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Medio Oriente :: 25/01/2026

Requiem por Rojava

Vijay Prashad
El colapso de Rojava no fue solo el fracaso de una revuelta local. Fue la derrota de una apuesta política: que la la autodefensa armada podía contar con el apoyo de los EEUU

SE PONE EL SOL SOBRE LA REBELIÓN KURDA CON EL ACUERDO QUE PONE FIN AL ENCLAVE KURDO SIRIO

El acuerdo que puso fin al enclave kurdo sirio fue presentado por sus firmantes como una solución pragmática. Pero, en realidad, el acuerdo supone una importante derrota política para las formaciones políticas kurdas sirias. Sin duda, el rápido avance de las bandas armados sirios leales al "presidente" Ahmad al-Sharaa (ex-jefe de Al Qaeda) rompió la resistencia de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), el grupo mayoritariamente kurdo, pero este avance solo puede entenderse por el respaldo total dado por los EEUU al régimen extremista sirio contra las SDF.

Las SDF (que siempre apoyaron a EEUU) estaban en inferioridad numérica y no contaban con apoyo aéreo, del que sí se habían beneficiado en su guerra contra el Estado Islámico y contra el gobierno democrático de Assad. Mazlum Abdi, de las SDF, firmó la rendición efectiva en nombre de su partido y su ejército. El tuit del embajador estadounidense Tom Barrack, a pesar de su hipérbole, sugería el fin del experimento kurdo sirio llamado Rojava (palabra kurda que significa "donde se pone el sol", o la parte occidental de las tierras kurdas).

El acuerdo formalizó lo que meses de presión militar ya habían dejado claro. Las instituciones estatales sirias regresaron al noreste no como socios, sino como autoridades interesadas en un Estado central fuerte y leal a al-Sharaa. A lo largo del último año, los pasos fronterizos que habían estado en manos de diversos grupos volvieron al control del Gobierno central y se empezaron a recaudar ingresos petroleros para Damasco.

Las Fuerzas Democráticas Sirias, uno de los últimos retos militares independientes que le quedaban a al-Sharaa tras la derrota del estatal Ejército Árabe Sirio, aceptaron subordinarse al mando central del ejército, pero no querían que se desmantelaran sus unidades; en otras palabras, las SDF querían mantener sus propias estructuras dentro de las fuerzas armadas sirias. Este era el acuerdo que Abdi y otros líderes kurdos, como Ilham Ahmed (antigua copresidenta de las SDF), favorecían, pero fueron superados por sectores de la dirección kurda siria que no querían perder la autonomía del enclave kurdo. Ahora las oficinas políticas kurdas han comenzado a cerrar, se están retirando las banderas y el lenguaje de la autonomía ha sido borrado de los documentos oficiales.

El yihadista Al-Sharaa llegó a la 'presidencia' de Siria gracias a su politización en los frentes sirios de Al Qaeda. Aunque ha dejado atrás su turbante por un traje, hay indicios de que sus propios seguidores se sienten cómodos con la ideología y los vínculos con Al Qaeda y el Estado Islámico, y que acogen con satisfacción una alianza tanto con los EEUU como con Israel. En los días previos a este alto el fuego y acuerdo, funcionarios de las SDF informaron que las fuerzas armadas sirias centraron su atención en las prisiones que albergaban a combatientes del Estado Islámico capturados por las SDF; de hecho, se informó de intensos combates cerca de la prisión de Shaddadi (Hasaka) y la prisión de al-Aqtan (Raqqa).

Según las SDF, estos ataques constituían un "acontecimiento muy peligroso", ya que sugerían que las fuerzas gubernamentales querían liberar a los combatientes del Estado Islámico de las prisiones y volver a ponerlos en el campo de batalla contra grupos como las SDF. Ahora el Estado tiene el control de estas prisiones y puede hacer lo que quiera con estos prisioneros.

El amanecer de Rojava

En 2012, el gobierno democrático de Bashar al-Assad retiró sus tropas del noreste trras un acuerdo con los kurdos y para poder defender el suroeste de una serie de rebeliones. Esta retirada supuso una oportunidad para los kurdos sirios, que llevaban décadas luchando por un Kurdistán independiente o por la autonomía dentro de Siria.

El líder del Partido de la Unión Democrática (PYD), Salih Muslim, me dijo en 2013 que las fuerzas políticas y militares kurdas llenaron un vacío. "Organizamos nuestra sociedad para que no prevaleciera el caos". Muslim, del PYD, planteó tres puntos: Siria debe permanecer unida, Siria debe pertenecer a todos los que viven en ella y Siria debe descentralizarse. El Gobierno de Damasco aceptó estos tres puntos y se llegó a un acuerdo tácito entre las fuerzas políticas kurdas sirias, otras minorías de Siria y el Gobierno de al-Assad. Esta fue la oportunidad que permitió el nacimiento de Rojava.

Durante la década transcurrida desde 2012, el enclave de Rojava sufrió graves ataques por parte del Estado Islámico (en 2014-2015) y las fuerzas armadas turcas (en 2018), así como ataques continuados por parte de varios grupos más pequeños. En esta década, el ejército de las SDF, las Unidades de Defensa Popular (YPG), los peshmerga kurdos (de Irak) y las fuerzas armadas del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK de Turquía) defendieron este enclave, sobre todo del avance del Estado Islámico. Cuando el Estado Islámico tomó Sinjar y comenzó a llevar a cabo una limpieza étnica de la zona de yazidíes en agosto de 2014, fueron las YPG y sus aliados quienes iniciaron un largo asedio de la zona que solo consiguieron ganar en noviembre de 2015, a un gran costo.

El apoyo aéreo estadounidense comenzó interesadamente a ayudar a las YPG y a las SDF en su intento por derrotar al Estado Islámico y existir como un enclave independiente de Damasco. Ni Salih Muslim ni otros líderes de los grupos kurdos sirios depositaron toda su fe en los EEUU, aunque el equilibrio de fuerzas puso en marcha una alianza que inevitablemente iba a conducir a la traición.

Las declaraciones de Salih Muslim y Mazlum Abdi de que el silencio sobre la invasión turca de Afrin en 2018 "costaría a Siria su unidad" o que las YPG eran la única "barrera contra la ocupación turca" no sirvieron de mucho. Assad no iba a enfurecer al Gobierno turco en ese momento (de hecho, fue en ese periodo cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, firmaron un acuerdo para desmilitarizar Idlib y permitir que los herederos de Al Qaeda, entre ellos Hay'at Tahrir al'Sham o HTS, de al-Sharaa, reforzaran su poder en paz y esperaran un cambio de suerte).

Quizás si Assad hubiera sido un mejor jugador de ajedrez, habría provocado a Turquía defendiendo a los kurdos sirios, impidiendo así un acuerdo y obligando a sus aliados rusos a proporcionar apoyo aéreo mientras el Ejército Árabe Sirio entraba en Idlib para luchar contra lo que quedaba del HTS y sus aliados. Pero Assad comenzó a permitir que los rusos se encargaran de su pensamiento estratégico y, por lo tanto, cedió un punto de fuerza con la esperanza de que el Gobierno turco cesara en su intento de derrocar a su Gobierno.

Erdogan se negó a ver la rebelión kurda siria como otra cosa que una extensión de la lucha del PKK turco. En 2020, dijo a los cuadros de su partido en una reunión: "Turquía nunca permitirá el establecimiento de un Estado terrorista justo al lado de sus fronteras. Haremos todo lo necesario y drenaremos este pantano de terrorismo". Tanto Assad como los kurdos sirios debían tener claro que no iban a recibir ningún apoyo de Turquía y que no iba a haber fin a los intentos de desestabilización por parte del socio turco de la OTAN, los EEUU.

Durante los últimos cinco años, Erdogan presionó a los líderes políticos del PKK para que retiraran su rebelión y capitularan de forma efectiva. En 2025, desde su celda turca, el líder del PKK, Abdullah Öcalan, anunció "el fin del método de la lucha armada". El proyecto kurdo sirio, vinculado al PKK, perdió su amplia profundidad estratégica. La presión turca sobre los kurdos sirios para que pusieran fin a su proyecto de "autonomía armada", como dijeron los funcionarios turcos, aumentó. La presión militar turca continuó con una menor condena internacional o incluso consideración y una disminución de la legitimidad kurda.

El misterioso papel de Israel en todo este fiasco aún no se ha descrito adecuadamente.

La caída de Assad

Con todo el peso de los ataques aéreos israelíes y estadounidenses, las fuerzas extremistas de Hay'at Tahrir al'Sham, lideradas por Ahmad al-Sharaa, irrumpieron en Damasco. Esta victoria supuso una ruptura decisiva para los kurdos sirios. Al-Sharaa, el nuevo 'presidente', afirmó que su régimen recuperaría las tierras del norte (pero no dijo nada sobre la ocupación israelí de los Altos del Golán ni sobre los cientos de kilómetros cuadrados de la zona de amortiguación de la ONU de los que Israel se apoderó después de que al-Sharaa tomara Damasco).

Las declaraciones procedentes de Damasco enviaron una advertencia a los kurdos, aunque los líderes kurdos esperaban, contra toda lógica, que los EEUU los protegiera (en diciembre de 2024, Abdi dijo que los kurdos sirios estaban en "comunicación continua con nuestros amigos(!) estadounidenses, que apoyan nuestros esfuerzos para detener la escalada y garantizar los derechos de todos los componentes sirios, incluidos los derechos de los kurdos en el marco de un Estado unificado").

EEUU inició la retirada y los kurdos sirios comenzaron a expresar su desesperanza. Una funcionaria de las SDF me dijo que sus fuerzas habían luchado contra el ISIS y habían sufrido enormes bajas, pero que ahora eran, en sus propias palabras, "nada en absoluto". Las fuerzas del nuevo régimen sirio inundaron el norte. "Siria no necesita experimentos impuestos por la fuerza", dijo al-Sharaa. Rojava estaba en su punto de mira. No tardó mucho en terminar el trabajo. "Estamos decididos a proteger los logros de la revolución", dijo Abdi, pero esto parece más bien una ilusión.

El ejemplo de Siria ha enviado una fría brisa al otro lado de la frontera, a la región autónoma kurda del norte de Irak. El líder iraquí Muqtada al-Sadr publicó un mensaje en X con una advertencia de que lo que ocurrió en Siria "no debe tomarse a la ligera". "El peligro es inminente", escribió, "y el terrorismo cuenta con el apoyo de la arrogancia global". Con el cambio de estrategia del PKK turco y la derrota de los kurdos sirios, cualquier fe en Irbil (Irak) de que la región autónoma kurda sea eterna se desvanecerá ahora. Al-Sadr sugirió la unidad frente a la agresión externa. Es una sugerencia que sería difícil de rechazar en estos tiempos.

El colapso de Rojava no fue solo el fracaso de una revuelta local que no pudo mantenerse. Fue la derrota de una apuesta política: que la descentralización y la autodefensa armada podían contar con el apoyo de los EEUU. El lenguaje de la democracia y la dignidad puede haber atraído a algún que otro diplomático estadounidense, pero no significaba nada en Washington. "Construimos Rojava sobre un pantano", me dijo un funcionario kurdo sirio pocas horas después del acuerdo.

Globetrotter.media / lahaine.org

 

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