Venezuela: «Desde las comunas no hay capitulación posible»

En medio de la vivaz dialéctica que atraviesa al Proceso Bolivariano tras el infame secuestro imperialista de Nicolás Maduro y Cilia Flores, la voz de Juan Contreras se levanta con la solidez de la historia y el compromiso de clase. Referente indiscutible de los movimientos sociales y de la comunicación popular, Contreras es director de la emblemática emisora Al Son del 23, el canal comunitario que desde hace años marca el pulso y el ritmo al que late el histórico barrio del 23 de Enero en Caracas. Militante de la Coordinadora Simón Bolívar, también es productor del programa Latinoamerica en vivo. Territorio insignia que en 1958 fue fragua y motor de la expulsión del dictador Marcos Pérez Jiménez, el 23 de Enero se erige hasta hoy como un inexpugnable baluarte de resistencia, memoria combativa y Poder Popular. Conversamos con él para tomarle la temperatura a las bases comunitarias en este momento decisivo.
El 23 de Enero ha sido históricamente el bastión de la dignidad revolucionaria y el poder popular en Caracas. Tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada CiliaFlores por parte de las fuerzas militares de EEUU, ¿cuál es el clima que se respira en los territorios comunales autogestionados?
-En el 23 de Enero, bastión histórico de la dignidad popular, la resistencia antifascista y el poder comunal se mantiene de pie como ejemplo irrefutable de que los pueblos decididos a ser libres no se doblegan ante ninguna potencia imperialista. Frente a la agresión cobarde del 3 de enero por parte del gobierno estadounidense - un acto brutal de guerra e invasión pirata que costó la vida a más de 100 patriotas venezolanos y a 32 hermanos internacionalistas cubanos -, sumado al infame secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y la diputada Cilia Flores, el territorio liberado del 23 de Enero responde no con sometimiento, sino con más revolución, más organización y más combate.
Aunque el imperialismo crea haber ganado un primer lance táctico en su escalada criminal, tropezó contra el muro inexpugnable de la memoria histórica y la redención social de un pueblo que ha rendido tributo a más de 130 mártires, hombres y mujeres heroicos que cimentaron con su sangre el camino hacia la emancipación, la liberación nacional y la construcción del Socialismo Bolivariano.
¿Cómo se ha organizado el territorio popular para mantener la vigencia del proceso y resistir laembestida imperialista?
-Para garantizar la vigencia del proceso y defender la segunda y definitiva Independencia, el territorio del 23 de Enero se articula hoy bajo seis Ejes de la resistencia popular y antimperialista, seis líneas de acción política, militar e ideológica.
La primera tiene que ver con la participación protagónica y radical: el corazón de la estrategia comunal es la participación activa y constante del pueblo organizado. La comunidad no se queda congelada ante el chantaje imperial; la asamblea de calle, el consejo comunal y las brigadas territoriales se mantienen desplegados en cada bloque, escalera y sector, convirtiendo la organización popular en el motor inquebrantable de la defensa nacional.
La segunda se refiere a la resistencia cultural como Eje Transversal: frente a la guerra cognitiva y el intento de imposición del modelo decadente de la Ilustración Oscura, la ultraderecha supremacista y el sionismo internacional, el 23 de Enero contrapone sus valores históricos. La resistencia cultural atraviesa toda la vida comunitaria: la solidaridad activa, el internacionalismo proletario y de los pueblos, y la preservación del fuego sagrado de las luchas de Liberación Nacional.
Y la tercera aborda el tema del territorio como ventaja táctica y estratégica: la topografía y la historia del barrio se conjugan como una fortaleza inexpugnable. El territorio no es solo un espacio geográfico, sino una ventaja táctica donde la vanguardia popular ejerce soberanía efectiva. Cada esquina y cada espacio productivo están bajo el control del Poder Popular, cerrando el paso a la infiltración mercenaria o la desestabilización enemiga.
¿Y de qué tratan las demás líneas de acción?
-La cuarta línea tiene que ver con el blindaje legal e ideológico: la Constitución y el Plan de la Patria. La respuesta popular está indisolublemente ligada a la legalidad revolucionaria. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el Plan de la Patria redactado por el Comandante Hugo Chávez se erigen como las cartas de navegación irrenunciables para garantizar la continuidad del proceso político y la transición pacífica e irreversible hacia el Estado Comunal.
El quinto eje aborda la integración a las Milicias para la Defensa Integral: ante una agresión militar abierta, la respuesta es el pueblo en armas. La fusión cívico- militar se concreta con la incorporación masiva y disciplinada de la comunidad a los cuerpos de la Milicia Bolivariana. Hombres y mujeres del barrio asumen la defensa territorial con doctrina de guerra de todo el pueblo para garantizar que el suelo patrio sea inexpugnable para la bota invasora.
Y la sexta línea se refiere a la conexión ideológica con el Comandante Chávez: la llama del Comandante Eterno Hugo Chávez sigue siendo el faro ideológico del 23 de Enero. Su legado no es una estatua muerta, sino una guía viva para la acción colectiva. La conexión entre el liderazgo histórico, los mártires de la revolución y la masa popular se mantiene intacta, proyectando la moral del barrio hacia todo el país.
El 23 de Enero no se rinde ni se evalúa en la lógica del enemigo. El trabajo político, formativo, productivo y defensivo no se ha detenido un solo segundo. Ante el ataque mercenario y fascista del imperio estadounidense y sus aliados sionistas, Caracas responde desde sus cerros con la verdad histórica: los pueblos que luchan por su verdadera independencia jamás serán derrotados.
En las calles se percibe un clima de tensión e indignación frente a las presiones para forzar un diálogo con la pistola en la mesa. Desde las bases comunales y el movimiento popular clasista, ¿cuál es la postura frente a cualquier intento de negociación que implique concesiones al chantaje de Washington?
-Desde las entrañas del Poder Popular, los consejos comunales, las comunas los colectivos, las organizaciones sociales del campo popular y revolucionario, el pueblo en general y toda la Patria Grande, la postura es absoluta, tajante e irrenunciable: no hay diálogo posible bajo la bota del chantaje ni con la pistola del imperio apuntando a la cabeza del pueblo. La respuesta popular frente a la coyuntura histórica actual es clara: la única salida a esta agresión imperialista es profundizar el Poder Popular, y el único diálogo legítimo y soberano es con el pueblo organizado. Cualquier pretensión de sentarse a negociar o ceder ante los ultimátums de Washington --mientras mantienen secuestrados al presidente Nicolás Maduro Moros y a la diputada Cilia Flores, mientras perpetúan el criminal bloqueo económico y las más de 1.200 medidas coercitivas unilaterales, y mientras carga la patria con el luto por el cobarde asesinato de nuestros 100 patriotas y los 32 hermanos internacionalistas cubanos--, constituiría una traición histórica a los mártires y una entrega descarada de la soberanía.
Aceptar la lógica de la negociación bajo amenaza de bombardeos, injerencia y despojo de nuestro petróleo y activos financieros equivaldría a convalidar atrocidades, la legitimación de la barbarie imperial. Aceptar un «diálogo» impuesto por la fuerza significa validar el surgimiento de un nuevo orden mundial fascista, en el que se pretende erradicar el Derecho Internacional, destrozar la Carta de las Naciones Unidas y aplastar la sagrada autodeterminación de los pueblos libres. La sustitución de la diplomacia por el terror: Permitir que la política exterior sea dictada a punta de bombas, invasiones piratas y extorsión sienta un precedente funesto no solo para Venezuela, sino para todos los pueblos del Sur Global que luchan contra el yugo neocolonial.
La impunidad de la quinta columna apátrida: El pueblo clasista no olvidad a los lacayos locales que pidieron sanciones, bloquearon medicinas y festejaron el derramamiento de sangre patriota. Ceder ante el chantaje sería lavar la cara a los vende- patrias que actuaron como peones de la maquinaria bélica de EEUU y el sionismo internacional. Con la dignidad del pueblo no se negocia. La base comunal no se arrodilla ante los arquitectos de la guerra ni ante sus esbirros. La revolución se defiende trabajando, produciendo, combatiendo y organizando cada palmo del territorio comunal. Frente a la agresión del imperialismo y la supremacía yankee, la respuesta de las comunas es una sola: Poder Popular Radical, Resistencia Activa y Lealtad Absoluta con la Patria.
Nos llegan noticias y señales preocupantes sobre un posible acercamiento o presencia de interlocutores e intereses vinculados al sionismo y a aparatos internacionales afines. Para el movimiento antimperialista y para la historia de la Revolución Bolivariana, la causa palestina y el antisionismo han sido pilares irrenunciables. ¿Cómo se explica o se ubica esta presencia? ¿Se trata de presiones externas o de concesiones geopolíticas en el marco de las negociaciones?
-La caracterización es exacta y describe con rigor de clase lo que enfrenta la Patria Bolivariana: no estamos ante un hecho aislado, sino ante la confluencia de presiones extremas y maniobras de capitulación geopolítica en el marco del proceso de neocolonización desencadenado por el eje imperialista y la entidad sionista. Intentar justificar la presencia de agentes e intereses del expansionismo sionista bajo la máscara tramposa de la «ayuda humanitaria» o la «diplomacia de pacificación» representa una impostura moral, inaceptable y humillante para la memoria de la Revolución Bolivariana y la historia del movimiento antimperialista. Tenemos que precisar algunos puntos...
¿Cuáles?
-Antes de todo, el Negocio de la «Ayuda Humanitaria»: el lavado de cara y la ocupación. El imperialismo y su apéndice sionista operan históricamente bajo el mismo patrón de chantaje. Tras perpetrar la agresión del 3 de enero, pretenden presentarse con ropajes de «cooperación». No vienen a aliviar el dolor ni la desesperación provocados por esta arremetida; vienen a consolidar un esquema de dominación, subordinando la soberanía nacional a los dictados de los aparatos de inteligencia y seguridad de Occidente.
El segundo punto a considerar es la paradoja imperial: el nexo entre bombas, democracia y petróleo. El cinismo del imperio estadounidense y del régimen genocida de Tel Aviv no tiene límites. Se autoproclaman defensores de la libertad y la democracia mientras perpetran el genocidio continuado y la limpieza étnica masiva contra el hermano pueblo de Palestina; los bombardeos criminales e ilegales contra los pueblos de Irán, Irak y Nigeria; la agresión armada, el despojo de activos petroleros y el bloqueo contra Venezuela. Coincidentemente, en cada territorio donde la maquinaria bélica anglosajona y sionista decide «exportar democracia», subyace la voracidad por el control de los recursos energéticos, los minerales estratégicos y las rutas geopolíticas clave.
El tercer punto es la causa Palestina, pilar irrenunciable de la dignidad Bolivariana. Para el movimiento popular, el antisionismo no es una postura coyuntural ni un adorno retórico; es una postura principista, ética e históricamente irrenunciable legada por el Comandante Hugo Chávez. Aceptar la penetración de actores vinculados al sionismo en territorio venezolano equivale a legitimar el aplastamiento del pueblo palestino y a convalidar el orden neocolonial que busca descuartizar la soberanía de los pueblos del Sur Global. Frente a la pretensión de imponernos la tutela imperial y la sombra del sionismo, la postura de las bases es firme: No hay concesión geopolítica ni chantaje económico que valga la entrega de la dignidad nacional. La solidaridad internacionalista con el pueblo palestino y la resistencia contra el imperio yankee siguen siendo el norte inalterable de la Revolución Bolivariana.
A la agresión imperialista se le ha sumado la emergencia provocada por el doble terremoto que ha impactado al país. En esta doble crisis --social- política y natural--, ¿cómo están respondiendo las brigadas populares y las comunas para garantizar la solidaridad y la autogestión frente a la emergencia?
-Ante la doble embestida de la agresión imperialista y el embate de la naturaleza, el pueblo organizado ha demostrado, una vez más, que solo el pueblo salva al pueblo. En este escenario de prueba histórica, donde la crisis socio-política y la emergencia natural convergen, las comunas, las brigadas populares y los movimientos de base no han esperado respuestas burocráticas: se han multiplicado en la calle, codo a codo, haciendo de la solidaridad no una consigna, sino una práctica cotidiana y revolucionaria.
Explico como se ha organizado la respuesta, la resistencia comunera y popular. En autogestión para la Vida: desde el primer minuto, los consejos comunales y las brigadas territoriales activaron redes comunitarias de acopio y distribución de alimentos, medicamentos y agua potable. En los barrios y campos, la autogestión ha sido el motor para despejar vías, coordinar albergues solidarios e inspeccionar viviendas, demostrando la madurez organizativa del poder popular.
Con respeto a la salud popular y al abrazo colectivo: frente al dolor, las brigadas de salud y los comités comunitarios no solo han atendido la emergencia física, sino también el acompañamiento emocional. La empatía militante ha permitido que las familias vulnerables no se sientan solas, construyendo un tejido de contención afectiva donde la resiliencia es un esfuerzo compartido.
En el marco de la soberanía solidaria frente al bloqueo: mientras los poderes imperiales insisten en asfixiar la patria con medidas coercitivas, las comunas responden con la economía de la reciprocidad y el trueque solidario. Lo poco o mucho que se tiene se comparte; la resistencia es el pilar que transforma la escasez en dignidad colectiva. Y estamos organizando la fuerza revolucionaria de la esperanza. "La solidaridad es la ternura de los pueblos", decía el Che Guevara. Como bien se ha vivido en la práctica comunitaria, el lenguaje de este momento no ha sido el del desánimo, sino el del amor combativo, la igualdad y la fe inquebrantable en la fuerza colectiva.
Es en el barro de la tragedia donde florece con más fuerza la esperanza revolucionaria. Cada olla comunitaria, cada mano extendida para levantar un escombro y cada abrazo entre vecinas y vecinos reafirma que la fraternidad y la justicia social son invencibles frente a cualquier adversidad. Las comunas y las brigadas populares siguen demostrando que, frente al asedio del imperio y los golpes de la naturaleza, la respuesta del pueblo de a pie es y seguirá siendo la unidad, la resiliencia y la autogestión socialista.
En momentos de desorientación en las alturas del poder institucional, la teoría marxista y la praxis chavista nos recuerdan que la salvación de la revolución está en el pueblo organizado. ¿Sigue siendo la Comuna la respuesta estratégica para impedir una restauración capitalista o una salida pactada por arriba?
-En tiempos de vacilación o desorientación en las altas esferas del poder institucional, la teoría marxista y la praxis histórica del chavismo lo afirman con contundencia: la Revolución no se negocia por arriba, se defiende y se profundiza desde abajo. La Comuna no es solo una opción organizativa; es el núcleo estratégico irreductible para frenar cualquier intento de restauración capitalista o pacto de élites a espaldas del pueblo.
¿Y cómo se lleva a cabo?
-Organizando la salida popular: con autogobierno y socialismo territorial. Allí está el poder popular constituyente: frente a la tentación de salidas burocráticas o negociadas, la respuesta histórica sigue siendo la organización popular en el territorio. El autogobierno comunal es la garantía real para frenar la restauración burguesa y mantener el rumbo antiimperialista. Allí está también la soberanía alimentaria y la producción comunal: no hay revolución política sin soberanía económica. La Comuna produciendo el alimento, gestionando la distribución y construyendo un modelo económico social y solidario rompe la dependencia de las garras del capital y del mercado especulativo.
El Estado Comunal es el horizonte social: hacer realidad el mandato histórico de «Comuna o Nada» significa desmontar progresivamente la lógica del Estado burgués para sustituirlo por el autogobierno de las masas, la democracia directa y la participación protagónica de la clase trabajadora y los sectores populares. "Comuna o nada" no es un eslogan, es la línea divisoria entre la transformación socialista y la capitulación frente al capital. La fuerza viva de la revolución reside en la calle, en el barrio, en el campo y en el territorio comunal. Frente a las incertidumbres en las alturas, la respuesta revolucionaria, de izquierda y antiimperialista es una sola: Todo el poder para las Comunas, la victoria es del pueblo organizado.
En este laberinto geopolítico, donde algunos bloques internacionales muestran prudencia o pragmatismo, ¿qué le exige hoy el movimiento popular venezolano a la izquierda revolucionaria de América Latina y de Europa?
-En este laberinto geopolítico, donde la vacilación y el "pragmatismo" de ciertas cúpulas pretenden enfriar la causa de los pueblos, la respuesta del movimiento popular venezolano no admite titubeos. Nos amparamos en el mandato histórico que resonó hace dos siglos en el Istmo: la unión es la fuerza y la concordia el porvenir. (Acta de Panamá, 1826). Al cumplirse 200 años del histórico llamado de Nuestro Libertador Simón Bolívar al Congreso Anfictiónico de Panamá, la consigna de la unidad de Nuestra América y de las fuerzas antiimperialistas del mundo está más vigente que nunca. Frente a la agresión continuada del imperio yanqui y su enclave colonial y genocida, el régimen sionista de Israel, verdaderos enemigos de la humanidad, la izquierda revolucionaria de América Latina y de Europa no puede asumir el papel de espectadora ni refugiarse en la tibieza del cálculo diplomático.
Esta es la exigencia militante al movimiento revolucionario internacional: continentalizar e internacionalizar la lucha. Como nos enseñó el Che Guevara, la lucha contra el imperialismo es continental y planetaria. Frente a un enemigo global que agrede, bloquea y masacra en Palestina y en Nuestra América, la respuesta debe ser una red de solidaridad combativa y militante que supere las fronteras. Se tiene que superar el pragmatismo por la solidaridad militante: a la izquierda europea y latinoamericana le exigimos romper con la prudencia burguesa y el chantaje del relato dominante.
La solidaridad no se condiciona ni se negocia: se ejerce en la calle, en la denuncia frontal contra el bloqueo, en la agitación constante y en la defensa irrestricta de los pueblos que resisten con dignidad. Necesitamos de un Frente Único contra el imperialismo y el sionismo genocida: no hay neutralidad posible entre los opresores y los oprimidos. La lucha del pueblo venezolano, la resistencia del pueblo palestino y las luchas de la clase trabajadora europea y latinoamericana son una sola causa histórica por la liberación de la humanidad y la destrucción de la hegemonía imperial.
Y hay el Horizonte Bolivariano y Nuestra Americano: el horizonte no es otro que la Patria Grande. Frente al avance del fascismo, las agresiones militares y las medidas coercitivas unilaterales, el movimiento popular exige volver a las raíces combativas del bolivarianismo y del internacionalismo proletario.
Resumen Latinoamericano







