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28/12/2018 :: Argentina

Osvaldo

x Guillermo Cieza / Oscar Castelnovo
Osvaldo se murió en un país gobernado por sus peores enemigos. Pero también un país que no se resigna a un destino colonial

Osvaldo

Guillermo Cieza

La presbicia es la pérdida normal de la capacidad para enfocar objetos de cerca, que tiene lugar con la edad. La mayoría de las personas comienzan a notar los efectos de la presbicia a partir de los 40 años. Por culpa de la presbicia algunas Madres de Plaza de Mayo me llegaron a confundir con Osvaldo, siendo 25 años menor. La primera vez me ocurrió en Neuquen a fines de los 90 cuando se creo la Red Patagonica de los Derechos Humanos. Fue allí que recibí su inmerecido de elogio de ser su doble. Y como era un memorioso volvió a recordarmelo cada vez que volvimos a encontrarnos. Se nota que le causaba gracia. A mi, mas bien incomodidad.

Osvaldo fue para nuestra generación un sobreviviente de aquel puñado de escritores y artistas geniales que nos arrebató la dictadura. Un intelectual insobornable, pero también un enorme relator de historias. Habiendo sido un investigador concienzudo, pero adem+as viviendo activa, militantemente, 91 años, Osvaldo podía contar mil historias que involucraban a buena parte de los grandes personajes de presente y del pasado cercano. Era el registro vivo de sus mayores luces, pero tambien de sus mayores miserias. Las historias escritas perduraran en sus magnificos escritos: "Los vengadores de la Patagonia Trágica" , "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia"; "Los anarquistas expropiadores y otros ensayos". Las historias orales perdurarán en la memoria de quienes las escuchamos.

Osvaldo se murió en un país gobernado por sus peores enemigos. Pero también un país que no se resigna a un destino colonial, con un pueblo que protagoniza en las calles las mayores movilización de resistencia en el continente al ajuste neoliberal. Uno de sus hijos comenta en una carta que en los días previos a su muerte se despertaba preocupado porque tenía que asistir a distintas asambleas, confundiendo recuerdos con convocatorias presentes. No se murió pensando en una rosca que lo catapultaría a algun puesto institucional, en alguna ocurrencia marquetinera para promocionarse como dirigente politico, o en alguna perfomance que evidenciara "lo locos y rebeldes que somos".

Con Osvaldo se nos fue un maestro-pueblo y una enorme biblioteca de memoria popular, para consultar en los días difíciles. Algunos festejaran que sin Osvaldo, sin Osvaldo mirando y recordando, los espejos serán mas opacos, se difuminaran los rasgos , los contornos y las historias. Y podrán repetir, sin ponerse colorados y coloradas, aquellos versos de Discepolin, "todo es igual, nada es mejor".

La Plata, 27 de diciembre de 2018
La Haine

Osvaldo

Oscar Castelnovo

A Osvaldo le gustaba reivindicar las belleza y libertad femeninas, incluida la sexual, cuando el feminismo no había irrumpido con la fuerza de los últimos años. Recuerdo un cuadro de Marlene Dietrich en "El Tugurio", donde me contó que le llevaba flores dos veces al año en Alemania y del romance de Marlene y Greta Garbo. Lo narró efusivo, alegre de que hubiese sucedido: "¡Que dúo!", exclamó con mirada pícara. También le pregunté si pensaba en su muerte. Me dijo que la esperaba con serenidad. Tenía 82 años.

Acudí otras veces a "El Tugurio", nombre que le puso a su casa de Belgrano, a hacerle una nota o a pedirle que venga a presentación de "Intensidades de mujer", libro que realizamos con 19 chicas presas en Ezeiza. Ni lo dudó, estuvo en el Hotel Bauen con toda su solidaridad y se movió como pez en el agua entre aquellas mujeres que el Servicio Penitenciario Federal dejó asistir a la presentación de su producción literaria.

Varias veces fui con Osvaldo a ver a los presxs políticos, especialmente a los de La Tablada, allá por los años '90, cuya libertad reclamó invariablemente. Después íbamos a un bar cercano. Era imposible estar con Bayer y no aprehender de su descomunal sabiduría: periodismo, política, la vida.

De su amor por los mapuches, de su odio al genocida Roca. De su reivindicación de Severino Di Giovanni [foto derecha] , quien murió fusilado y gritando "¡Viva la anarquía!". De Kurt Wilckens, quien ajustició al teniente coronel Héctor Benigno Varela, asesino de obreros en La Patagonia. De Simón Radowitzky [foto izquierda] quien ajustició al coronel Falcón, otra matador de trabajadores.

De él aprendí que en las entrevistas que realizan los medios hegemónicos hay que hablar de lo que uno quiere y no de dejarse llevar como oveja pal' corral. Me enseñó algunas "técnicas" que jamás olvidaré y, por caso, las retransmito a las madres cuyos hijxs fueron asesinados por el gatillo fácil.

Y entre todas las dimensiones admirables de Bayer, me subyugó la de polemista. Hizo trizas a Álvaro Abós cuando éste intelectual cuestionó la violencia insurgente de los '70. También arrasó a Mempo Giardinelli quien le impugno a Osvaldo la idea de "Matar al tirano". Y demolió a Ernesto Sábato, una y otra vez, impulsor de la "teoría de los dos demonios".

Pasó un tiempo y me extrañó que dejara de "pegarle" a Sábato, y cierto día le pregunté qué había pasado. "Ya está viejo, no puede defenderse", me respondió, cuando Osvaldo andaba por los 82. Bayer partió, es cierto, pero su ética que no conoce corrupciones sigue viva entre nosotros. Para siempre.

Agencia Para la Libertad

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