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Argentina :: 28/03/2006

Los ecos del 24

Daniel Campione - La Haine
Quizás a algunos ministros, cuya carrera política no se nutrió precisamente en el movimiento de derechos humanos sino en el duhaldismo (un Fernández) o en el cavallismo (el otro Fernández), les moleste precisamente la magnitud de la marcha y que no fueron por cierto expresiones pro-gubernamentales las predominantes en la misma

La del 24 de marzo fue una marcha excepcional. Por la cantidad de convocados, por los muchísimos que asistieron no encuadrados (lo que casi todo el mundo se encargó de destacar), y los también muchísimos que lo hicieron encolumnados con diversas organizaciones, incluyendo sindicatos, organizaciones estudiantiles y partidos políticos de izquierda (lo que casi nadie creyó oportuno señalar), por la claridad de las consignas básicas. Una manifestación cuya magnitud y diversidad no podría ser emulada hoy por el propio gobierno, como bien recordó desde Página 12 Mario Wainfeld al día siguiente, por más que aquél rebose de encuestas favorables y haya obtenido un claro triunfo electoral en los comicios del año pasado.

Que el documento leído en la Plaza sea muy extenso y quizás concentre demasiados temas, es algo que ha ocurrido con frecuencia los 24 de marzo. Que la acumulación de denuncias y críticas haga difícil discernir el reconocimiento a algunas acciones gubernamentales positivas, también es habitual. La incomodidad primero, la reacción negativa de Madres y Abuelas ante su lectura, reconoció variadas razones, algunas tan circunstanciales como la presión de los militantes oficialistas en contra de ciertas manifestaciones del documento. Otras más de fondo, como la creciente cercanía de Abuelas y algunos otros organismos con el gobierno actual, lo que por cierto no debería calificar ni mucho menos des-calificar su trayectoria de décadas de lucha.

De ahí a descubrir arteras conspiraciones de parte de la "izquierda siniestra" hay una distancia importantísima; que ministros del gobierno cuya carrera política no se nutrió precisamente en el movimiento de derechos humanos sino en el duhaldismo (un Fernández) o en el cavallismo (el otro Fernández), no dudaron en saltar con aire de paladines de Madres y Abuelas. Quizás les moleste precisamente la magnitud de la marcha y que no fueron por cierto expresiones pro-gubernamentales las predominantes en la misma. Los medios, por su parte, se hicieron un festín desde la primer mueca de disgusto de Estela de Carlotto en adelante, para ponerla al servicio de descalificar a "grupúsculos" que, sea lo que fuere que se piensa de ellos, convocaron decenas de miles de personas (y no dos mil o tres mil como algún aventurado afirmó) a la Plaza. A la hora de "macartear" a sectores sociales y políticos contestatarios, también los grandes grupos de la comunicación se vuelven abanderados de la reivindicación de los desaparecidos, con un oportunismo que linda con lo repulsivo.

Sería hora de apartar mezquindades y valorar la importancia del acto, la claridad de las consignas comunes, lo masivo y entusiasta de la concurrencia, tanto "espontánea" como organizada (y basta con ese "cualunquismo" de fondo reaccionario que sólo valora la acción individual e "independiente") y en todo caso poner en debate el tema más serio en cuestión: El de si no es necesario articular una reivindicación universal de los DD.HH en el pasado, tanto en el presente como en el futuro, y si ésta no debería abarcar necesariamente todo tipo de violencias y represiones, las físicas y las morales, las materiales y las simbólicas, las producidas por las acciones directas del aparato estatal, y las generadas por la pobreza y la opresión.

Fuente: La Haine

 

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