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Asia :: 26/01/2004

Nepal: Caminata al futuro

Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar
Un camarada nepalés de Rolpa que vive en la India no había podido ir a su aldea desde hacía tiempo, pero hace unos meses aprovechó el cese del fuego y fue a ver a su familia y a respirar el aire de las zonas rojas. Después, en un viaje por tren en la Indi

A lo largo del viaje me habló de su experiencia y cuando llegamos pensé que podía contarles lo que me dijo:

Rolpa, una provincia de la parte occidental de Nepal, es famosa por ser un bastión de la guerra popular que dirige el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) desde 1996. El pueblo gobierna casi todo el campo por medio de los comités revolucionarios de las aldeas; la monarquía (que recibe el respaldo de los Estados Unidos) no controla del todo muchos pueblos y ciudades. Los campesinos y otros sectores de Rolpa se alzaron desde el principio de la revolución, así que el poder revolucionario se ha venido fortaleciendo por bastante tiempo.

Viajé en autobús de transporte público hasta la frontera y de ahí en adelante avancé a pie. Hay unos cuantos caminos de terracería para autobuses, pero el pueblo más cercano a mi aldea queda a tres días a pie. Además, los caminos son peligrosos por la presencia del Ejército Real Nepalés (ERN), así que nos tocaba dar rodeos. Caminamos tres semanas para llegar a mi aldea.

No se puede viajar solo. Estamos en medio de una guerra y encontrarse con el ejército o la policía es peligroso. Además, en nuestras zonas, los camaradas no bajan la guardia porque el gobierno manda espías. Si uno no viaja con un guía, hay que avisarle al comité revolucionario para que sepa que va a llegar. Si no, hay que esperar hasta que averigüen quién es uno y qué quiere.

Uno de los órganos del nuevo Estado revolucionario es el correo. Todas las aldeas de las zonas rojas tienen una administración de correos; la cantidad de trabajadores que tiene depende del tamaño de la aldea y del tráfico. El servicio de correos no sólo manda cartas y paquetes; también lleva a los enfermos a pueblos más grandes a recibir tratamiento médico y se encarga de transportar a los viajeros. Esto último es muy importante. Como dije, estamos en medio de una guerra. Todo el que llega a una aldea debe presentarse a la administración de correos y ahí le organizan el viaje a la siguiente aldea. Los camaradas que trabajan en este servicio acompañan a los viajeros. A veces, según la persona y la situación, va una escolta armada. Los viajes casi siempre son de horas o días a pie. El correo también tiene una rama militar que transporta municiones y suministros a los combatientes. Casi todos los camaradas de esa rama son de la milicia o del Ejército Popular. El correo es como la arteria de comunicaciones del nuevo Estado.

Muchos camaradas que trabajan en el correo no son de la localidad. Si hay muchos, tienen su propia cocina y dormitorio; si no, viven con las masas. El servicio de correos nunca cierra y de noche tiene guardias.

El partido tomó la decisión de enviar camaradas a trabajar a otras partes del país y esto tiene varios aspectos positivos. Uno es que obtienen una experiencia más diversa pues conocen otras regiones del país y a otra gente, y eso amplía su perspectiva de la revolución, sus tareas, metas y dimensiones. Otro aspecto positivo es que permite superar prejuicios y temores de otras naciones y nacionalidades, que abundan en Nepal aunque es un país pequeño. La gente de distintas partes se conoce y eso refuerza la unidad. Esto es muy importante porque tradicionalmente la gente no emigra de una parte de Nepal a otra. Si uno se tiene que ir de su aldea a buscar trabajo, se va a la India.

Bueno, el caso es que después de pasar por varios correos, llegué a mi aldea y fui a la casa de mi padre con los compañeros que me acompañaban. No sabía si iba a poder invitarlos a entrar porque, aunque mi familia no es de la casta brahmán, es de una casta alta y mis compañeros eran de las castas bajas o intocables. Antes, era imposible para mi padre dejarlos entrar a la casa.

Entré y mi padre me preguntó si viajé solo; le contesté que no, pero que mis compañeros eran de las castas bajas. Él dijo: "(No importa! Las puertas están abiertas para todos. Diles que entren a comer. Deben de estar cansados y con hambre".

Me quedé boquiabierto. La revolución y el nuevo poder político han hecho que hasta mi padre deje a un lado los prejuicios. Ése es uno de los cambios más visibles. Casi todos los camaradas nuevos son de las castas bajas, los que antes no eran considerados seres humanos plenos. Las castas altas no los dejaban entrar a sus casas ni comían con ellos. Ahora son respetados. El poder rojo les ha dado confianza en sí mismos; saben que es su propio poder político. Aunque la mayoría son jóvenes, tienen muchas responsabilidades y las cumplen bien. Antes de la guerra, los miembros del partido eran de la clase media, gente educada y maestros rurales, especialmente en los niveles superiores; pero eso ha cambiado. Los nuevos militantes, los muchachos, son tan valientes y maduros que todos los quieren y los respetan.

La situación de la mujer ha experimentado otro cambio muy notable. Primero que todo, participan de lleno en el partido, el ejército y el nuevo Estado. En el ejército hay unidades mixtas, pero también hay unidades compuestas exclusivamente de mujeres, de soldados a comandantas militares y políticas. También se ven otros cambios en la vida diaria: las mujeres participan en distintos aspectos de la agricultura y hacen tareas antes prohibidas, como matar ganado, especialmente vacas. Para los hindúes las vacas son sagradas y en general no se come carne de res. Eso también ha cambiado. Hasta mujeres de edad mediana me dijeron con orgullo que comen carne de res.

La forma de hablar también ha cambiado. En nepalí, tenemos tres formas de hablarnos: respetuosa, de confianza y despectiva. La última era para hablarles a los niños, a las castas bajas y a veces a las mujeres. Ahora ya casi no se usa la forma despectiva; sólo se usan las otras dos. Lo más importante es que la gente se habla con igualdad. Antes, los niños y las mujeres tenían que hablar a los padres y los esposos en la forma respetuosa, y a ellos les hablaban en la forma despectiva. Eso ha cambiado. Ahora todos se hablan y se contestan de la misma forma, ya sea con formalidad o con confianza.

Las tradiciones que devaluaban a la mujer han sufrido fuertes golpes. Por ejemplo, antes sólo se celebraba el nacimiento de los hijos varones pero ahora se celebra el nacimiento de todos los niños.

Una de las responsabilidades del nuevo Estado revolucionario es la construcción, y desde el principio de la guerra se están construyendo caminos y acueductos para llevar agua más cerca de las aldeas. Esto ha aliviado mucho a las mujeres que antes tenían que caminar horas a traer agua para la casa todos los días.

También se están construyendo escuelas y se está atacando el analfabetismo. Cuando yo era niño tenía que caminar varias horas a la escuela. Ahora nos hemos propuesto construir una escuela en cada aldea. El problema es la falta de maestros, pero durante la emergencia [cuando la monarquía declaró el estado de emergencia y lanzó una brutal campaña de represión] el gobierno atacó a los simpatizantes de la revolución en las ciudades y como resultado muchos estudiantes e intelectuales se vinieron. Eso ha sido de mucha ayuda para las aldeas; por ejemplo, ellos dan clases en las escuelas.

Otra responsabilidad es la creación de industrias locales. Nepal importa casi todo de la India y nuestra industria es sumamente atrasada. Cuando iba para mi aldea vi a un grupo de jóvenes (unos eran estudiantes) construyendo un motor para bombear agua de pozos. De vez en cuando vienen ingenieros de Katmandú a supervisar y ayudar. También hay pequeñas industrias caseras. Por ejemplo, en una aldea aprendieron a hacer velas de buena calidad que venden en el mercado. Como en muchas aldeas no hay electricidad, las velas son importantes.

Otra nueva industria es el calzado. En una aldea había un zapatero y los aldeanos se reunieron y le pidieron que les enseñara a hacer zapatos. Ahora producen para el mercado. Usan cuero de res, ahora que las vacas ya no son sagradas. Otra industria casera es la confección de panecillos y papitas. Cuando un contingente del Ejército Popular de Liberación pasó por una aldea y vio papitas en la tienda, se sorprendió porque el viejo Estado [la monarquía] tiene un bloqueo alrededor de las zonas rojas y no se consiguen muchas cosas. Los campesinos les dijeron que ahora ellos hacen las papitas y los soldados comentaron que están más ricas que las importadas de la India.

Claro que esas industrias no se pueden desarrollar rápidamente. Estamos en una situación de guerra y las zonas rojas no están protegidas por un muro. A veces el Ejército Real entra. Durante el estado de la emergencia fue varias veces a mi aldea y rompió la puerta de la casa de mi familia. Mi padre la mandó arreglar varias veces y al final la dejó rota porque la reparación era cara y volvían a romperla. Cuando el Ejército Real va, rompe y quema todo; inclusive quema la comida. Sin embargo, desde que empezó la guerra la vida se ha enriquecido tanto que los crímenes del enemigo llevan al pueblo, especialmente a las clases bajas y a las mujeres, a luchar con más resolución por un mundo que será de ellos.
12/01/04

 

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