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08/11/2019 :: Estado español

5 cosas que usted debería saber antes de votar en España

x Daniel Bernabé
Estas elecciones son importantes porque la extrema derecha puede acabar siendo la tercera fuerza política del país

España se enfrenta a las cuartas elecciones generales en estos últimos cuatro años. Decimos enfrenta y no celebra por la enorme importancia de estos comicios. Para la mayoría de ciudadanos la cita electoral está despertando un escaso interés. El voto por correo ha bajado casi un tercio en relación a las anteriores de abril y el sentimiento, sobre todo en los votantes de izquierda, es de hastío cuando no enfado por el frustrado Gobierno "progresista" que no llegó este verano.

Vuelve ese mantra de que todos los políticos son iguales, vuelve el cinismo de despegarse de la política como un elemento ajeno, vuelve el desencanto respecto a la condición de ciudadanía, que exige intervenir a cualquier persona en la construcción común de su sociedad. Resulta paradójico que quienes más contribuyen a la riqueza y prosperidad de un país, la clase trabajadora, aguantando sobre sus espaldas empleos precarios, horas extras no pagadas y sueldos que apenas dan para mirar el mañana con confianza, renuncien a la gestión de la sociedad tirando su voto.

Los que se sientan en los consejos de administración siempre votan, pero además influyen constantemente en el Parlamento con su poder. Igual que nadie deja de ir a trabajar por estar cansado, nadie debería dejar de votar por las mismas razones: el desencanto es un lujo que no se pueden permitir los que tienen sus manos por todo capital.

Estas elecciones son muy importantes por tres factores: el primero porque son el epílogo a la época de la gran crisis. La gran mayoría de este país se movilizó durante varios años en calles, fábricas y oficinas contra los recortes, la corrupción y la enorme injusticia de que quienes no habían disfrutado de la fiesta de la especulación pagaran sus platos rotos. Elección tras elección parece que todos esos temas se han amortizado. Pero siguen ahí. Sean justos con ustedes mismos y tengan memoria, parece un mal final que el momento en el que todo pudo cambiar acabe como siempre.

Estas elecciones son muy importantes porque la extrema derecha puede acabar siendo la tercera fuerza política del país, con el enorme capital simbólico –y de dinero público– que eso les supone. No se tomen a broma a Vox, son una fuerza descivilizatoria que bajo la lucha de banderas tras el problema territorial traerá tarde o temprano los episodios más oscuros del pasado a nuestro presente. Señoritos a caballo haciéndose pasar por gente de a pie. Puede que los primeros perjudicados sean catalanes o inmigrantes, tarde o temprano cualquiera que muestre una opinión discrepante tendrá que pasar por ventanilla.

En tercer lugar todo parece indicar que una nueva crisis se asoma por el horizonte. Lo cierto es que, exceptuando Unidas Podemos, el resto de partidos nacionales, incluyendo a Vox, comparten programas económicos neoliberales, esa forma de organizar la sociedad bajo el capitalismo que habla de bajadas de impuestos pero que en el fondo quiere decir "que cada uno se las arregle como pueda". Un adulto de inteligencia media debería saber que la ley del más fuerte es muy mal negocio para los que aun siendo muchos necesitan estar juntos para que su voz se escuche. Voten para que los banqueros alemanes no vuelvan a decir a nuestro Parlamento lo que tiene que hacer.

Lean estos puntos que siguen. Compartan estas líneas como el fuego que incendia la pradera. Hay que hacer de las palabras algo más poderoso que los gritos.

1. Inmigración

Un primer hecho cierto, desde los años de la crisis hay cada vez menos inmigrantes en España, es más, ni siquiera nuestro país está entre los primeros de la Unión Europea en número de habitantes extranjeros. Hay un segundo hecho cierto, nuestro país está entre los más seguros de su entorno, no mostrándose una subida de la delincuencia relacionada con los inmigrantes. Hay un tercer hecho cierto, los inmigrantes no reciben más ayudas que los españoles, situándose en una media de 70/30%, es más, dejan más dinero con sus impuestos y su trabajo de lo que reciben. De hecho la inmigración ha sido un opíparo negocio para los empresarios que la han utilizado como mano de obra sin papeles y sin derechos.

Tranquilos, no existe un plan secreto de George Soros para arruinar su barrio –la versión ultra de la conspiranoia liberal con la injerencia rusa–. Los flujos migratorios son un fenómeno que se explica de una forma más sencilla: las enormes desigualdades que hay entre zonas del planeta. Parece lógico que la gente quiera vivir mejor y dar una oportunidad a sus hijos. De hecho las desigualdades económicas globales se parecen bastante a las que existen en cualquier ciudad. Si los ricos no son más laboriosos ni inteligentes que usted, sino que precisamente tienen más dinero por una trama de herencias, posición social y la parte de la producción que el trabajador aporta pero no recibe en su sueldo, sería injusto aplicar una forma de pensar diferente a las poblaciones más allá de nuestras fronteras.

Pero asumamos que algunas veces la inmigración puede traer problemas, que precisamente las zonas más pobres de las ciudades son las que tienen un mayor índice de extranjeros entre sus vecinos. Esto no va de ser bondadosos ni solidarios, sí de dotarnos de la radicalidad republicana como manera de funcionar: todos somos ciudadanos y todos y todas tenemos que tener los mismos derechos y obligaciones. Cada uno puede tener su cultura y costumbres, pero nunca esas culturas pueden estar por encima de las ideas de igualdad y derechos humanos. Otorgar derechos a los inmigrantes no es ninguna prebenda, es darles lo que merecen como personas, pero también exigirles las mismas obligaciones que los nacionales.

De lo que va esto es de saber por qué su vida es peor que hace unos años. Si usted cree que la culpa es de su vecino extranjero, ese con el que comparte cercanías, andamio o colegio, perdone pero es un crédulo y un cobarde. Un crédulo porque piensa que un chaval inmigrante sin sus padres tiene más capacidad de influir sobre su entorno que el Banco Central Europeo, y un cobarde porque en vez de sindicarse y exigir a su jefe las horas extras que no le paga prefiere echar la culpa a los más débiles. En este país nunca nos han gustado los matones, esos que siempre son serviles con el fuerte y despiadados con el que menos tiene. No se convierta usted en uno con su voto.

2. Trabajo

Todos somos extraordinariamente diversos y eso es algo que nos llena de riqueza: tenemos gustos diferentes para la comida, animamos a equipos de fútbol de diferentes colores y amamos a quien nos da la gana. Lo malo llega cuando empezamos a confundir esa diversidad, esa diferencia, con la desigualdad y pensamos que cuanto más individualistas nos mostremos más posibilidades tenemos de que nos vaya bien en la vida. Un secreto que usted ya conoce: bien, bien, les va siempre a los mismos.

Cuando usted coge un transporte público lo comparte con gente muy diferente pero con los que le une algo muy concreto: todos los pasajeros vuelven o van a trabajar o a estudiar. Es decir, la única manera que tienen para subsistir es su trabajo, incluso a veces montando pequeños negocios con extremas dificultades o siendo autónomos para intentar ese proyecto que no cabe en otro sitio. Algunos, cada vez más, carecen de contrato de trabajo y se colocan una mochila y cogen una bici para ser empleados a destajo. Menuda contemporaneidad, los nietos han acabado trabajando de la misma mala manera que los abuelos.

Si el trabajo afecta a nuestra vida de una forma tan directa parece lógico que el sentido de su voto apoye a opciones que propongan algo más que bajar el impuesto de sociedades, como hace la derecha. Al final toda acción o toda abstención tienen resultados, y si no atiendan.

Hace poco apareció un estudio donde se ponía de relieve que la brecha entre ricos y pobres en Madrid era la más grande de Europa y que había crecido exponencialmente desde la crisis. Unos datos: mientras que Fuenlabrada y Parla tenían un 27,6% y un 31,6% de paro, Boadilla y Pozuelo tenían un 16 y un 16,9%. Mientras que municipios del sur como Móstoles o Getafe tenían apenas un 2% de directivos entre sus vecinos, los del noroeste como Torrelodones o Majadahonda tenían más de un 18%. Entre las rentas entre los municipios del sur y del noroeste había una diferencia de más de 30.000 euros.

Seamos específicos: cuando hablamos de ricos y pobres sólo aludimos al resultado de las clases sociales. Mientras que la clase media y alta tienen mejores empleos, la clase trabajadora sufre la precariedad y el paro. Mientras que en los municipios de clase burguesa hay altas cifras de participación en las elecciones, en los de clase trabajadora hay índices de abstención muy grandes. Mientras que en los primeros la izquierda obtiene unos resultados muy pobres, en los segundos la derecha obtiene buenos porcentajes.

Ellos parecen que saben de qué va este juego, por eso votan en consecuencia.

3. Vivienda

Si el trabajo afecta a nuestra vida, tener una casa no la afecta menos. Parece un insulto que nuestros sueldos apenas nos den para pagar un alquiler o, aún peor, que pudiendo nos suban la cuota de una manera pornográfica sin previo aviso. Los compradores, si tienen un mínimo de memoria deberían recordar qué es lo que pasó en los años de la crisis con sus hipotecas sobredimensionadas. ¿Si no podemos tener ni una casa sin saber qué va a ser mañana de nosotros, cómo vamos a fundar un hogar, una familia?

Pancarta contra los bancos buitres colocada por miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en Madrid, enero de 2014.

El Pisito, una película, comedia negra rodada en 1959, presentaba el problema de los realquilados, lo que ahora los modernitos al servicio de la desigualdad llaman coliving. Es raro que tengamos los mismos problemas de habitabilidad que hace sesenta años. Sobre todo cuando antes el problema era que la capacidad productiva del país no daba para construir más viviendas y ahora nos sobran. Un consejo: sigan la pista del dinero para encontrar al culpable.

Si en España existe un problema de vivienda es consecuencia de la especulación a la que se ha sometido al sector urbanístico. Primero recalificaban suelos y vendían las casas a precio de oro, ahora, una vez hundido ese negocio, los fondos buitre han puesto sus zarpas en los alquileres, comprando bloques enteros para subir el precio de una forma artificial. La palabra especulación tiene su raíz en la latina speculum, espejo.Enfrentando dos de estos objetos crearemos al instante un túnel infinito de imágenes que no serán más que una ilusión. Los que dicen jugarse su dinero en inversiones que se vayan al casino. Ellos también irán a votar el próximo domingo.

4. Bloqueo

Si han estado atentos a los informativos habrán escuchado mucho la palabra bloqueo. A nadie nos gusta esta indeterminación parlamentaria, es más, ¿cómo es posible que dos partidos progresistas hayan sido incapaces de ponerse de acuerdo? Algunos analistas, los más vocingleros, han dictado sentencia: o son unos inútiles o los nuevos querían demasiado.

¿Quieren saber quién tiene la culpa de este bloqueo? Ustedes. Todos los que salieron a manifestarse por centenares de miles en el periodo 2007-2015 para que al menos no nos tomaran el pelo con la crisis. Lo cierto es que eso dio espacio a que surgiera un nuevo partido de izquierdas, Podemos, que llegó a inquietar seriamente al poder, no por sí mismo, sino porque pareció conectar justo con aquellos que habían dejado de participar en política: los que menos tienen.

Como bien le dijeron los empresarios a José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, en un encuentro económico el 9 de septiembre en Valencia, "no pactéis con Pablo Iglesias ni de broma". Como lo que no se tenía que escuchar se escuchó luego calificaron las palabras de informales, de que eran por el bien del país, que es la forma que tienen los señores del dinero de confundir sus intereses con los de todos.

¿Si un empresario le dice a una primera figura del partido que ejerce el Gobierno algo así en público, que no les habrán dicho en privado? El propio Pedro Sánchez, cuando era un candidato en las primarias para dirigir el PSOE, reconoció en una entrevista con Jordi Évole que los poderes económicos movieron hilos para quitárselo de enmedio al negarse a apoyar la investidura de Mariano Rajoy, ese presidente que enfrentó una moción de censura porque la corrupción de su partido era ya impresentable.

Ahí está la clave del llamado bloqueo, algo que no es más que un veto a que Unidas Podemos pueda formar parte del Gobierno. Seguro que las negociaciones de investidura se podían haber llevado de mejor manera, como seguro que los que saben del poder de sus susurros presionaron todo lo que estuvo en su mano para frustrar ese Gobierno. De ustedes depende que se salgan o no con la suya.

5. Tradición

Últimamente se habla mucho de banderas, de naciones, de tradición. Y eso no tiene por qué ser malo. Lo malo es cuando todo eso vale para trazar líneas en el suelo para diferenciarnos del que tenemos al lado, para creerse mejores que aquellos, recuerden, que compartían cercanías con usted.

Permítanme que les hable, para acabar, de una tradición española que pocas veces se recuerda: la de tocarle los cojones al poder a dos manos.

Sí, por mucho que se esfuercen en borrar esa memoria nacional que nos pertenece, fuimos uno de los primeros países en lograr la jornada laboral de ocho horas y no porque nadie nos la regalara. Fue hace cien años, en febrero de 1919, cuando los obreros de la Canadiense desencadenaron con el apoyo del sindicato CNT una huelga que acabó siendo un movimiento insurrecto que obligó al Gobierno y los empresarios a ceder y legislar en favor de las ocho horas para el trabajo, las ocho para el descanso y las ocho para el ocio. Por cierto, aquellos obreros eran catalanes.

¿Quieren saber qué palabras españolas se entienden en casi cualquier país del mundo además de flamenco, paella y San Fermín? No pasarán. No pasarán es el grito de guerra que nos debería recordar que un ejército popular mal armado consiguió resistir tres años al fascismo internacional. Y eso hay que llevarlo no con revancha pero sí con orgullo. Las familias nobles tienen sus blasones, los demás tenemos la dignidad de los ojos de Marina Ginestá.
Procuren no olvidarlo.

Si contamos con una Constitución con algunos aspectos ligeramente progresistas no fue porque en la Transición los notables encabezados por el Rey tuvieran la deferencia de redactarla de esa manera. Fue por la enorme presión de miles de hombres y mujeres que lucharon contra el franquismo pagándolo con cárcel o con sus vidas, dejando a la clase trabajadora lo suficientemente cohesionada para que tuviera que ser tenida en cuenta en esas negociaciones. Muchos de ellos se organizaban en el Partido Comunista de España, hoy parte de Unidas Podemos, al que algunos les gustaría ver ilegalizado.

En las siguientes décadas contamos con una de las Huelgas Generales más grandes que ha tenido lugar en Europa, la del catorce de diciembre de 1988, donde los sindicatos CCOO y UGT, las organizaciones más numerosas de este país, hicieron frente a los inicios de la ola neoliberal que hoy sufrimos. Y de ahí una enorme cantidad de huelgas, protestas y manifestaciones que acaban enlazando con el 15M. La siguiente generación está esperando su turno. Una forma de hacerte un hueco en esta historia, si acabas de cumplir 18 años, es votando este próximo domingo.

Leo una noticia de hace unos días: dos plantas del Hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, han sido cerradas por falta de personal. En Andalucía gobiernan el PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox. Dejar de lado a los enfermos no entra dentro de las tradiciones de este país, cosa que esta gente, al parecer tan orgullosa del mismo, parece no entender.

Seamos sinceros: votando el próximo domingo, votando a aquellas opciones que al menos tienen un programa que no contradice estos cinco puntos, se podrán conseguir sólo algunos de ellos. Hace falta también hacer política en las escuelas, los trabajos y la calle. Hacerla todos los días. Hacerla parando desahucios. Hacerla cerrando el paso al racismo. Hacerla extirpando la violencia contra la mujer, hacerla incluso cuidando a la gente que tenemos más cerca. Pero lo que es seguro es que no votando todas estas cosas serán mucho más difíciles de conseguir.

No somos un país de matones ni de egoístas, no somos un país de gente que agacha la cabeza ante los poderosos y mira para otro lado ante una injusticia. Háganse un favor y continúen esta gloriosa tradición que Miguel Hernández nos cantó en Vientos del Pueblo:

Los bueyes doblan la frente,

impotentemente mansa,

delante de los castigos:

los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan

con su clamorosa zarpa.

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