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Argentina :: 05/11/2005

Una Cumbre entre el asedio del repudio popular y las presiones por imponer el ALCA

Prensa de Frente
Seguimiento: La llegada de la movilización de repudio por la presencia del presidente norteamericano George W. Bush, fue duramente reprimida. Una columna de manifestantes anti Bush trató de derribar el primer cerco de la zona de exclusión que aísla a las sedes de la Cumbre del resto de la ciudad

Centro Internacional de Prensa de la IV Cumbre de las Américas (Mar del Plata).- El acto de inauguración del tramo central de la Cumbre, con la asistencia de 32 presidentes del Continente (menos Cuba), transcurría dentro de lo previsto hasta que frente a la Playa Bristol, una columna de manifestantes anti Bush trató de derribar el primer cerco de la zona de exclusión que aísla a las sedes de la Cumbre del resto de la ciudad. La llegada de la movilización de repudio por la presencia del presidente norteamericano George W. Bush, fue duramente reprimida y hasta ahora se registran 47 detenidos. Los disturbios completaron el escenario de asedio en el que se desarrolla la Cumbre, marcada por los desacuerdos en torno a la implementación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que al cierre de esta edición continuaba estancado en medio de un debate que sigue siendo transmitido sin audio para la prensa, por expresas órdenes de la cancillería argentina que ha cumplido en detalle todas las directivas norteamericanas para la organización del evento.

Esta mañana unas 40 mil personas colmaron el Estadio mundialista de fútbol marplatense para protestar bajo la lluvia contra la presencia de Bush, a quien trataron de "fascista y terrorista". Las manifestaciones contra el mandatario habían alcanzado otro punto culminante al amanecer cuando el ídolo deportivo devenido en animador televisivo -no ya con el patrocinio de la NIKE sino del grupo Clarín-, Diego Maradona, llegó a la ciudad a bordo del 'Tren del ALBA', al frente de unos 160 dirigentes políticos, diputados, artistas, cantantes y periodistas invitados, en repudio al jefe de la Casa Blanca y el ALCA.

Pero otro elemento inesperado para el aburrido panorama de una Cumbre que reúne a 32 presidentes (que llevan más de una semana para firmar una declaración que luego respetan muy poco) fue la asistencia del presidente de Venezuela a un acto paralelo a la cumbre que finalmente sumó 40 mil personas repudiando a Bush. En su discurso, Chávez anticipó lo que luego plantearía en la tarde al interior de la Cumbre: el reemplazo del ALCA por una nueva versión de la Alianza para el Progreso impulsada por Estados Unidos hace cuatro décadas cuando el presidente era John Kennedy. En ese sentido Chávez habló de crear un fondo de 100.000 millones de dólares para erradicar la pobreza a través de una Alianza contra el Hambre (ALCHA).

Chávez fue el único mandatario que asistió al acto de la opositora reunión que trató de acoplarse a la III Cumbre de los Pueblos, luego de atravesar la impresionante barrera de seguridad de 8.000 policías, lanchas artilladas, aviones equipados con misiles y tanquetas, que mantiene a la ciudad bajo virtual Estado de Sitio.

Lo que todavía no planteó Chávez en el escenario internacional, pero que sí destacó en el estado mundialista, fue la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), una alianza militar continental paralela a la que impulsó Washington durante el comienzo de la guerra fría, donde Estados Unidos y los países de Europa Occidental se unieron en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) una alianza militar para enfrentar a la extinta Unión Soviética. Con ese pretexto el Pentágono desplazó bases militares en puntos estratégicos de Europa que aún siguen funcionando. A pesar de la caída del muro de Berlín, Estados Unidos mantiene la OTAN y es una de las garantías militares de Washington para sostener su poderío sobre las dos costas del océano atlántico. La fórmula sostenida por Caracas se sostiene en un dato del que Chávez se jactó varias veces ante los 40 mil asistentes al Estadio: Venezuela tiene reservas petrolíferas y gasíferas para los próximos 200 años y su plan es compartirlas con América Latina por medio de un comercio bilateral que podría recurrir al trueque en caso de ser necesario.

En medio de ese panorama llegó Bush, que debilitado por escándalos políticos en su país y el negro destino de su política imperial en Medio Oriente, se mantuvo activo y se reunió con sus pares de Ecuador, Perú y Colombia a quienes les aseguró el compromiso de seguir negociando "de buena fe" un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los países andinos. También se reunió con el presidente argentino Néstor Kirchner en un convite que según las fuentes oficiales "no se analizaron las diferencias en torno al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas que es motivo de prolongado debate entre los 34 países del hemisferio para consensuar la Declaración de Mar del Plata".

A la ida y vuelta de negociaciones en torno al ALCA y no a nada relacionado con la "pobreza y el trabajo digno" se sumó esta noche otra sorpresa inesperada: el presidente uruguayo Tabaré Vázquez ha dejado Mar del Plata notoriamente molesto por las posiciones argentinas y brasileñas sobre el desarrollo del Mercosur. El jueves, el gobierno uruguayo, comandado por al Frente Amplio firmó un acuerdo de inversiones recíprocas con los EE.UU., una noticia que puso de muy mal humor a argentinos y brasileños que hasta ayer mantenían el acuerdo de negociar dentro del Mercosur para luego llegar a acuerdos con Estados Unidos. Es probable que la jugada planeada desde Montevideo sea una forma de equilibrar los conflictos que desató la instalación de un complejo fabril papelero en la ribera oriental del Río Uruguay que traería enormes daños ecológicos para toda la cuenca del Plata. La jugada parece haber deteriorado aún más las relaciones de Montevideo con Buenos Aires y Brasilia, lo que habría desembocado en la partida apresurada de Tabaré Vázquez, el presidente que menos tiempo pasó en la Cumbre.

Mientras el esquema original del Mercosur avanza en su deterioro, las posibilidades del ingreso de Venezuela a este mercado común son cada vez mayores. La llegada del presidente mexicano Vicente Fox advirtiendo que de los 34 países hay 30 que están de acuerdo con avanzar en el ALCA y el apresurado ofrecimiento azteca de un plan de "integración estratégica" que abarcaría a 10 países de Centroamérica, confirman las preocupaciones de Washington por evitar que Venezuela consolide "PetroCaribe" una iniciativa energética propuesta por Chávez para resolver los enormes problemas de escasez petrolífera y gasífera que aquejan esos países. Es imposible dejar de lado que todos los países de América Central atraviesan prolongadas crisis desde que el Comando Sur de los Estados Unidos intervino desde 1980 para aniquilar todos los movimientos de liberación nacional que pretendieron terminar con el esquema colonial al que habían sido condenados por la Casa Blanca desde principios del siglo XX. Con la derrota política y militar de las guerrillas y los movimientos de liberación nacional de Centroamérica el modelo colonial se consolidó y hoy está mostrando el magro resultado que le espera a esos países si no aprovechan la propuesta venezolana.

De todos modos, no fueron éstas las principales noticias que llegaron a los Estados Unidos. Según informó la prensa internacional en esta sede, los principales canales noticiosos estadounidenses interrumpieron este viernes sus programas habituales para transmitir en directo los enfrentamientos entre la policía y "manifestantes antiestadounidenses" en Mar del Plata (Argentina) y los convirtieron en el tema dominante.

Las televisoras CNN, MSNBC y la conservadora Fox News transmitieron en vivo las imágenes de los enfrentamientos y la quema de un banco en la ciudad de Mar del Plata. El canal MSNBC no dudó en calificar de "antiestadounidenses" a los manifestantes, mientras los periodistas de Fox News señalaban que el presidente venezolano, Hugo Chávez, participó en un acto multitudinario de repudio contra Bush y lo acusaron de "subvencionar" a Cuba.

En Mar del Plata, Chávez reiteró que Estados Unidos tiene planes de invadir su país y advirtió de que si lo hace comenzará una guerra de 100 años. No sería la primera, salvo que las que transcurren hoy en día en todos los rincones del continente pasan en el más condenable silencio. Quizás por eso nadie empezó a debatir en serio qué hacer con los 200 millones de pobres (la mitad indigentes) que viven en el continente.

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