Túnez: El gobierno de "transición" no convence al pueblo

Lo que demuestra que no se trata de ninguna transición, si no de una clara continuidad. La prueba es que el gobierno de "transición" reprime igual que el anterior, sobre todo a los que intentan desvelar las mentiras con que intentan tranquilizar al pueblo.
La dirección del sindicato Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), reunida esta mañana en sesión de urgencia cerca de la capital, decidió no reconocer al nuevo Ejecutivo, manifestó Lutfi Jalamumi, consejero principal del secretario general de la UGTT.
Los dos representantes del sindicato en el Gabinete de transición anunciado el lunes eran Abdelyelid Budui, como ministro consejero del primer ministro, y Husín Dimasi, como ministro de Formación Profesional y Empleo.
El sindicato ha retirado igualmente a sus representantes en instituciones como el Parlamento y el Consejo Económico y Social, indicó Jalamuni.
El nuevo Gobierno de "transición" tunecino mantiene en los puestos clave como Interior, Asuntos Exteriores, Defensa o Finanzas a seis ministros de la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), el partido en el poder del presidente depuesto.
El Ejecutivo, que debe mantener a la gente calmada y restituir la confianza en el sistema corrupto hasta la convocatoria de elecciones, incluye también a los dirigentes de los tres partidos de oposición legales y a representantes de organismos sociales y culturales críticos pero comprensivos con el antiguo régimen.
La decisión de la UGTT, que jugó un papel clave en la organización de las protestas sociales que acabaron con el régimen de Ben Alí, coincide con la celebración de numerosas protestas y manifestaciones en la capital en demanda de un cambio verdadero, y no esta farsa que están montando los políticos.
Los manifestantes exigen la disolución del partido de Ben Alí, que ocupó durante décadas todos los resortes del poder en Túnez, tanto a nivel central como regional y local, y ahora sigue en el poder aunque ligeramente al costado.
Unas 15.000 personas se manifestaron en Sfax, centro económico del país. Además, miles de personas se congregaron en Sidi Buzid, en la misma región, donde empezó a mediados de diciembre la movilización popular que el viernes pasado obligó al presidente Zine El Abidine Ben Alí, en el poder desde hacía 23 años, a huir del país.
En Regueb, a 37 kilómetros de Sidi Buzid, se manifestaron unas tres mil personas, y unas 1.500 participaron en una marcha en Kaserín, otro bastión de la revuelta que echó al dictador.
El gobierno de "transición" reprime igual que el anterior
Por la mañana, la policía dispersó con gases lacrimógenos y bastonazos a varios cientos de manifestantes en el centro de la capital. La marcha estaba encabezada por el dirigente islamista Sadok Shuru, liberado de la cárcel el 30 de octubre pasado tras 20 años de reclusión por sus actividades políticas. "El nuevo gobierno no representa al pueblo y debe caer. No al RCD", dijo Shuru a la agencia AFP durante la marcha.
El nuevo gobierno está encabezado por el primer ministro Mohamed Ghanuchi, quien conservó su cargo al igual que otros siete ministros, en puestos clave como los de Interior, Defensa, Relaciones Exteriores y Finanzas.
El gabinete, de 24 miembros, incluye a tres jefes de partidos políticos de la antigua oposición: Ahmed Nejib Chebi, jefe histórico del Partido Democrático Progresista (PDP, oposición laica radical), Ahmed Ibrahim, del movimiento Etajdid (Renacimiento, ex comunista) y Mustafá Ben Jaafar que dirige el Frente Democrático para el Trabajo y las Libertades (FDTL).
La mayoría de los políticos que protestaban contra el dictador para subirse al carro del descontento popular, ahora participan alegremente del festín junto a los que fueron y siguen siendo ministros.
Ghanuchi trató de dar garantías de cambio, prometiendo que los responsables de la represión sangrienta del mes de protestas "serán juzgados". Afirmó además que los ministros confirmados en el nuevo gobierno tenían las "manos limpias" y habían actuado para "preservar el interés nacional". "Conservaron sus cargos porque los necesitamos en esta fase" de construcción democrática, declaró.
Al igual que ocurriera en muchas otras grandes revueltas populares como las de Ecuador, Bolivia, Argentina, la suma de represión, falta de ingresos y cansancio obligan a la gente a replegarse. Hay excepciones a esta regla, por supuesto, como las de Cuba en 1959 y Argelia en 1962 entre otras. Pero esas experiencias enseñan que hay que seguir la lucha hasta el final, para evitar que los mismos políticos burgueses de siempre -o parecidos- vuelven a ocupar los sillones que dejan vacíos los dictadores expulsados.







