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18/05/2019 :: Mundo

Nosotrxs lxs indixs

x Gilberto López y Rivas
Hugo Blanco es de la estirpe de los “imprescindibles“ que describía Bertolt Brecht, esos que luchan toda la vida

Para la generación que se forma políticamente en los años 60 del siglo pasado, Hugo Blanco Galdos era ya un personaje legendario de la lucha de los campesinos indígenas no sólo de su natal Perú, sino de toda nuestra América. En el contexto de la conmoción social que ocasionó el triunfo de la revolución cubana, las andanzas de Blanco en la organización de inéditos sindicatos campesinos que impusieron una reforma agraria desde abajo y a contracorriente de represiones brutales y gobiernos gamonales, eran seguidas con admiración por las y los militantes de la izquierda no reformista de esos años. Hugo Blanco era y siempre ha sido un referente de la entrega a la causa emancipadora. Sin protagonismos ni exaltaciones personalistas ha practicado en su longeva vida, uno de los principios que más distingue a los mayas zapatistas: para todos, todo, para nosotros, nada. En suma, Hugo Blanco es de la estirpe de los “imprescindibles“ que describía Bertolt Brecht, esos que luchan toda la vida.

Su libro, Nosotrxs lxs indixs, cuya cuarta edición en México, en marzo de este año, es sembrada gracias al trabajo solidario de múltiples colectivos de varios países, se constituye en una trascendente aportación para los procesos de toma y fortalecimiento de conciencia de las actuales y futuras luchas anticapitalistas y por la humanidad. Traducido a varios idiomas y constantemente ampliado, actualizado y enriquecido en cada publicación, la obra, y también su presentación en recorridos interminables por variadas geografías, van alimentando esperanzas, diseminando autonomías y proponiendo salidas en el laberinto que significa enfrentar la hidra capitalista.

Precedida de una imaginativa y fraterna introducción de Emmanuel Rozental, en la que refiere sobre el legado de Blanco, y en la que hace una semblanza de Hugucha, quien siempre está allí, donde quiera que esté luchando según lo reclama el contexto, para no dejarse detener ni distraer, la obra es a la vez que un relato de vida, una reflexión profunda de un hijo de la Pachamama, –como se autoconsidera Blanco– sobre los pueblos indígenas y no indígenas, la crisis civilizatoria que amenaza la continuidad de la especie humana, las contribuciones delos procesos autonómicos del Kurdistán, una revolución de las mujeres, o de los Caracoles mayas zapatistas, el papel crucial de la lucha contra el patriarcalismo y el racismo en todos los procesos analizados, el carácter internacional de la lucha anticapitalista, entre muchos otros temas que atraviesan la grave situación causada por el capitalismo y su actual forma de acumulación militarizada, necrófila y neofascista.

Como lo destaca Rozental en contraportada: “En esencia, Hugo fue marcado indeleblemente por el hierro ardiente sobre el cuerpo vejado de los indios abusados por la tierra donde nació. Nació dos veces allá mismo en Cusco, en Huanoquite –como lo reconoció Eduardo Galeano– para poner su vida en función de los pueblos; primero los indios (que somos eventualmente todas y todos) y de la Pachamama, la Madre Tierra. Pues eso mismo es su legado: lo que quiere y necesitamos que quede. No Hugo Blanco biografía y cronología, sino su recorrido, su memoria y su aporte.”

Con materiales elaborados desde la cárcel, en los exilios múltiples que se le impusieron, y en la necesidad de comunicar sus experiencias dentro y fuera del Perú, Blanco ofrece en cada capítulo, además de la descripción de los acontecimientos, las necesarias y siempre valiosas digresiones. Una de ellas, es una Carta abierta a Mario Vargas Llosa, en la que Blanco le expresa sin rodeos: “El premio Nobel otorgado a usted representa un golpe más del neoliberalismo a las poblaciones indígenas, ya que difícilmente podrá encontrarse mayor enemigo de ellas que su persona… Usted, en más de una ocasión, ha defendido a las empresas depredadoras contra las poblaciones indígenas… Y no desperdicia la oportunidad para ensalzar a los dos gobiernos más retrógrados y asesinos de indígenas de Sudamérica: Perú y Colombia… Usted goza de un intenso racismo. Se nota cuando recomienda a los indígenas que para superarse abandonen su cultura.”

El capítulo La especie humana está amenazada de extinción, es coincidente con trabajos como el de Carlos Taibo sobre el colapso que se cierne sobre la humanidad. Blanco señala los ataques a la naturaleza, como el calentamiento global, la minería a cielo abierto, la extracción de hidrocarburos, la deforestación, la agroindustria, el llamado fracking, el envenenamiento de los océanos; los crímenes de lesa humanidad a través de la eliminación de poblaciones sobrantes, pero plantea, que: Afortunadamente, hay otra posibilidad: que la colectividad humana, en conjunto, desplace el gobierno del mundo por las grandes empresas y sea ella la que se autogobierne. A esto llamamos la construcción de otro mundo posible.

Libro extraordinario de una vida también extraordinaria, que nos queda como legado y compromiso.

La Jornada

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