Reseñas: Monografías de Veracruz, Guerrero y Durango

EN MÉXICO, DURANTE las últimas décadas han proliferado las monografías de los estados de la República, y, en el caso de algunas entidades federativas, como Veracruz y el estado de México, las monografías de municipios y algunas ciudades importantes. Abundan también los diccionarios de historia, biografía y geografía de la mayoría de los estados y los diccionarios enciclopédicos del Distrito Federal, Guerrero y otras entidades. En los estados de mayor desarrollo, han empezado a aparecer los llamativos libros intitulados "Quién es quién" en Monterrey, Quién es quién en el estado de México y de otras entidades federativas. De las monografías estatales aparecidas ya hace algunos lustros, se transcriben las reseñas de tres de ellas: Veracruz, Guerrero y Durango.
1. Veracruz: sociedad, economía, política y cultura
BAJO LA COORDINACIÓN de Pablo González Casanova y Jorge Cadena Roa, están ya en circulación varios volúmenes de la Biblioteca de las Entidades Federativas que han sido elaborados por equipos interdisciplinarios de toda la República. La investigación ha sido realizada de 1985 a 1988, bajo los auspicios de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de las Naciones Unidas. La serie lleva el sello del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM. Dada la importancia del estado de Veracruz, la reseña de la colección da inicio con Veracruz: sociedad, economía, política y cultura, de Héctor Amezcua Cardiel.
En el capítulo 1, “Para entender a Veracruz”, al señalar los aspectos fundamentales en la acumulación de capital se informa que esta entidad cuenta con el mayor hato ganadero del país, aunque es principalmente extensivo en su cría.
El autor plantea: “El proceso de acumulación de capital en Veracruz ha carecido de un solo núcleo de concentración industrial, a diferencia de otras entidades como Guadalajara, Monterrey, la ciudad de Puebla, por citar algunas de las más industrializadas del país. En cierta semejanza con el estado de México, tiene múltiples centros industriales y urbanos, pero a diferencia del mismo, en Veracruz existen polos de desarrollo especializados en alguna actividad económica”. (p. 17)
De acuerdo con Amezcua Cardiel, no obstante el desarrollo industrial y agropecuario del rico estado costero, en el norte veracruzano la marginación alcanza un índice que se extiende sobre 10 municipios, y el 30 por ciento de los mismos registra alta marginación; en el centro, 40 por ciento de los municipios tiene alto índice de marginación, y el 20 por ciento se ubica en el rango de crítico; y en el sur, 36 por ciento está en índice alto, aunque predomina el nivel medio de marginación.
Veracruz es un estado muy importante: tiene una población de 6.3 millones de habitantes, es decir, sólo es superado por el Distrito Federal y el estado de México. Las inversiones en la industria petrolera son colosales, y ocupa el tercer lugar en la producción de petróleo crudo y minería; el cuarto, en gas natural, electricidad y construcción; el quinto en manufactura; el primero en fruticultura, barbasco, ostión, jaiba y langostino, y cuenta con la segunda zona productora de café.
En el capítulo II, “La cultura política en Veracruz”, se hace referencia a este fenómeno entre los campesinos, los obreros y los empresarios y clases medias.
Según el autor, se mantienen en la memoria colectiva las experiencias campesinas de los años 20 y 30. En la actualidad, las expresiones del comunalismo se desarrollan por medio de organizaciones como la Unión de Todos los Pueblos Pobres, la Unión de los Cuatrocientos Pueblos, la Organización Independiente de los Pueblos Unidos de las Huastecas, los Campesinos Unidos de la Sierra Oriental y la Unión de Comuneros Emiliano Zapata.
Para Héctor Amezcua Cardiel: “…Ferrocarrileros, portuarios, marineros y artesanos del puerto de Veracruz fueron los primeros que se organizaron en el país, primero en sociedades mutualistas y después en sindicatos…” (pp. 34-35)
Entre los grandes propietarios agrarios, ganaderos y caciques predomina la cultura política del caciquismo.
En una apretada síntesis, el estudio señala cómo se relacionan las culturas políticas en Veracruz: “aún más, entre ellas mismas se interactúan, influyen y acercan en un mismo espacio social: en las zonas rurales, el caciquismo se entrevera con el comunalismo y los restos del agrarismo, ya sea tejedista o cardenista, y ambas con el aparato cultural priista que las opaca o estimula; en las urbanas, cierto liberalismo republicano se empalma con el regionalismo tanto como con el priísmo dominante; y en las zonas industriales tradicionales y para la clase obrera, los restos de tradiciones de lucha cromista, croquista, nacionalista-revolucionaria, conviven con estilos corporativistas de profunda fuerza, por dar un ejemplo”. (pp. 45-46)
En estos dos primeros capítulos, la obra está apoyada en textos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, el gobierno del estado, el IEPES del PRI, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y autores como Romana Falcón, Salamini Heather Fowler, Olivia Domínguez Pérez, Alba Manrique G. y Bernardo García Díaz.
***Héctor Amezcua Cardiel, Veracruz: sociedad, economía, política y cultura, México, UNAM, 1990, 160 pp.
El Sol en la política, núm. 40, 7-I-92
2. Guerrero: sociedad, economía, política y cultura
EN LA IMPORTANTE serie Biblioteca de las Entidades Federativas, que coordinan Pablo González Casanova y Jorge Cadena Roa, ya han aparecido los libros concernientes a Veracruz, Michoacán, Zacatecas, Sonora, Baja California Sur y Guerrero. El correspondiente a este último se debe a la pluma de la estudiosa Alba Teresa Estrada Castañón, quien, por cierto, escribió su tesis profesional sobre el gran movimiento social de 1960 que echó abajo al gobierno despótico del general Raúl Caballero Aburto y dio inicio a la primera impugnación de masas del cacicazgo sureño.
El texto se divide en los siguientes capítulos: “Para entender a Guerrero”, “El peso de la historia”, “Relaciones de poder y cultura política”, “Elementos del poder: el poder institucionalizado”, “Los actores sociales”, “Procesos electorales y partidos políticos” y “El sistema político en movimiento”.
La autora periodiza la historia política de Guerrero así: Primer período (1849-1924): la era de los caciques-caudillos; Segundo período (1924-1959): ascenso del centralismo y reestructuración del poder local, y Tercer período (1960-1978): crisis de legitimidad y reforma política.
El estado que desgobierna Rubén Figueroa Alcocer es un estado atrasado. Señala la investigadora: “…Para 1990 el porcentaje de la PEA agrícola había disminuido al 36.4%, que situaba a Guerrero en el noveno lugar en fuerza de trabajo ocupada en labores primarias, mientras que la PEA del sector terciario representaba ya el 42.6% del total de la PEA. Como reflejo de su escasa industrialización, la PEA del sector secundario (industria, construcción y electricidad) ha tenido pocas variaciones; en 1950, representaba el 7.9% de la PEA; en 1980, el 8.4%, y en 1990, el 16.9%, sólo por encima de Oaxaca, Quintana Roo y Chiapas”. (p. 14)
Como es sabido, la principal actividad generadora de divisas en Guerrero es el turismo, que tiene como centros fundamentales a Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco.
Conforme a la autora, los rasgos centrales de la cultura política en Guerrero son el centralismo, el caciquismo, el caudillismo, el autoritarismo, el regionalismo y la violencia. A líderes sindicales, agrarios y políticos del PRI, como Filiberto Vigueras Lázaro (ya fallecido), Nabor Ojeda, Antonio Jaimes, Netzahualcóyotl de la Vega y Rubén Figueroa junior, los considera como expresiones del ejercicio caciquil del poder.
Alba Teresa plantea una tesis interesante: la frecuente caída de gobernadores en Guerrero no refleja su carácter ingobernable, sino el centralismo político más flagrante y la violación más frecuente de su soberanía.
En el libro se abordan temas de gran interés: el rol de los empresarios y grupos de poder, la Iglesia, los movimientos sociales, los medios de comunicación, la Universidad Autónoma de Guerrero, la evolución electoral y el Partido de la Revolución Democrática en Guerrero. Sin embargo, la autora no comprende correctamente la situación actual y las tendencias más probables de las organizaciones campesinas y el movimiento urbano-popular, que, sin duda, viven una etapa de ascenso y de mayor peso en la vida social de la entidad.
La obra incluye una bibliografía extensa, entre cuyos autores se hallan Mario Martínez Rescalvo, Jorge Obregón Téllez, Álvaro López Miramontes, Max Arturo López Hernández, Mario García Cerros, Gerardo Peláez Ramos y Octaviano Santiago Dionisio.
Para los interesados en el sistema político mexicano, el libro reseñado es de lectura obligada.
***Alba Teresa Estrada Castañón, Guerrero: sociedad, economía, política y cultura, México, UNAM, 1994.
3. Durango. Monografía estatal
EL CEPES DEL PRI publicó en 1987 el pequeño libro Durango. Monografía estatal, que contiene los siguientes capítulos: Marco histórico, Aspectos geográficos, Marco sectorial, Población y Estructura administrativa y constitucional, además de apéndices estadísticos que incluyen indicadores físicos, demográficos, sociales, económicos y macro-económicos.
El marco histórico es muy reducido y viene acompañado de unas reseñas biográficas de hombres y mujeres ilustres , entre quienes sobresalen Guadalupe Victoria, Francisco Zarco, Francisco Villa, Alberto Terrones Benítez y Silvestre Revueltas.
Por su extensión territorial, Durango ocupa el cuarto lugar nacional; posee tres de los cuatro grupos de climas existentes en el país; tiene siete regiones hidrológicas, cuatro provinias fisiográficas y se dan en él 15 de las 25 unidades de suelo que hay en México.
De acuerdo con el texto: “La superficie agrícola del estado es de 1 millón 209 mil 128 hectáreas de las cuales se explotan solamente 147 mil 071 bajo condiciones de riego y 495 mil 682 hectáreas de temporal”. (p. 32)
Poco después, agrega: “…la agricultura tecnificada… aporta el 60% del valor total… de ahí que la superficie de riego aunque ocupe una superficie mínima su volumen sea alto…” (p. 33)
La agricultura tradicional tiene bajos rendimientos, según la obra, por falta de mecanización, escasez en el uso de semillas mejoradas, inseguridad en la tenencia de la tierra y la proliferación de minifundios.
Los bajos precios de garantía de los productos agrícolas, son un factor que limita la producción ya que no hay correspondencia con los costos reales.
Por la exportación de ganado bovino en pie, en 1986 Durango ocupó el segundo lugar nacional.
Resalta la actividad forestal en 1987. Durango se colocó en primer lugar en la producción de madera en rollo. Sin embargo, hay un manejo inadecuado del bosque, ausencia de reforestación, disminución de potencial silvícola y aumento del deterioro en el equilibrio ecológico. La silvicultura, cabe destacar, es el subsector de más rápido crecimiento en la entidad, y sus índices de incremento productivo son de los más altos en la República.
Muchas organizaciones campesinas son de membrete y existe corrupción en los dirigentes y sus bases.
El estado ha observado un despegue de la pesca, que se desarrolla principalmente en las presas pues Durango es mediterráneo.
La entidad cuenta con dos polos de desarrollo industrial: el municipio de Durango y la región lagunera, con producción centralmente de alimentos, ropa y productos federales.
Durango es un estado minero en el que se explota oro, plata, plomo, cobre, zinc, fierro y otros minerales, aunque la actividad minera se ve trabada por la falta de vías de comunicación y de servicios básicos.
El parque industrial lagunero es señalado en el libro como ejemplar, además de contar con el apoyo gubernamental, con positivas relaciones obrero-patronales y con una iniciativa privada dinámica.
La entidad cuenta con cinco plantas generadoras de energía eléctrica, que dan servicio al 84 por ciento de la población.
El turismo no ocupa un papel importante en la economía del estado, no obstante los recursos naturales de éste.
El transporte público de pasajeros, en Durango, Gómez Palacio y Lerdo no ha evolucionado como debiera y la situación de la red carretera es preocupante, ya que el 10 por ciento tiene más de 20 años y carece de una adecuada conservación y mantenimiento. Los ferrocarriles están rezagados. Los servicios de teléfonos, telégrafos y correos están por encima de la media nacional, mas no satisfacen las necesidades de la población.
En 1986, se estimaba que Durango tenía una población de 1 millón 347 mil personas con una densidad de 10 habitantes por kilómetro cuadrado.
La población económicamente activa en 1980 fue de 357 mil 163 personas, distribuidas así: “en la agricultura, ganadería y caza 30.9%, en explotación de minas y canteras 0.92%, en la industria manufacturera 7.6%, en electricidad, gas y agua 0.25%, en construcción 4.7%, en comercio por mayor y por menor 7.2%, en transporte y almacenamiento 3.5%, en establecimientos financieros 1.0%, en servicios comunales 10.9%, en otras no especificadas 32.2% y desocupados 0.7%”. (p. 76)
Durango tiene 457 mil 299 alumnos de todos los niveles, 9 mil 909 maestros de primaria, tres institutos tecnológicos, una Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia, una universidad y cuatro escuelas normales.
El 9.2% de la población carece de los servicios de salud mínimos indispensables y la entidad cuenta con mil 548 médicos.
Hay escasez de viviendas, en especial en Durango y Gómez Palacio.
Queda asentado en el texto: “…en relación al peso y talla de los niños existe desnutrición en primer grado 48.3%; desnutrición segundo grado 9.2% y desnutrición tercer grado 1.1%...
“Respecto al grupo de madres embarazadas y en período de lactancia, consideradas éstas dentro de un rango de 15 a 40 años se ha detectado que el 40% del total presenta algún grado de desnutrición”. (p. 98)
La patronal duranguense está agrupada en tres cámaras: Cámara Nacional de Comercio, Cámara Nacional de la Industria de Transformación y Confederación Patronal de la República Mexicana, dos asociaciones industriales: de mineros y forestales, y dos uniones: la de ganaderos y la de madereros. La mayoría de la clase obrera se halla afiliada a la Confederación de Trabajadores de México y a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, así como a sindicatos independientes.
Seguramente, aunque no lo dice la obra, una buena parte de los trabajadores debe agruparse en la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado y en sindicatos nacionales de industria no confederados, aunque sí afiliados al Congreso del Trabajo.
Los grupos marginados están constituidos por los habitantes de las zonas áridas, los indígenas y los pobladores de Las Quebradas.
La monografía no es una apología de la política gubernamental y aporta datos sumamente útiles para la mejor comprensión de la realidad de Durango, para la investigación y para la toma de decisiones. Su lectura es útil.
***CEPES PRI, Durango. Monografía estatal, Durango, diciembre de 1987, 148 pp.
El Sol en la política, núm. 39, 31-XII-91







