.
Por su parte los países desarrollados piden, en “contrapartida”, que los menos desarrollados liberalicen sus regímenes de inversiones extranjeras, la apertura de los mercados de productos industriales, de servicios y de contrataciones estatales.
Pero esto es apenas lo que emerge a la superficie. Conviene revisar aunque solo sea someramente los antecedentes:
La frustrada OIC y el GATT
Los orígenes de las actuales tendencias al ordenamiento de las transacciones comerciales pueden rastrearse por el año 1948, en la reunión de La Habana-Cuba donde los principales países buscaban imponer un orden que evitara una nueva onda depresiva como la ocurrida en el inicio de los años treinta. Nació así la Organización Internacional del Comercio (OIC).
Sin embargo presionado por los sectores más nacionalistas, el Congreso de los EEUU no ratificó los acuerdos, surgió entonces, como una solución de carácter transitoria, el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT).
Esta transitoriedad regló las relaciones comerciales por casi medio siglo, fue expresión y a su vez acompañó la evolución económica-social de los llamados 30 años dorados del capitalismo (1945-1975). En esos años la preservación de los mercados internos, el establecimiento de límites a los movimientos del capital y de las grandes corporaciones; el cuasi pleno empleo; el establecimiento de legislaciones laborales progresivas, constituían el centro de los acuerdos que regulaban los intercambios.
El agotamiento de ese ciclo, que desde esta misma columna hemos denominado “único e irrepetible” en el capitalismo, dejó paso a un período -caracterizado por la reestructuración del capital, la ofensiva sobre el trabajo, la vulnerabilidad de los Estados-nación y la recuperación por el capital de los mercados de los llamados países del socialismo real- en que las tendencias al libre comercio se desplegaron con toda intensidad. La institución emergente es ahora la OMC.
El peso de las corporaciones
Creada en 1995 sus presupuestos fundacionales están en las antípodas de los que intentaron darle forma a la OIC, son expresión de los cambios y transformaciones operadas en la fase neoliberal del capital. Se busca imponer reglas de liberalización comercial de los mercados con el argumento de que contribuirán al desarrollo, a elevar el nivel de vida de los ahora llamados países “emergentes”.
Lo que en realidad se oculta es que toda esta arquitectura normativa está destinada a garantizar la integración de los negocios de las corporaciones multinacionales, sometiendo a sus intereses la posibilidad de desenvolver políticas nacionales y la propia soberanía de los Estados-nación. Así el énfasis está puesto en la desregulación de los mercados, la libertad para los movimientos del capital, la libre competencia y la seguridad jurídica para los capitales. También en lograr facilidades para el comercio y el acceso a mercados no agrícolas y de servicios, las inversiones, las compras gubernamentales.
Una existencia complicada
La OMC ha convivido desde su nacimiento con profundas contradicciones internas, expresión de la fuerte disputa interimperialista entre los EEUU, la UE y el bloque del sudeste asiático, y la resistencia, expresada en múltiples situaciones y con diferente intensidad, tanto de los países del sur como fundamentalmente de las organizaciones de la llamada sociedad civil global.
Los hechos más destacados de esta resistencia: el bloqueo francés al “Acuerdo Multilateral de Inversiones” (AMI). El fracaso en el inicio de la llamada “Ronda del Milenio” en Seattle. El llamado “descarrilamiento” de la OMC en Cancún, el empantanamiento de la “Ronda de Doha” en Hong Kong, la aparición del G20, liderado por India y Brasil, la emergencia de un numeroso grupo de países pobres con intereses comunes, el reciente “portazo” en Postdam.
El centro de las controversias son los subsidios y aranceles agrícolas, que en los grandes países operan como precio sostén en sus mercados internos generando una superproducción de granos que controla los precios en el mercado mundial, perjudicando a otros países exportadores como Argentina y Brasil. Aunque esa no es más que una definición técnica porque cuesta hablar de superproducción de granos cuando toda una enorme franja de la humanidad no alcanza a alimentarse.
Este debate no es de simple resolución. Están en juego intereses tan concretos como contradictorios que no son solo los de las corporaciones americanas o europeas, también de los grandes exportadores de países como Argentina y Brasil. Incluso China importadora neta de granos y como tal se beneficia de los subsidios, pero a su vez exporta a países de su zona de influencia, perjudicando esas economías regionales.
Para Europa la protección arancelaria tiene un valor que supera lo meramente productivo. Son la argamasa del equilibro socio-político de esas sociedades, eliminarlos sería colocarse en los umbrales de convulsiones sociales de envergadura.
La contrapartida son los agricultores europeos, los “farmers” norteamericanos, los campesinos coreanos, indios, colombianos, mexicanos… que se agrupan en Vía Campesina, organización internacional que cobró fuerza en los últimos años y tomó estado público en los primeros Foros Sociales Mundiales de Porto Alegre. Para estos “Ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo”, tal la consigna de Cancún.
Forman parte de la resistencia real, encarnada por la llamada sociedad civil global que ha crecido en forma cualitativa, en el sentido que ya no es apenas una fuerza social multiforme que deambula de reunión en reunión, sino que resulta expresión de los múltiples movimientos sociales de resistencia que se han ido constituyendo y coordinando en cada región.
Es que están en juego la agricultura familiar y la soberanía alimentaria. Incluso para países como el nuestro que se beneficiaría ampliamente de la eliminación de los subsidios, ya que colocaría sus excedentes a mejores precios, la contrapartida local sería el fortalecimiento del razgo exportador-primarizador de la economía y acrecentaría el peso de la renta agraria, con las consecuencias políticas que de esto se derivan.
La imposibilidad de destrabar la discusión no permitió avanzar (afortunadamente) en las otras cuestiones, mercados no agrícolas, rebajas arancelarias para productos industriales, inversiones y servicios,
Una nueva situación
La OMC está prisionera de un laberinto sin salida. Para los países que dominan los intercambios comerciales mundiales no se muestra ya como la herramienta pensada para imponer sus intereses y los de las corporaciones. Para los países del sur haberse integrado como miembros plenos, aceptando sus normas de funcionamiento, no les ha servido para mejorar equitativamente sus intercambios ni tampoco para preservarse frente a las asimetrías de las economías mas avanzadas. Para los movimientos sociales el libre comercio incrementa las desigualdades; amenaza la soberanía alimentaria de sus países; liquida toda posibilidad industrialista; estimula el saqueo de los recursos naturales, rompe el equilibrio ecológico y está emparentado con las guerras.
Lo que realmente subyace debajo de este proceso es el agotamiento de la fase neoliberal del capital, del cual la OMC es una expresión concreta. Otra prueba de que las armas del neoliberalismo están melladas, y esto abre una nueva situación a escala mundial.
* Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda
Revista Cuadernos del Sur







