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Poderes fácticos (y amigos de Aznar)

Ernest Lluch mantiene que empresas que agrupan el 80% de las acciones que se cotizan en las Bolsas del Estado español están en manos de «amigos de Aznar» o, lo que es lo mismo, de militantes o simpatizantes del Partido Popular. Es probable que también un porcentaje similar de los máximos dirigentes de las empresas que cotizan en las Bolsas de otros estados del mundo tengan una adscripción política de derechas. Pero estas filias ideológicas tienen una signficación especial en el caso español, puesto que evidencian que, en gran medida, el poder económico ­el poder de verdad­ está en manos de gentes que hunden sus raíces en la dictadura franquista. Y no es que por edad vivieran aquellos años, sino que muchos tuvieron un papel activo en el sostenimiento de aquel régimen criminal.

Tomemos como ejemplo una fotografía de actualidad, la del apretón de manos entre el presidente de Endesa, Rodolfo Martín Villa, y el de Iberdrola, Iñigo de Oriol.

El primero de ellos, Martín Villa, viejo conocido de los vascos, tiene un completo historial como franquista. Fue jefe nacional del SEU, presidente del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas, delegado provincial de Sindicatos en Barcelona y director general de Industrias Textiles del Ministerio de Industria. En noviembre de 1969 fue nombrado secretario general de la Organización Sindical, y en 1974, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Barcelona, cargo que desempeñó hasta el 11 de diciembre de 1975, en que fue nombrado ministro de Relaciones Sindicales. Como procurador en Cortes perteneció a las Legislaturas VII, VIII, IX , X y el 7 de julio de 1976, fue nombrado ministro de la Gobernación por el primer Gobierno de Adolfo Suárez. El 15 de junio de 1977 fue nombrado senador real, cargo en el que cesó al ser disueltas las Cortes en diciembre de 1978.

Iñigo de Oriol e Ybarra, por su parte, fue también procurador en las Cortes franquistas, desde 1968 hasta 1978. Desde 1971 hasta la aprobación de la Constitución española fue primero miembro y después secretario del Consejo del Reino, el más alto órgano consultivo que asistía al jefe del Estado en asuntos y resoluciones de su exclusiva competencia.

En manos de estas dos personas está la electricidad que alumbra nuestras casas y mueve la industria vasca y la que, llegado el caso, puede dejar de alumbrarlas y moverla. Así es la estructura de poder en un Estado al que tanto empeño ponen en apellidar como democrático.

Iñaki Iriondo

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