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Venezuela :: 24/02/2026

«La conciencia de la clase obrera es el escudo que protege a Nicolás Maduro y a la Revolución»

Geraldina Colotti
Entrevista con Edison Alvarado, presidente del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras del Metro de Caracas y actual diputado a la Asamblea Nacional

En el corazón de los patios y talleres de Metrobús La Paz, donde el metal y la grasa de motor son testigos del trabajo diario, se forjó una de las historias más emblemáticas de la Revolución Bolivariana. Allí, entre el rugido de los motores diésel, conversamos con Edison Alvarado, presidente del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras del Metro de Caracas (Sitrameca) y actual diputado a la Asamblea Nacional.

Alvarado, quien ingresó a la institución en el año 2000 como técnico de mantenimiento, comparte una visión privilegiada: la de haber visto crecer a Nicolás Maduro desde que era un operador de transporte superficial (chofer de autobús) hasta convertirse en el Presidente obrero. En esta entrevista, Alvarado no solo recuerda los años de la Cuarta República y las luchas sindicales, sino que analiza con firmeza el actual escenario de guerra híbrida, el papel de la clase obrera ante el bloqueo y lanza una advertencia contundente a quienes pretenden vulnerar la soberanía venezolana.

Díganos cuál es su papel actual en el proceso revolucionario.

Mi nombre es Edison Alvarado, presidente del Sindicato de los Trabajadores y las Trabajadoras del Metro de Caracas, Citrameca. Lo digo con mucho orgullo porque de acá nació nuestro presidente obrero, Nicolás Maduro Moros. Hoy soy también diputado de la Asamblea Nacional, una trinchera que ocupo gracias al pueblo y a la confianza del presidente, para ejercer desde allí más poder para el pueblo legislador.

Usted vivió personalmente los inicios de Nicolás Maduro en el Metro. ¿Cómo era aquella época y cómo recuerda ese primer encuentro?

Estamos aquí en los patios de Metrobús La Paz, un lugar que nos llena de energía. Yo entré en el año 2000 como técnico de mantenimiento de motores diésel. Nicolás había ingresado en el 91 como operador. Lo conocí en el año 2000, cuando él ya era diputado en su primer periodo, pero nunca dejó de tener relación con sus hermanos de clase.

Ver a un obrero que sabe lo que es pararse a las cinco de la mañana a chequear los fluidos y las correas de un Metrobús, que sabe lo que es cobrar un quince y un último, gobernando el país, es lo que le da esperanza a los trabajadores del mundo. El imperio trata de robarnos esa esperanza porque no soportan que uno de los nuestros esté al mando.

Mirando hacia atrás, ¿cómo analiza usted el cambio en la realidad del proletariado del transporte desde la llegada de la Revolución?

Antes de Chávez, nos tenían divididos. Existía una visión elitista de la gerencia para que la clase obrera nunca se uniera; el de mantenimiento no podía hablar con el operador de estaciones. Hoy, la clase obrera gobierna. Discutimos las políticas de mantenimiento con el alto mando político y con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Antes, ¿cuándo iba un mecánico de autobuses a pensar que estaría legislando en la Asamblea Nacional? Eso solo es posible en Revolución.

El Metro ha sido blanco de sabotajes constantes. ¿Cómo han resistido ustedes estos ataques, desde el paro petrolero hasta las guarimbas?

El Metro es del pueblo y no se para. En 2002 fuimos de las pocas empresas que no se detuvo; le dijimos a la derecha que respetábamos el hilo constitucional. Luego vino la violencia de 2014, la llamada 'salida'. Nos quemaron unidades, estaciones como Parque Carabobo, e incluso incendiaron a un compañero, Jonathan Tiapa, mientras trabajaba. A las trabajadoras les quitaban el uniforme para desmoralizarlas. Pero no pudieron. Entendimos que el ataque no era solo contra Nicolás, sino contra nosotros como clase. El imperio no tolera que un obrero dirija la patria.

Ante el bloqueo y el retiro de las empresas extranjeras, ¿qué soluciones han implementado los trabajadores bajo su dirección?

Inventamos o erramos, como decía Simón Rodríguez. Ante las "sanciones" de Obama y luego de Trump, empresas como Alstom, CAF, Otis o Schneider nos negaron los repuestos. ¿Qué hicimos? Ingeniería inversa y sustitución de importaciones. Hicimos alianzas entre trabajadores del Metro de Los Teques, del IFE y de Valencia. En otros países, ante crisis así, despiden gente o cierran instituciones. Nosotros nos unimos para mantener el servicio. Somos ejemplo de dignidad y de lucha.

Recientemente, algunos presidentes de la región han cuestionado la situación en Venezuela. ¿Qué respuesta les da usted como representante de los trabajadores?

Me duele mucho, especialmente lo de Lula, que viene de la clase obrera. Lula, estás quedando muy mal. Nosotros le conocimos con Chávez. Los problemas de los venezolanos los arreglamos los venezolanos; usted no tiene nada que opinar sobre nuestra democracia. Si no, se va al basurero de la historia junto a Milei, que no es más que un arrastrado que le mueve la colita a Trump. Y a Petro le decimos: no se equivoquen, no vean a Venezuela como su patio trasero. Si intentan pisotear nuestro territorio, los trabajadores convertiremos esto en un Vietnam para Latinoamérica.

¿Cuál es la postura que mantiene el sindicato frente a la nueva etapa de la Revolución y las recientes agresiones imperiales?

Estamos resteados [comprometidos al máximo] con Nicolás y Cilia. El imperio secuestró al presidente y a la primera dama desproporcionadamente, pero el pueblo se mantuvo produciendo. Si los gringos osaran poner un pie aquí con sus botas yanquis, encontrarán a un pueblo heroico con el fusil al hombro. Nicolás nos dio una instrucción clara: si pisan nuestra tierra, vamos a rebelión y huelga general. Aquí sigue mandando la Revolución Bolivariana.

¿Cómo se ejerce hoy la contraloría obrera contra la corrupción y qué posición tiene usted sobre una posible ley de amnistía?

La clase obrera no está de acuerdo con la corrupción. Las responsabilidades son individuales y quien desvíe recursos del pueblo debe asumir las consecuencias. El que roba le hace daño a la salud, a la educación y a la alimentación de todos. Sobre la amnistía, nuestro gobierno ha sido claro: no habrá privilegios para los corruptos ni para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad.

¿Amnistía para los que pusieron bombas o para el que quemó a un compañero en Altamira por ser moreno? No se equivoquen. Nosotros somos respetuosos de las directrices del alto mando político y de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Candelita que se prenda, candelita que apagaremos.

Resumen Latinoamericano

 

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