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Medio Oriente, Argentina :: 16/02/2026

Nuevo libro de Claudio Katz: “La epopeya palestina”

Jaldía Abubakra
Reseña :: Leer 'La epopeya palestina', siendo palestina y viviendo en la diáspora en Europa, es leer un libro que no se esconde. Habla de genocidio

Es encontrarse con una obra que nombra lo que muchas veces intentan suavizar cuando hablamos en otros idiomas, en otros países, frente a públicos que prefieren el equilibrio antes que la verdad. Gaza no es una "escalada", no es un "conflicto complejo", no es un "choque entre dos bandos": es un genocidio. Y ese genocidio es la expresión extrema de un proyecto colonial sostenido por el imperialismo.

El propio título del libro contiene ya una toma de posición. Llamar "epopeya" a Palestina no es romantizar el sufrimiento, sino reconocer que la historia de nuestro pueblo es una historia larga de resistencia, de supervivencia y de dignidad frente a un proyecto que ha intentado borrarnos. Para quienes vivimos en la diáspora, esa palabra resuena de manera íntima: nuestra existencia dispersa, nuestras memorias transmitidas, nuestras luchas en tierras lejanas, forman parte de esa misma epopeya colectiva que no comenzó con nosotras ni terminará con nosotras.

Quienes vivimos fuera de nuestra tierra cargamos con una responsabilidad permanente: preservar la memoria y disputar el relato. En cada espacio público, en cada debate, en cada universidad, tenemos que explicar que nuestra historia no comenzó el 7 de octubre ni en ningún titular reciente. Por eso este libro es importante: porque organiza esa memoria en una explicación política coherente y sin ambigüedades.

La estructura del libro, organizada en once capítulos y un apéndice, recorre desde la caracterización del genocidio en Gaza hasta el papel del sionismo en América Latina, pasando por el análisis del colonialismo de colonos, el declive interno del proyecto sionista, el rol del imperialismo estadounidense, los posicionamientos del mundo árabe y los debates dentro de la izquierda internacional. No es una obra fragmentaria: es un mapa político que conecta Palestina con la arquitectura global del poder.

Uno de los aportes centrales de Katz es la conceptualización de Israel como una formación de colonialismo de colonos, más cercana al modelo histórico de EEUU, Canadá o Australia que al colonialismo clásico europeo. No se trataría de una dominación orientada a explotar mano de obra local, sino de un proyecto estructural de expulsión y reemplazo demográfico. Desde esta perspectiva, la Nakba de 1948 no sería un episodio excepcional, sino el momento fundacional de una lógica sionista que continúa hasta el presente.

Para mí, que crecí escuchando a mi familia hablar de pueblos borrados del mapa, de casas ocupadas, de llaves guardadas como promesa de retorno, esta explicación no es una teoría distante. Es la historia que heredamos. La Nakba no terminó; se actualiza en cada asentamiento, en cada demolición, en cada bombardeo sobre Gaza.

El libro también analiza el declive del sionismo, tanto en su legitimidad internacional como en su cohesión interna. Katz describe la fractura entre el sionismo liberal y la ultraderecha religiosa, y subraya el creciente cuestionamiento generacional dentro de comunidades judías occidentales. Paralelamente, examina el papel de Israel como socio estratégico de EEUU en un esquema de "coimperialismo", donde Gaza funciona como laboratorio de guerra y control social. Lo que se ensaya sobre nuestros cuerpos --armas, tecnologías de vigilancia, tácticas de asedio-- luego se exporta al mundo.

Otro eje relevante es la crítica al "neutralismo" en sectores de la izquierda, que --según el autor-- diluye la distinción entre agresores y agredidos. Katz reivindica una perspectiva antiimperialista clásica que identifica al bloque occidental (EEUU, OTAN, Israel) como actor central de la ofensiva global actual. En ese marco, Palestina aparece conectada con América Latina, tanto por la disputa geopolítica como por los paralelos en materia de soberanía y recursos estratégicos. Esta conexión resulta especialmente clara para quienes vivimos la diáspora en Europa y, desde nuestra experiencia en el mundo hispanohablante, conocemos la historia de América Latina: entendemos que la solidaridad no es solo moral, sino también histórica y política.

Lejos de limitarse a la denuncia, el libro plantea un horizonte político: la superación de la solución de "dos Estados", que califica como una ficción funcional al colonialismo, y la propuesta de un solo Estado democrático, laico y descolonizado, del río al mar, con igualdad de derechos para todos sus habitantes. Esta perspectiva no es utopía abstracta: es la consecuencia lógica de reconocer que no puede haber justicia sin descolonización.

Como mujer palestina, me resulta importante que el libro reconozca la resistencia como parte central de nuestra identidad colectiva. No somos solo víctimas del asedio; somos un pueblo que ha luchado durante generaciones para no desaparecer. Desde la gran revuelta de 1936 hasta las Intifadas, desde los campos de refugiados hasta Gaza bajo las bombas, el 'sumud' --la perseverancia-- ha sido nuestra forma de dignidad. Esa continuidad histórica es, precisamente, lo que hace que la palabra "epopeya" no sea exageración, sino descripción.

En sus capítulos finales, el autor aborda el caso argentino, cuestionando la influencia del sionismo en la política exterior y en la construcción mediática en torno a atentados como el de la AMIA, y denuncia lo que considera narrativas que obstaculizan la solidaridad con Palestina. Esto demuestra que la batalla no se libra únicamente en nuestra tierra, sino también en los tribunales, en los medios y en la opinión pública de otros países.

En síntesis, La epopeya palestina no es solo un libro sobre Palestina; es una intervención política en el debate global contemporáneo. Combina historia, geopolítica y teoría crítica para situar el conflicto dentro de las transformaciones del capitalismo mundial. Su tono es explícitamente militante, pero sustentado en una reconstrucción histórica amplia y en categorías analíticas claras. Se trata de una obra destinada a quienes quieran comprender Palestina no como un "conflicto regional", sino como un punto nodal del orden internacional actual.

Desde la diáspora, muchas veces nos preguntan por qué seguimos hablando de Palestina, por qué no dejamos atrás el dolor. Este libro ayuda a responder: porque no se puede cerrar una herida que sigue abierta. Porque no hay reconciliación posible sin descolonización. Porque nuestra identidad no es nostalgia: es continuidad.

La epopeya palestina es un libro necesario. No para observar desde lejos, sino para tomar posición. Y en tiempos de genocidio, tomar posición es una forma de dignidad.

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