Los ominosos caminos de la Seguridad Democrática en el Estado de Morelos

En el imaginario social morelense se reeditan las señas negativas de la violencia, la inseguridad, la corruptela y la complicidad de funcionarios estatales, municipales así como de mandos y personal subalterno de las fuerzas de seguridad con las bandas delictivas. La esclerosis de la procuración de justicia en el Estado tiene mucho de complicidad con el crimen organizado y con los grupos de poder. Tenemos la convicción de que el Estado de Morelos y la ciudad de Cuernavaca son los espejos de muchos otros dramas estatales y urbanos en el país.
Frente a lo anterior, el gobierno perredista no ha podido, más allá de la retórica, distanciarse de las excrecencias de las administraciones panistas y priistas desde Carrillo Olea a Marco Adame. Los ciudadanos morelenses comienzan a dar muestras de su hartazgo, como lo refrenda la marcha ciudadana del 30 de junio pasado, la cual fue saboteada por Morales Barud en acción concertada con los antorchistas con la finalidad de frenar su acceso a la Plaza de Armas y al frontispicio del Palacio de Gobierno donde se ubica el altar y los carteles dedicados a los muertos y desaparecidos.







