24 años de CAES
En lo últimos años, la tendencial disolución de la izquierda, al incorporar los principios fundamentales de la derecha y abandonar la vocación constituyente popular, nos ha dejado en una coyuntural soledad. No hemos puesto las velas en la dirección que soplaba el viento de la socialdemocracia sino que, por el contrario, hemos mantenido el rumbo de la acumulación de fuerzas, práctica y teórica, desde abajo del todo.
El pasado 1 de Febrero de 2005, el CAES cumplió 24 años. En este largo periodo hemos sobrevivido, en escenarios políticos diversos, como una red de colectivos autónomos implicados en la lucha social anticapitalista. En nuestras señas de identidad está también, el esfuerzo en la formación teórica de militantes y el impulso, desde distintos territorios sociales, de nuevas formas de cooperación, producción y consumo, al margen del mercado y del estado.
Desde 1995 formamos parte de las redes sociales que crearon las condiciones para que, tras la irrupción internacional del Movimiento Antiglobalización (MAG) a finales de 1999, dicho movimiento tuviera en el Estado Español, de forma inédita en Europa, una dimensión de masas.
En lo últimos años, la tendencial disolución de la izquierda, al incorporar los principios fundamentales de la derecha y abandonar la vocación constituyente popular, nos ha dejado en una coyuntural soledad. No hemos puesto las velas en la dirección que soplaba el viento de la socialdemocracia sino que, por el contrario, hemos mantenido el rumbo de la acumulación de fuerzas, práctica y teórica, desde abajo del todo.
La liquidación del Movimiento contra la Globalización, la Europa del Capital y la Guerra, ha recreado, en IV'03, el drama de la transición política española. Hace 25 años, la izquierda tomó el "atajo" de las instituciones, cancelando el movimiento popular. Con la entrada de la izquierda en el estado, se produjo también la entrada del estado y del mercado en la izquierda. Sin un movimiento popular constituyente que la sostenga, la izquierda ha degenerado en una leal autooposición del capitalismo, a mayor gloria de la democracia global de mercado.
Hoy, 25 años después los atajos los toman los colectivos sociales y juveniles que, en la década de los 90, protagonizaban los esfuerzos por retomar el impulso de la lucha contra la injusticia y la explotación. Estos atajos no consisten, en primera instancia, en partidos, sindicatos, parlamentos ó ayuntamientos, sino en la expansión mercantil de proyectos culturales y comunicativos, postmodernos, que apoyados, discretamente, por todas estas instituciones, paradójicamente, se alzan llenos de vida sobre el cadáver del movimiento anticapitalista.
El alma en pena de dicho movimiento, aparenta buena salud virtual, gracias al aliento de "la unidad de la izquierda", fuera de la cual, solo parece haber radicalismo sectario y guettos sociales. Pero, es necesario señalar que "la izquierda" es el PSOE y que, este partido, comparte con el PP los principios y las políticas responsables del trabajo basura, la comida basura y la cultura basura que disfrutamos. El PSOE, desde 1977, ha vampirizado a la izquierda política y sindical y, a su vez, la izquierda política y sindical ha dado, desde 2003, un gran salto en el control de la emergente izquierda social. La fuerza con la que algunos proyectos emergen, a pesar de la desaparición del movimiento y de la indigencia de su patrimonio político y teórico, nos avisa sobre su grado de autonomía política. El tiempo lo dirá.
Esta "unidad de la izquierda" presenta, en su nueva configuración, distintas marcas de autooposición sindical, feminista, ecologista y cultural.
Desde fuera de estos atajos, impulsamos proyectos asociativos y luchas cotidianas, construyendo espacios de apoyo mutuo entre los sectores más activos. Por mantenernos en este afán estamos siendo calumniados por arrepentidos y tránsfugas.
Sabemos que nuestro trabajo es conocido por personas con las que no tenemos más vínculo que el comunicativo. Hoy, nuestra supervivencia y desarrollo requiere llevar un poco más adelante ese vínculo, materializándolo en alguna forma de apoyo. Una forma de ayuda tiene que ver con la participación en el trabajo práctico y teórico en los colectivos de base y otra con la difusión de nuestras publicaciones y el apoyo económico directo.
Cuando se den de nuevo las condiciones, este apoyo servirá para articular, como sucedió en Otoño del 2001, la irrupción organizada del trabajo anticapitalista de base en la escena política e impulsar la refundación del MAG.







