Pensamiento social y política de la Revolución
Se ve la necesidad y la urgencia de que nuestra sociedad enfrente el conocimiento y el debate de sus problemas fundamentales, y de que lo haga con una participación muy amplia y creciente
En el período transcurrido entre 1959 y hoy distingo tres etapas, lo que he argumentado en mis escritos. Dado el espíritu de estos encuentros y el tiempo limitado que debo utilizar, he escogido referirme sobre todo a la primera etapa -que va de 1959 a inicios de los años 70- y a la gran ruptura que significó para el pensamiento social el comienzo de la segunda etapa. Aquellos hechos constituyen una acumulación cultural que influye mucho en la situación actual, acerca de la cual haré también algunos comentarios que me parecen atinentes. En los encuentros anteriores de este Ciclo hemos vivido la combinación entre el interés por la recuperación de la memoria y el planteo de problemas más cercanos en el tiempo y problemas de hoy.
Lo primero viene a combatir una ausencia de consecuencias graves, y su recuperación es una exigencia vital para los cubanos en la actualidad. Lo segundo revela la necesidad y la urgencia de que nuestra sociedad enfrente el conocimiento y el debate de sus problemas fundamentales, y de que lo haga con una participación muy amplia y creciente. Me llena de esperanza que esto último suceda aquí, y que se alcen voces de jóvenes que están realmente involucrados, preguntando o reclamando. Pero estamos sometiendo nuestra ansiedad y nuestra premura al estudio, la profundización y los análisis de colectivos como este, apoderándonos de la época precedente, precisamente para que nos ayude a entender a fondo las cuestiones actuales y lanzarnos a resolverlas, y para formular nuevos problemas, desafíos y proyectos.







