Memorias de una joven formal

Son las 4.30 de la madrugada. Adriana sube a un automóvil en el que se trasladan dos muchachos. Son jóvenes, como ella, aunque no tan jóvenes. Al menos, no adolescentes. Los tres son militantes revolucionarios, y juntos, conforman un Pelotón de Combate del Ejercito Montonero. Adri está comenzando su cumpleaños número dieciséis, pero hace un año que es soldado. Antes estaba en la Unión de estudiantes secundarios, la UES. Era una militante de superficie. Pero ahora es parte de la Estructura Militar.
Alrededor de las cinco de la madrugada el automóvil se acerca a la comisaría de Monte -Chingolo. Afuera no había nadie. La operación era sencilla: colocar un caño (artefacto explosivo casero) en el lugar y partir. Se hacía con frecuencia: era una forma de demostrar que los Montoneros estaban ahí, luchando. Desde hacía un tiempo que la Organización había comenzado a desarrollar el Ejercito Montonero como estructura especializada, junto con la Milicias.







