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21/10/2010 :: Andalucía

Atrapados en el ?andalucismo constitucional?

x Antonio Torres - La Haine
Es necesario acudir a otro modelo, a un modelo de verdadero autogobierno andaluz, democrático, popular y, sobre todo soberano.

Según el líder del PP andaluz, Javier Arenas, el “andalucismo constitucional” frente al
“andalucismo de propaganda o de papel” es el que defiende según sus palabras “una Andalucía de oportunidades para todos y dónde se hagan efectivos el derecho al empleo, a la vivienda y a la educación”. Todo ello fue pronunciado por Arenas en el muy particular homenaje que el partido españolista le rindió al Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante, el pasado 11 de agosto en el Parlamento andaluz.

Sin embargo, resulta incomprensible, a priori, la reivindicación de un “andalucismo constitucional”
porque simplemente se trata de reivindicar el “andalucismo” realmente existente y practicado por las diferentes instituciones autonómicas andaluzas, y por todos los partidos en ellas representados, todos ellos constitucionalistas, en principio, es absurdo la reivindicación de algo que se lleva aplicando desde hace más de 30 años. Si acaso, podemos encontrar diferentes expresiones de ese “andalucismo constitucional” que tienen más que ver con diferentes intereses de distintas fracciones de clase en Andalucía que con cualquier formulación ideológica.

Por otro lado, reivindicar un “andalucismo constitucional” que haga efectivos el derecho al empleo o la vivienda no es más que la constatación del fracaso de esa Andalucía autonómica nacida de la Constitución española de 1978, que tanto reivindican unos y otros. Si después de 32 años de Constitución española, y de 30 años de Andalucía autonómica, con una reforma estatutaria en el 2007, aún hace falta asegurar esos derechos tan básicos es que sencillamente la existencia institucional de la Comunicad Autónoma de Andalucía ha sido, es y será un fracaso, por tanto, será necesario acudir a otro modelo, a un modelo de verdadero autogobierno andaluz, democrático, popular y, sobre todo soberano, que de verdad esté al servicio del pueblo de Andalucía y de su clase obrera, que no solo reconozca derechos en los papeles sino que los aplique y los asegure.

El PP, el partido antiandaluz

Esta reivindicación “andalucista” de Arenas choca frontalmente con la verdadera esencia del Partido Popular que explica, por otro lado, sus continuos fracasos electorales en las diferentes elecciones autonómicas andaluzas. El PP es y será el partido del sector más reaccionario de la gran oligarquía imperialista española, el más retrogrado, el más fosilizado, el más recalcitrante. Esa fracción del imperialismo español siempre ha tenido a Andalucía en un escalón inferior. Según su visión, el andaluz, para ser verdaderamente español, tiene que abandonar su forma de hablar y de comportarse, a no ser que pretenda hacer reír, cantar o distraer. Su imagen de Andalucía es grotesca, y toda ofensa está permitida, al fin y al cabo, es lo tradicional, es lo español.

Por más que el eterno candidato Arenas se esfuerce por dar la imagen de una derecha españolista respetuosa con Andalucía y sus particularidades, con el anhelado fin de llegar al Gobierno de la Junta y desplazar al PSOE, más se empeñan sus compañeros de partido, no sólo de Despeñaperros para arriba, en sus groserías antiandaluzas, más se empeñan en lucir sus raíces: la de los señoritos de siempre, crueles, ignorantes y tiranos, la de esa maldita burguesía terrateniente que a partir del siglo XIX sumió a Andalucía en el subdesarrollo y la dependencia.

Aunque quieren los votos de los andaluces para gobernar son tan estúpidos y, sobre todo, les puede tanto su nacionalismo reaccionario español, que terminan por insultarlos. El mapa de la presencia del PP en Andalucía es significativa: asentado fundamentalmente en las grandes ciudades andaluzas y en las áreas urbanas del litoral andaluz, explica su fortaleza en zonas donde el desarraigo y la dispersión identitaria andaluza y de clase son más acentuados, sin embargo, su presencia en el interior andaluz, incluso en áreas urbanas interiores, las llamadas “agrociudades andaluzas” , es más complicada, siendo sostenida en esos lugares por la pequeña burguesía más atrasada y conservadora, por sectores burgueses conectados con la gran oligarquía imperialista española, cuando no por los grandes terratenientes de siempre.

Aunque las encuestas auguren una subida del PP en votos para las próximas elecciones autonómicas andaluzas, esta subida se explicaría más por los errores y el desgaste del PSOE andaluz que por los méritos del PP. Ya metieron la pata durante la Transición, en el llamado proceso autonómico andaluz, cuando se opusieron a la consecución de la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución española, y vuelven a tropezar con la misma piedra, 30 años después: la de sus prejuicios, la de su nacionalismo reaccionario español.

El PSOE, el “Caballo de Troya” en el movimiento obrero y en el pueblo andaluz

El conocido alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, lo suele repetir constantemente en sus discursos: el PSOE es el Caballo de Troya político y hasta que no nos deshagamos de él el movimiento obrero y popular andaluz no levantará cabeza. No le falta razón a Juan Manuel, aunque lo mismo se podría decir de la coalición donde su organización, la CUT, participa, es decir, Izquierda Unida.

Dejemos las cosas claras: el PSOE es un partido de la oligarquía española, al igual que el PP, es la expresión política de determinados sectores de esa oligarquía imperialista española, de los sectores más modernos incorporados a ella. Aunque no han sido pocos los acercamientos de sectores de la vieja oligarquía al PSOE, que ha aplicado en determinados momentos críticos de la manera más celosa los dictados de los sectores más reaccionarios, desde graves ataques al movimiento obrero, terrorismo de Estado, ataques a las libertades públicas y democráticas, etc.

El PSOE se escuda en su condición de partido histórico de raíz obrera, fundando como expresión de la expansión de las teorías de Marx y Engels en el Estado español, del socialismo científico y del internacionalismo proletario. Pero el PSOE de hoy nada tiene que ver con esa raíz, primero se depuró a sí mismo, de sus elementos más obreristas y consecuentes, después, dotado de la bendición de la socialdemocracia internacional y del capitalismo internacional se lanzó a destruir a los partidos situados a su izquierda especialmente al PCE, y en el caso de Andalucía, al antiguo PSA, sin olvidarnos de partidos como el PTE, o del movimiento anarcosindicalista. El PSOE hace mucho tiempo incluso que abandonó la socialdemocracia y el reformismo social para adherirse a un neoliberalismo con cierto rostro social, al igual que sus colegas de Internacional en Europa, especialmente británicos y alemanes.

Bajo esa condición de partido histórico, el PSOE siempre hará apelación al movimiento obrero, sobre todo al voto obrero, pero para conseguir la legitimidad suficiente para aplicar el programa político de la oligarquía.

Todo esto se ve acentuado de una manera extraordinaria en Andalucía, donde el PSOE no sólo es el “Caballo de Troya” en el movimiento obrero sino también en el mismo pueblo andaluz. El PSOE gracias a su habilidad política es considerado como el partido que consiguió la autonomía andaluza frente al centralismo españolista postfranquista de la UCD. El PSOE supo asumir hábilmente un fuerte discurso andalucista, lo que ellos mismo llamaron en sus propios documentos “un nacionalismo andaluz de clase”, con la sola intención de conseguir la hegemonía política en Andalucía, destruir a sus rivales, especialmente al PSA y al PCA, y hacer de la experiencia andaluza el trampolín que llevara al partido a gobernar España. Cuando el objetivo político se consiguió, se produjo la consecuente y progresiva eliminación de ese “nacionalismo andaluz de clase” que propugnaron, y en el que lógicamente nunca creyeron. Como aquel “Caballo de Troya” de los antiguos griegos se infiltró en las filas enemigas para destruirlas.

Por tanto, el PSOE no tendrá esos gestos groseros del PP con Andalucía, no tendrá palabras insultantes propias de épocas supuestamente ya pasadas, porque el PSOE utiliza al pueblo andaluz, lo encauza, lo depura de elementos conflictivos, lo amansa. Al fin y al cabo, cumple los mismo objetivos políticos que el PP pero de manera diferente. Si el PP insulta, el PSOE adula, o si insulta es en forma de ley o decreto , o por indiferencia, nunca con palabras malsonantes, pero el fin es el mismo que el del PP: servir a los intereses políticos de la oligarquía imperialista española y mantener Andalucía en unos condicionamientos políticos, sociales, económicos y culturales de dependencia, opresión y subdesarrollo.

Pero no nos engañemos, cuando el PSOE no consigue el “consenso” es tan duro y tan represivo como la derecha tradicional, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) pueden dar buena cuenta de ello.
Junto al PSOE, tanto el PCE-IU como el PA cumplen su cometido de comparsas, de elementos constitucionalistas que mantienen el actual status quo de la Andalucía constitucional y autonómica. Que el actual status tenga su lado izquierdista o nacionalista es necesario porque así consigue la legitimación, el consenso, y la falsa pluralidad necesarias para mantener la situación que deja a Andalucía en la marginalidad.

La “Andalucía constitucional” hoy

Como consecuencia de un mal estructural, sistémico, Andalucía aparece como una eterna cenicienta desamparada, un país que, en estos momentos de crisis mundial del modo de producción capitalista, destaca por unas elevadísimas tasas de desempleo, marginación y desestructuración social, con una cultura y señas de identidad minorizadas y manipuladas, prácticamente expropiadas.

Es en estos momentos de crisis del modo de producción capitalista, cuando los males estructurales del País Andaluz se hacen más claros y evidentes, la dependencia económica impuesta sobre Andalucía impide que haya una diversidad económica y una inversión productiva que repercuta creando empleo estable y de calidad. Mientras el ciclo de expansión del capitalismo especulativo tuvo en la Andalucía del litoral un lugar de inversiones rápidas y sustantivas, especialmente en la construcción y la hostelería, a costa de la destrucción acelerada de nuestro medio ambiente costero, nada parecía evidente, aunque en el 2006, en pleno ciclo expansivo, Andalucía superase el 10% de parados. Durante 2009, uno de cada cuatro andaluces estaba en paro, durante ese mismo año se perdieron 256.000 empleos en Andalucía. Nuestra más absoluta dependencia económica del capitalismo más rapaz y especulativo tiene sus lógicas consecuencias en el empleo. Durante el segundo trimestre de 2010 el paro alcanzó al 27,78%, aproximadamente un 10% más que la media española, siendo para los hombres de un 26,91% mientras que para las mujeres de un 28,92%. Los últimos datos son desoladores, en el pasado septiembre el paro aumentó en Andalucía en 20.635 trabajadores, un aumento del 2,35%, reuniendo así a más del 40% de los nuevos parados del Estado español, siendo las provincias de Cádiz y Málaga no sólo las que más número de parados aportan en el conjunto andaluz, sino en todo el conjunto español.

Mientras, en el campo andaluz se vuelven a salarios de miseria, a pesar de toda la lucha desarrollada por el SAT durante el pasado ciclo económico, y lo peor: los patronos se ven beneficiados extraordinariamente por la competencia irracional y fratricida entre trabajadores autóctonos e inmigrantes. Por otro lado, los intermediarios y las grandes cadenas de distribución alimentaria presionan más y más a la baja el precio de la producción agrícola arruinando a pequeños y medianos productores. No existe la soberanía alimentaria, gran parte de nuestra producción va dirigida al exterior, mientras se da la paradoja de que más de la mitad de los alimentos que consumimos los andaluces provienen de fuera, frutos de la brutal explotación en países más subdesarrollados del proletariado agrícola.

El tejido industrial andaluz sigue siendo débil, mal conectado, y peor distribuido espacialmente, y
justamente por eso, en continuo riesgo de desaparición o deslocalización. Por otro lado, y gracias a las ayudas públicas de la Junta, no pocas multinacionales se han asentado en Andalucía al calor de esas ayudas y de los bajos salarios, comparados con los del resto del Estado, huyendo cuando la tasa de explotación y las ventajas e incentivos eran mayores en nuestros vecinos explotados del Sur. El caso de lo ocurrido en Aznalcollar con la empresa sueca Boliden o con Delphi lejos de ser algo puntual resulta paradigmático.

En cuanto a índices sociales, Andalucía destaca, de nuevo, por estar por debajo de la media (sea ésta española o europea). Áreas marginales, drogadicción, alto número de población carcelaria, y graves deficiencias a la hora de la prestación de servicios públicos elementales como sanidad o educación, a pesar de su supuesta universalización.

Frente a la minusvaloración y ridículo de nuestra cultura, por un lado, y la universalización (parece que ahora todo lo andaluz tiene que ser considerado “patrimonio de la humanidad” y no un patrimonio de un pueblo con una historia peculiar que por su carácter no tiene problemas en compartir sus señas de identidad con otros pueblos), y por otra, la cultura y señas de identidad andaluza se desarrollan, hoy como ayer, siguiendo al antropólogo Isidoro Moreno, sobre dos ejes: “a) por el constituido por las formas específicas (…) a través de las cuales se mantiene y reproduce la dependencia de Andalucía, la sobreexplotación interna y externa de la gran mayoría de los andaluces (…), b) el representado por las formas, también específicas, en que se reflejan, expresan e interpretan (…) las vivencias de las clases y sectores dominados”. Son dos ejes en contradicción que reflejan muy a las claras la identidad en Andalucía de la lucha por la emancipación social y por el proyecto nacional de liberación.

La ruptura con la “Andalucía constitucional”

A grandes rasgos podemos definir a la “Andalucía constitucional” como una prolongación de la Andalucía de pobreza y marginación de épocas pasadas, quizá hayan cambiado mucho las formas, también es cierto que las situaciones más vergonzosas y humillantes para la condición humana también, pero eso no quita que Andalucía haya abandonado su papel asignado, y siga representando el guión elaborado por directores y productores de una película en el Estado español, la Unión Europea, Washington, o en el consejo de administración de cualquier multinacional. Para la gran oligarquía española, el bloque de estados imperialistas europeos, y los Estados Unidos (que nadie olvide las bases militares norteamericanas en suelo andaluz de Rota y Morón) Andalucía cumple un papel, por eso nuestros males no son puntuales, si acaso se ven lógicamente agravados por una crisis sistémica, pero nuestros males son estructurales, por tanto, mientras no rompamos en nuestro país con esas estructuras jamás seremos libres y podremos disponer de nuestro futuro en paz, soberanía, libertad y solidaridad con el resto de pueblos del Estado español, del Mediterráneo y del mundo entero.

Está claro, o debería estarlo, que de los lados izquierdos o nacionalistas andaluces del régimen monárquico constitucional español nada ya podemos esperar, ellos tienen asignado, como no podía ser de otra manera, su papel y es el de evitar justamente que ese referente político que luche por la liberación nacional y social del País Andaluz no tenga lugar, encauzando las reivindicaciones obreras y populares por cauces aceptables para el régimen.

La solución a nuestros males es política, por lo tanto, es responsabilidad de todas aquellas organizaciones políticas, sociales, obreras, culturales o populares políticamente situadas en Andalucía el dar la respuesta organizativa y de lucha. Alumbrar el referente unido, pero necesariamente plural, andalucista, democrático, de clase, y antiimperialista es el único camino que nos queda, y un camino que ya se está retrasando demasiado tiempo en recorrer juntos, un camino que debería haberse empezado a recorrer hace 30 años, aunque nunca será tarde para la dicha, sin duda buena, de la consecución de una Andalucía libre y socialista, la República Popular Andaluza.

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