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14/10/2021 :: Estado español

12 de Octubre: ni orgullo ni culpa.

x Colectivo Trinchera
El actual presidente del P.P. afirmaba hace solo unos días que “España no tiene que pedir perdón a México por la invasión y el despojo que empezó hace ahora más de 500 años

12 de Octubre: ni orgullo ni culpa

Llega octubre y llega el otoño al hemisferio norte. Se acortan los días y baja la temperatura. Empiezan a caer las primeras lloviznas, amanecen los primeros días grises y nos debatimos entre aprovechar hasta el último minuto la calle antes de que llegue el invierno y abrir la puerta a la reflexión y el recuerdo. Y es que octubre es un mes de especial importancia por sus aniversarios. El 8 de octubre recordamos con pesar que ya se pasaron 54 años desde el asesinato del querido Che Guevara. Y hoy 12 de octubre se cumplen 529 desde que las tres carabelas castellanas atracaran en tierra americana, “descubriendo” un continente poblado por 60 millones de personas [1]. Casi cinco siglos separan ambos acontecimientos y sin embargo ambos están unidos entre sí y con nuestro presente.

Por supuesto queda otro gran aniversario en octubre, pero merece su propio artículo.

Empecemos por el presente. El actual presidente del Partido Popular, Pablo Casado, afirmaba hace solo unos días que “España no tiene que pedir perdón a México”[2] por la invasión y el despojo que empezó hace ahora más de 500 años. Las declaraciones venían a cuenta de una polémica desatada a raíz de las pretensiones del presidente de México López Obrador de que el gobierno español se disculpase por los “agravios” cometidos contra los indígenas durante la época colonial. Más allá de los exabruptos de la derecha española, ¿tiene sentido exigir disculpas?.

Lo cierto es que AMLO no tiene ninguna fuerza para exigir nada. Ninguna. Sus exigencias son sólo un espectáculo, una estrategia comunicativa, un barniz progresista. Y además sus posiciones son otras. En sus propias palabras: “les decimos a los integrantes del grupo en el poder que, a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación, no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que […] no habrá represalias o persecución para nadie.“[3] Ni persecución, ni cambio real de políticas: a lo largo de su mandato AMLO se ha convertido en un acérrimo defensor de la austeridad en su país.

La contradicción no es que AMLO exija disculpas sabiendo que no las puede obtener, sino que la exigencia venga de quien garantiza hoy la explotación de la clase trabajadora latinoamericana por las élites burguesas españolas. ¿Qué sentido tendría que el Gobierno español pidiese disculpas por las matanzas y la rapiña del periodo colonial cuando las relaciones de explotación y opresión persisten hoy bajo una nueva forma?. La obsesión por el perdón enraíza directamente con la Iglesia católica que propaga su fé con “la espada y la cruz”. El perdón borra el pecado, convierte la realidad en una tábula rasa y es por tanto cómplice de la amnesia y el escarnio hacia las víctimas. En lo político el perdón es antítesis de la justicia.

Cinco siglos después, la conquista de América sigue influyendo en nuestro presente. La socialdemocracia de AMLO renuncia a exigir justicia y utiliza la conquista para darse un aire progresista. Mientras, una parte de la izquierda española relativiza su gravedad, interpretando cualquier crítica razonada como un ataque a España y su cultura. Uno de los argumentos que esgrimen es que la Conquista supuso un progreso para la región. Sin embargo, los hechos demuestran que la Conquista fue un progreso sólo para las burguesías europeas, que gracias a esa acumulación originaria pusieron las bases del capitalismo moderno. Considerar estos hechos como algo de lo que la clase obrera de cualquier país podría estar orgullosa es, cuanto menos, poco marxista.

De hecho, en el famoso capítulo XXIV del Tomo I del Capital, Marx hace suya la siguiente afirmación: "Los actos de barbarie y los inicuos ultrajes perpetrados por las razas llamadas cristianas en todas las regiones del mundo y contra todos los pueblos que pudieron subyugar, no encuentran paralelo en ninguna era de la historia universal y en ninguna raza, por salvaje e inculta, despiadada e impúdica que ésta fuera".[4] Marx utiliza la palabra barbarie para describir la colonización y se expresará de forma similar al describir la conquista francesa de Argelia, la lucha de independencia polaca o la cuestión irlandesa.

Confundir la barbarie de las clases dominantes con el progreso de la humanidad no sólo denota un desconocimiento de la obra de Marx, sino también un pensamiento etapista, teleológico y hegeliano. Marx considera que el desarrollo social y económico se dio y se da de forma desigual y combinada, como se observa en los capítulos dedicados a la ley general de la acumulación capitalista y la acumulación originaria de capital y posteriormente en el tomo III del Capital. Y que por tanto no es necesario reproducir la historia europea para alcanzar el comunismo.

En sus propias palabras y tratando la realidad de un país como Rusia: “¿podría la comunidad rural rusa -forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra- pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única repuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista.”[5]

La conquista americana no llevó el progreso a América Latina. Causó la muerte al 95% de la población indígena [6] y casi aniquiló la identidad, la cultura, la lengua, la cosmovisión de los pueblos que la habitaban. El imperialismo español no podía tolerar la existencia de un Otro diferente en América como no podía tolerarlo dentro de las propias fronteras y por eso expulsó a los judíos y expropió las tierras de los musulmanes durante la mal llamada Reconquista [7] y persiguió a los gitanos y reprimió la diversidad cultural y lingüística presente aún a día de hoy en el Estado Español. Hoy, en nombre de un patriotismo interclasista, vemos como grupos que se dicen de izquierda recuperan acríticamente los mismos mitos que han servido de excusa a las peores masacres.

Afirman que quieren recuperar la Hispanidad para un proyecto progresista y de clase, pero ¿cómo hacerlo desde el discurso y la visión del mundo de la burguesía?.

Vaya por delante que desde Trinchera defendemos crear lazos organizativos con los proyectos emancipadores de América Latina, como parte de un viaje de idea y vuelta de ideas y militantes, que lleva desarrollándose décadas. Pero siempre contra el nacionalismo rampante y por la lucha internacional de la clase trabajadora contra el capitalismo y el imperialismo, sea de la bandera que sea. Y el mejor ejemplo de la lucha contra el imperialismo es nuestro Ché Guevara, símbolo de la revolución cubana, economista, político, revolucionario e intelectual latinoamericano, cuya producción intelectual es tan desconocida como imprescindible.

Más allá de sus textos más famosos, en este debate viene al caso su artículo de 1954 sobre la clase obrera en EEUU[ 8]. Allí afirma que la inmensa mayoría de la clase obrera y media de este país apoya conscientemente las políticas imperialistas de la clase dominante. En parte porque la prensa está «totalmente en manos de los grandes capitales. Pero también porque les beneficia como pueblo, «reacción, hasta cierto punto lógica, de la clase obrera.» Y avisaba: «Preparémonos, pues, a luchar contra el pueblo todo de EE.UU, que el fruto de la victoria será no solo la liberación económica y la igualdad social, sino la adquisición de un nuevo y bienvenido hermano menor: el proletariado de ese país.».

El Estado español no es la gran potencia mundial que eran los EEUU en los 50, con la que hoy comparte la decadencia capitalista. Pero no es tampoco una colonia. Es más país colonizador que colonizado, más imperialista que subordinado. Salvando las distancias, las posturas cada vez más conservadoras y racistas de la clase obrera española actual recuerdan a las observadas por el Che en los EEUU de los años 50. La lectura blanqueadora del Descubrimiento de América es sólo un síntoma. La exaltación nacionalista se ha reforzado como consecuencia del fallido Procès de independencia de Catalunya, la presión migratoria del norte de África y América latina y la profundización de la crisis económica y social.

La clase burguesa española en este país es culpable de terribles crímenes contra otros pueblos y contra nosotros, trabajadores y trabajadoras que vivimos dentro de las fronteras del Estado. Es necesario que dejemos de oscilar entre la culpa y el orgullo de haber nacido en un determinado territorio, porque no son nuestros sus triunfos ni son nuestros sus fracasos. Nuestra es la voluntad de romper con sus cadenas y construir una sociedad nueva donde nunca más sea exterminado un pueblo por otro pueblo.

Quizás el proletariado del Estado español siga su deriva reaccionaria, dispuesto a luchar contra sus iguales por mantener un nivel de vida sostenido por la superexplotación de la clase trabajadora latinoamericana y asiática. Pero la historia no está escrita. Si bien el capitalismo posee contradicciones fundamentales y aporta condiciones objetivas para el surgimiento de un proceso revolucionario, la conciencia revolucionaria de la lucha de clases es determinante para cualquier transformación social.

En su artículo el Che afirma que la conciencia revolucionaria habrá de venir en gran parte del exterior, como resultado del avance de las luchas revolucionarias contra el imperialismo y la explotación colonial en los países menos avanzados. Quizás nuestro rol como revolucionarios y revolucionarias en una potencia imperialista sea justamente dar todo nuestro apoyo a las luchas de otros países, que por tanto tiempo hemos considerado atrasados e inferiores. Solo si realizamos un análisis desprejuiciado y objetivo podremos construir en perspectiva revolucionaria con las vanguardias de la clase obrera de otras latitudes. El famoso análisis concreto de la situación concreta, en su fealdad y con sus dificultades, sin blanqueamientos ni culpas ni falsos orgullos.

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