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Cuba :: 19/09/2005

Sexo, huracanes, Nueva Orleáns y Cuba

Jim Stanford
Los residentes de Nueva Orleáns fueron libres, sí: libres para que los dejaran ahogarse en un hogar de ancianos

Cualquier terapeuta sexual le dirá: No es lo que tengas; sino lo que haces con lo que tienes. El mismo principio se aplica exactamente en la economía. Los titulares económicos centran la atención en el crecimiento del producto nacional bruto (PNB). El supuesto subyacente - expresado en muy raras ocasiones - es que si la economía está creciendo, estaremos mejor. En la realidad, sin embargo, el vínculo entre el crecimiento económico (lo que tienes) y el bienestar humano (lo que haces con lo que tienes) es más confuso.

No me malinterpreten: No soy una especie de hippie nostálgico en contra del crecimiento. Por supuesto que necesitamos más bienes y servicios que hagan posible vivir a plenitud, la seguridad de la vida - incluida la atención a la infancia, la vivienda pública y la recuperación ambiental (todo lo cual se suma al PNB como seguramente la vaina a la semilla). De hecho, la mayoría de los problemas sociales, como la pobreza y la desigualdad, empeoran cuando la economía no está creciendo.

De manera que el crecimiento económico produce recursos que, se espera, puedan utilizarse en el mejoramiento de la calidad de vida. Pero el crecimiento, en sí y de por sí, no se pone en funcionamiento. Todo depende de cómo se administra, se dirige y se distribuye el crecimiento.

Un destacado indicio de esta verdad se puede encontrar en la clasificación de países según el "desarrollo humano" que Naciones Unidas publicó la semana pasada. Canadá bajó al quinto lugar en el informe de 2005 (un peldaño inferior al del año pasado). La clasificación es una amalgama de tres mediciones diferentes: esperanza de vida, educación y prosperidad material (representativa del PNB por persona), de manera que sea un indicador más concreto del bienestar que el PNB, aunque todavía existen problemas con la metodología (por ejemplo, solamente se considera el PNB promedio y no la distribución del ingreso).

Hay un segmento especialmente fascinante en el informe de las Naciones Unidas, que muestra la diferencia entre la clasificación en cuanto al desarrollo humano de un país y su clasificación según el PNB per cápita solamente. Este segmento da una medida de la eficacia con que un país traslada lo que "tiene" (en términos del PNB) al bienestar real.

Una medición positiva muestra que un país tiene mejores resultados que la media al convertir el progreso económico en progreso humano; un número negativo indica lo contrario. La puntuación de Canadá en esta medición es +2: es decir, estamos ligeramente mejor en cuanto a desarrollo humano (quinto lugar) que en la clasificación del PNB (séptimo lugar). Estados Unidos tiene -6: es relativamente ineficiente en convertir su vasta riqueza material en bienestar humano (hecho sumamente evidente para cualquiera que vio la televisión la semana pasada). La compasiva Suecia tiene una puntuación de +14: Suecia se empató con Canadá en desarrollo humano, con un PNB per cápita que es el 15 por ciento inferior.

Y ahora viene el gran bombazo: Una isla del Caribe fue la mejor en la conversión del producto económico en bienestar social. Cuba ocupa el lugar 52 en el mundo en la clasificación por el progreso social - 40 peldaños amplios por encima de su posición en la clasificación según el PNB. Por consiguiente, en la carrera por el desarrollo humano, la pequeña Cuba se fue muy por encima de su peso económico que cualquier otro país del mundo.

Hay muchos indicadores visibles del éxito de Cuba en la conversión de un mero producto en genuino progreso. Sus logros en la atención médica y en la educación son comparables con los de los países desarrollados, no con los del Tercer Mundo (la esperanza de vida, por ejemplo, se corresponde con la de los Estados Unidos y la tasa de mortalidad infantil es incluso inferior).

La respuesta de Cuba a los desastres naturales brinda otro oportuno contraste. Al igual que la Costa del Golfo de los Estados Unidos, Cuba ha sufrido la experiencia de muchos huracanes. El año pasado, padeció el impacto directo del huracán Iván de categoría 5. Dos millones de personas fueron evacuadas (a escuelas, edificios públicos y hogares privados - no a incontrolables estadios deportivos); ni una persona murió.

Por supuesto, los amantes del libre mercado explotarán cuando lean esto. ¿Cómo puede un país con planificación centralizada y gobierno comunista ser eficiente en algo? Y qué me puede decir de las virtudes de la "libertad económica", es decir, el derecho a ser libre de impuestos y de la intervención del gobierno. El argumento de ellos, que nunca fue convincente, de repente se ha tornado totalmente surrealista. Los residentes de Nueva Orleáns fueron libres, sí: libres para que los dejaran ahogarse en un hogar de ancianos, o libres para que les robaran y los asesinaran después que hubo pasado la tormenta.

El atrevido ofrecimiento de Fidel Castro de enviar 1 100 médicos a ayudar a los Estados Unidos en su actual crisis humanitaria fue rechazado por el gobierno de Bush, como era de esperarse. Pero la nación isleña nos presta un servicio mucho mayor. Aun cuando los tiempos son difíciles y la riqueza material escasea (como es el caso de Cuba), una sociedad que trabaja codo con codo e identifica las verdaderas prioridades, es una sociedad que puede continuar haciendo mucho bien por su pueblo.

* Jim Stanford es economista del sindicato canadiense de los Trabajadores de la Industria Automotriz. Ha visitado Cuba y Nueva Orleáns

Globe and Mail
Traducción: Cubadebate

 

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