Tres pilares del Sur Global que desafían el orden mundial de Washington

La 'pax americana' ('paz estadounidense'), es decir, el orden imperial construido por EEUU, se halla en una fase de declive relativo y definitivo. Algunos interpretan este proceso como una oportunidad y no creen que el mundo vaya a ser menos seguro; otros advierten de que el derrumbe del orden establecido puede traer conmociones y caos.
El lado oscuro del orden mundial de EEUU
La 'pax britannica' desempeñó un papel central en la imposición del "siglo de humillación de China", en el debilitamiento de su civilización y en la inserción en un juego de suma cero, con los efectos devastadores del narcotráfico británico como telón de fondo, todo ello presentado bajo la retórica de los 'valores civilizados' y del libre comercio.
La llegada de la 'pax americana' también tuvo un costo altísimo: las poblaciones indígenas de Norteamérica pagaron con su sangre y sus tierras. Tras la guerra hispano-estadounidense, los filipinos vivieron décadas de represión cuando el imperio estadounidense reemplazó al español, y la guerra económica —herramienta favorita de la 'pax americana'— ha provocado la muerte de millones de personas en distintos lugares del planeta. Esta insidiosa forma de guerra no cinética tiene como objetivo convertir a los sujetos de las relaciones internacionales en objetos impotentes de la geopolítica estadounidense.
La construcción deliberada y sistemática de una imagen permite justificar y legitimar el uso de la fuerza bruta y cruel en nombre de un imperio cuya definición cognitiva entra en contradicción con sus distópicas realidades físicas.
Simultáneamente se emplean el poder duro y el poder blando: el primero para expandir el imperio e imponer su voluntad geopolítica; el segundo para consolidar la 'pax americana', al justificar y fundamentar aquellos aspectos del imperio que resulta imposible explicar racionalmente mediante la lógica emocional.
Imperio en declive
En cuanto la imagen de prosperidad de un imperio se derrumba en la mente de la gente, también empiezan a resquebrajarse y desmoronarse sus formas físicas. En el marco de las relaciones internacionales del siglo XXI, el declive relativo de la 'pax americana' gana impulso rápidamente.
A ello contribuyó una serie de guerras interminables por elección propia, que al principio nacieron de la arrogancia y la prepotencia, y ahora, de la desesperación imperial y de una desconexión cognitiva respecto a las consecuencias reales.
La llegada de Trump a la presidencia de EEUU suele presentarse como una reacción al estancamiento estadounidense. Sin embargo, Trump no es una respuesta al declive del imperio, sino más bien un síntoma de este.
A pesar de la retórica inicial de Trump sobre un "regreso a los fundamentos" y de sus ahora vacíos lemas como 'Make America Great Again' (MAGA), sus acciones muestran que está centrado al máximo en la aplicación de los imperativos geoestratégicos de conservación del imperio.
El control absoluto como herramienta de supervivencia
Para imponer al mundo la 'pax americana' y preservar lo que queda de su otrora indiscutido estatus de hegemón global, EEUU necesita ejercer un control absoluto sobre su red de Estados vasallos y clientes, e impedir la aparición de potencias independientes o bloques capaces de desafiarlo.
A un imperio o a un Estado que confía en sí mismo no le hace falta imponer su voluntad y sus exigencias en un sentido absoluto; sin embargo, un imperio en declive no posee esa seguridad.
En la versión actual de la 'pax americana' se ha generalizado la coerción y el aplastamiento de otros actores —ya sean clientes, vasallos o Estados independientes— con el objetivo de configurar un sistema mundial binario en el que Washington trata al resto como "objetos" de las relaciones internacionales.
Rusia, China e Irán: el nuevo paradigma pragmático
El Sur Global aún no puede considerarse una fuerza única y homogénea, sino un conjunto de potencias no occidentales dentro de una configuración multipolar. Estos actores difieren notablemente en tamaño, recursos, tipos de poder y forma político‑civilizatoria, y dentro de ellos se puede trazar una línea clara entre Estados nacionales y Estados‑civilización.
La 'pax americana' y su sistema de vasallos buscan fracturar el Sur Global para destruir la unidad de esta creciente comunidad de influencia geopolítica. Se han cometido o amenazado con cometer descarados actos de agresión contra Venezuela, Nigeria, Cuba, Irán y otros países. En tres regiones geopolíticas globales clave, la 'pax americana' busca principalmente contener y debilitar a tres Estados-civilización, debido a su papel central en la creación y regulación de un sistema global alternativo viable.
Los pilares fundamentales del Sur Global son los Estados-civilización: entidades multiétnicas, multiculturales y/o multiconfesionales, con una larga historia como sujetos independientes en las relaciones internacionales y acostumbradas a pensar con una visión estratégica a largo plazo.
Esos tres pilares son China en la región indopacífica, Irán en Asia Occidental y Rusia en Eurasia. En conjunto, desempeñan un papel central en la construcción del proyecto de la Gran Eurasia, concebida como un sujeto soberano e independiente, protegido del impacto tóxico de la 'pax americana'. Por ello el Norte Global lleva años intentando socavar simultáneamente a estos tres países.
EEUU y los países del Norte Global abordan las relaciones internacionales de manera mercantilista y con un tono ideológico mesiánico, lo que conduce a resultados de suma cero que perjudican los intereses de otros Estados. En cambio, proyectos geoeconómicos del Sur Global como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, los BRICS y la Gran Asociación Euroasiática se basan en el pragmatismo y en relaciones equitativas, no en intentos de monopolizar recursos económicos clave y rutas de transporte, algo característico de las guerras económicas de EEUU, cuyo objetivo miope es convertir a los Estados en meros objetos y obstaculizar su potencial.
El enfoque de la 'pax americana' y del Norte Global, que Trump utiliza de forma cada vez más intensa, ineficaz e imprudente, es reactivo e insostenible. Exige someter la voluntad y los recursos de todo el mundo a la tarea de mantener un imperio en degradación.
Los vasallos de Washington han comprobado que albergar bases militares estadounidenses en su territorio no garantiza seguridad, sino inseguridad. Esos pasos tácticos, desesperados e incoherentes, carentes de una estrategia viable, constituyen el ruido que precede a la derrota estratégica y al colapso del imperio estadounidense.
* Politólogo sueco y profesor de la Universidad Internacional Daffodil.
Actualidad RT / lahaine.org







