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EE.UU., Medio Oriente :: 15/07/2026

Los académicos que estudian el genocidio transitan un campo minado

Grant Morgan
Las instituciones académicas de EEUU vienen ejerciendo presiones abiertas y encubiertas para desalentar a los estudiosos del holocausto y del genocidio de criticar los crímenes de Israel en Gaza

Desde el ataque reivindicativo de HAMAS (Movimiento de Resistencia Islámica, por sus siglas en árabe) a Israel el 7 de octubre de 2023 y la criminal guerra de Israel contra Gaza, pocos campos académicos estadounidenses han experimentado una convulsión interna mayor que los especializados en estudios del holocausto europeo y el genocidio. Académicos que en su momento compartían un amplio consenso institucional se encuentran ahora divididos sobre si Gaza constituye un genocidio, si el antisemitismo y la memoria del holocausto europeo están siendo instrumentalizados políticamente, y si puede decirse que las universidades aún permiten el debate abierto sobre cuestiones críticas y controvertidas.

Efectos amplios y a menudo sutiles han comenzado a transformar estructuralmente la manera en que se procesan y legitiman la investigación, el compromiso intelectual y el debate dentro de estos campos. Los empleos son cada vez más precarios, el financiamiento para la investigación es más difícil de obtener, y los académicos enfrentan una microgestión y un hostigamiento provenientes tanto de fuerzas internas como externas. Estas tendencias más amplias se entrelazan con el clima político para crear una atmósfera de aprensión especialmente densa en los estudios del holocausto y el genocidio.

En un esfuerzo por comprender cómo estos campos están atravesando la coyuntura actual, conversamos con un conjunto diverso de académicos y expertos. A pesar de las presiones crecientes, encontré que muchos de ellos son optimistas. Han surgido nuevas organizaciones dedicadas al debate y la libertad académica, así como nuevas conversaciones y paradigmas que hace años habrían sido considerados irreales o problemáticos. El momento actual es ciertamente grave, pero también ofrece destellos de potencial para quienes estén dispuestos a mirar más allá de los titulares sensacionalistas.

El gran enfriamiento

En el entorno actual de controversia inducida por el sionismo en torno a Gaza e Israel, muchos han observado un efecto de disuasión, en el que cualquier desviación de un apoyo irrestricto a Israel es recibida con reprobación y censura oficial. Desde 2023, grupos pro-israelíes han expuesto públicamente de manera rutinaria los datos personales de profesores y estudiantes. Profesores fueron despedidos, suspendidos o degradados por declaraciones u obras. Ponentes fueron cancelados o duramente criticados por sus acciones durante discursos de graduación o eventos relacionados con cursos. La Fundación para los Derechos Individuales y la Expresión (FIRE) incluso encontró que en el año posterior al 7 de octubre, «estudiantes, profesores e invitados enfrentaron represalias prácticamente cada día» por expresiones políticas relacionadas con la controversia. Si bien un puñado de casos involucraron discurso pro-Israel, la aplastante mayoría tuvo como objetivo el discurso pro-Palestina.

Este fenómeno ha sido ampliamente documentado. Lo que no se ha abordado de manera adecuada es cómo este efecto de disuasión ha evolucionado en los años transcurridos desde los ataques del 7 de octubre de 2023. Desde los primeros días de cancelaciones y despidos de alto perfil, la represión se ha vuelto más sutil, aplicada a través de los diversos obstáculos y trámites institucionales internos que caracterizan a la academia contemporánea.

El financiamiento de la investigación y la capacidad de publicar ensayos, capítulos y libros completos son extremadamente importantes para la seguridad profesional. Los cargos de carrera académica con posibilidad de titularidad vienen con este tipo de condiciones y a menudo requieren que los profesores realicen investigaciones originales que amplíen el conocimiento en su campo. Cumplir con estos requisitos no es algo que un académico pueda hacer en el vacío, ya que siempre hay muchos actores involucrados, desde administradores hasta editores, pasando por juntas y comités.

Estas onerosas áreas de procedimiento crean un entorno propicio para la represión silenciosa a nivel granular. Sandra Babcock, profesora de DDHH internacionales en la Universidad de Cornell, recordó haber tenido que superar varios obstáculos para una entrevista en vivo relacionada con un informe sobre el apartheid en Israel. Antes de la entrevista, fue instruida para que dejara en claro que sus opiniones no estaban vinculadas a Cornell. Luego la universidad le prohibió usar el tradicional fondo digital que muestra una vista aérea del campus, dijo Babcock, que aparece en prácticamente todos los videos filmados en el estudio. El director del estudio, señaló: «Tuvo que fotografiar su propio apartamento porque no tenía ningún otro fondo porque esto nunca había ocurrido antes (...). Tuvimos que usar fotos de las persianas venecianas de su apartamento».

Los trabajos relacionados con Palestina, Israel o áreas afines implican una posibilidad singular de represalias o presiones, lo que lleva a los académicos a evitarlos por completo cuando no son centrales en su área de especialización. En conversación, muchos académicos describieron haber tenido que cubrir ciertos cursos porque el profesor a cargo dudaba de abordar temas controvertidos para el sionismo.

Las disputas políticas también hicieron que el panorama del financiamiento para la investigación sea notablemente más difícil de navegar. «Imagínense en el lugar de un académico joven que estudia genocidio comparado», dijo Eric Kurlander, profesor de historia y estudios judíos en la Universidad de Stetson. «Dice: voy a analizar el holocausto europeo, el genocidio armenio y el genocidio en Camboya. Y de repente se encuentran con que hacer ese trabajo en determinada escuela o instituto de financiamiento significa que eres antisemita porque estás comparando el holocausto europeo con otros genocidios».

Kurlander agregó que estas acusaciones ahora incluso se han aplicado a simples afirmaciones de hechos o, como mínimo, a puntos de vista empíricamente defendibles dentro del debate académico. «Digamos que estudias Medio Oriente y estás dando conferencias sobre lo que Israel puede haber hecho que sea opresivo o colonialista [hacia los palestinos], ahora eso se ve como antisemitismo», dijo. «Entonces, en esos casos, ha habido problemas, a menudo de las administraciones universitarias, a veces de los programas de estudios judíos, que intentan mantener cierto tipo de narrativa favorable».

Las preguntas de investigación, incluso las que están muy alejadas de las áreas de controversia pública, han enfrentado una presión creciente. Al mismo tiempo, los académicos se han visto obligados a adaptarse a las tendencias políticas --y a situaciones en las que las narrativas departamentales contradicen directamente su propia investigación--. ¿Quieres obtener la titularidad? Asegúrate de jugar según las reglas de tu departamento. ¿Quieres tener más facilidad para encontrar financiamiento? Usa un lenguaje que eluda ciertas frases o ideas.

Hoy debe monitorearse de manera constante el debate y el uso de la terminología controvertida para solicitar financiamiento para franjas enteras de investigación y todo exige ahora mucha más cautela. Solo en 2025, la administración Trump retuvo miles de millones en fondos para diversas escuelas a las que se acusaba falsamente de tener problemas de antisemitismo en sus campus.

Varios de mis interlocutores encontraban que era cada vez más difícil realizar sus investigaciones, y aún más entrevistados expresaron su preocupación por el declive de los debates reales y honestos dentro de su campo. Respecto de las divisiones recientes, la profesora Debórah Dwork, historiadora del holocausto europeo y directora fundadora del Centro para el Estudio del holocausto, el Genocidio y los Crímenes contra la Humanidad de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, me dijo:

El campo de la historia del holocausto está dividido, con algunos de mis colegas negando que un genocidio haya ocurrido y esté ocurriendo en Gaza. Basan sus argumentos en la afirmación de que un Estado sucesor del holocausto no podría en modo alguno ser el perpetrador. Y lo que encuentro notable es que es como si Auschwitz y la historia de Auschwitz operaran como una lente que distorsiona su visión. No es una lente que les ofrezca una visión matizada. Por el contrario: al aplicar la lente de Auschwitz, personas perfectamente racionales se vuelven irracionales sobre este tema.

Varios de los expertos en el holocausto europeo con quienes hablé describieron una fricción creciente con colegas, narrativas departamentales y, especialmente, con instituciones vitales que han sido pilares de la investigación y el debate durante décadas. Entre las mencionadas estaban el Museo Memorial del holocausto de los EEUU en Washington DC, el Centro de Historia Judía en la ciudad de Nueva York y otros archivos y museos más pequeños.

Durante mucho tiempo, estas instituciones proporcionaron un apoyo fundamental a investigadores jóvenes y académicos consagrados, ayudándolos a examinar de manera crítica preguntas y preocupaciones dentro de sus campos. Pero hoy algunos especialistas comenzaron a adoptar posturas más críticas frente a lo que describen como un comportamiento institucional cada vez más hipócrita, acusando a estas organizaciones y a otras de no haber abordado de manera adecuada el genocidio en Gaza (e incluso formas anteriores de limpieza étnica y violencia ocurridas desde la Nakba).

La académica del genocidio Marianne Hirsch, profesora emérita de la Universidad de Columbia que ha suspendido su docencia como protesta por la adopción por parte de la universidad de una definición amplia de antisemitismo en la que incluye el discurso anti-Israel, planteó esta cuestión de manera bastante concisa. «Creo que todas estas instituciones básicamente nos han fallado porque están difundiendo muchas mentiras hipócritas», dijo. «Hay mucha negación. Hay mucha falta de voluntad para mirar la realidad de lo que está ocurriendo sobre el terreno».

Estos desacuerdos con instituciones, departamentos y administradores universitarios han erosionado la confianza, generando una crisis de legitimidad. Los académicos enfatizaron que el antisemitismo estaba siendo instrumentalizado de manera rutinaria contra quienes criticaban a Israel, especialmente contra profesores que se alinean con la izquierda. Muchos expresaron su sorpresa ante la disposición a condenar como antisemitas incluso a profesores judíos.

Las personas con quienes hablé describieron que la represión impacta directamente en los departamentos y su producción. La presión creciente tanto del gobierno como de grupos privados llevó a las universidades a restringir y regular sus planes de estudio. Términos y temas controvertidos, como la Nakba o la guerra en Gaza, pasaron a ser cuestiones de política universitaria y de repente se volvieron inadecuados para la enseñanza debido a su capacidad para generar protestas y represalias. Lo más importante es que los fondos y subsidios federales fueron suspendidos y amenazados como forma de censura suave (a veces no tan suave).

A medida que esta nueva realidad se afianzó, muchas clínicas y cursos fundamentales han sufrido al ver limitado su ámbito de trabajo y vigiladas sus actividades. Las salvaguardas institucionales centrales han recibido golpes serios, incluyendo los cargos de carrera con posibilidad de titularidad, las protecciones a la libertad de expresión, las protecciones contra el acoso y el acceso al financiamiento. Si las tendencias actuales continúan, la presión política y los incentivos institucionales amenazan con remodelar gradualmente las agendas de investigación a medida que las nuevas generaciones compiten por financiamiento, seguridad laboral y seguridad personal en el mundo occidental posterior al 7 de octubre.

La Red de Crisis de Estudios del Genocidio y el holocausto

Lo que más me sorprendió al explorar el terreno de estas disciplinas fue el optimismo que mantenían todas las personas con quienes hablé, a pesar de las numerosas razones existentes para la desmoralización. En lugar de ceder, una sólida mayoría incluso ha creado y participado en organizaciones dedicadas a fortalecer la libertad de expresión, a proteger a los académicos y a preservar la legitimidad institucional. La más importante de las que encontré fue la Red de Crisis de Estudios del Genocidio y el holocausto (GHSCN, por sus siglas en inglés), integrada por cientos de académicos que intentan salvar a sus campos de la represión y la degradación estructural.

La red ha redactado y firmado cartas que cuestionan las prácticas universitarias que consideran perjudiciales para la expresión académica y la investigación. Una preocupación central pasa por la adopción creciente de la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional de Memoria del holocausto (IHRA), que equipara el antisemitismo con la crítica al régimen israelí (la misma definición que la profesora Hirsch cuestionó en Columbia).

«Escribimos una carta que fue firmada por algo así como 1.200 académicos de estudios del holocausto y el genocidio», le dijo a Jacobin Brett Ashley Kaplan, de la Universidad de Illinois, «que decía que esta definición tiene un efecto de disuasión sobre la libertad de expresión y que las personas deberían poder expresarse libremente».

La red también se ocupa de las difíciles preguntas académicas y morales que enfrentan actualmente estos campos. Especialmente dentro de los estudios del holocausto europeo, dos profesores con quienes hablé destacaron la creciente necesidad de reconciliar los horrores del holocausto con la realidad de que los oprimidos pueden convertirse en opresores y con el hecho de que esto justifica un mayor grado de discusión en torno a la memoria del holocausto y lo que significa el «Nunca Más» en el contexto de Gaza.

Otros destacaron la instrumentalización no solo del antisemitismo en términos generales sino también de la memoria específica del holocausto. Enfatizaron la necesidad de recordar los horrores y las lecciones del holocausto sin justificar ni trivializar la violencia etnonacionalista, la limpieza étnica de palestinos y el genocidio contemporáneos. Lo más importante dentro de estas críticas fue un llamado creciente a ver el lugar del holocausto en la historia de manera diferente, como una historia que no trata solo sobre un episodio particular sino sobre la trayectoria última de corrientes políticas que mantienen su influencia hoy. Dwork describió estas críticas en curso de manera bastante concisa, diciéndole a Jacobin:

"Hay otros, demasiados otros, que ven el holocausto como si se tratara únicamente del asesinato de los judíos de Europa. Y si fuera un evento único, ¿cuál sería el punto de estudiarlo? No sería relevante para nada, así que creo que ese es un argumento sin salida."

Algunos académicos han comenzado a construir y defender nuevos paradigmas para sus departamentos. El profesor Barry Trachtenberg, de la Universidad Wake Forest, por ejemplo, me llamó la atención sobre la Red de Estudios Judíos Liberadores, compuesta por estudiantes y profesores que han comenzado a imaginar cómo puede ser el campo de los estudios judíos fuera del sionismo y otros paradigmas largamente establecidos.

Es importante destacar que, durante mis numerosas conversaciones, nadie describió los supuestos y orientaciones largamente dominantes dentro de los estudios del holocausto y el genocidio como malvados, ni los describió en términos exagerados. En cambio, estos académicos alentaron la emergencia del debate y la apertura a otras áreas de pensamiento. Los términos no sionista, postsionista y antisionista surgieron con frecuencia, al igual que formas de pensar que reclaman atención a genocidios anteriores y sistemas de opresión que a menudo se malinterpretan o nunca se discuten en absoluto.

Todas las personas con quienes hablé señalaron el profundo efecto de disuasión, su impacto negativo en los colegas y los enormes obstáculos sistémicos que están surgiendo para los académicos más jóvenes dispuestos a desafiar la ortodoxia. Pero también expresaron una nota de esperanza sobre el futuro de este campo de estudios y las perspectivas para el debate abierto. Su mensaje fue el de una resistencia democrática mediante el rigor académico y la libre indagación.

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