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14/09/2022 :: Mundo, Estado español

Los males que aquejan al movimiento de liberación saharaui: inmovilidad, perpetuación e ineficacia

x Salem Abdelhay
No estamos en condiciones de permitirnos luchas internas mientras estamos librando una guerra en todos los ámbitos contra nuestro enemigo común

Las razones y puntos de vista variaron y los intentos se repitieron, y cada vez que se frustran las esperanzas y se rompen los sueños, aparecen nuevas intenciones que no hacen sino fracasar por las mismas razones; mala praxis, errores de cálculo, planes improvisados y el mal desempeño de algunos responsables oportunistas que no escatiman en usar una lucha existencial para acaparar todo lo posible sin controles y sin escrúpulos religiosos ni morales, y en consecuencia poniendo trabas y apostando por el fracaso. Con el paso de los años, esta conducta impropia en la dirección del movimiento de liberación saharaui ha mermado considerablemente la unidad y es la culpable de la situación de desamparo y desesperanza reinantes, vaciando de contenido político e ideológico al grueso de la población: los jóvenes saharauis.

Ciertamente, sin duda alguna podemos afirmar desgraciadamente que la mayoría de los jóvenes, sobre todo de las nuevas generaciones, tienen arraigado en su mente y sentido común una imagen de algunas de las razones que nos llevaron a lo que somos ahora, las más destacadas de las cuales son comportamientos inmaduros y mentalidades estrechas practicadas por las autoridades, que provocaron recelos entre las nuevas generaciones jóvenes para participar en asuntos públicos debilitando su sentido de patriotismo, forzando así a que se preocupen de sí mismos empujándoles a buscar por todos los medios sus propios intereses y el modo de ganarse la vida, renunciando así al rearme ideológico juvenil que caracterizó al movimiento de liberación saharaui. Desde finales del siglo XX y principios del XXI, generaciones de saharauis, a excepción de algunas, fueron desheredadas políticamente a causa de toda esa reticencia e indiferencia forzada hacia los asuntos públicos y su tendencia a la salvación individual. Producto de una mezcla de indiferencia y hartazgo, se produjo una pérdida de confianza hacia liderazgo debido a las conductas irresponsables de unos y otros, lo que contradice la imagen que debieran tener como marco ejemplar y modelo a seguir para ellos propio de un cuadro político que tiene la enorme responsabilidad de liberar a su país, mayor aún teniendo en cuenta el decisivo momento que atraviesa.

No obstante, un pequeño balance histórico revela que ésta desviación revolucionaria, quizás espontánea e involuntaria, tuvo su pistoletazo de salida con el alto al fuego de 1991, que trajo consigo una confusión en las prioridades, feroces desavenencias internas y una nula conciencia y comprensión de la realidad por parte de ciudadano, especialmente del grupo de jóvenes, cuya pasividad en los asuntos públicos, el descuido de sus deberes y la aceptación del hecho consumado junto a una mentalidad materialista se fue acentuando en las pasadas décadas ante la falta de soluciones y oportunidades.

No podemos esperar menos si tenemos a parte del liderazgo de la vieja guardia obsesionado con el poder, e incluso su disposición abierta a renunciar a todo por eso, y la indiferencia pasmosa por parte de algunos en cuanto a lograr o no metas ante el acomodo que ofrece el estancamiento del conflicto, exabruptos verbales de altos responsables que dan munición mediática al enemigo, difamaciones injustificadas y motivadas por un tribalismo recalcitrante, así como el surgimiento de conflictos de acusación y condena, especialmente el intento de algunos de desacreditar a los líderes históricos que lucharon y se sacrificaron al servicio de la causa nacional a causa de no saber separar facetas y olvidar que todos trabajan por el mismo objetivo.

El efecto resultante de este vacío es el nacimiento de una mal encauzada toma de conciencia por parte del sector juvenil, a tenor de algunas de las manifestaciones que han comenzado a resurgir nuevamente; como el espíritu de egoísmo aparejado a un intento de acortar la responsabilidad y encontrar soluciones a los diversos problemas del estado saharaui anteponiendo el sagrado objetivo de la independencia por problemas de orden social. Dicha concienciación anómala tiene su combustible en el más puro individualismo, puesto que son legítimas preocupaciones que se les presentaban solo a ellos mismos, y lamentablemente la mayoría de ellos se movieron enérgicamente por sus propios intereses pretendiendo relevar a un segundo plano la lucha de la que emanan las demás luchas; la lucha por la soberanía e independencia de la República Saharaui. Mientras que otros se movieron por el deseo de llegar a posiciones determinadas aún si aquello supusiera la pérdida de toda dignidad y credibilidad. Hemos de admitir que la mala imagen proyectada por nuestros líderes ha calado en cierto sector juvenil que no repara en usar la lucha de su pueblo como trampolín profesional en un mundo donde todo es mercantilizado.

Dejando a un lado el rol que recae en los jóvenes, puedo afirmar que todos estamos de acuerdo (cualesquiera que sean nuestras inclinaciones políticas y diferentes puntos de vista en la gestión del conflicto) en que en tales momentos la función y misión primordial de todo nuestro pueblo debe ser evitar resbalones y caídas en conflictos que agrieten nuestra unidad en esta etapa, de la que estamos absolutamente necesitados, aunque igualmente se teme que si la situación siga como se ha descrito anteriormente, lo que es un escenario bastante probable, el problema se expandirá y las diferencias se multiplicarán, creando el caldo de cultivo perfecto para la rebeldía y la desobediencia, que nos puede llevar a desviarnos del camino de la única lucha que solucionaría todos nuestros problemas, que es la lucha contra la ocupación marroquí, siendo la principal causa de nuestra indecible situación como pueblo.

Y dadas las circunstancias políticas actuales que apuntan a una conspiración para imponer la autonomía marroquí en nuestro territorio, no estamos en condiciones de permitirnos luchas internas mientras estamos librando una guerra en todos los ámbitos contra nuestro enemigo común. La realidad reclama, con toda urgencia, tanto a líderes como a nuestra sociedad, unificar nuestro pensamiento y nuestros esfuerzos para enfrentar los nuevos desafíos existentes en una guerra asimétrica que se libra en un mundo cambiante, y que exige replantearse varios factores y ámbitos de lucha considerando la naturaleza de las múltiples amenazas en auge que se presentan en las ramas política, mediática, inteligencia y cibernética.

Tampoco se trata aquí de desmerecer al liderazgo, los líderes de la primera generación o la generación fundadora, fueron quienes auspiciaron y protegieron el nacimiento de la segunda y tercera generación, y así de manera concatenada en el seno de nuestro movimiento de liberación y de nuestra organización política, por lo que, pese a todo siguen siendo importantes y necesarios por su experiencia, conocimiento de los entresijos del conflicto y cada una de las etapas que ha superado nuestro pueblo. Dicha característica debe motivarles a liderar la actual etapa marcada por la profusión de nuevas amenazas de diversa índole contra la causa nacional y una orientación política ausente, requerida por dos razones principales; lo primero porque esta labor, que recae exclusivamente en ellos, es una de sus responsabilidades históricas básicas. Y lo segundo porque la mayoría de los líderes actuales fueron producto del cumplimiento estricto de esta tarea. Por lo tanto todos los dirigentes deben estar de acuerdo en la necesidad del relevo de la juventud en esta sensible etapa de nuestra historia nacional, por su papel clave en la unidad del pueblo y en la construcción del estado.

Para estar a la altura del desafío, serán necesarios mecanismos y leyes que garanticen la modernización y reforma del sistema político sobre la base de la cualificación, desempeño demostrado y objetivos logrados, rearme ideológico de la juventud a través de programas de sensibilización y fomentar su determinante participación política ya sea a través de cursos, seminarios y capacitación específica en el marco de una rehabilitación política. Permiténdoles así comprender la realidad de lo que está sucediendo, estar al tanto de los acontecimientos que nos rodean y de la actuación de nuestros responsables incluidos los altos cargos, así como comunicarse con aquellos jóvenes que reúnan las características o habilidades adecuadas y necesarias que posibiliten efectuar una acción influyente al servicio de los intereses del país en cualquiera de las ramas mencionadas anteriormente. No capitalizar la gran formación de jóvenes saharauis de la diáspora en las más variadas ramas supone renunciar a la vanguardia juvenil, un error de dimensiones bíblicas, como lo es pasar por alto aquellos que se han beneficiado de distintas becas y programas de intercambio internacionales promovidos por el gobierno saharaui, contradiciendo incluso la propia esencia de dichos acuerdos educativos. La concienciación política debe ser consensuada y enfatizada su importancia de que no se trata de meras sesiones culturales, manifestaciones esporádicas y acciones solidarias y humanitarias. Ésta debe ir más allá y conseguir acciones verdaderamente determinantes o que produzcan algún cambio político positivo. 

Por tanto, si nuestras intenciones y voluntad son sinceras en reformar, avanzar y partir con fuerza, debemos ser pastores y ovejas por igual, concordar en que se ha hecho necesario abordar con sabiduría, inteligencia y audacia la realidad, y tomar decisiones históricas y valientes a la altura de la etapa del regreso a la guerra. Exigir ceses y destituciones de responsables en los diversos órganos del movimiento y del estado saharaui siguiendo criterios de eficacia y eficiencia. El coraje para responsabilizarse de los errores cometidos, rendir cuentas y disculparse debidamente ante un pueblo digno y sufrido. Del mismo modo que la guerra ofrece a la comunidad internacional la oportunidad de redimir sus errores del pasado para con el Sáhara Occidental, gran parte del liderazgo saharaui debe considerar cesar antes de que sea demasiado tarde y se vuelva en su contra, allanando el camino a nuevos líderes adecuados y racionales, que velen por el interés nacional del pueblo saharaui por encima de todas las consideraciones como dicta la Constitución saharaui, y que constituyan un ejemplo para las nuevas generaciones de jóvenes y un orgullo para la sociedad en general. Todos los seguidores del conflicto esperan con ansias este relevo generacional que sin duda alguna genera muchas expectativas y cumple con una de las exigencias más sonadas: renovación de la imagen del Frente POLISARIO que ha quedado incrustada en el imaginario colectivo.

Finalmente, debemos precisar que no hay receta mágica ni truco rápido para la liberación en ausencia de una voluntad sincera, firme y sólida de los líderes y el pueblo en su conjunto, especialmente las nuevas generaciones para acortar el camino hacia la victoria. Es importante recalcar que la voluntad, la constancia y la paciencia son elementos que pueden lograr lo anhelado, la culpa no está en lo que hayamos alcanzado, sino que seguimos moviéndonos, caminando al azar en un vacío mortalmente aburrido, es decir, la causa se mueve, pero no en la dirección correcta. Cambiar la situación comienza con cambiar las mentes de aquellos que han sido afligidas por la enfermedad del engaño compulsivo, la grandeza y ostentación, el sentimiento de superioridad por razones jerárquicas o tribalistas, y cada uno de nosotros debe pensar y actuar como ciudadano de un país militarmente ocupado y no como espectador.

Ecsaharaui

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