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10/04/2013 :: Argentina, Pensamiento

Mazzeo: "¿Y la izquierda qué? Diez años de Kirchnerismo"

x Hugo Montero y Martín Azcurra
Entrevista con Miguel Mazzeo :: "Podemos identificar dos ejes ideológicos y estratégicos muy extensos: el neopopulismo y el neodesarrollismo"

Versión completa de la entrevista realizada a Miguel Mazzeo (1) por Hugo Montero y Martín Azcurra para la Revista Sudestada (Buenos Aires, Argentina). Fragmentos de la misma fueron publicados en los números 115 y 117 correspondientes a los meses diciembre de 2012 y abril de 2013, con el título: “¿Y la izquierda qué? Diez años de Kirchnerismo”, junto a Mazzeo, opinan otros 11 intelectuales y militantes de izquierda.

1) ¿Sobre qué ejes ideológicos y estratégicos se sostiene hoy el proyecto de los Kirchner, próximo a cumplir una década de gobierno?

Podemos identificar dos ejes ideológicos y estratégicos muy extensos: el neopopulismo y el neodesarrollismo. Ambos operan como estrategia e ideología de aquellos sectores que se proponen intermediar políticamente entre el orden interno y el orden mundial, entre las clases dominantes y las clases subalternas y oprimidas, a partir de un rol activo en la administración del capitalismo y a partir de la consolidación de una presencia estatal importante, al tiempo que bloquean toda confrontación abierta con los grupos monopólicos (locales y transnacionales) y toda tendencia a la democratización real del poder.

Son ejes que, por otra parte, han demostrado tener una gran capacidad hegemónica. Las imágenes colectivas que promueven conforman una intersubjetividad legitimadora del poder de las clases dominantes, conforman una forma sutil de colonización de los imaginarios plebeyo-populares a través de discursos que apelan a la producción, el crecimiento económico, la sustitución de importaciones, la unidad nacional, la redistribución del ingreso, etc. La estrategia kirchnerista parte de un recorte de la tradición nacional-popular, selecciona elementos de la misma que son pensados y procesados desde arriba, sin asumir cuestionamientos sistémicos.

Su límite orgánico está dado por su incapacidad a la hora de superar el orden capitalista periférico, por expresar un consenso corporativo más que un compromiso con la emancipación de las clases subalternas y oprimidas de la nación, en fin, su límite orgánico está dado por el fetiche del “desarrollo capitalista nacional”.

2) ¿Qué paradigmas de la política argentina fueron alterados durante esta gestión de casi una década y cuáles otros se mantienen vigentes? ¿Sobresalen las continuidades o las rupturas en comparación con las gestiones anteriores?

Hay continuidades y rupturas en relación al orden neoliberal establecido por la última dictadura militar y profundizado por los gobiernos posteriores, fundamentalmente en los 90. A partir de 2003 se perfila una matriz económica menos basada en la acumulación financiera y más basada en el sector “productivo” pero que ha profundizado la extranjerización y la re-primarización de la economía. Ciertos cambios en el contexto internacional potenciaron esta reorientación.

La ruptura más importante –considero– tiene que ver con el desarrollo de una estrategia política tendiente a generar consenso en torno a elementos “positivos” y a la reactivación de dispositivos típicos de la predictadura como la idea de la industrialización y el desarrollo del mercado interno, el Estado interventor-benefactor, los sindicatos corporativos y las organizaciones de masas con capacidad de movilización (en realidad: susceptibles de ser movilizadas desde el Estado). Creo que, a diferencia de los 90, estamos frente a un proyecto que trabaja para dotar de legitimidad política y social al proceso de acumulación de capital.

En relación a la idea de la “recuperación de la política” a partir de 2003, creo que la politización auspiciada por el kirchnerismo es, sin dudas, una respuesta (parcial) a la despolitización neoliberal, pero también es una respuesta a la politización en sentido emancipador de 2001.

En sentido estricto, y en contra de la retórica y el folklore oficialista, la militancia juvenil kirchnerista me parece más heredera de la “Coordinadora” Radical (2) de los 80, que de la generación revolucionaria del 70. Está en continuidad con los procesos de “electoralización” y “clientelización” de las clases subalternas iniciado en 1983. 

3) Gran parte de los sectores que se han sumado al modelo de gestión, si bien reconocen defectos y fallas, afirman que “no hay nada a la izquierda” de este gobierno. ¿Qué reflexión le merece esa apreciación?

Algunos de los que sostienen que “no hay nada a la izquierda” de este gobierno expresan el punto de vista de aquellos sectores que no desean salirse de la entropía burguesa, sectores que, en realidad, no quieren asumir abiertamente sus perspectivas conservadoras y su condición de sujetos satisfechos. En realidad: quieren que no exista nada a la izquierda del kirchnerismo. Están también aquellos que creen que es más eficaz inyectarle un poco mística y épica a un populismo remozado que constituir una fuerza transformadora. En lugar de militar en la refundación de un proyecto socialista, en lugar de encarar la construcción de las herramientas emancipatorias necesarias y de ampliar el campo de demanda frente al Estado, prefieren avalar las políticas “progresistas” del Estado.

En general, los que dicen que “no hay nada a la izquierda del gobierno”, asumen una concepción puramente estatal de la política, una concepción de la política como gestión “progresista” de lo dado. Por lo general olvidan que las clases dominantes pueden conceder espacios que no son estratégicos para su reproducción. En otros casos, esta apreciación de que a la izquierda del kirchnerismo sólo nos espera el abismo o la quimera, puede ser expresión del posibilismo, la resignación, la “fatiga militante” o la falta de confianza en el pueblo de algunas franjas del activismo político y de algunos intelectuales.

4) ¿Por qué la izquierda orgánica o dispersa no ha sabido/ no ha podido articular una alternativa real y visible durante los diez años de kirchnerismo?

La izquierda orgánica, en líneas generales, es una izquierda “vieja”. Una izquierda que no ha actualizado sus saberes teóricos y sus prácticas. Una izquierda que se niega a revisar sus certezas, agendas y proyectos y que sigue aferrada a las determinaciones desde arriba y al elitismo. Frente al kirchnerismo se aferró las viejas certezas, al dogmatismo y al purismo; al tiempo que mantuvo sus históricas incapacidades a la hora de construir, desde abajo, un proyecto de nación y de articular la fuerza social que lo realice.

La izquierda “dispersa”, en general, expresa a una nueva izquierda que recién ha dado sus primeros pasos. Creo que existen espacios con un gran potencial político emancipatorio y con capacidad de formular proyectos universalizables y con arraigo, colectivos dispuestos a adquirir una identidad en la praxis y no en disputas de aparatos. Pero considero que para no malograrse tempranamente estos espacios tendrán que liberarse de algunas taras, entre otras: el minimalismo con su exaltación del presente, el corporativismo con su absolutización de lo particular y de la contradicción singular, el sectarismo social y/o político. También tendrán que superar ciertas dificultades para articular las reivindicaciones sectoriales con un proyecto político.

En muchos de los espacios y colectivos de esta “nueva-nueva izquierda”, podemos percibir cierto rechazo por las praxis más específicamente políticas. Este rechazo inhibe su proyección en un plano más universal, anula sus chances de disputar la hegemonía burguesa en la sociedad civil y los desdibuja como alternativa frente al kirchnerismo.

En el otro extremo, el riesgo es caer en la política de superestructuras, en el politicismo y en el tacticismo que promueven las alianzas efímeras con aparatos sectarios o con las versiones alternativas (intrasistémicas) del neopopulismo y el neodesarrollismo.

5) ¿Sobre qué ejes debería la izquierda plantear un modelo de alternativa al gobierno? ¿Lo ve factible en el corto o mediano plazo?

Entre otros posibles, señalo algunos muy generales: a) el cuestionamiento a fondo de las estructuras neocoloniales y la erradicación de sus mecanismos de transferencia de plusvalor, b) la puesta en marcha de programas y acciones de desmercantilización y de avance del poder popular; c) el desarrollo de una conciencia nacional-popular en términos no populistas, es decir: en términos que no sean condescendientes con el capitalismo, d) la construcción colectiva de un proyecto emancipador de las clases subalternas, del pueblo oprimido “en la nación”.

Sin dudas lo veo factible en el corto plazo. Es decir, creo que hay condiciones para proponer un modelo alternativo y para sumar subjetividades revolucionarias y militancia en torno a él. Ahora, una vez planteado, habrá que comenzar a dar los pasos más adecuados en pos de su concreción. Pasos sólidos, fruto de decisiones colectivas, de procesos de auto-educación.

Finalmente, creo que un modelo alterativo al del gobierno debe asumir sin eufemismos la resignificación del proyecto socialista. Un proyecto que deberá ajustar sus cuentas pendientes con las experiencias, dizque socialistas, del siglo XX. El socialismo tiene que ser algo bien diferente a las reformas modernizadoras –y “desde arriba”–, típicas del siglo XX.

El proyecto socialista deberá enraizarse en la tradición nacional-popular. Lo que no quiere decir que la propuesta socialista tenga que proyectarse desde el terreno del populismo (una “tesis” característica de algunos sectores que se autodenominan “nacionalistas revolucionarios” o de “izquierda nacional” y que participan “críticamente” del proyecto kirchnerista). Todo lo contrario. Lo nacional-popular sólo puede realizarse plenamente en el marco del proyecto socialista, es decir: en el marco de movimiento de avance hacia el socialismo. Por lo tanto, no podemos librarnos de la disputa con el populismo y el neodesarollismo, una disputa político-cultural por el sentido de lo nacional-popular.


Notas

1. Escritor. Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Militante del Frente Popular Darío Santillán (Corriente Nacional).

2. Se refiere a la Junta Coordinadora Nacional, organización con un perfil político de centro-izquierda, compuesta mayoritariamente por jóvenes. La JCN formaba parte de la Unión Cívica Radical, un partido político centenario de Argentina, de orientación predominantemente de centro.

Revista Sudestada

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