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Argentina :: 13/08/2026

Tras la batalla que golpeó al régimen, vamos por tierra para vivir y para producir

Sergio Zeta
Con las masivas movilizaciones en todo el país y la “batalla del Congreso” –al igual que en el Eternauta- le dimos un buen golpe al régimen de Milei y a los “Ellos” invasores

Tan efectivo que lo obligamos a guardarse dos tercios de la ley -la extranjerización de las tierras y la ley del fuego-, en esa zona anatómica que tanto le gusta mentar al presidente cuando olvida tomar su pastillita.

Crónicas, memes, notas a montones, fueron vehículos a través de los cuales manifestar de alguna manera la alegría.

Vamos por más. La ley de inviolabilidad de la propiedad privada (desde ya la inviolabilidad de la propiedad de los ricos, porque la nuestra hace rato que la violan, aunque sea tan mínima como un plato de comida o un lugar donde vivir) recibió media sanción. Queda aún la amenaza a inquilinos, a millones de familias sin vivienda, a comunidades originarias, a trabajadores de empresas recuperadas y a un largo etcétera a través de los desalojos y la imposibilidad de expropiaciones por parte del estado.

Largo etcétera en el que todos y todas nos incluimos y que nos seguirá amenazado mientras este gobierno perdure. O mientras los próximos inquilinos de la Casa Rosada, aunque se vistan de opositores, se preparen para devenir en un mileismo sin Milei. El camaleón, mamá, cambia de colores según la ocasión. Especialmente si la ocasión y hasta los colores, los elige el poder económico. No por nada tuvo tanto éxito el hit "la casta", en boca del candidato a presidente que pasó, sin transición, de ridículo panelista televisivo a payaso sangriento y enemigo del pueblo.

Vale no olvidar la palabra "enemigos". En una "democracia" sostenida en la falacia de que sólo hay adversarios, nunca enemigos, con quienes siempre se puede (y supuestamente se debe) conversar y acordar, siempre pierde el pueblo. No "estamos todos en el mismo barco". Claramente hay enemigos, porque hay un sistema económico, social, político y cultural por derribar. "El amor vence al odio" militan por ahí, aunque el enemigo nos odie y pretenda destruirnos. Pero el pueblo se cansa de poner la otra mejilla y suele encontrar, tarde o temprano, las vías para manifestarse. Y al estilo de un MacGyver moderno, encontró en apenas un trapo y un poco de pintura, una herramienta que incentivó a irrumpir masivamente para hacer tronar el escarmiento. Lo viejo sirve.

Por eso quiero aportar unas reflexiones sobre las que considero las próximas batallas a dar. Porque el enemigo no descansa. Y porque la historia está llena de batallas seguidas por derrotas. No sólo por falta de preparación, sino por no haber librado las siguientes a tiempo.

Ya la presentación misma de esta ley en el Senado encuentra sus raíces en batallas anteriores, que se libraron aisladas o directamente no se dieron. ¿Acaso el brutal desalojo de miles de familias que ocuparon un terreno en Guernica (Buenos Aires), en plena pandemia, para tener donde vivir, no fue un antecedente, objetiva y subjetivamente, de la ley que ahora se quiso sancionar? ¿Acaso la famosa "expropiación" de Vicentín - un gigante del agronegocio nacional- que devino en mero jarabe de pico, no fue una de las batallas no dadas, que envalentonó al enemigo y abrió camino a esta ley? ¿No lo fueron también el desalojo de la empresa recuperada Bauen, o el de las comunidades originarias, tanto en la Patagonia como en el norte del país?

Fueron antecedentes objetivos, pero también ideológicos -que luego Milei desarrolló hasta el paroxismo- de que el bien privado está por sobre cualquier bien común, colectivo, de nuestro pueblo, condenado a esperar un hipotético "derrame". Este triunfo nos obliga a reflexionar acerca de estas derrotas y batallas no libradas. ¿Qué hicimos entones? ¿Hicimos lo suficiente?

Y vale también interrogarnos, ¿Podemos sentarnos a esperar solamente un "Estado presente" que fuerce un derrame, que nunca surge de buena gana por parte del poder económico? Y asimismo preguntarnos: ¿son el Congreso y la Plaza de Mayo los únicos lugares en donde se asienta el poder, aún sean los más visibles, en tiempo de dominio de las corporaciones?

Los dueños del mundo no tienen otra patria que sus cuentas bancarias, sus paraísos fiscales, Wall Street o Silicon Valley. Mientras la Patria para el pueblo es, como alguna vez definió José Martí, "aquella porción de la humanidad que vemos más cerca y en que nos tocó nacer" cuyo fin último "no es la gloria vacía, sino la felicidad real y concreta de las personas que componen el pueblo".

Para el poder económico, la Argentina es apenas una cantera de mano de obra barata y de bienes naturales estratégicos. La "negrada", es decir nosotros, el pueblo, somos una molestia y un peligro, al que algunos de sus 'influencers' ya sugieren eliminar con esterilizaciones y napalm. En su proyecto de país, sólo existen Vaca Muerta, el agronegocio y los minerales. Nosotros sobramos. Y por eso sobran también la educación, los salarios dignos, las jubilaciones, la salud pública, la ciencia y tecnología, la cultura.

Todo esto no se trata del sueño de un loco sino del proyecto del poder económico. Y acá no hay diferencias. Joe Lewis (Reino Unido), Luciano Benetton (Italia), Goldcorp (Canadá), Peter Thiel (alemán estadounidense), entre otros, no se diferencian en nada, para nuestro pueblo y para el país, a los de nacionalidad argentina, como Elsztain, Pérez Companc, Grobocopatel, Blaquier, Urquía, Eurnekian o Werthein.

¿Qué Estado, dijimos, podrá forzarlos a meter la mano en el bolsillo para no perder todo? Existe una sola fuerza que puede incidir en esto: el miedo al pueblo movilizado. Como el que tuvieron tras la rebelión popular del 2001, cuando el poder económico tuvo que blindar sus empresas. Y los políticos a su servicio, sólo se atrevían a salir a la calle con custodia de gendarmería.

Estamos lejos de lograrlo. Sin nuevas batallas, la fuerza popular puede irse desgranando. Contentarse con este buen primer paso, si bien es necesario, de frenar la profundización de la extranjerización de nuestros territorios (ya son dueños del 5% del territorio y en algunas provincias, como Misiones, del 40%), puede ser aprovechado por el enemigo. Tenemos que estar atentxs y listxs para batallar. No faltarán quienes se vestirán con la camiseta celeste y blanca por el sólo hecho de que garpa.

Ya es hora de no conformarse con sólo frenar al enemigo. Junto con prepararnos para evitar la sanción de la Ley en diputados y para frenar la segura represión con la que intentarán blindarla, necesitamos fijarnos objetivos colectivos, un proyecto popular hacia donde ir nos urge.

Logramos frenar la extranjerización de la tierra, vamos por tierra y viviendas para el pueblo. Necesitamos que la tierra sea para "vivir y para producir". Ya no podemos conformarnos con el amo supuestamente "menos malo", no hay margen para eso, sino de pelear porque nuestros territorios sean fuente de alimentos sanos, de trabajos dignos, de vivienda para todos y todas, de ambientes no contaminados, de un pueblo de comunidades cooperantes, del buen vivir. Con unidad, organización, y objetivos y programas claros podemos recorrer el camino en esa dirección.

Continuará...

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