Condenas, reconciliaciones y otras hierbas

A falta de pocos días para el 70 aniversario del golpe militar contra la II República e inmediato levantamiento popular en pos de la revolución social y la derrota del fascismo, en medio de condenas en Europa al régimen nacional-católico del general Franco y con las viejas y constantes exigencias en el territorio patrio en cuanto a condenas se refiere hace que se presente un contexto propicio para analizar partes de estos fenómenos que tienen relación entre sí.
La semana pasada se produjeron dos hechos que, partiendo de situaciones y contextos diferentes, tienen en común que son una no acción. Una fue una negativa de condena del pasado pura y dura, la otra, una nueva omisión a realizarla a raíz de unas exigencias que buscan sumisión política, al ser la condena al fin y al cabo un acto moral o ético y no político. Me estoy refiriendo con esto a los hechos antes reseñados como son la condena del franquismo que se llevó a cabo en el Parlamento Europeo a petición del grupo socialista y a la que no se adhirió el grupo popular en primer lugar y a la primera reunión pública del PSE y Batasuna en segundo término. En esta reunión se volvió a repetir que para negociar se debe condenar la violencia que ejerce la organización armada ETA como condición sine qua non para la legalización de la formación abertzale.
Evitando las utópicas y surrealistas declaraciones de dirigentes del PP relativas a la forma en que se debería llevar el proceso y sus negativas a pagar precio político por conseguir esta nueva situación (cuando es evidente que en una negociación política haya contrapartes de carácter político en tanto en cuanto se negocia entre actores políticos buscando fines políticos), un iluso espectador advertiría ciertas similitudes entre ambas. Cuando hablo de similitudes es debido a que alguien puede llegar a pensar que no condenar a ETA y no condenar al franquismo en la actualidad pueden ser cosas similares ya que usan, o mejor dicho usaron, la violencia para hacer política. Lejos de consideraciones personales o éticas que no vienen al caso debatir en este artículo o sobre si la una ha sido tal y la otra ha sido pascual o mil cosas que se podrían argüir en este tema, creo importante hacer la diferenciación que vengo anunciando durante todo el artículo: esta es que la no condena de Batasuna sirve para reivindicarse como actor político fundamental en el conflicto mientras que la del PP es producto directo de su herencia franquista que nunca ha abandonado y lejos de servir para solucionar nada hace que empeore todo, aclarando más aún sus posiciones. Esto ha hecho que en el Parlamento Europeo el grupo popular defendiese sus posturas de no condena con la ultraderecha europea más reaccionaria.
El buen ciudadano, demócrata de toda la vida aunque un tanto mal informado e inducido al odio con fines políticos, además de ultramanipulado en estos y otros temas se sorprendería de la afirmación de que la no condena de Batasuna sirve para presentarse como actor en pugna y esto último además, a juicio de muchos, ayudaría a solucionar el conflicto. La cosa es bien simple: si quiere seguir manteniendo esta posición no debe participar de las exigencias sin contrapartidas que le piden algunos "demócratas" ya que le pondría en una posición de inferioridad en el juego de la negociación política. El acatar este tipo de exigencias para con posterioridad hablar es un suicidio político no concebible en ninguna negociación medianamente decente. Y de aquí la fácil demonización de Batasuna por parte de sus adversarios.
Esto puede gustar o no a mucha gente pero todos me deben dar la razón en que el juego y la negociación política tiene unas reglas entre los contendientes y por lo tanto consta de posiciones de fuerza que si se abandonan supone poco menos que un haraquiri y sirven para que el contrario se imponga y como es lógico ni la izquierda abertzale (ni la vieja ni la nueva) ni el Estado quieren esto.
Resumiendo, no digo que la violencia sea buena o mala (o al menos no lo pretendo aquí) en el caso de Euskal Herria u otro lugar del mundo ni quiero entrar en valoraciones aunque tengo claras las cosas en este sentido. Tampoco quiero hacer juicios éticos o de valor sino simplemente aclarar que lo que piden algunos es insostenible ya que es una situación utópica en tanto en cuanto crea una exigencia de imposible acatamiento por parte del contrario sin perder su esencia y su posición política.
La otra parte del artículo es la que toca al partido popular europeo en general y al español en particular. Mi tesis es que esta acción sólo es producto de la falta de respeto hacia las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura militar-fascista que lucharon por la libertad, libertad que estos caraduras dicen defender en Irak, Afganistán o mil lugares donde no hacen más que lo que todos ya sabemos. Piden condenas pero ellos no las hacen y luego además revisten su discurso en el Parlamento Europeo aludiendo a la reconciliación y la concordia, ¿y en casa qué pasa?. Sólo valen estas palabras cuando interesa o qué. Parece que puedo llegar a sorprenderme de que se produzcan este tipo de situaciones pero muchos ya conocemos lo ilógica y contradictoria que puede llegar a ser la política burguesa.
Además de la falta de respeto que muestran con esto los dirigentes del PP está el que no tienen la necesidad de mantener una posición de fuerza para nada ya que por hacer esta condena no pierden una situación hegemónica en ningún caso como pasa con Batasuna sino que les podría servir para modernizarse ideológicamente y romper con su oscuro pasado pero sin embargo así podrían llegar a perder a su militancia más extremista y neofascista. Al fin y al cabo como dice un profesor mío, el fascismo ya no es como antes, los fascistas modernos van con traje y no disfrazados como antaño e incluso algunos defienden sus posturas en el Parlamento.
* Javier Pérez es militante de Corriente Roja (Universidad)
www.corrienteroja.net







