Venezuela en el camino disciplinador del imperio
La agresión contra Venezuela no tiene el manejo del petróleo como único propósito. Se halla en juego el propósito imperial de reestructurar a su antojo todo el continente
Antes y después del ataque y secuestro presidencial estadounidense en Venezuela se ha dicho y escrito mucho que el único interés del imperio del norte en este tema es el petróleo. Con todo el peso que le cabe a las enormes reservas hidrocarburíferas del país caribeño, cabe una disidencia parcial con esa afirmación.
Nadie en sus cabales negaría el atractivo del subsuelo venezolano. Menos que nadie el propio Trump, que no ha podido ser más explícito en el propósito de "recuperar" "su" petróleo, que el Estado de la revolución bolivariana le habría "robado" a través de medidas expropiatorias.
Lo anterior no quita que hay otras líneas de interés norteamericano, en particular algunas ligadas más a finalidades político-militares que a determinaciones económicas directas. Un lugar importante entre estas últimas lo ocupa el propósito disciplinador del conjunto de los países latinoamericanos.
Trump al ataque
EEUU ha asignado prioridad a recomponer a pleno su lugar hegemónico en el conjunto del continente. A lo que a los norteamericanos les gusta darle la denominación de "hemisferio occidental" o, peor aun, "patio trasero".
En un documento reciente, con firma presidencial, se sostiene: "Tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental".
Este enfoque se autodenomina "corolario Trump a la doctrina Monroe". Se ganó el apodo de "doctrina Donroe", que surge de la combinación entre "Donald" y "Monroe".
Uno de los requisitos a tener en cuenta para esa recomposición es aventar los propósitos autonómicos de los distintos países latinoamericanos. Una política exterior de pretensión más o menos independiente es un pecado de singular gravedad para la ultraderecha en Washington. Lo que incluye impedir que estos países busquen nuevos mercados y propongan sus propios acuerdos. Ni hablar si escogen como interlocutor de peso a China, Rusia o Irán.
Tienen que estar dispuestos a proveerle al imperio los recursos naturales que necesita. A abrir sus economías a las exportaciones de ese origen. Y a las inversiones de la misma procedencia. Además EEUU, con Trump a la cabeza, requieren respaldo a todas sus políticas y las de los aliados principales, con Israel al frente.
La apertura de sus espacios territoriales, marítimos y aéreos al accionar de las fuerzas armadas estadounidenses es otro requerimiento perentorio. Si esto se complementa con bases militares, mejor todavía.
El avance destructivo sobre los países que aparezcan más díscolos hacia los requerimientos imperiales constituye el blanco más apropiado para el logro de la sumisión anhelada.
Lo que puede incluir a la vía armada si el interpelado resiste a la corrosión económica y política que imponen bloqueos, sabotajes, aliento a oposiciones internas destituyentes, persecución judicial de sus líderes. Y el resto del repertorio disponible y utilizado con frecuencia, por partes o en bloque.
¿Por qué Venezuela?
Venezuela, junto con Cuba, era el candidato más firme a un castigo aleccionador. Su mayor envergadura y la riqueza de su subsuelo pueden haber sido factores para que la elegida fuera Venezuela.
También pesa, y acaso sobre todo, el "mal ejemplo" que ha representado desde el advenimiento al poder de Hugo Chávez. Las expropiaciones. Su nueva constitución de resonancias emancipadoras. El propósito de reemplazo de la representación política por formas participativas.
También el aliento al poder comunal. La construcción de un partido socialista unificador de diversas tendencias. El rol protagónico en el rechazo al ALCA, en una carga de frente contra el imperialismo estadounidense. El aliento a nuevas iniciativas de integración regional, desde el ALBA a Telesur. Y la "insolencia" de volver a poner el socialismo en el tapete después de la caída del muro y la disolución de la Unión Soviética.
Se suma la gama de recursos con las que la república bolivariana derrotó una vez tras otra las tentativas de la derecha proimperialista para dar fin a la era comenzada bajo la conducción del comandante Chávez. Son muchos, en Venezuela y más al norte, los que claman revancha después de tantos traspiés.
El sometimiento del país de Simón Bolívar sería un paso relevante para reponer el predominio imperial norteamericano. El mismo que se diluyó en parte junto con la hegemonía unipolar que emergió en el mundo de 1991 en adelante. Para ello es conveniente que nadie que tenga poder hable de antiimperialismo, de revolución ni de socialismo. En lo posible que ni siquiera haya quien se pare de manos frente a los peores atropellos, genocidios incluidos.
El momento parece propicio, ahora que la vacilante segunda ola "progresista" que imperó hasta 2023 en Nuestra América está en trance de reversión. Primero Argentina y este año Bolivia, Chile y Honduras pasaron al campo contrario.
El continente soñado por Trump y el gran capital
El gigante norteamericano aspira a un continente uniformado en una completa sumisión. Con otras direcciones políticas en los países que más se le alejan. Cuba y Nicaragua en primer lugar, además de la ya agredida Venezuela. Su imagen-objetivo es la de un "club" de mandatarios que compitan para ser los alumnos más aplicados de la política exterior estadounidense y la gama de intereses que ésta defiende. Apunta también a Colombia. Ha llegado a decir que le "suena bien" una intervención en su territorio.
Quiere además aparatos estatales siempre listos para la represión. Embanderados en la "lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la inmigración ilegal". Y las demás "amenazas" que les dicten los comandos de las fuerzas armadas y agencias del poder imperial. Movimiento obrero, organizaciones sociales, partidos de izquierda, intelectuales críticos; todos bajo la férula de un poder omnímodo presto al aplastamiento de las resistencias.
Ello abarca a los países que tienen petróleo y los que no, a los que pueden ser sospechados de "comunistas" y a los centrismos pletóricos de "moderación". De nuevo no es sólo el petróleo. Tampoco únicamente los recursos naturales en su conjunto. El propósito es que América Latina sea la base de un espacio imperial cohesionado. Listo para la batalla de largo aliento contra la potencia emergente china.
Antonio Gramsci alertaba frente al economicismo que pensaba que toda la verdad quedaba develada con conocer el "negocio" que se ocultaría por debajo de cualquier posición o actitud que no condujera de modo evidente a los intereses materiales. La realidad es mucho más compleja. EEUU quiere a Nuestra América reformateada a su gusto y placer.
Una donde el "libre mercado" sea el bien más preciado, el capital aplaste al trabajo y los magnates estadounidenses tengan todas las oportunidades de negocios posibles. Los vestigios menguantes de la democracia representativa quedarían destrozados. Y se vería si las elecciones periódicas seguirán siendo un requisito de legitimación.
Esa lógica no se detendrá por sí misma. Si no se le sale al paso con claridad y eficacia la agresión contra Venezuela será llevada hasta el límite que imponga el derrocamiento del gobierno. Así se necesiten nuevos ataques más cruentos que el primero. Y a esos le seguirán otros en los países escogidos de modo sucesivo como blanco.
Solidaridad, movilización, coordinación entre los diferentes países, acciones independientes desde abajo que impulsen hacia adelante a gobiernos que no actúen con resolución. Son los imperativos de la hora. La unidad antiimperialista es un requisito fundamental para la lucha contra la agresión con posibilidades de éxito. Unidad que debe abarcar en un lugar importante a los movimientos de resistencia en el interior del imperio.
Como en otros momentos históricos vivimos una hora continental. El grito de fuera las manos yanquis de Venezuela debe recorrer Nuestra América de norte a sur, mantenerse firme, crecer sin pausa. El futuro de cientos de millones de latinoamericanos y latinoamericanas se encuentra en juego.
huelladelsur.ar







