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13/03/2019 :: Estado español

[15 años del 11M] 11 de marzo de 2004 ¿Conspiranoia o falsa bandera? (III)

x Cyrille Martín, Boro LH
Entrevistamos a Red de Solidaridad Popular-RSP17, donde se agrupan activistas antiimperialistas, para conocer su opinión sobre el 11M 15 años después

Al hablar sobre estos temas, señalando redes secretas que ponen en marcha graves acciones con oscuras intenciones, es bastante fácil ganarte la etiqueta de “conspiranoico”. Más aún en el caso del 11M, donde la manipulación alcanzó sus mayores exponentes en diferentes fases: en primer lugar, durante los primeros días tras los atentados. En segundo lugar, en una etapa posterior a las elecciones donde los medios más ultraderechistas sembraron la idea de una conspiración “PSOE-ETA” con la intención de hacer perder al PP las elecciones. Todo un “Delirium Tremens” que entre otras cosas causa que cuando alguien rescata el tema del 11M poniendo en cuestión la versión oficial rápidamente se le pueda tachar de “conspiranoico”.

Incluso desde la propia izquierda y el antiimperialismo a veces nos encontramos con este tipo de respuestas al plantear el tema del 11M “si, claro, como los de Libertad Digital”- Y es que cuando hasta VOX pide saber “toda la verdad sobre el 11M” se hace imprescindible marcar diferencias. Nosotros sostenemos que efectivamente hay una gran mentira sobre el 11M, pero desde luego no en el sentido que apunta la derecha ni sus voceros. Creemos que las implicaciones de estos atentados apuntan a occidente y no al mundo árabe como nos han tratado de hacer creer (ni a Ferraz y a Euskal Herria, como aseguraron distintos medios del ala más ultraderechista de la caverna mediática española).

En el caso de los, más recientes en el tiempo, atentados de Barcelona y Cambrils, nos encontramos también con lo mismo, y cuando se han planteado dudas, o teorías de quienes y porque los llevaron a cabo, no son pocas las veces que nos hemos topado con respuestas similares. Sin embargo, y aunque los objetivos y la coyuntura internacional de los dos ataques son distintos, sí que nos encontramos con muchas similitudes entre ellos, sobre todo en la trama para ocultar el verdadero origen de estos ataques: pruebas que aparecen por arte de magia o que desaparecen misteriosamente, supuestos autores materiales que resultan casi todos muertos, asegurando así que se lleven su verdad a la tumba… y un montón más de preocupantes coincidencias que hacen que nos planteemos que lo que hay detrás de esto es más grande de lo que parece.

Bajo el nombre de Red de Solidaridad Popular - RSP17 se agrupan distintas personas y colectivos antiimperialistas que publicaron un extenso informe sobre los atentados de Barcelona y Cambrils. Hemos querido conocer su opinión sobre el 11M en este 15º aniversario de la masacre.

Si algo ha quedado claro, tanto en el caso del atentado de Madrid, como en los de Barcelona y Cambrils, es que hay puntos oscuros en sus correspondientes investigaciones ¿Cuáles creéis que fueron los principales?

 Bien, nos permitiréis que antes de nada hagamos dos aclaraciones previas. En primer lugar subrayamos que si bien como RSP17 nacemos tras las operaciones criminales de agosto de 2017 en Catalunya, hicimos también un atento seguimiento al caso del 11-M en Madrid. Creemos que ambas operaciones, expresiones palmarias de la acción de los Estados capitalistas e imperialistas desde las cloacas, pertenecen a ciclos diferentes y que los objetivos de quienes las perpetraron no fueron exactamente los mismos, aunque haya aspectos e incluso ejes comunes. Y en segundo lugar, reiteramos como punto de partida nuestro absoluto convencimiento de que todas las personas detenidas, procesadas o ejecutadas en relación a esos atentados son y fueron totalmente inocentes.

El planteamiento de esta primera pregunta podría hacer pensar que de lo que se trata es de detectar elementos no resueltos dentro de una explicación más o menos plausible. Desde nuestro punto de vista, no es el caso en absoluto. En relación a los hechos de Madrid, tenemos la constatación indiscutible de que cerca de 200 personas murieron como consecuencia del estallido de varios artefactos explosivos. A partir de ahí, la versión oficial es mendaz de arriba a abajo, de modo que en el 11-M, más que de puntos oscuros, habría que hablar de una gigantesca mancha negra que abarca todas y cada una de las partes del caso: desde la destrucción a conciencia de pruebas clave como los propios trenes (algo que debería dejar atónita a cualquier persona salvo que entienda, como nosotras, que fue un acto imprescindible para suprimir información sobre el explosivo realmente empleado y por tanto sobre sus autores), hasta la creación ad hoc de pruebas falsas como la mochila que apareció de pronto en una comisaría (acto también necesario para articular el guión que conduce a la detención de varias personas y a la ejecución de otras), pasando por la absoluta ausencia de imágenes de al menos algún “terrorista” circulando en, hacia o desde las estaciones. Son solo tres ejemplos, ya que necesitaríamos horas para exponer todos.

En el caso de Barcelona y Cambrils las mentiras alcanzan también cotas difícilmente superables, como ya hemos recogido con detalle en varios artículos. Desde la cronología y todos los flecos de la “huida” de Younes Abouyaaqoub, hasta la entrega por los mossos del cadáver de este joven en Subirats tras un inverosímil enfrentamiento, pasando por el escenario de Cambrils (operación de ‘cierre de caso’ con una función similar a la de Leganés en el 11-M), donde la policía estaba desplegada horas antes del falso atentado en esa localidad.

A priori debería resultar difícil creer que existe una sola persona que siga creyendo la sarta de mentiras de este régimen y de sus medios, pero lo cierto es que muy pocos se han atrevido a levantar la voz: ahora mismo la indignación social por estos casos brilla por su ausencia. En cualquier caso, las flagrantes contradicciones, la manipulación de pruebas y la acumulación de hechos imposibles solo conducen en una dirección: nos han mentido de arriba a abajo. Creemos que muchos no dan ese paso (aceptar que nos mienten) porque acto seguido han de cuestionarse por qué, y el paso siguiente es otra pregunta: ¿entonces, qué pasó? Y ahí es donde pocos quieren entrar, ya sea por miedo, por falta de lucidez o porque intuyen que la respuesta les resultaría más dura que vivir en la mentira.

En ambos casos, hemos visto confidentes policiales o del CNI implicados en los atentados. En vuestra opinión ¿Se puede hablar de conocimiento por parte de altos mandos de policía y servicios de inteligencia con anterioridad a los atentados?

Creemos que el grado de conocimiento previo por parte de esos agentes no ha sido el mismo en ambos casos. De hecho, percibimos que los operativos de Madrid y de Barcelona son diferentes tanto en ese como en otros aspectos. No suele haber dos ciclos de banderas falsas iguales entre sí. En concreto, situamos los hechos de Madrid en un contexto de estrategia “contra el terror” que tras el 11-S se despliega en diferentes partes del mundo durante la primera mitad de la década anterior a la que estamos viviendo. Una estrategia cuya punta de lanza fue la acción de la administración Bush y de sus aliados. Lo que observamos que ocurrió en Madrid fue que una parte del desarrollo de esa hoja de ruta no fue plenamente compartida con los agentes locales. Aunque Jorge Dezcállar, a la sazón director del CNI, había sido advertido por EEUU de que era altamente probable que el terrorismo “islamista” golpease en Europa y en concreto en el Estado español, quien diseñó y ejecutó el operativo no creyó necesario ni seguro hacer llegar a la parte local la información en su integridad. Lo demuestra la chapuza que tuvo que construir después esa parte local con el fin de encubrir a los asesinos y ofrecer una versión aceptable socialmente. Ese aspecto, la insuficiente articulación con quien debía gestionar in situ la investigación y la comunicación sobre los atentados, se corrigió en posteriores operativos, vistas las consecuencias políticas de la nefasta gestión posterior de aquel. De lo que nadie puede tener ninguna duda es de que hoy en día el CNI sabe bien qué pasó.

 El caso del 17-A en Barcelona es distinto. De entrada, el contexto de 2017 ya no era el mismo que trece años antes, aunque uno de los objetivos era también hacer presente en Europa el supuesto terror islamista. En primer lugar hay que hacer notar que esta no es ya la década del espectro de Al Qaeda, pues el fantasma que recorre ahora Europa se ha venido denominando mediante otras marcas. Pero lo más importante es que el 17-A es un eslabón de la cadena de atentados que irrumpe con toda su intensidad en enero de 2015 y que se venía gestando y practicando desde pocos años antes. Es un ciclo que, a diferencia del anterior, tiene su epicentro en el Estado francés. Además, de acuerdo a las investigaciones (que invitamos a consultar en su web Panamza) del periodista Hicham Hamza y a los indicios que quedan depositados tras cada ataque, están interviniendo servicios israelíes. Por otro lado, demás de su dimensión puramente terrorista, en esta operación hay un frente ideológico a la cabeza del cual destacó en su momento quien fuera sucesivamente ministro del Interior y primer ministro francés hasta diciembre de 2016 y ahora candidato a la alcaldía de Barcelona, quien como es sabido mantiene excelentes relaciones con los diferentes estamentos sionistas. Valls, como primer ministro, ya “advirtió” tras la masacre de París en noviembre de 2015 que “las nuevas operaciones que se están preparando son también contra otros países europeos”. Y así fue, especialmente durante 2016 y 2017. Declaraciones de ese tipo fueron una constante durante su mandato, tanto en su boca como en la de otros dirigentes franceses; lo que se buscaba con ello era normalizar la situación, desviar la atención y predisponer a la ciudadanía ante futuras medidas represivas.

 Dicho todo esto como contexto, en el 17-A no solo era el CNI quién controlaba los movimientos de al menos parte de las personas que se nos han presentado como culpables; ahora sabemos -por las declaraciones del secretario de la comunidad islámica Annour de Ripoll- que la Brigada de Información del CNP de Girona también lo hacía. Volvemos a repetir que la interpretación de estos vínculos ha de ser la opuesta a la que habitualmente se suele hacer: la policía no controlaba a los futuros “culpables”, sino a quienes iban a ser mostrados como tales tras el atentado. Ese ha sido también el modus operandi policial en la mayor parte de atentados en el Estado francés. Más allá de eso, a nosotras no nos cabe la menor duda de que los aparatos de inteligencia españoles y sus responsables políticos estaban también al tanto de la primera parte de la operación: el atentado en sí mismo y sus preparativos. Ningún servicio de inteligencia, sea interno, externo o en acción mixta, puede arriesgarse a no tener neutralizada al máximo la eventual respuesta de elementos no controlados en el transcurso de un operativo como el de las Ramblas.

 La derecha ha tenido mucho interés en hablar de una conspiración, en su caso para tratar de atacar al PSOE, que fue quién ganó las posteriores elecciones al atentado. Pero más allá de eso, ¿podemos hablar de conspiración?

La derecha de 2004 (al margen de la que constituía y constituye el PSOE) se encontraba agrupada básicamente en torno a una única sigla: el PP. Algunas personas de ese partido y no pocos de los medios de comunicación de su entorno amagaron durante un tiempo con esa acusación -la supuesta conspiración para que a resultas de la masacre ganara el PSOE- que en realidad nunca se atrevieron a desarrollar con todas sus consecuencias, principalmente porque sabían que ni era cierta ni tenía más recorrido que el propio hecho de amagar. Compartimos en este punto la visión de uno de los pocos periodistas que en el Estado español ha investigado con cierto rigor el 11-M, el ya fallecido Fernando Múgica, quien repitió muchas veces que la razón de la derrota del PP (partido que, por otro lado, no se encontraba precisamente en su mejor momento a comienzos de marzo de 2004) fue su pésima gestión del atentado. De hecho, si su abordaje hubiera sido similar al que poco más de un año después hizo el gobierno del Reino Unido tras las explosiones en el sistema de transporte londinense, probablemente el PSOE no se hubiera hecho con esa victoria.

En otras palabras, no hubo “conspiración” para echar al PP del Gobierno mediante un atentado. Lo que hubo fue una huida hacia adelante por parte de este, un ataque mal planteado que terminó en gol en propia puerta, por decirlo sencillamente. La conspiración es la de una trama criminal en la que unos hacen el trabajo sucio y otros intentan que creamos que estamos ante una conspiración islamista contra Occidente y sus valores. Naturalmente, a quien se le etiqueta por todos los baluartes de este régimen como conspiracionista es a todo aquel que ose hacerse preguntas.

De todos modos, es preciso subrayar que el enredo en el que sobre todo en el caso del 11-M entraron y aún se encuentran esporádicamente algunos medios ultraderechistas (como El Español y otros) ha podido contribuir a que sectores de izquierda sintieran rechazo a abordar esta cuestión. No deberíamos dudar de que la verdadera intención de quien redacta algunos titulares de varios de esos medios no es alumbrar una verdad a la que nunca se querrán acercarse, sino intoxicar de forma medida para hacer daño a rivales políticos. Algo parecido está haciendo últimamente el famoso comisario Villarejo, cuyas declaraciones sobre el 11-M son simplemente basura. Y no ha de olvidarse que tampoco ayudan en nada quienes pretenden buscar explicaciones desde lo esotérico.

 En el caso del 11M, ¿por qué el PP se empeñó en culpar a ETA cuando todo apuntaba a lo contrario?

 Por ceguera política, como acabamos de sugerir. Obviamente contar la verdad -a la que debieron llegar pronto- quedaba descartado. Pero no leyeron bien la situación, y en lugar de encaminarse únicamente en la dirección que los autores les estaban señalando, se abrieron a contemplar dos mentiras: islamistas (A) y ETA (B). Así, durante las primeras horas, el PP y su gobierno en funciones cayeron en la tentación cortoplacista de intentar vender la mentira B, preferida desde su obsesión por seguir obteniendo rédito de la actividad de ETA. Probablemente pensaron que si después tenían que reorientar su comunicación hacia la mentira A (de hecho, comenzaron a hacerlo ese mismo día), ya lo harían. Pero lo hicieron sin reflejos y sin prever las consecuencias que la demora podría tener en el caso de que la oposición y la calle reaccionasen como finalmente lo hicieron.

Ya era tarde cuando se percataron de que quien planeó la operación esperaba que, dadas las características de su masacre (un ataque premeditado, alevoso e indiscriminado contra civiles, como en EEUU en 2001 o en Casablanca en 2003), el gobierno español no titubearía respecto a la autoría y se mantendría firme, pidiendo y liderando desde el primer instante la unidad social y política frente al “terror islamista” que había golpeado a España. En ese caso, el PSOE y otros agentes habrían tenido dificultades para acorralar al PP: la apuesta por la mentira A era compartida por el partido de Rodríguez Zapatero y por medios como los del grupo PRISA, de modo que el grito colectivo contra la guerra no habría tenido un cauce como el que encontró.

Hay que recordar, por último, que no fue esa la única vez en la que se intentaba adjudicar a ETA algo que esta no había hecho sin que pasara nada, y que había asociaciones de víctimas de ETA que presionaron en esa dirección, especialmente durante las primeras horas.

¿Cuáles creéis que fueron los verdaderos motivos geopolíticos de los dos atentados y, en el caso del 11M, quince años después, ¿cuáles fueron sus consecuencias geopolíticas? ¿Se aplicó en el estado español la llamada "doctrina del shock"?

En el caso de Madrid, los motivos se ven aún con mayor claridad tras los años transcurridos: la doctrina de guerra imperialista actualizada en 2001 precisaba asideros que detuviesen su zozobra en un momento crítico. Es decir, requería más eventos que le dieran combustible, y así se decidió extender a Europa -y más concretamente a cada uno de los otros dos vértices del “trío de las Azores”: Estado español y Reino Unido- el terrorismo contra civiles mediante operaciones encubiertas. Eso es, efectivamente, pura doctrina del shock para implementar después las medidas de control y represión que en circunstancias rutinarias son difíciles de justificar.

En cuanto a las consecuencias a ese nivel, si bien cabe objetar que el imperialismo cosechó derrotas en algunos países y que Bush acabaría dejando paso a Obama, nada impidió la continuidad de la “guerra contra el terrorismo” como eje argumental de Estados Unidos, Israel y la OTAN para justificar su intervención en Oriente Medio y en otras partes del mundo, dándose incluso un incremento del gasto militar. En el ámbito local, la rápida retirada de tropas de Irak que efectuó Rodríguez Zapatero no debe hacer olvidar que el despliegue español en el exterior se fue incrementando, hasta el punto de que en 2018 se batió el récord: alrededor de 4.000 efectivos (de ellos, más de 2.500 militares y guardias civiles) en más de una quincena de misiones; queda incluida la reciente incorporación de una unidad de helicópteros para reforzar una misión que realmente nunca llegó a desaparecer: la de Irak.

Respecto al 17-A y el ciclo en el que se ubica, su objetivo va también en esa línea, pero en un periodo de mayor inestabilidad económica que a principios de siglo persigue también asentar el monopolio estatal de la violencia no ya convencional sino también terrorista, apuntando a la falsa cronificación de la no menos falsa amenaza islamista. En el caso de este ciclo criminal destaca la conexión que desde los ámbitos gubernamentales y “antiterroristas” se ha intentado hacer con la situación en Siria, para justificar la intervención occidental allí y en todo Oriente Medio. Se alimenta con ello aún más la economía para la guerra, y las políticas estatales e internacionales aceleran en una dirección aún más represiva, militarizada e insolidaria, abriendo las puertas al dominio de una narrativa cada vez más reaccionaria e intentando neutralizar al mismo tiempo la articulación de la resistencia popular.

No se puede pasar por alto que los atentados de Barcelona y Cambrils ocurren 44 días antes del Referéndum por la independencia de Cataluña ¿Creéis que existe relación entre las dos cosas?

Sí, sin duda. La relación, desde nuestra visión, no es solo con el referéndum del 1 de octubre, sino con el denominado procés en su conjunto. En ese sentido, la geoestrategia fue solo una de las dimensiones de esa operación, porque en este caso todo apunta a un acuerdo previo entre el Estado español y quienes diseñaron la actual campaña de atentados: en otras palabras, el 17-A debía servir no solo para mantener la hoja de ruta de estos, sino también para avanzar hacia los objetivos coyunturales pero prioritarios del Estado que lo iba a acoger. 

En otras palabras: la ubicación y el momento de ejecución no fueron casuales, obviamente. Pensemos que había muchos lugares y tiempos posibles en toda la UE, pero la operación con más víctimas mortales de 2017 (de hecho, desde el verano del año anterior y hasta este instante no ha habido otra con más asesinatos) se llevó a cabo precisamente en Catalunya y poco antes de un otoño clave no solo para ese país sino para Europa en su conjunto. Una Catalunya que estaba llamando la atención más allá de su territorio, debido principalmente a su excepcional dinámica -realmente popular y de masas- hacia la soberanía, pero que también había sido el lugar donde se había llevado a cabo pocos meses antes la mayor movilización y campaña de solidaridad con las personas migrantes y refugiadas habida en Europa hasta la fecha. Es decir, la confluencia de criminales encontró razones distintas para poner a esta tierra en su diana, sin olvidar que en abril de ese mismo año el Ayuntamiento de Barcelona había reconocido la legitimidad de iniciativas y campañas no violentas promovidas por la sociedad civil, como el BDS.

Lo que ocurre es que tras el atentado de Niza no resultaba extraño pensar y hablar sobre la posibilidad de que algo parecido podría ocurrir también en otra ciudad turística del Mediterráneo o de otro lugar, así que cuando finalmente ocurrió en Barcelona pocos lo asociaron al contexto local. Aún hoy, cuando se habla del 2017 en Catalunya, el 17-A se suele presentar disociado del llamado procés. Y si pocos vieron la relación, menos aún captaron que el Estado español acababa de poner más de una quincena de cadáveres sobre la mesa de ese proceso pocas semanas antes de octubre. Damos esa cifra parcial porque el resto, hasta completar la cifra final, los puso la propia Generalitat, al firmar -en lugar de denunciar- esa especie de pacto de sangre (ajena) impuesto por el Estado.

Esa aceptación se tradujo principalmente en la decisión de matar a varios jóvenes inocentes, con el fin de cerrar el atentado sin levantar sospechas que hicieran temblar el sistema político y de paso presentarse como un gobierno capaz de gestionar y resolver una crisis terrorista. Un pacto forzado y con el que la burguesía autonomista -en ese momento aparentemente independentista debido a la intensa presión popular- quedó atada. En resumen, el 17-A contenía un diáfano mensaje del Estado a la Generalitat (ahora ya sabéis a qué os atenéis), ante el que esta agachó la cabeza manchándose también de sangre, de un modo que para cualquier mente mínimamente despierta anticipaba la capitulación de finales de octubre y todas las que han venido después. Nosotras, que defendemos la independencia de Catalunya y del conjunto de los Països Catalans, esperamos que la izquierda independentista y cualquier otro sector que aspire a una República en Catalunya sea plenamente consciente de que esta no vendrá ni puede venir de la mano de semejante gente, aunque algunos de sus representantes estén injustamente encarcelados y vayan a ser condenados por el corrupto sistema de “justicia” de un Estado criminal.

¿Conocéis el caso histórico de la operación Gladio, de redes secretas de espionaje dirigidas por la OTAN y la CIA en la guerra fría? ¿Creéis posible que sea una red de este tipo la que estuvo detrás de los atentados y su posterior encubrimiento?

Sí, obviamente conocemos en la medida de lo posible qué ocurrió con la llamada Operación o Red Gladio y su vertiente terrorista clandestina entre finales de los 60 y los 80. Los nuevos ciclos terroristas en Europa manifiestan algunas similitudes con aquella iniciativa, pero no hay que olvidar que los contextos han cambiado. Mediante Gladio, la OTAN y la CIA llevaron a cabo una guerra sucia ante lo que el capital percibía y quería hacer percibir como riesgo de avance del socialismo y el comunismo en Europa. No es casual que el mayor número de sus operaciones criminales tuviese lugar en Italia, país donde el mayor partido “comunista” de Europa Occidental no estuvo lejos de alcanzar el poder a través de las urnas.

Podríamos tener la tentación de pensar que las actuales redes terroristas de Estado han sustituido el enemigo a batir: si antes era el comunismo, ahora es el islamismo. Bien, pero no es tan sencillo, porque en este caso ese enemigo es humo: ni existe ni se percibe por parte de los criminales tal peligro islamista entendido como civilización o proyecto invasor y destructor. De lo que se trata es de construirlo mediante la intoxicación informativa y las propias acciones terroristas de bandera falsa; los medios de comunicación y los prejuicios xenófobos e islamistas de parte de la población europea (sembrados en parte por dichos medios y activados fácilmente usando determinados estímulos) hacen el resto.

En el caso del 11-M, se ha hablado del ejercicio CMX 2004 de la OTAN, finalizado en diferentes capitales europeas el 10 de marzo de ese año y cuyo eje era la gestión de crisis tras un supuesto ataque terrorista de Al Qaeda que producía 200 muertos en los Países Bajos, una “terrible coincidencia”, según manifestaron fuentes de la OTAN a varios medios. Resulta difícil pensar que el libre desplazamiento de todo tipo de personal y efectivos militares durante varios días por las infraestructuras de la Comunidad de Madrid en la época de Aznar sea algo ajeno a lo que ocurrió apenas unas horas después de finalizar el ejercicio.

En cuanto a los hechos de agosto de 2017 en Catalunya, parece que no hubo un contexto directo de simulacro antiterrorista (muy habitual, sin embargo, en el ciclo criminal de la década anterior), aunque todo indica que entidades estadounidenses como el NCTC (National Counterterrorism Center), que coordina a una veintena de agencias, conocían lo que se estaba preparando e incluso instruyeron a los responsables del área de inteligencia de los Mossos, seguramente no para contarles qué día y en qué calle iba a ocurrir nada, sino para que los responsables policiales catalanes gestionaran “correctamente” la situación a partir de un operativo terrorista que al parecer algunas fuentes bien informadas del NCTC situaban en Catalunya a corto plazo.

¿Creéis que alguna vez sabremos toda la verdad sobre todos estos atentados?

Si por “saber la verdad” entendemos que los responsables o personas cercanas a ellos nos van a relatar algún día cuándo, cómo y por qué diseñaron y ejecutaron estas operaciones, qué reuniones se celebraron y quiénes participaron, qué servicios de inteligencia colaboraron, cuáles fueron las unidades concretas que formaron parte de las tareas de información o de ejecución de las distintas fases de los operativos o cómo seleccionaron, secuestraron y asesinaron (o encarcelaron, en su caso) a las personas inocentes que presentaron como terroristas, eso no ocurrirá jamás, salvo que logre desarrollarse un poder popular que en su momento presente a los asesinos ante una justicia que ni existe ni puede existir dentro del capitalismo.

Y si por “saber la verdad” estamos pensando en que algún día un medio de comunicación financiado por cualquier entidad del IBEX tendrá a bien narrarnos lo que ocurrió, simplemente estamos delirando. El propio Fernando Múgica relató más de una vez lo que un antiguo ministro le dijo: te has quedado en la superficie y puedes estar contento, porque si hubieras ido al fondo no hubieras permanecido vivo ni veinticuatro horas.

En realidad, y sin descartar que desde medios o grupos alternativos se logre en algún momento resquebrajar el aparente consenso social que da por zanjados estos y otros crímenes, existen ya elementos de sobra para constatar que la rocambolesca versión oficial es una farsa tanto en el 11-M como en el 17-A. Cualquiera que haya ido más allá de los titulares de la prensa burguesa, que preste atención a los hechos y que reflexione con atención y honestidad, no debería tener la menor duda al respecto: nos han mentido desde el primer momento, ambos casos son banderas falsas de manual, se sigue protegiendo a unos criminales aún impunes (el número de víctimas mortales entre ambas operaciones y sus eventos colaterales asciende a al menos 226 personas) y el grado de putrefacción de las instituciones que en teoría garantizan el Estado de Derecho es directamente proporcional a la necesidad que el capitalismo tiene de seguir imponiendo sus reglas de juego.

 En el caso del 11-M, los textos y otros materiales de colectivos como el del antiguo blog Antimperialista o Dek Unu proporcionaron abundante información, como también lo han hecho los artículos de Múgica o de otros periodistas. También es importante el documental “Un nuevo Dreyfus. Jamal Zougam, ¿chivo expiatorio del 11-M?” del periodista francés Cyrille Martin, centrado en la situación específica de Jamal Zougam: una persona absolutamente inocente que, como otras, lleva 15 años en la cárcel ante la indiferencia general y que incluso continúa siendo objeto del ensañamiento del Estado, quien conocedor de su inocencia intenta por todos los medios sabotear sus recursos de defensa e incluso pretende adjudicarle nuevos delitos, buscando su destrucción física. Lo que ha ocurrido con él durante los últimos meses da para nuevos documentales.

 En el caso del 17-A, nuestros artículos no son las únicas aportaciones, pero sí echamos en falta el trabajo de investigación que en otros casos hicieron o están haciendo desde el periodismo personas como las que hemos citado y otras: Múgica, Cardeñosa, Hamza, Martin, etc. Que una reciente serie televisiva de ficción como “La víctima número 8”, con todos sus errores y lugares comunes, se haya acercado a la realidad de las banderas falsas más que la mayor parte de análisis de medios de comunicación, da que pensar.

 En todo caso, hemos de darnos cuenta de que realmente lo que está sosteniendo el efecto letal de estas grotescas versiones oficiales es nuestra pasividad como sociedad en su conjunto, y particularmente la indiferencia que en este tema están mostrando la mayor parte de movimientos sociales, las asociaciones de derechos humanos, las organizaciones políticas que se dicen revolucionarias o de clase y en general toda persona o agente social incapaz de ver que abordar con todas las consecuencias esta cuestión no solo es un deber ético, sino que abre la posibilidad de desnudar el sistema de una vez por todas y de avanzar hacia un modelo social, político y económico diferente. Mientras no tomemos conciencia de que el monopolio estatal de la violencia se ha ampliado de forma regular a la actividad terrorista encubierta, con todo lo que ello supone, no entenderemos qué está ocurriendo en Europa en relación a la restricción de derechos o en Catalunya en relación a su proceso hacia la soberanía, por poner solo dos ejemplos, ni, por ende, captaremos qué herramientas nos aporta este conocimiento para alimentar, reorientar y dar un salto cualitativo en nuestras luchas en todos los órdenes.

Cyrille Martín, director del documental "Jamal Zougam ¿Un nuevo Dreyfus"

Boro LH, periodista en La Haine y Kaos en la Red

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Enlaces de interés:

01/09/2017

Catalunya, agosto de 2017: En pie ante los crímenes y las mentiras sobre el atentado de Barcelona

19/07/2018

17A: Ficha y estaca

20/08/2018

A un año del 17A, ofensiva intoxicadora desde las cloacas del Estado

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