Portugal: La huelga general masiva marcó puntos, pero el futuro es incierto
El 3 de junio de 2026, la clase trabajadora marcó posiciones con una huelga fuerte. Pero no existen una estrategia asamblearia ni una dirección que garanticen la derrota del paquete laboral
La huelga general del 3 de junio paralizó un número enorme de empresas y servicios. Existe una conciencia muy extendida entre la clase trabajadora de que “el paquete” con decenas de leyes laborales representa una amenaza mortal para su futuro.
La industria del turismo se vio duramente afectada por la cancelación de numerosos vuelos en los aeropuertos de Lisboa, Oporto y Faro; el transporte público quedó paralizado en las grandes ciudades, con la excepción de servicios mínimos de autobuses y de mínimas conexiones ferroviarias entre el centro y la periferia de Lisboa; las escuelas se paralizaron en plena época de exámenes y los hospitales públicos solo funcionaron para urgencias.
La gran novedad fue una masiva adhesión del sector privado, claramente superior a la que se diera en la huelga general de diciembre, con tasas de paralización que la CGTP (Confederación General de Trabajadores de Portugal) estimó en el 100 % para empresas como Sovena y Cimpor, en el 95 % para Bosch y en el 88 % para Glavidro.
La clase trabajadora no se dejó llevar por los cantos de sirena que dan por seguro el rechazo del “paquete” en la votación parlamentaria. La huelga anterior, en diciembre, había tenido suficiente fuerza como para obligar al partido neofascista Chega a cambiar su posición de voto y anunciar que se opondría a la aprobación del proyecto impulsado por el Gobierno (en minoría) de la derecha conservadora.
Pero el giro de Chega era y sigue siendo una de sus muchas maniobras oportunistas, y nadie puede confiar en que mantenga su postura. Era necesario continuar la lucha, y la convocatoria a la nueva huelga general, pese a todos los aplazamientos y vacilaciones de la CGTP, ofreció a la clase trabajadora la oportunidad de manifestar su posición. Y la oportunidad fue aprovechada de forma categórica.
Además de rechazar las ilusiones en el incierto resultado de la votación parlamentaria, la clase trabajadora resistió al efecto altamente desmovilizador del intervalo de cinco meses entre la huelga general de diciembre y esta de junio.
Durante ese tiempo, los empresarios y el Gobierno negociaron en el foro conocido como “Concertación Social” con la central socialdemócrata UGT (Unión General de Trabajadores), excluyendo a la CGTP, mayoritariamente comunista. Esta, excluida de las negociaciones, no aprovechó ese tiempo para movilizar en las empresas alertando sobre el peligro que constituía el proyecto gubernamental y dio vueltas hasta convocar una nueva huelga general para el 3 de junio.
Cuando la intransigencia del Gobierno obligó a que la misma UGT rechazara acordar sobre el paquete, la CGTP tuvo una oportunidad de oro para promover asambleas en las empresas que arrastraran la UGT a sumarse a la huelga. De hecho, incluso sin esa presión desde abajo, varios sindicatos de la UGT dieron luz verde a sus afiliados para adherirse a la huelga de la central rival.
Sin embargo, la CGTP prefirió lanzar una convocatoria vertical subrayando el carácter “amarillo” de la UGT y evitando abrir la caja de Pandora de un proceso asambleario generalizado potencialmente capaz de dar continuidad a la lucha en las próximas semanas y meses.
La ausencia de asambleas se tradujo en una distribución muy desigual de los piquetes de huelga. En numerosos centros de trabajo, la burocracia sindical dejó las mañanas libres para que los huelguistas se quedaran en casa o fueran a la playa y se limitó a convocar a manifestaciones por la tarde en cada ciudad. De modo que lugares de trabajo con gran tradición de asambleas y piquetes quedaron ahora desprovistos de ambos.
La coincidencia —nada casual— de la huelga con un día siguiente festivo, y con un viernes que invitaba a hacer puente, agravó exponencialmente la desmovilización. En Lisboa, la manifestación celebrada por la tarde fue menos concurrida que la de diciembre de 2025.
El 3 de junio de 2026, la clase trabajadora marcó puntos con una huelga fuerte. Pero no existen una estrategia ni una dirección que garanticen la derrota del paquete laboral. Estamos aún lejos de definir esa estrategia y construir esa dirección.
huelladelsur.ar







