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21/11/2019 :: Mundo, Bolivia, Anti Patriarcado

Uruguay: final de campaña para una elección decisiva

x Pablo Álvarez
El próximo domingo Uruguay decide entre dos modelos de país. El resultado definirá un incremento de la conflictividad dentro del sistema político y social

Quedan unos días para la segunda vuelta electoral en Uruguay y las cosas, en términos políticos, están simplificadas. Por un lado el Frente Amplio, con el candidato Daniel Martínez, y por el otro lado todos los demás partidos con representación parlamentaria detrás de la candidatura de la minoría mayor de derecha, representada por Luis Lacalle Pou.

La política exige su cuota

El Frente Amplio hace 15 años que gobierna, y todos los indicadores más importantes que dan cuenta de la situación del país y de la gente son positivos y reconocidos internacionalmente. Cuenta con el período de crecimiento más largo de la historia del país, junto con la mejor evolución del salario real y la mayor disminución de la desigualdad. La economía creció y se redistribuyó.

Además, el país se alejó de la histórica simbiosis con los países más cercanos ya que no siguió el mismo desempeño macroeconómico que sus vecinos; mientras Argentina y Brasil han sufrido etapas de recesión, pérdidas importantes en la calidad de vida, y procesos inflacionarios altos, Uruguay pudo hacer frente a esas fuerzas con un manejo aplicado de las políticas macroeconómicas. El único elemento significativo de impacto negativo (más por su uso político que por su impacto real) ha sido el déficit fiscal por encima de las previsiones fijadas por el Gobierno al principio de su mandato. Ya hablaremos de esto.

Por otra parte, el avance en materia de derechos e inclusión ha sido notable, trabajando en una agenda centrada en las personas, equilibrando una larga tradición de desajuste en la historia de la izquierda entre la libertad y la igualdad. Desde la negociación colectiva para la fijación del salario y las condiciones laborales que le han permitido a los y las trabajadoras tener un escenario más equilibrado para su negociación con las patronales hasta el reconocimiento de derechos en el marco de una perspectiva de población y desarrollo.

La pobreza ha descendido de más del 40% en el año 2004 a 8,1% en 2019, y la pobreza extrema prácticamente ha desaparecido (0,1%). La inversión en educación y salud se encuentra en niveles altísimos, la inversión en infraestructura es incomparable en la historia, y podría seguirse largamente.

Con esto a su favor las cosas parecerían ser fáciles para el Frente Amplio, sin embargo evidentemente ya no es tan cierto aquello de “es la economía, estúpido”[1]. El funcionamiento de la economía, y aún los resultados económicos, por positivos que sean, no alcanzan para mantener el apoyo mayoritario, y el FA, según las encuestas que se han publicado, se encuentra entre 5 a 7 puntos por debajo de su contendiente. La política exige su derecho a ser importante, y para la izquierda haber creído que bastaba con mejorar y mostrar los indicadores fue una de sus debilidades. Este es un fenómeno que se observa en toda la región; el caso más similar es Bolivia, sin duda, y ya vemos que allí la derecha ha dado un golpe de Estado.

La escoba derecha

Hemos mencionado en artículos anteriores[2] que la oposición jugaba junta, articulada, compitiendo entre sí para diferenciarse, pero con el objetivo político principal de sacar al FA del Gobierno. Sus matices volvieron a ser menos importantes que sus intereses. Señalamos los ejes discursivos que se centraban en el “malestar y el odio” democrático, la inseguridad, la ética y la corrupción, el cambio cultural respecto a la naturaleza de la pobreza, el discurso religioso, y el mal gasto público.

Es decir, ninguna de sus principales fuentes discursivas iban hacia lo económico o redistributivo, ni hacia las condiciones materiales de vida. Todos sus esfuerzos se orientaron, desde hace 5 años, a plantear un relato de agotamiento del Frente Amplio, de soberbia del Gobierno, de exceso de libertad en la sociedad, de mal manejo de los fondos públicos como aterrizaje nacional de la corrupción y, principalmente en términos históricos, presentar la salida de la crisis del 2001-2002 como un hecho que no tuvo responsabilidades internas y que fue rápidamente resuelto. Esto es, que no fue obra del FA la reconstrucción social y económica postcrisis, sino una tendencia natural que se vio rota momentáneamente.

En tal sentido, no sólo el FA no pudo presentar claridad en una versión diferente sino que, de alguna forma, paga también su apuesta en aquellos años por la recomposición económica sobre las mismas estructuras, asunto que quedará para otro momento analizar con más detalle, pero que es medular a la hora de ver la película completa y no sólo la foto actual.

Esta estrategia de las derechas es la que hasta hoy continúa, faltando menos de una semana para la segunda vuelta, y sobre la que hacen más énfasis.

La Alianza Multicolor, como se autodenomina, reúne a los dos partidos históricos del Uruguay (El Partido Nacional y el Partido Colorado), el recientemente creado partido Cabildo Abierto -de entonación militar, conservador y de ultraderecha-, el Partido Independiente, que ha pretendido situarse como un espacio progresista de centro en estos últimos años pero que ha desbarrancado con comodidad hacia el seguidismo de la derecha, y el Partido de la Gente, que parecía jugar el papel de la derecha popular con el “outsider” como personaje de moda pero que, a pesar de la enorme cantidad de dinero invertido, por manejos internos y por la aparición de CA su lugar quedó reducido a sólo un diputado.

Esta alianza juega una estrategia prolija, corriendo por canales separados, aumentando el barrido político. Cada uno de los partidos pone su propio énfasis y protege a su candidato de cualquier desgaste. Es más, se confirma claramente que lo que apoyan no es al candidato Lacalle sino un voto conjunto contra el Frente Amplio. De ahí buena parte de la dosis de inmunidad que la fórmula de derecha ha tenido ante las estrategias de exponerlos a transparentar sus propuestas; no lo precisa.

Lacalle ha afirmado que su primer medida de gobierno, en caso de ganar, será una Ley de Urgente Consideración de más de 300 artículos, sin embargo no han sentido la necesidad de aclarar o declarar ni un sólo artículo. El silencio programático o político de medidas ha sido ensordecedor. Es un claro indicio de que creen contar con la fuerza anti Frente Amplio que los exime de mostrar sus cartas porque, además, mostrar los debilitaría.

A tal punto esto es así que los principales referentes y asesores de Lacalle en los temas más relevantes no están saliendo públicamente. Sus políticas se orientan hacia la restricción del gasto público, de ajuste, cambios en la políticas sociales, en la negociación colectiva, por lo que es correcto callarlo para sus intereses. Sin embargo, en esta segunda etapa de las elecciones, muchos periodistas de los medios hegemónicos han abandonado sus caretas y son los que discuten con los políticos del FA; los medios también hacen su último esfuerzo y aporte.

La Alianza Multicolor acordó un documento de algunos puntos, que se mantiene en el nivel de vaguedad general, pero en algunas cosas sí es un poco más concreto y ello llama la atención: por ejemplo, al único sector que menciona directamente en términos de salario son las FF. AA., también propone la eliminación del IASS[3], un impuesto que grava exclusivamente a las pasividades más altas y que el 80% de las personas que perciben pensiones o jubilaciones no lo paga. Claramente son señales hacia las bases sociales e institucionales sobre las que esperan respaldarse: los militares y los sectores más conservadores y ricos.[4]

Faltando tan pocos días para las elecciones no parece que las estrategias cambien demasiado. Sea cual sea el resultado, el próximo Gobierno no tendrá mayorías propias. En cuanto a la Alianza Multicolor de los partidos de derecha es difícil prever cuánto puede durar en sostener las mayorías. La historia de los gobiernos de coalición en Uruguay, que han sido entre los dos partidos tradicionales, ha seguido un ciclo similar: al principio del Gobierno la mayor participación de los aliados en el gabinete y, a lo largo del tiempo, una caída de esa participación, un debilitamiento de la alianza y un abandono casi total al final. La novedad esta vez es que no son dos sino cinco partidos los que conforman la alianza, y el nivel de reparto de cargos aparece complejo.

Aprendizajes, memorias, olvidos y desafíos

La derecha uruguaya aprendió, o volvió a recordar, que sus diferencias son menos importantes que su comunión de intereses. La primera vuelta de las elecciones funcionó, en realidad, como si fuera una elección interna de la derecha. Esto ha significado una estrategia que disminuye la importancia del peso relativo de cada una de los partidos si juntos son superiores al Frente Amplio. Y, como ya hemos dicho, no hay un proyecto político claro que no sea sacar al FA y, sin duda, favorecer inmediatamente a sus sectores aliados: las FF. AA., los sectores más ricos, los exportadores y la agenda conservadora-religiosa.

Por el lado del FA, que venía de un proceso de largo distanciamiento con las bases políticas y sociales, tuvo que rápidamente asimilar un resultado inesperado por lo adverso en la primera vuelta, con una caída de ocho puntos en comparación con la elección pasada, que representa la pérdida de ocho diputados y tres senadores. Sin embargo, ha sido muy llamativo el nivel de incorporación militante luego de la primera vuelta. La proximidad real de la derrota electoral llevó a todos los “molestos” por izquierda a reconocer que de verdad está en juego un proyecto político. Y más importante ha sido la juventud que, en todo el país, concurrió masivamente y como nunca antes a los comités de base. A esto el FA tendrá que entenderlo rápidamente y no perderlo por un esfuerzo grosero de cooptación o bien por volver a la historia de los últimos años de desplazamiento.

En caso de vencer en la segunda vuelta, tendrá que llevar procesos de construcción de mayorías caso a caso en las leyes a promover, pero también quedará expuesto a la censura parlamentaria de sus ministros, lo que llevará a una nueva etapa política del país. Es evidente que los próximos cinco años serán de un incremento de la conflictividad política y precisará de todo el despliegue militante posible.

Sin duda, el protagonismo del próximo período de gobierno tendrá tres escenarios claros: el Ejecutivo frente al Parlamento por falta de mayorías inmediatas, el Parlamento donde el FA se enfrentará a la derecha en una versión similar a la previa al 2004 y, por último, un retorno de las calles donde la izquierda social y política enfrentará al Parlamento o al Ejecutivo. Tanto los partidos de derecha como de izquierda elegirán su mejor escenario, y también al interior de las fuerzas de derecha e izquierda habrá un comportamiento semejante. Parece también razonable pensar que es un escenario más propicio para la emergencia de una derecha de “masas”, que ya no sea solamente una representación de castas económicas como pudo haber sido Un Sólo Uruguay. Quizá este sea uno de los principales peligros inmediatos en el terreno político, siendo ya significativo el conjunto de mensajes que desde filas de CA se realizan, incluyendo la convocatoria a crear “escuadrones de la muerte”.

La izquierda, en caso de derrota electoral, deberá asimilar rápidamente la situación, sin negar los debates necesarios para encontrar sus debilidades pero sin entrar en procesos de autodestrucción, para salir a defender los avances económicos, sociales y de derechos logrados. En caso de ganar, no estará exenta tampoco de abordar este asunto.

En caso de la victoria de derecha Uruguay habrá llegado, una vez más, tarde al proceso regional; en este caso, al reflujo de la oleada progresista. Ingresará de lleno en la ola conservadora pero con novedades políticas. En el sistema político se advierte de la llegada al país del proceso de derechización mundial y regional detrás de valores conservadores y religiosos como pantalla de renovación del neoliberalismo.

Si el neoliberalismo pasó inadvertido en su instalación (en los años 70) por estar cobijado por los procesos de dictadura cívico-militar en la región, hoy la pantalla del neoliberalismo son las fuerzas denominadas antiderechos, antigénero, evangélicas y los catolicismos conservadores. Pero ellas son sólo una pantalla.

Como ya observamos, la agenda de la derecha es devolver el control económico a los grandes actores privados, retirar al Estado de la política pública y sostener una visión meritocrática de la ubicación en la sociedad. El documento programático del Partido Nacional claramente expone que para ellos la pobreza no es falta de elementos materiales, sino falta de capacidad de emprender y falta de capital social, y explícitamente señalan que de la pobreza se sale con esperanza. Esto se vincula con la creencia de que hay muchos a quienes el Estado transfiere dinero y no trabajan, fomentando el odio entre los pobres o entre trabajadores y pobres, lo que podría llamarse “meritocracia popular”.

El Frente Amplio abandonó el esfuerzo pedagógico político y le dejó en bandeja a la derecha armar su relato con el evidente y natural apoyo de los medios masivos y hegemónicos de comunicación.

Este próximo 24 de noviembre Uruguay decide entre dos modelos de país. El resultado, sea cual sea, definirá un incremento de la conflictividad dentro del sistema político y social. La derecha, como vemos en los países de la región, cuenta con los medios para explicar su violencia, con la disposición y la institucionalidad para hacerlo, y con nuevos actores dispuestos a ejercerla por la parte civil (por ejemplo, llamados a formar “escuadrones de la muerte”). Por su lado, la izquierda política y social, sin duda, retomará “las calles” y “las bases” como espacio de expresión de sus fuerzas.

Esto es parte de lo que está en juego el próximo domingo. Independientemente del resultado, la izquierda tiene que considerar todas las dimensiones para su reorganización para poder desarrollar la lucha política necesaria, asumiendo que la renovada opción por la violencia política de las derechas no le puede tomar por sorpresa.

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[1] Frase célebre, mantra de la victoriosa campaña electoral de Bill Clinton de 1992.

[2] La derecha uruguaya sí existe. https://www.celag.org/la-derecha-uruguaya-si-existe/ Julio 2018; El Frente Amplio en la encrucijada electoral. https://www.celag.org/frente-amplio-encrucijada-electoral-uruguaya/ Septiembre 2018; Uruguay: Tendencias políticas a un año de las elecciones. https://www.celag.org/uruguay-tendencias-politicas-ano-elecciones/ , Diciembre 2018.

[3] Impuesto a la Asistencia de la Seguridad Social

[4] El IASS tiene cuatro categorías de aporte, en la primera el impuesto es de 0%, luego las restantes son de 10, 20 y 30%. Esta última categoría integra solamente a 165 personas, las jubilaciones más altas, en la primera hay mas de 500 mil.

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