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Argentina :: 05/02/2006

Mala leche ¿hasta cuando, Sr. Tasselli?

Fernando Paolella
La Guardia de Infantería y la Montada bonaerense reprimieron a los trabajadores de la ex empresa láctea Gándara, quienes al borde de la desesperación a causa de no cobrar sus salarios hace cuatro meses, cortaron la Autovía 2 a la altura del KM 103.

La empresa lechera de 109 años de antigüedad, se convirtió en una víctima más del vaciador pingüinero Sergio Taselli [empresario, propietario de Lácteos del Sur], el mismo de TBA y las minas de Río Turbio, quien luego de comprarla por 1 euro, se propone aplicarle el amargo medicamento de otras entidades que pasaron por sus manos. A las 12:08 del martes 31 de enero, las cámaras de América 24 mostraron el inmenso operativo disuasorio, colofón de 3 horas de máxima tensión.

Mientras gran parte de la corporación mediática festejaba a esa hora la liberación de la ruta, plagada de automóviles a causa del recambio turístico, la tristeza y la desazón de los trabajadores burlados partían el alma. "Este tipo nunca la quiso poner a laburar a Gándara", declaraba casi en lágrimas uno de ellos. Resultó significativo que en el reclamo se hicieron presentes pobladores de Chascomús, sumamente preocupados por el futuro luego de la paralización y la desidia.

En medio del escenario bufonesco de las encuestas compradas, que dan como recuperada la confianza popular al gobierno kirchnerista, su ladero Solá [gobernador de la provincia de Buenos Aires] utiliza la represión para dirimir acuciantes conflictos laborales como este. Cuando esto sucedía, se anunciaba que según versiones vertidas por el ministro de Trabajo Tomada, el empleo formal había subido un 9,7% durante 2005.

Pintarse la cara color esperanza

Diego Torres cantaba esto mientras Argentina ardía en las jornadas sangrientas de diciembre de 2001, justo cuando los pilotos de la Fuerza Aérea habían sido puestos en estado de alerta gracias al delirio de Antonito. Si el país formal sigue entonando esto, mientras sale en cámara veraniega, el real que no puede acceder a las bondades de Giordano en Punta del Este sigue mirando esto con estupefacción.

Lentamente, se diluye el impacto del megarobo y lo sucedido con Lácteos del Sur es una postal vívida de la desidia de una corporación decadente. En un país bifronte, donde se miente endémicamente, las balas de goma, los gases lacrimógenos y los palos son emergentes decisorios cuando se le escapa al diálogo.

Es la típica respuesta de un Estado ausente, que no apareció desde hace cuatro meses, frente al reclamo urgente de una gente que no se resigna a formar parte de una estadística. La de los desaparecidos en vida, que continúan engrosando las listas de los desocupados.

"Se reprime a gente que pide que se le pague su sueldo, mientras tipos como d’Elía [líder piquetero oficialista] son funcionarios", declaró una oyente a la emisora Energy 26. Por lo visto, en este verano caliente sigue llorando la Biblia junto al calefón.

Tribuna de Periodistas

 

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