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Mundo :: 12/04/2026

Perú: la inestabilidad como sistema

Mirko Casale
Hoy elecciones :: En Perú impera un sistema derechista mafioso donde cada bancada saca un provecho económico o político que no favorece a las masas empobrecidas

Desde 2016, ningún jefe de Estado del Perú logra completar los cinco años de mandato constitucional.Algunos apenas llegaron a cumplir los cinco días, de hecho. Se trata de una inestabilidad política que desconcierta a bastante gente dentro y fuera del país, por lo reiterado del 'modus operandi': un presidente asume el cargo, el congreso lo destituye y designa a otro, al que poco tiempo después también destituye el Poder Legislativo y así sucesivamente, durante ya los ocho largos años transcurridos desde la primera 'vacancia' que dio inicio a esta etapa.

Varias preguntas surgen en torno a este fenómeno ¿Cuales son sus causas profundas? ¿Por qué es tan recurrente, independientemente de quién ocupe la presidencia? ¿Existe alguna forma de salir de este círculo vicioso? ¿Hay esperanza de lograrlo pronto?

"En la ley peruana -explica el periodista y escritor Romain Migus, que nos ayuda a analizar la situación-, originalmente, hay una posibilidad para el Parlamento de destituir al presidente por incapacidad moral, y hoy, en realidad, se utiliza esta figura para destituir a los presidentes que no convienen al Parlamento".

"Al Perú hay que verlo también desde el contexto geopolítico, de cuál es el papel que tienen nuestros países en América Latina, cómo hemos sido nuevamente definidos como el patio trasero de EEUU".

El abuso de un mecanismo institucional

Por lo pronto, la génesis del desconcertante fenómeno de fugacidad presidencial en el Perú pareciera estar en una herramienta constitucional similar a la que existe en cartas magnas de varios países, pero desvirtuada y distorsionada hasta extremos grotescos por la partidocracia derechista local.

Migus recuerda que "a partir del 2016, el fujimorismo pierde las elecciones, pero gana el Parlamento y tienen una mayoría abrumadora". A partir de ese momento, "empiezan a desvirtuar la figura de vacancia moral, a usarla como venganza política".

En el ordenamiento jurídico de casi todos los países "existe una figura parecida", para "asegurar la continuidad institucional" en caso de que el presidente quede incapacitado por alguna eventualidad, como por ejemplo un accidente grave que afecte a sus funciones ejecutivas o una enfermedad mental, pero que hoy en día se ha normalizado su uso estratégico como arma política en manos de un parlamento vengativo y plagado de intereses comerciales.

La fórmula de la 'vacancia moral' no es, sin embargo, apenas un elemento aislado de la Constitución que, por un diseño descuidado, provoca este continuado caos institucional en lo más alto de la jerarquía del Perú, sino que forma parte de un modelo surgido del pasado, pero con suficiente poder e influencia política en el presente.

"Esa constitución fue diseñada a imagen y semejanza del fujimorismo -comenta el jurista Jorge V. Paladines- y esa constitución, que es producto también del estatuto 'antiterrorista' peruano, le da la posibilidad a las fuerzas políticas, mal denominadas partidos (son en realidad maquinarias electorales), de tomar el Congreso y decidir, a través de figuras como la del artículo 113 (la 'vacancia'), si un presidente tiene o no una permanente incapacidad moral". En realidad, si favorece los negocios de la derecha o no.

Así, el endeble andamiaje constitucional montado por Alberto Fujimori cuando se hallaba en la cima del poder, combinado con una herramienta de doble filo y fácilmente manipulable como la vacancia, terminó creando una lógica sistémica donde el rol parlamentario queda reducido, básicamente, a apenas un mecanismo chantajista de presión política dentro del Poder Legislativo... y más allá.

"Es efectivamente un sistema donde hay una política de chantaje hacia el Ejecutivo -confirma Migus-, chantaje de las grandes bancadas parlamentarias, que escogen finalmente al presidente por encima del deseo de los ciudadanos". Este escritor detalla que los congresistas "vacan al presidente electo democráticamente y ponen a una persona, un negociador, que les va a entregar ministerios para que estas bancadas puedan hacer negocios corruptos con estos ministerios".

Esto genera "un sistema donde el presidente no es electo por el pueblo, sino por un sistema mafioso donde cada bancada derechista, cada político, saca un provecho económico o un provecho político que no es a favor de las grandes masas".

El enfoque geopolítico del fenómeno

Sin embargo, en este mundo tan globalizado, muchas veces el análisis no puede circunscribirse apenas a lo local-nacional, aunque se trate en este caso de un fenómeno que pertenezca a ese ámbito. Y esta especie de 'presidencialitis efimerus' que padece el Perú, cómo no, también tiene un cierto componente global.

Migus advierte que "Perú está conociendo una batalla geopolítica en este momento entre China y EEUU". En Perú, China está muy presente: "Está presente en el sector de la minería; el 73 % del cobre peruano va a China; Perú es el segundo productor de cobre en el mundo, es una cantidad bastante importante; en el sector de la energía también hay empresas públicas chinas, que controlan la producción y la comercialización de toda la región capital, es decir, del 30 % de la población del país". Y en ese panorama, explica Migus, "EEUU está actuando con todo su peso para tener a un mandatario peruano a favor de sus intereses".

"¿Quién le garantiza a Washington, que el presidente sea condescendiente con EEUU en lugar que con China?" Apunta además dos circunstancias clave: Por un lado, que "la inestabilidad política es el tema que menos le importa al hegemón", y por otro, que para los intereses extranjeros, "las reglas de juego democrática son irrelevantes". "Lo importante [para Washington] -concluye Paladines- es que se refleje la presencia poderosa de los intereses comerciales y geopolíticos de EEUU en el Perú".

Por supuesto, abundan las personas que afirman "bueno, y qué importa tanta inestabilidad política. Al fin y al cabo, el Perú es la demostración de que los políticos no solucionan nada". "Perú es una potencia de agroindustria y el 52 % de los peruanos viven en inseguridad alimentaria... mientras el 43 % de los niños, uno de cada dos niños tiene anemia".

Esto convierte a Perú en "el perfecto ejemplo de que el modelo libertario de cero Estado, cero impuesto para las grandes empresas y cero cobertura social (porque 75 % de los peruanos trabajan en el sector informal, sin cobertura social, sin convenios colectivos) puede ser favorable para unos pocos en la economía, pero no para las grandes mayorías".

Por su parte, Paladines indica que "la legalidad en el Perú permite que se desarrolle un modo de producción y, por lo tanto, un régimen económico neoliberal al que no le interesa y no le importan las reglas de juego de la democracia". "Es decir, -continúa el jurista- al neoliberalismo no le importa si el presidente es Pinochet o Milei o cualquier otro: lo que le importa es cómo los grupos económicos lleguen a un acuerdo, un consenso, independientemente de quién sea el presidente" y tener un Parlamento que lo respalde.

Tabúes que paralizan la solución

Llegados a este punto, en el que la ya larga inestabilidad institucional peruana, tanto por factores internos como externos, parece condenada a perpetuarse, la pregunta más urgente sería: ¿existe una solución? ¿O la ciudadanía peruana debe resignarse a que sus jefes de Estado duren menos que el salario?

Paladines es concreto: "El Perú necesita una nueva constitución y eso tiene que ver con la convocatoria a una asamblea constituyente". Este mismo politólogo señala que ahí está precisamente el problema, ya que "ese es un tema tabú, ese es un tema que las fuerzas políticas conservadoras no quieren tocar".

Frente a las elecciones del 12 de abril, lo cierto es que las expectativas de cambio son, como mínimo, muy limitadas, porque "el problema es institucional". Su pronóstico es pesimista, o tal vez simplemente realista: "Va a haber una fragmentación y yo creo que nadie, ningún presidente que salga electo en junio, tendrá una mayoría suficiente y consolidada para poder hacer aprobar cambios reales y estar seguro de que pueda continuar o terminar su mandato al final de lo que establece la ley".

Como ven, no estamos ante una situación sencilla y, en consecuencia, tampoco lo será la solución. Y es obvio que el Perú no es el único país del mundo cuya población acude a votar sin el convencimiento de que el presidente o presidenta que elijan cumplirá lo que prometió en campaña. Pero en este caso, seguro que agradecerían que, por una vez, al menos tenga algo de tiempo en el cargo para intentarlo.

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