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Argentina :: 10/04/2007

Maniobra K para lavar su responsabilidad en la represión a la protesta social

Prensa de Frente
El asesinato salvaje de Carlos Fuentealba, en el año electoral, desató un patético estallido de actitudes oportunistas desde toda la dirigencia de la superestructura partidaria.

También desde las distintas variantes de la burocracia sindical, sobre todo la que debiera estar más directamente comprometida con los conflictos docentes. Pero un hecho que muchos quisieron presentar como "histórico", el del encuentro con documento conjunto incluido de los secretarios generales de la CTA [central sindical socialdemócrata] y de la CGT [central sindical oficialista], Hugo Yasky y Hugo Moyano, pinta como ninguno la hipocresía de las superestructuras y desnuda hasta qué punto el kirchnerismo tiene cola de paja a la hora de dirimir responsabilidades sobre el sentido político de lo que pasó en Neuquén.

Lo primero que cabría aclarar respecto de la reunión de los Hugos, antes de valoraciones o interpretaciones políticas más elaboradas, es que estuvo lejos de representar un encuentro entre la CTA y la CGT. Con distintos niveles de fortaleza relativa dentro de sus centrales, ni Moyano ni Yasky tienen en ellas liderazgos indiscutidos ni recurren a ejercicios de democracia interna a la búsqueda de mandatos con consenso mayoritario. Los dos expresan parcialidades; más concretamente, representan a los sectores de cada central ligados al gobierno de Néstor Kirchner.

A esta hora, es casi un secreto a voces que la idea del encuentro del viernes fue generada en la Casa Rosada, con la clara intención de fabricar a través del acuerdo entre los dos secretarios generales una "conducción" que acote, ponga diques, al proceso de movilizaciones y crecimiento de la protesta social desencadenado por la generalizada indignación frente al nuevo ejemplo de violencia institucional contra las luchas populares.

Los relatos más oficiales sobre la preparación del encuentro hablan de una invitación de Yasky a Moyano, relato al que da crédito el sector oficialista de la CTA que mantiene un perfil más opositor respecto del gobierno -sector que se referencia en Víctor De Gennaro- para hacer conocer su enojo con Yasky. "Lo tendría que haber recibido en la sede de la CTA, y no en la de Ctera; así no hizo más que bancarle a Moyano su rechazo de siempre a reconocer a la CTA como central", cuestionaban desde este sector apenas se enteraron de la reunión.

Desde las mismas fuentes, se denunciaba que "Yasky necesita juntarse con Moyano para buscar el paraguas que le empieza a faltar en su propio gremio; cada vez hay más sindicatos de base en los que las agrupaciones de izquierda tienen más fuerza, y la conducción de la lista Celeste está cada vez más puesta en cuestión".

Los cuestionadores de la conducción nacional de Ctera tienen entre sus puntales a ATEN, el sindicato de base de Neuquén, a la Asamblea Provincial Docente de Salta y a la Asociación Docente de Santa Cruz, precisamente tres de las organizaciones de maestros que protagonizan los conflictos reivindicativos más fuertes de estas semanas, y los que sufrieron más y más duras represalias. Esas represalias fueron represiones abiertas en Neuquén y en Salta. En Santa Cruz, se expresaron en una serie de aprietes e intimidaciones, como el lanzamiento de una bomba molotov en el gimnasio del colegio en el que se realizaba un festival de solidaridad con los maestros en lucha, y también en el método de la "saturación" de efectivos de seguridad -en este caso a través de la ocupación de las escuelas por tropas de Gendarmería- que con tanto entusiasmo pregona el ministro del Interior Aníbal Fernández. Todas estas represalias santacruceñas tuvieron como hito la patoteada pública del propio presidente Kirchner contra los maestros de su provincia.

Parece poco probable, en todo caso, que el encuentro entre Yasky y Moyano, el patético paro para almorzar dispuesto por la CGT y los acuerdos operativos establecidos entre el secretario general de la CTA y el ministro Fernández eviten que en las marchas y movilizaciones de todo el país, el repudio al asesinato de Fuentealba tenga como destinatario sólo Jorge Sobisch, y no contemple también el marco para la represión que construyó el gobierno nacional.

 

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