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Andalucía :: 18/12/2008

Casas Viejas, un año después

Ibán Díaz
Casas Viejas supuso para la ciudad la aparición de la posibilidad de utilizar la ocupación como herramienta de lucha contra la especulación y el abuso inmobiliario.

Se cumple un año del desalojo del CSOA Casas Viejas, un espacio que había sido abandonado a la especulación durante años y que durante otros seis se convirtió en un centro social fundamentado en la autogestión y la cooperación.

Más allá de convertir una serie de naves abandonadas en un espacio lleno de vida y actividad, Casas Viejas supuso para la ciudad la aparición, después de muchos años, de la posibilidad de utilizar la ocupación como herramienta de lucha contra la especulación y el abuso inmobiliario. Abrió la puerta al ensayo de formas de construcción común de espacios, más allá del clientelismo de la administración, la discriminación del mercado y el estado policial que impera hoy en la ciudad sobre los espacios públicos.

Si Casas Viejas fue pionera en su momento y para una generación en la creación de centros sociales, a través de la expropiación de los especuladores, también lo fue en la manera de afrontar su desalojo. La resistencia mostró que, como colectivo y conjunto de colectivos e individuos, somos capaces de muchas cosas: de desobedecer, de luchar y de tener en jaque a la administración y sus cuerpos represivos durante varios días consecutivos. Tanto en su principio como en su final, Casas Viejas ha demostrado cómo un pequeño grupo de personas puede hacer muchas cosas... y cómo un grupo mayor puede hacer muchas más.

Por su parte, la administración, la policía y la prensa demostraron hasta qué punto están alineados con los intereses de los especuladores, hasta dónde son capaces de llegar para defender las propiedades de un industrial enriquecido frente a los intereses colectivos. El espacio donde antes estaba el CSOA Casas Viejas sigue, un año después, como solar abandonado. El impresionante despliegue policial y los ríos de tinta volcados por la prensa han servido para que se deje de dar uso a un espacio abandonado y en el futuro pueda ser dedicado a viviendas de lujo.

Casas Viejas ya no existe materialmente, pero el verdadero valor del centro social no está en el espacio, sino en las alianzas y complicidades generadas durante su vida, en su capacidad de producir crítica y conflicto donde sólo había agresiones de los especuladores. Casas Viejas ya no es un espacio ocupado, ahora es mucho más, ahora es un legado de lucha. Casas Viejas está viva en el nuevo centro social de la ciudad, la Fábrica de Sombreros, y en cada uno de los espacios ocupados de Sevilla, en nuestra experiencia y memoria colectivas.

* Ibán Díaz, ex ocupante del CSOA Casas Viejas de Sevilla


Artículo extraído del Diagonal

 

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