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31/05/2008 :: Argentina

Los Kirchner pagan rescate

x Jorge Altamira
El conflicto agrario estalló como resultado de una crisis general del ?modelo productivo?, lo que equivale a plantear una crisis de régimen

Toda la gran burguesía se movilizó, en la última semana, para “reabrir el diálogo” entre las entidades patronales agrarias y el gobierno; el jueves 22, a la noche, todo volvía, sin embargo, a punto cero. Las centrales empresarias y la Bolsa habían emplazado al gobierno con la consigna de que no hay “acuerdo social” sin el “campo”, y lo hicieron con las entidades patronales del agro para que se sienten de nuevo a negociar. A esta altura, los del ‘campo’ ya sabían que un arreglo pasaría por el mantenimiento de las retenciones móviles aunque con tasas inferiores, como aconsejó el encargado de temas campestres de Clarín hace un tiempo.

Clarín mismo encabezó la ofensiva mediática para forzar las negociaciones, en un operativo indisimulado que, obviamente, no mereció objeciones de los ‘intelectuales’ del kirchnerismo, como Feinman, Tarcus o Verbitsky, y mucho menos del ‘mirón de medios’ Federico Schuster, decano de Ciencias Sociales. De la mano de Clarín se arrimó su custodia espiritual - el Episcopado. En el complot para levantar el ‘paro agrario’ se anotaron la Sociedad Rural y Coninagro, que se reunieron en se-cre-to con la Iglesia para arrimar a las ‘entidades’ al planteo que combinaron Cristina Kirchner con las centrales empresarias y la Bolsa.

¿Por qué se derrumbó todo esto en la noche del jueves? Porque como lo demostró hasta ahora toda esta pelea, el desenlace está condicionado a la fuerza que exhiban los campos en pugna. El gobierno pretendió imponer su temario de una negociación prolongada para debilitar la concentración ruralista prevista para el domingo 25 en Rosario; logró lo contrario. Antes había ‘planchado’ el dólar y levantado la cotización de los bonos para frenar una corrida, pero esencialmente para levantar las acciones de los bancos, que se habían ido a pique como consecuencia de la desvalorización de los títulos públicos que pueblan sus patrimonios. De todos modos, el kirchnerismo sufre la presión de fondo del derrumbe del ‘modelo productivo’ - que se manifiesta en la inflación, los tarifazos en marcha y la falta de inversiones. En estas condiciones necesita mantener la mayor parte de la recaudación por retenciones.

Esta crispada pelea entre intereses capitalistas no debe ocultar sus lazos recíprocos. Rosario va a ser el epicentro de la intereses sojeros a igual título que Salta, que los Romero y los Urtubey han convertido en la provincia de mayor expansión del grano, a costa de expulsiones de indígenas y criollos de sus tierras, y de una inhumana demolición ambiental.

Chacareros y Fideicomisos

La solución que se complota para el ‘campo’ podría ser aceptada por los Fideicomisos Agrícolas o Pools de Siembra, que nunca dejaron de operar en los llamados mercados de futuro, aunque no de Rosario y Buenos Aires sino de Chicago. Esos Fondos agrofinancieros ganan por la escala de su producción y por su capacidad de negociar precios por lo que insumen como por lo que venden, pero por sobre todo por su manejo de los mercados de futuros. La rentabilidad del negocio sojero está afectada secundariamente por el sistema de retenciones, por la sencilla razón de que ha dejado de depender de los costos de producción y hasta del mercado granario comercial, para quedar totalmente subordinada al mercado financiero internacional, que tiene en su poder la mayor parte del stock mundial.

El diario The Wall Street Journal del viernes 23 ilustra muy bien este punto, en relación al petróleo: “Los productores que hace tiempo alcanzaron acuerdos para vender su petróleo en años futuros”, dice, “se están viendo forzados a aceptar precios de hasta la mitad de lo que vale hoy en el mercado. Algunas empresas”, continúa el diario, “están dejando sin efecto algunos de estos compromisos al recomprar los contratos a un precio más alto del que los vendieron.”

Un acuerdo separado sobre la soja, por otra parte, dejaría colgados del pincel a otros sectores que, como la leche, la carne, la apicultura, el algodón, la yerba o el trigo, tienen como protagonistas a pequeños capitalistas e incluso a chacareros familiares. Se ha denunciado hasta el hartazgo que los precios máximos impuestos por el centinela Moreno en estos rubros han beneficiado descaradamente a los pulpos de la industria de alimentos y a los supermercados. Los chacareros o productores de estos rubros se suman a la movilización agraria con la expectativa de encontrar una salida que no ocupa el lugar de la soja en el temario.

Pero el pato más grande de la boda será el consumidor, puesto que la patronal sojera en su conjunto se sigue beneficiando con el alza internacional del ‘yuyo’. Ocurre que una reducción de hasta 40 puntos en las retenciones máximas que se habían establecido (de 95% a 50% para una cotización arriba de 600 dólares la tonelada de soja), significará mayores precios para los alimentos. Por el efecto de la mayor sojización y de un precio mayor para la tierra y los insumos, determinará un alza de todos los rubros fundamentales de la canasta familiar.

Una disminución de retenciones a la exportación es el equivalente a un aumento de los impuestos al consumo. Es quizás porque anticipa una mayor carestía que, en los últimos días, Kirchner dejó de atizar la corrida al dólar como lo había hecho con la declaración, hace un mes, de que buscaría un nuevo canje de la deuda pública. De todos modos, una presión por la valorización del peso debería ocurrir de cualquier modo ya que junio-agosto es un período de ingreso de divisas por la liquidación de exportaciones. El Banco Central recuperará con comodidad los dólares que hoy está vendiendo. El problema que tendrá con esto es que el llamado ‘modelo productivo’ solamente funciona con un peso desvalorizado.

Lo mejor recién empieza

Recién ahora, sin embargo, viene ‘lo más lindo’ de la crisis abierta por el campo. Porque lo que distingue a los reclamos agrarios es, por un lado, que su protagonista más notorio son los chacareros capitalistas, a los que la soja les ha abierto posibilidades impensadas de acumulación de capital; el alza de los precios de la soja tiene ya siete años, un tiempo suficiente para darle aire a una burguesía agraria. El frente único de fondos agrofinancieros, terratenientes y chacareros capitalistas ha alumbrado un movimiento popular, o sea que incluye a diversas clases sociales, desde la no propietarias a la pequeña burguesía de los pueblos del interior de todas las provincias - de la región pampeana hacia el norte.

Se ha desarrollado al interior del país un movimiento pluriclasista, algo parecido a lo que ocurre en el plano internacional con los movimientos populares masivos de características nacionalistas que defienden una mayor participación de sus países en el reparto del ingreso mundial. Pero mientras que en el ejemplo internacional la cuenta que favorece al país emergente la paga el consumidor del país que retrocede en el reparto (los automovilistas, por caso, pagan la cuenta del petróleo), la factura de los reclamos capitalistas del campo la pagarán los consumidores argentinos; el movimiento agrario no es, por lo tanto, un movimiento nacional sino, en una gran medida, debido a su dirección y reclamos capitalistas, un movimiento popular no nacional o anti-nacional.

Hay otra analogía, sin embargo, internacional que es todavía más pertinente: así como el mayor ingreso que reciben los países que pelean por su mayor participación en la torta mundial queda en manos de las clases capitalistas de esos países (por ejemplo, la ‘burguesía nacional’ de Kirchner o la ‘boliburguesía de Chávez), el mayor ingreso que recibe la patronal capitalista del campo tampoco se ‘redistribuye’ entre todos por igual: se ‘desparrama’, sí, en los pueblos pero de una manera peculiar, típicamente capitalista - con un crecimiento de la especulación inmobiliaria, la hotelería, el juego y el turismo, o sea con un empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de las capas obreras y más pobres de los pueblos. En Pergamino, para dar un ejemplo, el ‘paro del campo’ provocó el parate de la construcción inmobiliaria vinculada a los fondos financieros. Una gran parte de la renta agraria ni siquiera queda en el país porque la recaudan los fondos de inversiones que reportan al exterior.

El rescate del gobierno “sin resto”, que han armado las centrales empresarias y la Bolsa, implica entonces, por un lado, un perjuicio para los reclamos de la patronal chacarera, y la posibilidad por lo tanto de una ruptura del frente agrario. Pero en este caso, esos chacareros pierden algo más que ‘un aliado’ - pierden un programa, la eliminación de los aumentos a las retenciones, que han tomado como el único punto de la pelea y la base del frente agrario. Si los chacareros pretenden seguir el movimiento, o sea seguir guardando la cosecha de soja hasta recibir el precio que pretenden, deberán chocar abiertamente con los exportadores, los ‘pools’ agrarios y los grandes propietarios de tierra. También deberán bancar el costo económico que les ha representado la postergación de la venta del grano por el ‘paro’. No es casual que recién ahora los autoconvocados que insistan con un olvidado proyecto de ley que prolonga a cinco años la duración mínima de los arrendamientos (pero que no figura entre los reclamos), en oposición a los plazos cortos que prefieren los Fondos Financieros que organizan ‘pools de siembra.

La concentración popular convocada para el 25 de Mayo en Rosario no dejará de reflejar estos conflictos, aunque todo esta diseñado para disimularlos - y aun más luego del portazo del jueves por la noche. Miguens, de la Rural, ya ha anticipado que no se baja del reclamo de la suspensión del aumento de las retenciones - lo que probablemente mantenga hasta que termine el acto. La dirección capitalista y la alianza con el capital financiero llevan al movimiento agrario a un impasse.

En oposición al planteo de retirar las retenciones y castigar a los consumidores con mayores precios, planteamos: nacionalización del comercio exterior, de los puertos privados y privatizados; nacionalización de la gran propiedad agraria y poblamiento del campo mediante arrendamientos a cargo del estado en función de un plan económico de conjunto; salario igual a la canasta familiar para los trabajadores de la ciudad y del campo; control popular de precios y tarifas, reabrir las paritarias; abajo el rescate de los privatizadores; abajo lo tarifazos; nacionalizar el petróleo y los monopolios de la energía; abajo las operaciones fraudulentas con Repsol, Metrogas, Aerolíneas y el sistema de transporte; cárcel a los chorros de Skanska; reorganizar la economía nacional bajo la dirección y gestión de los trabajadores.

Los Kirchner empezaron a pagar

Pero el gobierno es que deberá pagar más - por su rescate; será la factura del “bicentenario”. Con su llamado a la “concordia”, los banqueros se pusieron de acuerdo con Redrado, del Banco Central, para poner fin al “golpe de mercado” que ella misma había desatado con el propósito de apretar al gobierno y obtener la recompra de los títulos públicos (¡en especial los que se ajustan por CER, cuya cotización había aumentado considerablemente hasta el jueves).

Los motivos de los capitalistas que han impuesto el “diálogo” los explica el diario Crítica el martes reciente. El “paquete” de medidas que ellos ya colgaron en la agenda del “acuerdo social”, o del “bicentenario”, incluye un blanqueo impositivo para los capitales que fugaron del país, mayores tarifas para los servicios, nuevos subsidios para la “inversión” y cambios en el “mundo del trabajo”. En este caso, se trata de la modificación en la ley de las ART, para limitar resarcimientos de los trabajadores que sufren accidentes en los juicios civiles. El viernes, Bonelli agregó en Clarín un dato más: el ajuste de los salarios en función de una inflación decreciente, que sería calculada en el presupuesto nacional.

No sorprende entonces que entre los “componedores” se encuentre el presidente de la UIA, Luis Pagani, de Arcor, jefe del lobby más concentrado de la patronal exportadora, o Techint. A ese tropel, se sumó un empresario impensado: Héctor Magnetto, del grupo Clarín, que venía soportando todas las formas del escarnio oficial. El hombre del multimedios también pasó su factura (La Nación, 19/5). Magnetto logró retirar de la agenda del “bicentenario” las discusiones en curso sobre la Ley de Radiodifusión. ¿Denunciarán los ideólogos del Observatorio de Medios de la facultad de Sociales este nuevo contubernio?

Detrás de la ‘flexibilización’ a las retenciones al campo, la patronal petrolera también cargó lo suyo: un continuo aumento del precio de las naftas; el cese de la importación de gas oil a cargo de ellas; un aumento del precio del gas; y un régimen de devolución de retenciones. Los empresarios “privados” ampliarían sus refinerías con la plata del estado.

Como prueba de buena fe, el gobierno ya está pagando anticipos jugosos por la factura que le pasa el frente patronal. Acaba de aumentarle un 10% el precio interno del crudo que reconoce a las petroleras. Las tarifas aéreas tuvieron su segundo aumento del 18% en pocos días. En este caso, para que el vaciamiento de Aerolíneas a manos del grupo Marsans termine siendo solventado por los usuarios.

A la luz de este panorama, es casi gracioso escuchar a quienes dicen que, después del “acuerdo con el campo”, viene la “lucha contra la inflación”. Las concesiones al campo, por un lado, y las liberaciones de tarifas, por el otro, echan más leña al fuego de la carestía. “Para terminar con la inflación, vamos a tener que pasar primero por una mayor inflación”, se sinceró un economista “neoliberal”. La ‘estabilización de los precios’, con medidas brutales contra el consumo, requiere primero rebanar los ingresos de los consumidores por medio de la inflación. Incluso en el frente internacional han comenzado las críticas a Ben Bernake, el presidente de la FED norteamericano, a quien adjudican la disparada de los precios de las materias primas por haber bajado las tasas de interés y la devaluación del dólar.

El frente patronal parece muy unido a la hora de reclamar prebendas, pero las cosas cambian después de esto. Un sector quiere acompañar la “liberación de precios” con una mayor devaluación de la moneda, en beneficio de la patronal exportadora, pero esto obligaría a canjear (o dolarizar) la deuda pública que se ajusta por inflación. Otros, por el contrario quieren salir del paso con una revaluación de la moneda y un “enfriamiento” de la economía, que serviría para pelear contra los trabajadores con el arma de los despidos masivos y la desocupación.

La crisis ha demolido al gobierno nacional, políticamente: lo prueba la caída de la Presidenta en las encuestas; las divisiones entre los gobernadores y con la ‘concertación plural’; las renuncias de los ministros de Economía; y hasta el reñidero que se ha armado en el pejotismo [del PJ, Partido justicialista de los Kirchner] porteño, nada menos que contra el jefe de gabinete.

Transición

La factura principal que deberá pagar el gobierno es, entonces, política, pues ha perdido capacidad de arbitraje frente a los capitalistas. Ha tenido que entregar una enorme parte de la caja fiscal - como las retenciones para la soja, el petróleo y, probablemente, la minería. Fue electo hace cinco meses, pero la pueblada del campo lo ha obligado a resignar poder y a echar lastre. El gabinete está fracturado.

El conflicto agrario estalló como resultado de una crisis general del “modelo productivo”, lo que equivale a plantear una crisis de régimen.

Se ha iniciado en Argentina una nueva una transición, de carácter general que afecta a todas las clases y movimientos sociales y a todas las fuerzas políticas. Todas las clases sociales, todas las centrales sindicales y todos los partidos, incluida la izquierda, han sido fracturadas por la crisis, lo que muestra su agotamiento. Dentro de los sindicatos asistimos a nuevos reagrupamientos de fuerzas y al desarrollo de una nueva generación de activistas; lo mismo ocurre en el movimiento estudiantil y en todos los movimientos populares.

Un abogado de la patronal, Funes de Rojas, acaba de escribir en Ambito, entre un afán de extorsión a la burocracia sindical y un deseo de canalizar el movimiento, que la juventud obrera se insurge contra las direcciones de los sindicatos. Con todas sus limitaciones y con independencia de su contenido capitalista, el movimiento agrario ha servido para estimular la movilización social y política en el campo y en los pueblos agrarios - o sea la premisa de una próxima diferenciación.

¿Un partido del campo? Si nos guiamos por lo que ocurre en Brasil, quizás tengamos mayores bancadas de latifundistas y agentes de los Fideicomisos, formando bloques propios dentro de los partidos y coaliciones existentes, y votando luego por encima de las ‘fidelidades’ partidarias.

Argenpress

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